Sea Star
Postmortem (Music) - Codename: TYPHOON by Gravity House
I’ve written a postmortem on the composition process for the “Codename: Typhoon” OST. It was a really interesting game to write music for. Bond-esque music with an emphasize on horns was something I haven’t done before. In my post I talked about how I got into the “Gravity House” team and what challenges and thought-processes I went through while composing for the game.
Ultimo Resorte – La Larga Sombra Del Punk (LP)
Ce qui signifie : Dernier recours – La longue ombre du punk !
Une fois de plus, je vais être très clair : personnellement, je n’aime pas le Punk Hardcore !!!
Mais je ne doute pas de l’importance de ce groupe, car Ultimo Resorte était le pont entre la toute première génération punk espagnole et la première vague hardcore espagnole. Au cours de…
“ Uhhh Josh?” Yes “Knock Knock” Who’s there? “Rick Ruben” Rick Ruben who?! “Rick Rubens Piano hahaha”Ayyyyy - “I’M NOT FUCKIN AROUND”
The Best Is Yet To Come - “WHAATTT”
What does death feel like oh what does death feel like ohhh my myyy god
Why does why does death steal life, and why does death steal light oh my god?
And Why does death give light - and why does why does death give life
OHHHHH MYYYY GODDDD
ohhh my my my my my my
This is an expressive poem that I’ve created and written myself, it is for artistic purposes and personal use only -
Empty promises fill our gut until we cannot take it anymore
The lie of fullness comforting as a notion, but corrodes our cores with patient devotion
Claim to live in bliss, always greeted with a kiss, but take heed
Soon you realise their mouth is foul, filled with a rot that reaches deep into their soul
Soon you find there was no common goal. A sense of belonging is all that you sought, but with them a disease was brought
A contagiousness, a sickeningly sweet scent, a seductive taint slathered in white paint
What was it all for? What was that for?
The agonizing inaction, the cowardly chipping away at my heart instead of honouring what once was
The silent insult, forcing me to break my own heart so healing can finally start, the lagging torture
Finding your next distraction so you can pretend I don’t exist, through everything I persist
It felt like all that effort meant nothing, all the time we spent together lost to the wind, consumed by a storm and decomposing on rock
Like the carcass of a fallen whale at the bottom of the sea, grief stricken, you mock me
After years of the world exploiting my nature, knowing all this and still you decided to ignore
I couldn’t take it anymore
[…]
Donde vamos siempre hacemo′ amigos nuevos
Cuando me agarras la mano, me congelo, ah
Cuando te veo junto a otros, me da celos[…]
[…]Después de un par de tragos, me siento mejor
Casi siempre es más cálido el infierno[…]
Just got told that I look like a witch
Praised be the witches burnt at Salem trials.
A review of Post Mortem by Guy Cullingford
One of my undoubted finds of 2025 is Guy Cullingford, the ghost name, you might say, that Constance Taylor used for her series of a dozen crime fiction novels of which Post Mortem, originally published in 1953, is the third. It is a fascinating book laced with wit and humour, which takes the genre by the scruff of the neck and gives it a couple of sharp…

Highly reccomend the podcast “redacted” and its spinoff “post mortem”
Ifs so good! Very x files monster of the week with a quirky group of characters and a fun mystery that hasnt really gotten explored yet but im sure will come into play !
Un recorrido track por track por la mente de un sujeto marcado desde el nacimiento, donde el amor se vuelve obsesión, la culpa se transforma en violencia y la paz solo aparece al final.
Por Cesárea no es solo un álbum: es el recorrido mental de un sujeto que nunca termina de nacer del todo. Desde el título ya hay una marca de violencia originaria. La cesárea implica ser arrancado, no salir cuando es el momento, no elegir. Y esa idea atraviesa todo el disco: alguien que llega al mundo forzado, sin herramientas emocionales, sin amor suficiente, sin una red que lo sostenga.
En La novia de mi mejor amigo, el protagonista aparece completamente vacío. No tiene nada. Y en ese vacío, la chica se vuelve su último rayo de esperanza. No es amor sano: es salvación. Ella representa, aunque sea por un instante, la posibilidad de ser feliz. Me remite a Dante Alighieri y la figura de Beatriz como vida y sentido, pero acá sin trascendencia ni redención.
“Qué lento pasan los segundos cuando no es mi turno” deja claro que cuando ella no está con él —cuando está con su mejor amigo— el sujeto no existe. Es profundamente infeliz, alguien a quien le duele la vida. Y aun así, desde el inicio aparece lo obsesivo: “A veces pienso en ponerle fin a este cuento, quizás así me recuerdes hasta el final de los tiempos”. Incluso la idea de desaparecer está atravesada por la necesidad de ser visto.
En Cirugía, la obsesión se vuelve explícita y corporal. Es una de las facetas más románticas y al mismo tiempo más desesperadas del disco. “Coser tu cuerpo con el mío en una cirugía”, “pierde valor la vida cuando no soy tu diversión”. No hay identidad propia ni autoestima: solo el deseo de fusionarse con otro para no estar solo nunca más. Vuelve la alegoría de por cesárea: así como fue sacado del vientre de su madre de manera obligada, ahora quiere coserse a una mujer para existir. No es amor, es carencia.
En Mi peor enemigo, junto a Andrés Calamaro, aparece una defensa distinta: la soberbia, el narcisismo. “Me niego a pensar que nací para morir así”. No acepta una vida sola, triste y desamparada. Se siente merecedor de algo mejor, aunque no sepa cómo alcanzarlo. Es una negación que convive con el dolor.
Mentiras piadosas funciona como un punto de quiebre. “Vivo con el impulso de destruirlo todo y hay algunas noches que le dejo ganar”. No hay mucho más que explicar. Los impulsos autodestructivos ya no se esconden. Es el momento en que el inconsciente se impone, donde el sujeto empieza a dejarse llevar.
En La carie, con Lali, la caída se acelera. “Le prometí a mi papá que iba a ser el mejor, ya no quiero ser el mejor, quiero ser el peor”. Los pensamientos lo poseen por completo. Ya no hay brújula moral ni autonomía: lo bueno y lo malo se mezclan, se confunden, dejan de importar.
Buenos tiempos suena directamente a inconsciencia. El clima sonoro transmite locura y descontrol. “Voy a cumplir mis más oscuras fantasías”, “el día que muera moriré en mi ley”. La contracara del sujeto emerge sin frenos. Ya no hay culpa, solo pulsión.
Muñecas engaña desde el inicio. Arranca casi festiva, con “whoa”, “yeah”, pero avisa rápido que no va a haber final feliz. “La maldad que llevo adentro no se saca con reiki”. El contraste entre lo alegre y lo que sucede es perturbador. El asesinato ya ocurrió, y ocurrió de forma sádica. La bajísima autoestima del protagonista lo lleva a creerse engañado, a verse como víctima, y desde ese lugar justificar lo imperdonable.
Irreversible no es una canción en el sentido tradicional: no se canta, no se narra, se atraviesa. Funciona como una transición psicológica donde el sujeto ya no reflexiona ni justifica nada; entra de lleno en un estado de paranoia total. El título no es casual: lo que pasó no tiene vuelta atrás. No hay posibilidad de arrepentimiento ni de reconstrucción del yo. El daño ya está hecho.
En Coyote, ese daño empieza a correr. El sujeto huye, se siente perseguido, sabe que cometió uno de los crímenes más horribles y que va a pagar por eso. “Déjenme solo, el mundo está en mi contra”. Incluso después de todo, vuelve a autopercibirse como víctima.
Reiki y yoga es el prólogo directo al suicidio. “Estoy a punto de hacer algo horrible” no suena impulsivo: suena consciente. Por primera vez, el protagonista entiende que no hay respuesta posible, que ninguna espiritualidad ni discurso de sanación puede reparar lo que está roto. Por un instante mínimo, aparece la lucidez, y con ella la certeza de que la única salida que percibe es su propia muerte.
Ciudad de la Paz cierra el recorrido de una forma inesperadamente sensible. Me lo imagino despertando y sintiendo, por primera vez, paz. “Por ahora no me duele más, soy solo otra luz en la ciudad”. “La oscuridad ya no da miedo”. El niño que nació por cesárea ya no le teme a la oscuridad: ahora convive con ella. El final se siente calmo, incluso hermoso.
Pero la última frase —“si tuviera otra oportunidad”— rompe todo. Deja entrever que, si pudiera, haría las cosas distintas. Y ahí está lo más doloroso: ya no depende de él.
Por Cesárea no romantiza la destrucción: la expone. Es el retrato de una vida marcada desde el inicio, donde la paz solo llega al final. Un final sereno, sí, pero irreversible.
