Realidad, lenguaje y libertad
Para la linda Alejandra
Vamos a atrevernos a una nueva perspectiva sobre el idioma que no tiene mayor aspiración que hacer asequible a las nuevas generaciones la presencia del lenguaje para su comprensión y uso tal vez un poco más consciente y provechoso. Está de más decir que no soy para nada un especialista en la materia, tan sólo soy un escritor que ama su propio idioma y que desea ser útil de esta manera para sus lectores. Comencemos, pues.
Nuestras consideraciones sobre el lenguaje tienen una perspectiva materialista que inicia en la realidad y termina en análisis sociales sobre la libertad del individuo y la colectividad.
La realidad. No nos vamos a complicar mucho la vida y señalaremos que la realidad es todo aquello que existe fuera de nosotros, de nuestra consciencia (lo digo para incluir a nuestro propio cuerpo) y que es tangible y medible de alguna manera. Objeciones del tipo: “el amor no se puede tocar ni medir y sin embargo existe”, permiten el acceso a seres fantasmales como espíritus y aparecidos, monstruos de todas mitologías. A todos ellos vamos a considerarlos como existentes en tanto creaciones humanas que tienen cierta función dentro de la mitología y la creación de las culturas. Pero hay que delimitarlos bien ya que también pueden tener un papel de manipulación, como veremos más adelante.
Creo que aquí es pertinente marcar una diferencia entre realidad y verdad. Es verdad que Caperucita roja charló con el Lobo feroz, pero no existen en la realidad. Las verdades son creaciones humanas que abarcan mucho más de lo que la realidad delimita.
La idea. Aquí vamos a incluir lo que sentimos como producto de nuestra exposición ante la realidad (ver un paisaje y sentir una inmensa satisfacción) y las intuiciones primeras que todo ello nos despierta y que después serán nuestros primeros pensamientos.
Hay que puntualizar que aquí todavía no estamos frente a un pensamiento en sí, no hemos concretado nada. Pero hay, sin duda, una nebulosa dentro de nosotros que busca expresión para ser clara. Tal vez esto que menciono aquí lo visualizo muy especialmente en mi quehacer de poeta cuando voy a escribir. Tengo la idea más o menos ante los ojos de mi imaginación y luego, con el transcurrir de la escritura, le voy dando forma, claro que primero en mi mente y luego en la palabra escrita ya en el papel.
Me gustaría señalar que todos tenemos este momento en el que creamos las soluciones con nuestra inteligencia, cuando se nos presenta un problema concreto en cualesquiera de las actividades que hacemos a diario. Es claro que la psicología tiene un nombre para esto, se le llaman insight en la teoría de la Gestalt, es el momento en que se nos prende el foco, como decimos vulgarmente. Me gustaría destacar estos elementos sentidos que existen previos a dicha conclusión, ¿por qué? Porque para mí constituyen una especie de base común en todas las culturas y todos los tiempos previos al envolvimiento del idioma particular que cada civilización y cultura tienen. Ya lo había señalado anteriormente y lo había considerado como el verdadero lenguaje original. Muy pretenciosa mi conclusión, pero necesaria. Llegar a darle un nombre a esto que sentimos, envolverlo en una palabra es vital para una mejor comprensión de la realidad y, por lo tanto, una manipulación más eficaz de la misma. Ya iremos viendo.
La imaginación. Hemos llegado, pues, de manera bastante natural a la más importante de las herramientas humanas, la base para la construcción de todo lo que históricamente vendría después (vuelvo mis ojos a la prehistoria): la imaginación. Para “definirla” rápidamente hemos de decir que la imaginación es la facultad de ver sin los ojos. Hagamos un repaso al momento y el lugar donde se cree que se consolidó esta facultad. Arte rupestre (hay que señalar, de paso, que éste no se dio en una zona exclusiva, con lo cual se puntualiza universal esa facultad tan humana). Por lugar no me refiero al geográfico (nombres de los países actuales), sino a las cuevas donde se dieron oportunidad los seres humanos de pintar sobre todo animales de caza. Los primeros registros datan de más de 40 mil años. Vayamos al punto. Resulta que estas pinturas registran la base de una economía vital: animales de caza necesarios para la supervivencia. Enfoquémonos en los famosos bisontes de Lascaux. Pintados muy al fondo de una cueva, era evidente que los pintores no tenían a la vista los cuerpos de esos enormes animales, así que los tuvieron qué pintar recordándolos. Y aquí es donde comenzó todo. Tuvieron que imaginarlos, traer su imagen en su cerebro para poder recrearlos con tal maestría que muchos de los pintores actuales clasifican de naturalismo a esa corriente artística (por así decirlo), la primera de la historia.
¿Por qué señalo que ahí nació todo? Si bien reconocemos para la creación del lenguaje en general (base de lo simbólico, de la filosofía, de la religión, de la literatura, etc.) necesitamos manejar conceptos que no tenemos a la vista, bisontes indispensables para vivir. No vemos el bien o el mal, no vemos a Dios mismo, no vemos muchas de las cosas a las que apuntan las palabras. Todo esto lo imaginamos y con ello creamos una nueva realidad, un segundo universo. Quitemos la imaginación y volveremos a la barbarie.
El dato. Siempre se nos ha hablado de la enorme importancia que tienen los idiomas para el desarrollo humano. La escritura vendría a consolidad dicha importancia, ya que hemos visto en la historia total de la aventura humana que los tiempos de la no escritura han transcurrido durante más siglos que lo que llevamos con la escritura. Pero, sin duda, hay un despegue tremendo en el desarrollo de nuestras culturas luego de que llegara a hacer presencia la escritura en nuestras sociedades. Se nos ha hecho notar su importancia, pero yo he señalado en otro ensayo que hay un descubrimiento tan importante como la invención del lenguaje y del cual creo que no le estamos dando el reconocimiento que se merece, el recurso del dato que concreta las dimensiones y medidas de las cosas. Terreno perteneciente a las matemáticas sin las cuales, simplemente, no podríamos vivir. ¿Cuánto tiempo tiene que pasar para que vuelvan a florecer los árboles? ¿Cuántos somos en esta tribu? ¿Cuántos conejos son suficientes para cazar? El dato, como bien vemos, es vital para nuestros clanes.
La máscara. Aquí uso esta palabra en el sentido que le damos en la programación informática: el formato con el que apareceremos ante los ojos del usuario el dato numérico crudo. Esto es el 94562 puede aparecer como: 94,562 o $94,562.00. Entonces estamos hablando de cómo es que se nos presentan la idea o el dato ante nuestros ojos. Claro que hay alguien que ha dispuesto esta forma, y este puede ser un jefe o un sacerdote que toma la posición de un escribano, un matemático, un artista o un manipulador.
El idioma. Ahora sí ya estamos en el vertido físico (sonoro o escrito) en el que el lenguaje cobra “personalidad propia”, por así decirlo. Tenemos a las características generales que son compartidas entre todos los idiomas con una más o menos correspondencia significativa entre palabras y, sobre todo, estamos frente a la particularidad propia que cada cultura le da a la realidad a través de su idioma específico. Es obvio que las palabras (que, hasta ahorita, son el eslabón final de toda esta cadena que hemos estado desarrollando) son un producto de la realidad donde han aparecido. Aquí se deduce fácilmente que, si la realidad cambia, las palabras también. Es por eso que los significados se mueven, mutan. Palabras desaparecen y otras nuevas hacen acto de presencia para nombrar nuevos elementos.
También existe el fenómeno de las apariciones súbitas, las que son necesarias para definir una nueva realidad antes desconocida. Y aquí estamos frente a una dialéctica del lenguaje que tiene capital importancia. En no pocas ocasiones la realidad nos genera una idea de la que no alcanzamos a formar y visualizar del todo. Como no la tenemos concretizada ante los ojos de la imaginación, no la consideramos existente, aunque sí exista fuera. No es hasta que la nombramos que la vemos y la podemos manipular. El lenguaje recreando la realidad misma. En ocasiones para realizar esta concretización de las ideas recurrimos a conceptos extranjeros que ya nombran la realidad aquella. Este préstamo sucede en todos los idiomas y en todos los sentidos. A veces creemos que solamente el nuestro ha sido traidor a sus propios acervos, pero no es así. También otros han tomado nuestras propias palabras. Software, hardware, etc. Son ya unas viejas palabras que hemos adoptado desde hace ya décadas en el español. ¿Sabían que la palabra “novela” (las de la televisión) ha sido adoptada en los EEUU?
Obviamente también se da el rarísimo caso de la invención completamente nueva en el idioma nativo. Muchas de estas palabras nacieron en medicina, por ejemplo, ante nuevos medicamentos o procedimientos que no existían antes.
Mitología y arte. Hemos venido señalando todo este periplo a partir de la existencia de la realidad como punto de partida. ¿Qué pasa cuando encontramos “realidades que no existen”, pero que fueron nombradas? Es decir, que sí fueron sujeto de una presencia dentro del proceso del lenguaje que hemos desarrollado hasta ahorita. Aquí estamos hablando, otra vez, de una dialéctica de la invención lingüística: nombrar para crear. Tomemos un ejemplo, es evidente que Tláloc no existe, pero las viejas culturas lo han inventado a partir de sus supuestas acciones (la lluvia, principalmente), así que, luego de haber sido nombrado, Tláloc existe en esa otra realidad inventada para satisfacer una realidad cultural. Gracias a esta forma de invención es que hemos venido creando una especie de segundo universo conformado por la gran cultura (al decir grande quiero incluir a la ciencia quien también ha jugado este papel de la inventiva necesaria).
La poesía, nutrida de la mitología que hemos descrito rápidamente, también ha alimentado la construcción de este universo humano. Con “poesía” abarcamos las artes todas cuando logran invenciones originales. Poesía no sólo hay en la literatura, también existe en la música, el teatro, la pintura, el cine, etc. Y todas las formas del arte son su propio lenguaje y cada arte exige su propia gramática.
La mentira. También hay que hablar aquí de la no correspondencia entre realidad y palabra, la mentira. Incluimos esta otra forma que no desearíamos que entrara en todas estas “disciplinas” de las que hemos hablado hasta ahorita por tener aspectos negativos que no tiene ninguno de los otros puntos anteriores. Sin embargo, lo tenemos qué hacer ya que forma parte de la historia de nuestras sociedades e identificarla como parte del lenguaje mismo nos permitirá estar alerta cuando aparece.
La mentira recurre al lenguaje para conformar imágenes y símbolos que serán utilizados en beneficio de quien los lanza por primera vez. Una de las cosas que sucede con nuestro cerebro (aquí entra la puritita especulación mía, lo admito) es que está hecho para creer. Yo digo que durante miles de años el mentir no existió ya que la subsistencia de los individuos dependía de la verdad. Si hubo mentira tal vez fue involuntaria o no tenía tanta presencia como la verdad. Como sea, basta estar en conversación con niños para darnos cuenta de que nos creerán todo lo que les digamos (el ratón de los dientes, el niño Dios), pero no hay que ufanarnos de que eso se nos quitará con la vida adulta. Ovnis, tierra plana, políticos ventajosos, sacerdotes pecadores, todos ellos y esas ideas han convencido a millones durante miles de años. La meta más alta del mentiroso es lograr en nosotros la seguridad de que lo que nos está diciendo es una verdad sin espacio para la duda.
La manipulación. Todo esto nos lleva a la manipulación (fin práctico de la mentira) de quienes reciben las mentiras arrojadas a la sociedad. Dentro de los discursos de los políticos (caso más común y por eso lo tomamos como ejemplo) las palabras son muy importantes ya que permitirán el deslizamiento de conceptos suavizados o manipulados para que sean aceptados por sus ciudadanos. Los recursos pueden ser muchos, no tiene caso siquiera enumerarlos en este momento. Pero los hay de mentira directa: “Irak tiene armas atómicas y de destrucción masiva. ¡Invadámoslo!”. Palabras edulcoradas o incomprensibles para la mayoría: en lugar de “crisis económica” recurren a: desaceleración económica, periodo de ajuste, fase de transición, entorno desafiante, etc. En realidad, no están siendo puntuales y buscan un ocultamiento de la verdad.
Ninguno de nosotros está exento de caer en esas triquiñuelas y aquí es cuando debería hacer acto de presencia el análisis crítico.
El redescubrimiento de la idea. La verdadera libertad deberá tener como pilar la identificación certera entre la realidad y las palabras que se han empleado para definirla y manejarla. La idea original que tiene como resultado el discurso final que se nos está diciendo (en sus más diversas formas, ya lingüísticas, políticas, religiosas, artísticas) deberá ser identificada por nosotros para saber si se nos está hablando con la verdad o se nos está queriendo manipular con la mentira. La educación, la lectura y la conversación son vitales para este desarrollo. Las nuevas herramientas digitales (blogs, podcast y hasta reels, y la IA como actriz más reciente en la plaza de la cultura) pueden ser usadas para este loable fin. Pero aquí nos enfrentamos a un verdadero desafío social: el interés genuino del ciudadano. Las herramientas están disponibles, por fortuna. ¿La gente está interesada en utilizarla? Harina de otro costal.
Terminemos diciendo que la mejor expresión del lenguaje que usemos redundará en una comprensión más clara de la idea que desea ser transmitida, y ya lo hagamos emitiendo dicha idea o recibiéndola, la mejor interpretación (la relación más sólida entre realidad-idea-concepción-forma-palabra) nos dará mensajes más eficaces y duraderos.