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Rebelión Contra el Mundo Moderno

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Christian Bouchet, activista y publicista – entrevista de Jeune Nation

Por Jacques Pierrot

Traducción de Juan Gabriel Caro Rivera

Agradecemos a Christian Bouchet por esta entrevista tan extensa, precisa y detallada que nos ha concedido. Nuestros lectores podrán encontrar numerosas ilustraciones de sus comentarios, así como muchos autores y obras citados durante la entrevista, en la página web de su editorial ARS MAGNA y en su página web de reflexión VOXNR.

Jeune Nation: Buenos días, señor Christian Bouchet. En primer lugar, gracias por concedernos esta entrevista. Para empezar, ¿cuál ha sido su trayectoria personal, profesional, política y filosófica?

Christian Bouchet: Provengo de una familia angevina de la pequeña burguesía. Una familia en la que algunas ramas se dedicaron a la política desde 1793. En el siglo XX, uno de mis tíos fue Camelot du roi, uno de mis primos formó parte de la OAS y varios amigos cercanos a mi familia fueron encarcelados por hechos relacionados con la Argelia francesa. Mi compromiso militante, a finales de 1969, cuando tenía casi 15 años, era por tanto lógico. Se produjo en la Restauration nationale, ya que era el único grupo representado en Angers, donde vivía entonces. Al año siguiente, mis padres se mudaron a Nantes, donde la oferta era más amplia… Aunque mantenía contactos con el Movimiento Joven Revolucionario, pronto participé en la creación de la Nueva Acción Francesa y luego me uní a la Organización Lucha del Pueblo, una pequeña escisión de NR de Orden Nuevo. Después de eso, seguí un camino bastante común: Grupos Nacionalistas Revolucionarios de Base con François Duprat, Movimiento Nacionalista Revolucionario y Tercera Vía con Jean-Gilles Malliarakis, Nouvelle Résistance, Unité radicale y algunos otros grupúsculos: por ejemplo, colaboro con la prensa de Troisième voie en su versión de Serge Ayoub, participo en las actividades de Égalité et réconciliation desde su creación y soy miembro del Bastion social. En Troisième voie, Nouvelle Résistance y Unité radicale ocupo el cargo de secretario general en los equipos directivos.

Paralelamente, dirijo algunas publicaciones periódicas y colaboro en muchas otras (actualmente, escribo en Réfléchir et agir), también dirijo varios sitios web, entre los que destaca, aunque no es el único, voxnr.fr.

También me dedico a la escritura —he escrito una treintena de libros sobre temas históricos y realizado varias traducciones— y a la edición bajo el sello Ars y, posteriormente, Ars magna, donde actualmente cuento con un catálogo de más de 250 títulos.

Todo ello lo he hecho, desde mediados de 1970, es decir, ¡desde hace ya cincuenta años!, desde una perspectiva ideológica estrictamente nacionalista revolucionaria, inspirada por militantes y pensadores como François Duprat, Jean Thiriart, Julius Evola, Alexandre Douguine, Alain de Benoist y el «joven» Guillaume Faye. También me han marcado e influido hechos históricos, entre los que puedo citar, sin pretender ser exhaustivo, la República de Saló, el peronismo, los NR alemanes de la República de Weimar y los NR italianos de los años de plomo.

En cuanto a mi vida privada, cursé varios estudios universitarios: Derecho hasta el DEA, Historia hasta la maestría, Ciencias Económicas hasta el Capes y Etnología hasta el doctorado. Profesionalmente, fui durante algunos años jefe de servicio en una gran colectividad territorial, luego agente inmobiliario durante once años y, finalmente, profesor de Ciencias Económicas y Técnicas Comerciales en un instituto agrícola.

A esto puedo añadir que estoy casado y que soy padre de dos hijos, con lo que ya sabéis casi todo sobre mí.

JN: ¿No se ha asociado su nombre también con el Frente Nacional?

CB: Efectivamente, así ha sido, y eso no contradice lo que acabo de decirle.

Muy pronto me plantearé la cuestión de la finalidad de mi compromiso. ¿Se trata únicamente de dar testimonio o tiene como objetivo obtener resultados concretos?

No hay que avergonzarse de querer dar testimonio, de adoptar un radicalismo estático, pero ¿es eso realmente «hacer» política? En resumen, digamos que muy pronto me cansé de ir en junio a Dixmude, en julio a la isla de Yeu y en noviembre a Madrid; de asistir a reuniones en las que solo había unas decenas de personas y en las que los oradores no se interesaban por la política real y actual, sino por el papel exacto de los judíos y los masones, etc.; de leer periódicos que se asemejan a boletines parroquiales y cuyos redactores miran el futuro por el retrovisor, etc.

Venner, Duprat y Thiriart me convencieron de que mi radicalismo debía ser dinámico, es decir, vinculado a la realidad y a la actualidad, sin dejar de ser fiel al pasado.

En concreto, ¿qué había que hacer? Venner y Thiriart abogaban por la creación y el desarrollo de partidos de tipo leninista. Yo lo creí, pero me llevó un tiempo darme cuenta de que el momento de esas estructuras partidistas había pasado. Duprat, por su parte, pensaba que los NR debían ser el fermento de la masa nacional, por lo que había que organizarse en una fracción interna de los grandes partidos nacionales. Sus argumentos me llevaron, a finales de la década de 1990, a pedir a quienes me seguían que se unieran al Frente Nacional, luego al Movimiento Nacional Republicano y, a partir de 2007, de nuevo al Frente Nacional, y que actuaran dentro de ellos.

Imaginaba, ingenuamente, que seríamos capaces de constituir una fracción como la que los trotskistas habían formado en su momento en el PS. Muy pronto, tras el episodio del MNR, me di cuenta de que la nuestra base no tenía el habitus político necesario para actuar así y que, en cualquier caso, el funcionamiento de los partidos nacionales franceses no lo permitía. Sin embargo, habíamos entrado en un molde político diferente en el que a veces podíamos ejercer una influencia real. Por mi parte, escribí artículos para la prensa del FN (National hebdo y luego Nation presse magazine), desempeñé responsabilidades locales, me presenté a diversas elecciones (a la diputación contra Jean-Marc Ayrault, que entonces era primer ministro, a las municipales como cabeza de lista en Nantes, etc.). Por motivos personales y familiares, renuncié a mis responsabilidades en el FN en diciembre de 2015, sin dimitir ni entrar en conflicto con él. Como decían los maoístas, «volví a la base».

Esta nueva situación me liberó mucho tiempo y me devolvió mi libertad de expresión. Así pude escribir, publicar y dar conferencias. Esto se debe a que siempre he estado convencido, y sigo estándolo, de la veracidad de mis ideas y de su posible influencia. Por eso me identifico bastante con esta cita de Gilles Martinet, que pasó parte de su vida en grupúsculos de la extrema izquierda: «Nunca he creído en el futuro de las pequeñas organizaciones situadas al margen de las grandes formaciones históricas. Y, sin embargo, yo mismo he participado en la constitución y dirección de varias de ellas. Es que creía que su existencia y su lucha podían provocar cambios en el seno de los grandes partidos».

El papel que desempeñaron los NR franceses dentro del movimiento nacional fue el de servir de laboratorio ideológico y transmisores de ideas. Así lo vio muy bien Nicolas Lebourg, un académico hostil pero honesto, que en su tesis Les nationalistes-révolutionnaires en mouvements (1962-2002) escribe (p. 704): «Dentro del propio sistema político competitivo, los grupúsculos encuentran su importancia en su labor de “vigilantes” y proveedores de conceptos y elementos discursivos a las estructuras populistas que, por su parte, tienen acceso al espacio mediático», y explica que los nacionalistas revolucionarios han proporcionado al Frente Nacional muchas de sus ideas esenciales, entre ellas el antiamericanismo y la antiinmigración y, según sus propias palabras, «lo han armado léxico-ideológicamente». Una acción de fondo que continuó tras la defensa de la tesis de Lebourg, ya que el FN también nos debe en gran parte una Ostorientierung que, al parecer, ya no es de actualidad hoy en día.

Pero para desempeñar este papel de laboratorio ideológico y transmisor de ideas, es necesario contar con una estructura, una prensa, activistas, etc. Esto es lo que justificaba la creación de los grupúsculos en los que participé y lo que sigue justificándolos hoy en día. La multiplicación de grupos locales es, en este sentido, algo excelente, ya que cubren todo el territorio y difunden la idea entre las generaciones más jóvenes.

Los Identitarios, con sus acciones y happenings, han hecho mucho en nuestro sentido y, a su vez, han servido de laboratorio ideológico y transmisores de ideas (la remigración, por ejemplo). Con ellos, hemos llegado a una tercera etapa política que ni Venner ni Duprat habían imaginado: la del «movimiento influyente». Recientemente, Martin Sellner, en su libro Regime change from the right, a strategic sketch, ha teorizado sobre ello y ha definido de forma notable los cinco pilares del campo nacional: el partido, el movimiento (es decir, los grupos activistas), la contrainformación, la contracultura y la teoría. El partido está en deuda con los otros cuatro, que crean el «ambiente» en el que actúa. Nosotros, los radicales, podemos tener una influencia muy importante en cuatro de los pilares y, por lo tanto, en el partido, pero no somos los únicos que hacemos este análisis, lo que explica que la contrainformación y la contracultura sean actualmente campos especialmente disputados con actores relativamente recientes (Sterin, Cnews, Frontières) frente a los cuales tenemos muy poco peso.

En cuanto al partido, en este caso para nosotros el RN, me parece profundamente ridícula, incluso grotesca, la posición de los líderes de grupúsculos que nunca han tenido bajo su mando a más de 100 o 150 afiliados y que explican urbi et orbi lo que Marine Le Pen o Jordan Bardella deberían hacer para ganar y los errores que cometen.

Tengo la modestia política que ellos no tienen y sé que las decisiones políticas de los «grandes partidos», sometidas a la crítica continua de los medios de comunicación, son ejercicios difíciles y peligrosos. Y estoy convencido de que la dirección del Rassemblement National intenta actuar lo mejor posible. Dicho esto, cuando algunas posiciones me irritan —no se preocupen, las hay, sobre todo en política exterior—, me callo porque, aunque las desapruebo, al mismo tiempo y casi siempre soy consciente de su necesidad estratégica.

JN: El año 2025 estuvo marcado por el fallecimiento de varias figuras del campo nacional, como Jean-Marie Le Pen, Udo Voight, Horst Mahler, Lajos Marton o Jean-Gilles Malliakaris. ¿Cuál era su relación con estas personas y qué opina de su obra?

CB: No conocí ni a Voigh ni a Marton y no tengo opinión sobre ellos.

Hace unos treinta años conocí un poco a Mahler; su trayectoria desde el maoísmo hasta el nacionalismo me interesó en aquel momento.

A Jean-Gilles Malliarakis lo frecuenté durante bastante tiempo, pero luego me separé de él. Fue la escisión de Troisième voie lo que dio lugar a Nouvelle Résistance. Una escisión que algunos todavía me reprochan, treinta años después… Era un excelente orador, un escritor brillante y convincente, y también un hombre que no escatimaba en su bolsillo para financiar nuestra lucha. Pero, ¿era realmente un NR? No lo creo, su posicionamiento era mucho menos claro que el de Duprat y su evolución en los últimos treinta años de su vida demuestra, como mínimo, que si lo fue, no lo siguió siendo. Una cosa, por ejemplo, me llamó la atención y me hizo cuestionar su trabajo editorial: la ausencia de obras de teóricos NR en su catálogo y el escaso número de referencias a la historia o la ideología de esta corriente en su prensa.

Jean-Marie Le Pen, tuve la oportunidad de oponerme políticamente a él durante mucho tiempo y de hacerlo en términos descorteses y exagerados. Luego lo lamenté. Cuando más tarde tuve la oportunidad de conocerlo, pude admirar su capacidad para olvidar y hacer como si nada se hubiera dicho o escrito. En mi opinión, el buen Le Pen es el Le Pen tardío, el de después de 1990, el que rompe con el liberalismo económico, con el reaganismo, el sionismo y el occidentalismo. A este respecto, siempre me sorprende ver a algunos reivindicar los «fundamentos del FN». Estos fundamentos, para un nacionalista radical, no tenían nada que ofrecer y eran precisamente los que me mantenían alejado del FN.

JN: En su sitio web y en sus redes de Voxnr se mencionan artículos que pueden calificarse de atípicos, en los que se destaca a figuras como Che Guevara, Fidel Castro e incluso Mao Zedong, que parecen incompatibles con el nacionalismo. ¿Qué interés le despiertan estas personas y sus trayectorias?

CB: ¿Incompatible con el nacionalismo? Depende. Si se adopta la narrativa del sistema liberal occidentalista, sin duda es así. Si se adopta la nuestra, en absoluto.

En lo que respecta a Guevara y Castro, no está de más conocer sus vínculos con Perón y saber que el Che leyó y apreció el Manifiesto de Verona y la Carta del Trabajo de la RSI. No está de más saber que el régimen de Franco, en plena Guerra Fría, nunca apoyó el bloqueo de Cuba decretado por Estados Unidos y que, a la muerte de Franco en 1976, Cuba decretó tres días de luto nacional durante los cuales las banderas de los edificios oficiales permanecieron a media asta. Tampoco está de más saber que Cuba acogió en 1978 a una delegación de la Fejons (auténtica) que fue recibida por Castro.

Más concretamente en lo que respecta al Che, no está de más recordar que Tercera Vía y Amanecer Dorado griego le rindieron homenaje incluyéndolo en la portada de sus medios de comunicación, ni que Gabriel Adinolfi, el inspirador de Casa Pound, escribiera un homenaje titulado «Hasta siempre, comandante Che Guevara», ni que entre la juventud neofascista italiana existiera un verdadero entusiasmo por lo que él representaba.

En cuanto a Mao, no está de más tener otra lectura de él. Analizar, por ejemplo, como hace Claudio Mutti, la influencia del taoísmo en el maoísmo, o señalar en el funcionamiento interno del actual régimen chino, como hace Agnès Valloire en el libro Pourquoi la Chine? (¿Por qué China?), que yo he editado, los puntos de similitud con lo que defendían Maistre o Bonald.

Todo esto, y muchas otras cosas, lo hemos desarrollado en las columnas de VoxNR. Por supuesto, es mucho más fácil negarse a reflexionar y decir: «Ay, ay, son comunistas, asesinos, etc.», pero ese no es nuestro enfoque, porque tenemos la debilidad de pensar que ser de extrema derecha no significa necesariamente ser, al mismo tiempo, extremadamente estúpido…

JN: Además, ¿cómo analiza la trayectoria de Stalin y el movimiento nacional-bolchevique?

CB: Stalin debe ser juzgado por los rusos. Para nosotros, la barrera de la propaganda nos impide emitir un juicio que no sea sesgado.

Durante mis primeras estancias en Rusia, me sorprendió constatar que existía una nostalgia indiscutible en torno a su figura. Y esto incluso entre personas que no eran comunistas, sino que eran indiscutiblemente «de derechas» y cuyos familiares habían sufrido la represión estalinista y los campos de concentración. Sin embargo, cuando les pregunté al respecto, me explicaron que Stalin no era responsable, sino que los culpables eran elementos subordinados, a menudo judíos, que le habían aconsejado mal o engañado.

Para muchos rusos, sigue siendo la figura de un líder, un hombre excepcional que dirigió la URSS en momentos excepcionales y le dio el máximo de su grandeza. Por otra parte, es significativo que el antiestalinismo no sea defendido en Rusia por los partidos de derecha, sino por la asociación Memorial, una ONG liberal occidentalista con fuertes connotaciones sionistas.

En cuanto al nacional-bolchevismo, ha habido varios. En Rusia, en Alemania, en Italia después de la RSI. En todos los casos, se trata de una posición geopolítica. Oustrialov y los NB rusos piensan que la Rusia bolchevique continúa la política imperial de los zares; Niekisch y los NB alemanes abogan por una alianza entre Berlín y Moscú contra el Tratado de Versalles; Stanis Ruinas y los NB italianos consideran que los principales enemigos de Italia son los Aliados y que siguen siéndolo después de 1945. En Francia no se conoce ningún ejemplo de nacional-bolchevismo. Lo que más se le ha acercado, pero muy de lejos, fue el episodio «rojo-marrón» o «gaucho lepenista», que causó mucho revuelo, pero duró poco: en mayo de 1993, Jean-Paul Cruse, antiguo dirigente de la Gauche prolétarienne, se atrevió a publicar en L'Idiot international un artículo titulado «Hacia un frente nacional» en el que abogaba por «la alianza de los comunistas y la derecha católica, nacional, militar y maurrasiana del general De Gaulle». Alain Soral, en sus inicios en el FN, también siguió en cierta medida esta línea.

JN: Hay un nombre que aparece a menudo en sus escritos, el del ideólogo ruso Alexander Guélievich Dugin. ¿Quién es, cuál es su pensamiento político y en qué nos concierne?

CB: Puedo resumir la situación diciéndole que es un Alain de Benoist o un Julius Evola ruso, es decir, un erudito cuyos campos de expresión son variados. No todos son políticos y algunos son estrictamente rusos, por lo que están muy lejos de nuestras preocupaciones.

Para un europeo occidental, su pensamiento puede interesarnos principalmente en dos aspectos: su forma de convertir el tradicionalismo gueno-evoliano en una forma de vivir y actuar en la política y su visión geopolítica euroasiática.

Se han formulado varias críticas, en particular contra una idea central que es el eurasianismo. Comencemos por las definiciones. ¿Qué es el eurasianissmo?

El eurasianismo puede entenderse de dos maneras.

En primer lugar, como una visión del mundo. Así lo explica Alexandre Douguine: «El pensamiento eurasianista siempre ha tenido una dimensión internacional. Para los primeros eurasianistas, como el príncipe Troubetskoy, la guerra librada por Rusia contra la occidentalización no era solo una guerra local, sino la vanguardia de una guerra universal de todos los pueblos contra la amenaza que representa la occidentalización. (…) El eurasianismo, como doctrina, es un antioccidentalismo activo, que conoce la modernidad desde dentro, pero la rechaza en nombre de la Tradición. Por lo tanto, un eurasianista no es en absoluto un “habitante del continente euroasiático”. Es más bien el hombre que asume voluntariamente la posición de una lucha existencial, ideológica y metafísica contra el americanismo, la globalización y el imperialismo de los valores occidentales (la sociedad abierta, los derechos humanos, la sociedad de mercado, etc.). Por lo tanto, se puede ser eurasiático viviendo en América Latina, Canadá, Australia o África». Y así: «Se trata de un vasto programa de importancia planetaria, que trasciende con creces las fronteras de Rusia e incluso las del continente euroasiático. Al igual que el concepto de americanismo puede aplicarse hoy en día a regiones geográficas que se encuentran más allá de los límites del continente americano, el eurasianismo significa una elección civilizatoria, cultural, filosófica y estratégica particular, que puede hacer cualquier representante de la especie humana, independientemente del lugar del planeta en el que viva o de la cultura nacional y espiritual a la que pertenezca».

Por otra parte, el eurasianismo también puede ser un concepto geopolítico, y aquí encontramos las posiciones de Niekisch, Yockey, Thiriart o Faye sobre la gran Europa que se extiende desde Galway hasta Vladivostok.

Mi posición personal combina las dos concepciones del término, mientras que Dugin es más restrictivo en su definición del alcance de Eurasia en términos puramente geopolíticos.

JN: ¿Qué responde a quienes se preguntan por las importantes diferencias entre Europa y Asia que obstaculizan un acercamiento tan importante?

CB: Que no entienden nada…

El eurasianismo, como acabo de decir, no es Europa + Asia, sino una concepción geopolítica, un nacionalismo gran-europeo, el sueño de un Imperio europeo desde Galway hasta Vladivostok, del que Moscú sería la Tercera Roma. Una idea que vuelve a surgir en nuestros círculos, con diversos nombres y formas, desde al menos la década de 1920 con Ernst Niekisch, Francis Parker Yockey, Jean Thiriart, Guillaume Faye, etc. Incluso Jean Marie Le Pen ha evocado esta idea dándole el romántico nombre de «Boreas».

JN: Usted ha manifestado su negativa a responder a ciertas acusaciones contra Alexandre Guelievitch Duguin. ¿De dónde provienen estas críticas, cuáles son y por qué no quiere responder a estos ataques contra el pensamiento duguiniano?

CB: Desde hace tres o cuatro años, algunos conspiradores siniestros, con orígenes políticos y étnicos tan inciertos como sus costumbres, se han especializado en Francia en el antidouguinismo, cubriéndolo de insultos y difamaciones en la red.

Esos mismos individuos le explican con toda naturalidad que Alexander Solzhenitsyn y Donald Trump son judíos, que Marine Le Pen es una marrana, que monseñor Lefevre estaba vinculado a una sociedad secreta llamada Priorato de Sion, que Putin es una marioneta de los sionistas, etc.

Son unos locos totalmente desocializados. ¿Qué respuesta racional se puede dar a los delirios de unos alienados? No hay nada que responderles. En su caso, se les puede aconsejar que consulten a un psiquiatra, creo que eso es más o menos todo lo que se puede hacer. Incluso darles un puñetazo en la cara cuando nos los encontramos me parece inoportuno, no se golpea a un enfermo, se le compadece sinceramente y se reza por su hipotética curación.

JN: Volviendo a Gabriele Adinolfi, varios comentarios suyos sobre el tema ucraniano le han hecho reaccionar, en particular el proyecto «Nation Europa», que dice querer formar una «tercera vía» entre Occidente y Rusia. ¿Cuál es su análisis de estas declaraciones y de esta simpatía por Ucrania por una parte de los nacionalistas europeos?

CB: Todo depende de lo que se considere Europa. Gabriele Adinolfi tiene una visión casi gaullista. A diferencia de mí, no incluye a Rusia.

Si lo entiendo bien, es partidario de un Intermarium, es decir, de una estructura geopolítica que vaya desde el mar Báltico hasta el mar Negro.

Lo que me molesta de este proyecto es que coincide con intereses que no son europeos. George Friedman, fundador y director del importante think tank privado estadounidense Stratfor, confesó sin tapujos, en intervenciones y artículos publicados entre 2015 y 2017, la idea que tenía de este Intermarium: «Lo principal en todo este asunto es que Estados Unidos establezca un cordón sanitario alrededor de Rusia (…) Para Estados Unidos, el objetivo principal es impedir que las tecnologías y los capitales alemanes se unan a los recursos de materias primas y la fuerza de los trabajadores rusos en una combinación única. Estados Unidos está dispuesto a impedir esta combinación con su baza: la línea que une el mar Báltico con el mar Negro. (…) El objetivo del Intermarium es contener cualquier avance de Rusia hacia Occidente».

El mismo George Friedman ve también en el Intermarium otro interés: el de flanquear a la Unión Europea y debilitar a Alemania.

Para resumir todo esto en términos geopolíticos, se puede decir que el Intermarium es un proyecto no solo antirruso, sino, lo que es peor, un proyecto anticontinental, antitelurócratico y, por lo tanto, un proyecto atlantista y talasocrático.

Tal es, por otra parte, el análisis del geopolítico yanqui contemporáneo Alexandros Petersen, para quien el Intermarium es una doctrina «típicamente atlantista que funciona como alternativa a la política de contención de George Kennan». Petersen lo define como «el compromiso estratégico» de «los numerosos pueblos euroasiáticos cautivos en la órbita rusa». Para él, el concepto del Intermarium es compatible con las ideas de Halford Mackinder sobre la creación de numerosos Estados títeres en el territorio de Rusia y alrededor de él, y con las de Zbigniew Brzezinski sobre la deseable división de Rusia.

La idea que me parece un poco descabellada de Adinolfi y los suyos, basada en la existencia de grupos nacionalistas bastante importantes en algunos de los países de este Internarium (entre ellos Azov), es que esta zona geográfica podría pasar, en su totalidad o en parte, al «lado bueno de la fuerza» y convertirse en el Piamonte de una nueva Europa. Reconozco que este sueño me parece totalmente utópico. Pero, para ser sincero, lo es al menos tanto como mi sueño de un Imperio euroasiático…

No obstante, es interesante observarlo porque muestra cómo dos visiones geopolíticas diferentes de dos hombres con ideas bastante similares en el resto de sus pensamientos conducen a elecciones totalmente diferentes a la hora de definir al enemigo y la posición que se debe adoptar con respecto a Ucrania. Él apoya a los ucranianos, yo a los rusos.

En lo que respecta a la acción de «los nuestros» en Ucrania, hay algo que me llama especialmente la atención: el error fundamental cometido por los distintos grupos nacionalistas ucranianos, que han dedicado todas sus fuerzas a esta guerra, han perdido a sus mejores elementos y no han obtenido absolutamente nada a cambio, salvo una práctica desaparición política. Es desconcertante que Svoboda solo haya obtenido un 3 % y un escaño en las últimas elecciones legislativas, cuando en las elecciones legislativas de 2012 este partido obtuvo el 10,5 % de los votos y 37 escaños. Cometieron más o menos el mismo error que Maurras con el compromiso nacionalista de 1914. En este caso, agravado por el hecho de que la guerra era, desde el principio, imposible de ganar. Como discípulo de Vacher de Lapouge, creo que hay momentos en los que es preferible preservar la raza y sus reproductores eligiendo la paz, por muy desagradables que puedan ser sus consecuencias en términos de fronteras.

Dado que algunos de los líderes nacionalistas ucranianos se reivindican de Evola, creo que, antes de embarcarse en esta guerra, deberían haber releído Orientaciones, que les habría enseñado que «es en la Idea donde debemos reconocer nuestra verdadera patria. No el hecho de ser de la misma tierra o de la misma lengua, sino el hecho de ser de la misma idea: eso es lo que cuenta hoy en día. Ahí está la base, ahí está el punto de partida. A la unidad colectivista de la nación —la de los “hijos de la patria”— tal y como ha predominado desde la revolución jacobina hasta nuestros días, nosotros, en cualquier caso, oponemos algo que se asemeja a un Orden, como hombres fieles a unos principios, como testigos de una autoridad y una legitimidad superiores que proceden precisamente de la Idea». Ahora bien, es difícil pensar que la Ucrania de Zelenski y los gay prides tenga la menor relación con «la idea».

JN: Un acontecimiento reciente en San Petersburgo ha visto el nacimiento de la organización «Paladines», que agrupa a varias estructuras nacionalistas de todo el mundo. ¿Cree que este acontecimiento marca un punto de inflexión en la historia política rusa que rompe con una especie de neobolchevismo de cierta generación que conoció la URSS y se acerca al nacionalismo, en particular entre la juventud rusa?

CB: No veo en absoluto un punto de inflexión en la historia política rusa. Las organizaciones que podrían calificarse de «derecha radical» existen al menos desde la Glasnost y, hasta la fecha, Rusia no ha carecido de grupúsculos nacionalistas o estructuras más importantes como los Nashi (la juventud pro-Putin).

Lo que resulta difícil de entender para un europeo occidental es que el nacionalismo ruso es un nacionalismo de tipo imperial, por lo que no es étnico ni nacional. Los grupos nacionalistas que no siguen esta línea y adoptan una definición étnica o nacional de los rusos suelen ser reprimidos, a veces con mucha dureza. Esto explica que haya un cierto número de líderes de la extrema derecha étnica rusa en el exilio que se han puesto del lado de Ucrania.

En cuanto a Paladines, se trata de una iniciativa muy simpática, pero no hay que hacerse ilusiones y hay que ser consciente de que forma parte del soft power de Rusia dirigido a las corrientes radicales de derecha, exactamente de la misma manera que cuando me invitan al Donbás o cuando invitan a Soral a Moscú. Hay un trabajo idéntico realizado por otros actores, dirigido a las corrientes más moderadas y también a los radicales de izquierda. A veces las cosas se entremezclan de forma un poco cómica: así, tuve la oportunidad de conocer en Moscú al secretario general del Partido Comunista Americano, invitado a Rusia como yo y alojado en el mismo hotel. Esto nos dio la oportunidad de intercambiar opiniones sobre… ¡Marine Le Pen durante el desayuno!

JN: Antes de terminar, ¿podría hablarnos un momento de su trabajo como editor en Ars magna?

CB: Lo puedo resumir en dos palabras: ideología, historia, rareza, calidad.

Publico una veintena de libros al año con dos objetivos: proporcionar bases ideológicas a quienes me siguen y ofrecerles ejemplos históricos inspiradores.

El aspecto ideológico lo asumo reeditando obras que ya no están disponibles, como las obras políticas de Drieu o los escritos de Georges Valois, Guillaume Faye, Pierre Clémenti, Dominique Venner, etc., o traduciendo a autores extranjeros como Francis Parker Yockey, Oswald Mosley, Alexandre Douguine, Julius Evola, etc.

El aspecto histórico lo asumo editando trabajos de investigación inéditos o traduciendo obras publicadas en el extranjero. Mi idea es que la lectura de un libro sobre la historia del pasado debería inspirar nuestra lucha del futuro, pero confieso que a veces me permito lecturas «más ligeras», como las recientes biografías de Françoise Dior o Savitri Devi Mukherji.

Fuente: https://jeune-nation.com/kultur/culture/christian-bouchet-militant-et-publiciste-les-entretiens-de-jeune-nation

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Breve historia de los Wandervögel

Por Robert Steuckers

Traducción de Juan Gabriel Caro Rivera

Orígenes y raíces culturales:

- Antecedentes de las guerras antinapoleónicas; 1813; voluntarios estudiantiles (discurso de Fichte; muerte en combate del poeta Theodor Körner; Jahn y sus sociedades gimnásticas);

- Veleidades nacionales y revolucionarias de las Burschenschaften estudiantiles; oposición a la Europa de la Restauración y de Metternich: ausencia de representación popular en las asambleas decisorias; oposición a la censura (atentado del estudiante Sand contra el poeta, dramaturgo y actor reaccionario Kotzebue) => 1848.

Segunda mitad del siglo XIX:

- Revuelta general contra los efectos sociales y estéticos de la industrialización de Europa;

- Inglaterra: atenuar la fealdad de las ciudades industriales: mensajes de poetas y urbanistas. Pre-rafaelitas, movimiento de ciudades jardín en torno al artista y arquitecto Ruskin, movimiento denominado «Arts & Crafts» (hasta principios del siglo XX).

- Austria: movimiento cultural que reivindica la reconciliación del arte y la política.

- Alemania: reunificación en 1871; industrialización excesiva; revuelta de filósofos y poetas: Nietzsche, Langbehn (Rembrandt-Deutscher). Langbehn tendrá un impacto preponderante en el desarrollo de las ideas del movimiento juvenil alemán. Las cosas del espíritu, lo natural, el alma sencilla de la gente del pueblo deben tener prioridad absoluta sobre el espíritu mercantil e industrial, sobre las cosas construidas por el hombre, sobre los cálculos de la burguesía.

1896: Hermann Hoffmann funda una asociación de «estudiantes de taquigrafía», vinculada al instituto (Gymnasium) de Steglitz, un municipio verde y no industrial de las afueras de Berlín. Surge una idea sencilla: la juventud no puede permanecer prisionera de las ciudades contaminadas de la época industrial, debe salir de ese yugo y salir de excursión (palabra mágica en alemán: wandern). Las autoridades escolares se oponen a las excursiones propuestas. Resistencia barrida por los padres y los pedagogos menos clásicos, conscientes, gracias a sus lecturas de Nietzsche y Langbehn, de que la educación debe abandonar lo demasiado teórico para abordar de lleno la vida y la realidad.

1898: primeras excursiones de los alumnos del instituto de Steglitz a las orillas del Rin; 1899: excursiones de cuatro semanas a los bosques de Bohemia. Estas dos expediciones constituyen una «revolución» en el sistema educativo de la Alemania guillermina.

Esta pedagogía poco convencional y estas excursiones se convierten en símbolos de una revuelta general contra el orden establecido (escuela, industria, administración, etc.).

- Karl Fischer (19 años, más consciente de esta revuelta que Hoffmann) toma el relevo de su mayor: excursiones + crítica fundamental del orden establecido, en nombre de una ética de la austeridad (anticonsumista). Sus orígenes son más populares (ni aristócrata ni burgués). Fischer instaura una disciplina más militar y organiza excursiones más aventureras: la asociación de «estenógrafos» se convierte en una comunidad alternativa (a la que da el nombre clásico de «Gemeinschaft»).

- El 4 de noviembre de 1901, reunión en una cervecería de Steglitz, presidida por Fischer: se decide fundar una asociación denominada «Wandervogel, Ausschuß für Schülerfahrten» (= Pájaro migratorio. Comisión para las excursiones escolares). Quieren retomar la tradición medieval de los Vagantes, los escolares peregrinos.

- Introducción de veladas alrededor de fogatas (en el valle del Nuthe, cerca de Steglitz), visitas a castillos en ruinas y vestigios medievales (romanticismo; arraigo en la historia nacional); fiestas solsticiales; romanticismo de la montaña, de las altas cumbres; culto a los lansquenetes; etc. Estas grandes ideas han sido transmitidas por todos los movimientos juveniles idealistas hasta nuestros días, incluso en Francia.

- Bajo el impulso de Fischer, difusión del movimiento por toda Alemania y luego en los Sudetes, Praga y Viena. El movimiento «Wandervogel» se convierte en la expresión de una juventud alegre y jovial, amante de la música, que crea sus propias canciones y melodías, etc. Pero empieza a soñar con un Jugendreich, un reino de la juventud, libre de la tutela de los adultos.

- En 1906, Fischer se retira del movimiento, se matricula en la Universidad de Halle y luego se alista en la marina alemana, cuya unidad está acuartelada en la fortaleza de Tsing-Gao, en China (no regresará hasta 1921, a una Alemania completamente transformada).

- Wilhelm Jansen (de 40 años en ese momento) se hace cargo del movimiento: quiere crear una «juventud enérgica con un alma fuerte». Es un buen organizador. En 1906, año en que asume el cargo, se crean las primeras secciones femeninas (Mädchenwandern), por iniciativa de Marie-Luise Becker. Al principio, hay hostilidad hacia esta mezcla y un repliegue hacia la masculinidad (noción de Männerbund). En Jena, los grupos mixtos son aceptados sin ningún tipo de recelo => escisión: Wandervögel Deutscher Bund. Coexistirán dos modos: los mixtos y los exclusivamente masculinos (de ahí la recurrente acusación de homosexualidad).

- Jansen abandona el movimiento => Hans Breuer, Hans Lissner, Edmund Neuendorff. Breuer, antiguo alumno del instituto de Steglitz, se alistará como voluntario en la guerra y caerá en Verdún el 20 de abril de 1918. Crea el cancionero del movimiento, aún vigente: el «Zupfgeigerhansl».

- Sin embargo, la difusión del movimiento juvenil Wandervogel es incomprensible sin hacer referencia a la cultura alternativa que se extendía por Alemania en la misma época; la figura clave de este renacimiento cultural y metapolítico es el editor Eugen Diederichs, que fundó en Florencia, Leipzig e Jena una editorial en 1896 (que sigue existiendo hoy en día, sin renegar de su pasado), el mismo año en que Hoffmann lanzó su grupo de excursionistas estenógrafos en Steglitz. Diederichs también se inspiró en Langbehn y Paul de Lagarde. Pero no cayó en un nacionalismo estrecho, sino que apostó por una universalidad plural y alternativa, que oponía al universalismo monocromático y convencional del liberalismo dominante.

- El pensamiento y los objetivos de Diederichs pueden resumirse en ocho puntos (que la llamada «revolución conservadora» radicalizará después de 1918):

  1. dar prioridad a la vida y al dinamismo (aportación de Bergson, del que será editor alemán);
  2. necesidad de promover una nueva mística religiosa, al margen de las rígidas instituciones confesionales; recurso al patrimonio germánico (Edda), así como a las religiosidades tradicionales y no cristianas de China y la India;
  3. valorizar un arte orgánico (Langbehn, los prerrafaelitas ingleses, Ruskin y sus ciudades-jardín, las premisas del art nouveau/Jugendstil);
  4. retorno al romanticismo en la literatura;
  5. revalorizar los lazos heredados por la sangre y el pasado;
  6. pensar la naturaleza (pensamiento ecológico antes de su tiempo);
  7. forjar un socialismo dinámico, antiburgués y ético, inspirado en la Fabian Society inglesa, en Jean Jaurès y en Henri de Man;
  8. fomentar sin descanso la creatividad entre los adolescentes (razón por la cual Diederichs apoya el movimiento Wandervogel).

Cabe señalar que el mismo Diederichs fundó una sociedad juvenil y festiva (a pesar de haber superado ampliamente los cuarenta años): la sociedad SERA, que financiaba generosamente y en la que artistas y músicos de renombre animaban las iniciativas. La sociedad SERA celebraba los solsticios y defendía una alegría de vivir libre de convenciones rígidas.

Gran momento de la aventura Wandervogel: la gran reunión de la juventud alemana, de todos los grupos, en la cima del Hoher Meissner en 1913. El filósofo Ludwig Klages pronuncia allí un discurso sobre la necesidad de preservar lo natural, inaugurando así el pensamiento ecológico que no dejará de ser virulento en Alemania (excepto durante los años 50 y 60). A partir de esta gran reunión, numerosas iniciativas locales, estudiantiles, escolares u obreras se agrupan en una estructura flexible e informal que recibe el nombre de «Freideutsche Jugend».

En 1914, los jóvenes se alistaron en masa como voluntarios para la «Gran Excursión» (Die Große Fahrt), que terminará trágicamente para la mayoría: de los 12 000 Wandervögel de antes de la guerra, 7000 nunca volverán de los campos de batalla. Tres valores éticos fundamentales animan a estos jóvenes voluntarios: la ausencia de intereses (materiales y personales), el altruismo y la camaradería. Esta ética se expresa en el libro de Walter Flex, ahora disponible en francés, Der Wanderer zwischen beiden Welten (= El excursionista entre dos mundos).

Ernst Jünger, recientemente fallecido, también fue un joven Wandervogel en 1911-12. Superó la ética puramente ingenua y romántica del Wandervogel en las trincheras y reflexionó sobre la irrupción de la tecnología en la guerra.

Después de 1918: necesaria reorganización en un clima de guerra civil entre rojos y Corps Francs.

Alistamiento de jóvenes en los Corps Francs en Silesia contra el ejército polaco, en el Corps Franc Oberland contra los rojos en Baviera.

- Tres grupos dominan la inmediata posguerra: la Freideutsche Jugend (= «juventud libre alemana»), las Landesgemeinden (= comunidades rurales) y la Kronacher Bund (Liga de Kronach). Pero fracasaron, dada la imposibilidad de conciliar el espíritu Wandervogel anterior a 1914 con el espíritu de los jóvenes soldados que regresaban del frente (desilusión, amargura, hastío ante los discursos demasiado idealistas/cf. Jünger, la descristianización, etc.), el espíritu de la «generación de 1902», que no tuvo tiempo de conocer el frente y lo idealiza de forma exagerada e inapropiada. Voluntad general: nada de activismo político, ni de izquierdas ni de derechas, sino optar siempre por la «renovación» (¡Bergson!).

- Se perfila una personalidad: el manco Ernst Buske, no movilizado debido a su terrible discapacidad, animador en el Reich en guerra de grupos de jóvenes aún no movilizados, inspirador del «Altwandervogel» (una liga que pretendía preservar los valores y el espíritu del primer movimiento de Fischer), jurista profesionalmente activo al servicio de una asociación campesina en el noroeste de Alemania, personalidad fuerte, tranquila, madura, idealista, modesta, hostil a toda grandilocuencia visionaria, pragmática. De 1920 a 1922, Buske funda un nuevo concepto: el de «Jungenschaft». En 1925-26, este concepto fue la base para la fundación de un nuevo gran movimiento, la Freischar (= la banda libre), que contaría con entre 10 000 y 12 000 miembros, tres cuartas partes de los cuales tenían menos de 18 años. La Freischar agrupaba pequeñas unidades locales con una media de 16 jóvenes. Buske murió repentinamente en 1930.

La Freischar contó entre sus filas con personalidades fuertes y famosas del mundo de las letras y la universidad, en particular los filósofos Hans Freyer, Leopold Dingräve (del «Tat-Kreis» revolucionario-conservador), Eugen Rosenstock-Huessy (teórico de las «revoluciones europeas», que se clasifica, con razón o sin ella, en la categoría de la «revolución conservadora») y el activista socialista Fritz Borinski (autor de una excelente historia del Wandervogel y de los movimientos juveniles). Cabe destacar también la presencia en el Freischar de Johann Wilhelm Hauer, futuro líder del Deutsche Glaubensbewegung (= Movimiento de la Fe Alemana), un movimiento que deseaba volver a las raíces religiosas de Europa y rehabilitar todas las religiosidades que fundamentan las comunidades humanas. El tema central del enfoque de Hauer es, efectivamente, la «comunidad». Expresará sus ideas en un movimiento juvenil más filosófico, el Köngener Bund (= La Liga de Köngen), que organizará coloquios y debates contradictorios muy importantes, en particular con Martin Buber.

- Matthias von Hellfeld, autor de obras sobre los movimientos juveniles alemanes de 1930, en las que mezcla crítica y entusiasmo, nos ofrece una panorámica de las ligas juveniles de la época («Bündische Jugend»), que acababan de tomar el relevo de la Freischar tras la muerte de Buske en 1930. Von Hellfeld distingue:

1. La corriente idealista, fiel al espíritu de 1913 (reunión en el Hoher Meissner, discurso de Klages) y al espíritu de la Freideutsche Jugend. La Deutsche Freischar de Buske retoma esta tradición y pretende hacer realidad su sueño de Jugendreich mediante la organización regular de «campos de trabajo» (Arbeitslager) en los que jóvenes campesinos, obreros y estudiantes pueden reunirse para construir una nación solidaria. El espíritu pragmático de Buske pudo expresarse allí. A su muerte, la dirección del movimiento pasó a manos del almirante von Trotha, adversario en 1919 de la eliminación por la fuerza armada de los oficiales golpistas de Kapp (ultraderecha; en francés, véase el libro de Dominique Venner sobre los Corps francs). Muchos jóvenes veían con malos ojos el control de este viejo oficial conservador. De ahí surgieron disidencias o, más exactamente, la autonomización de grupos liderados por jóvenes carismáticos.

Entre ellos:

- La Deutsche Jungenschaft von 1. 11 (= Los jóvenes alemanes del 1 de noviembre; abreviado: d.j.1.11), dirigida por Eberhard Koebel, que ya se había enfrentado a Buske en 1928 (Koebel no fue expulsado de la Freischar hasta 1930). La gran originalidad de este grupo radica en que aborda el mundo de la tecnología de una manera más positiva que la antigua tradición idealista, transmitida de Fischer a Buske. Más rebelde, pero también más intelectual, la d.j.1.11 aborda temas filosóficos y literarios, y se interesa por la arquitectura y las corrientes del arte contemporáneo. Fundó un teatro e introdujo el banjo y la balalaika rusa en el folclore del movimiento juvenil. Las influencias escandinavas, finlandesas (la tienda lapona denominada en la jerga de los movimientos juveniles alemanes Kohte) y rusas son predominantes. La d.j. 1.11 sale del marco estrictamente alemán-germánico, incluso europeo, cuando comienza a idealizar al samurái japonés. Koebel, conocido como «tusk» desde sus viajes por Escandinavia y Finlandia («tusk» = alemán en lenguas escandinavas), crea un estilo claramente nuevo, un grafismo audaz y moderno, más dinámico y algo futurista. Todo el movimiento juvenil cae, de buen o mal grado, bajo la influencia de esta sorprendente modernidad, incluidos los grupos confesionales, católicos y protestantes.

- La d.j. 1.11, fiel a su romanticismo escandinavo, finlandés y ruso, adquirió una gran notoriedad en Alemania tras organizar una expedición a las costas del Ártico y a Nueva Zembla. «Tusk» formaba parte de ella, por supuesto, y nos dejó una interesante descripción de la fauna y las aves de las islas del Ártico. Asimismo, en su diario de a bordo se puede leer su fascinación por el día eterno de la zona polar en verano.

- Calificado como «el forajido del movimiento juvenil», Koebel solo encuentra un único aliado real, el suizo Alfred Schmid, jefe del Graues Korps (= El Cuerpo Gris). Koebel funda entonces las «guarniciones rojo-grises», cuya primera sede abre sus puertas en Berlín en 1930. Estas guarniciones son comunidades residenciales donde los jóvenes pueden vivir y alojarse, sin ninguna tutela adulta. En 1932 Koebel evoluciona hacia el comunismo e intenta poner su liga al servicio del PC alemán, lo que provoca numerosos desacuerdos. Un antiguo miembro dirá: «No acepté que “Tusk” enviara a jóvenes a acompañar a los pegadores de carteles comunistas por las calles de Berlín».

- Paralelamente a las «guarniciones rojo-grises», Koebel fundó los «Kultur-Clubs», cuya misión era educar a los jóvenes «en la revolución y el socialismo». Esta orientación no disimulada su fascinación hacia el comunismo marxista, lo que provocó escisiones: la d.j.1.11 se dividió en cuatro grupos. Cuando los nacionalsocialistas tomaron el poder en 1933, «Tusk» fue detenido por la Gestapo. En junio de 1934, emigra a Suecia y luego a Inglaterra. Morirá en Berlín Oriental en 1955.

- Otra evolución interesante tras la muerte de Buske y siempre en el marco de la juventud «idealista» (según la clasificación de von Hellfeld): los Nerother, sobre todo originarios de Renania. Estos iniciaron expediciones lejanas, aún más lejanas que las organizadas por «Tusk». Así, se vio a los Nerother escalar las paredes de los Andes y regresar con películas extraordinarias, que se proyectaron en cines de toda Alemania para financiar el movimiento, que nunca contó con más de 1000 miembros. Los fundadores del movimiento fueron los hermanos Oelbermann. Robert fue detenido por la Gestapo y murió en Dachau en 1941. Karl se marchó a África durante la guerra y no regresó hasta diecinueve años después, a una Alemania completamente transformada.

2) El ala «völkisch»:

Más nacionalista y menos vinculada a la tradición idealista y hegeliana, el ala völkisch incluía movimientos como los Adler und Falken (Águilas y Halcones), los Geusen (los Mendigos), los Artamanen y la Freischar Schill. Los Artamanen se fusionaron con los servicios agrícolas del III Reich (su actividad principal había sido organizar colonias agrícolas en las zonas rurales de Alemania y en la Transilvania rumana, donde vive una importante minoría alemana). Los ministros nacionalsocialistas Himmler (policía) y Darré (agricultura) formaron parte de ella. La Freischar Schill evolucionó hacia el nacionalismo revolucionario, siguiendo en particular las directrices de los hermanos Strasser. Dirigida por Werner Lass, contó con la colaboración de Ernst Jünger.

3) Los grupos nacionalrevolucionarios:

Están liderados principalmente por Hans Ebeling (Jungnationaler Bund – Deutsche Jungenschaft), originario de Renania, y por el socialista revolucionario Karl Otto Paetel, quien fundará el Gruppe sozial-revolutionärer Nationalisten (GSNR; o, en español: Grupo de Nacionalistas Social-Revolucionarios). Paetel evolucionará hacia el antifascismo, se alistará en el bando republicano durante la Guerra Civil Española y se exiliará en Nueva York, donde contribuirá a lanzar el movimiento contestatario de la Generación Beat en 1950. Regresará a Alemania, donde fallecerá en 1969.

Cabe mencionar también la Schwarze Jungmannschaft de Heinz Gruber y la Bündische Reichsschaft de Kleo Pleyer.

A partir de 1933 se produce la progresiva puesta a raya de las ligas juveniles consideradas demasiado independientes. Las juventudes hitlerianas absorben poco a poco a los jóvenes militantes, marginando a los líderes (Koebel, Paetel, Ebeling) y obligándolos a emigrar.

¿Qué conclusiones se pueden extraer de este panorama?

- Los principios enunciados por Diederichs en el marco de su editorial y su grupo SERA siguen siendo válidos, no solo desde el punto de vista filosófico o ideológico, sino también y sobre todo desde el punto de vista político. Hoy en día me parece posible una traducción política de este programa en ocho puntos, ya que estos «ocho puntos» resumen perfectamente las problemáticas que afectan, para bien o para mal, a la esfera política europea.

- El discurso ecologista del filósofo Klages en 1913 en la cima del Hoher Meissner sigue siendo válido, como texto fundador de la ecología fundamental.

- El pragmatismo de Buske sigue siendo válido.

- Los planteamientos filosóficos de Hauer siguen siendo válidos: al individualismo y al colectivismo hay que oponer la noción de comunidad (comunidad de trabajo, de lucha, de estudio, de supervivencia, de ocio, etc.).

- Las innovaciones de «Tusk» en materia de diseño gráfico y audacia siguen siendo válidas, aunque no se comparta su compromiso comunista de los años 32-33. La idea de realizar expediciones lejanas interesantes sigue siendo válida. También lo es la idea de traer documentos sonoros y fílmicos.

Hoy, a la luz de este pasado, un movimiento juvenil debe:

- Conservar el espíritu del Wandern, sobre todo en su propio país. El redescubrimiento del territorio regional/nacional es un imperativo para volver a echar raíces, pero también una forma de protestar contra los viajes masivos sin aventura, en los que todo está preparado, nivelado, patrocinado y masticado de antemano (Club Med, etc.).

- Combinar este espíritu excursionista con un compromiso filosófico coherente y sólido (modelos: Diederichs, Hauer), y luego organizar esta coherencia en el plano práctico (creación de una editorial; la de Diederichs ha resistido hasta hoy, con 102 años, a pesar de las crisis económicas alemanas de 1918-23, 1929, 1945-49; los coloquios de Hauer continuaron después de 1945 y, a su muerte, otros tomaron el relevo; la iniciativa que él puso en marcha sigue vigente).

- No limitarse a las excursiones, pero tampoco encerrarse en especulaciones filosóficas estériles.

- Queda el problema del compromiso político: es cierto que en la época de «Tusk», por ejemplo, el joven idealista era nacionalista o comunista y, a menudo, su elección oscilaba entre estos dos «extremos». Hoy en día, la situación ha cambiado en la medida en que, como decía la revista semanal francesa Marianne la semana pasada, los jóvenes de nuestra década solo tienen preocupaciones limitadas: ganar dinero, rechazar cualquier formación cultural, rechazar cualquier servicio a los demás, rechazar pensar en política, etc. Todas las ideologías políticas dominantes son responsables de este desastre pedagógico y antropológico, incluidos los partidos que les han servido de vehículo. El mero hecho de preocuparse por la ciudad hoy en día ya constituye una contestación radical al poder establecido. Por lo tanto, un acto político.

[Synergies Européennes, Le Baucent (Metz) / NdSE (Bruselas), junio de 1998]

Fuente: https://robertsteuckers.blogspot.com/2011/11/petite-histoire-des-wandervogel.html

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El arsenal soviético contra Occidente

Por Alexander Dugin

Traducción de Juan Gabriel Caro Rivera

Exista una paradoja en nuestra historia según la cual solo nos opusimos al Occidente desde una perspectiva material y teórica durante la época soviética. Fue entonces cuando la tensión civilizatoria entre Oriente y Occidente alcanzó su punto más álgido. Pero, al mismo tiempo, la ideología dominante en Rusia durante ese periodo era el marxismo, una ideología occidental (aunque anticapitalista).  Compartíamos con Occidente la doctrina del progreso, la Ilustración, el ateísmo y el materialismo (por eso caímos en la trampa de la Perestroika, creyendo en la teoría de la convergencia).

Sin embargo, fue precisamente en la URSS donde la crítica a Occidente adquirió un carácter sistémico.

Esto encierra cierto enigma histórico. El acceso directo a los fundamentos de nuestra civilización —la ortodoxia, el Imperio, la Tercera Roma, el pueblo ruso portador de Dios— estaba bloqueado. Y, sin embargo, fue precisamente bajo el socialismo cuando Occidente y su sistema capitalista (que es el mal supremo: capitalismo = Epstein) fueron rechazados de la manera más radical.

En el reino de Moscú también nos alejábamos de Occidente, pero claramente no comprendíamos de manera completa y profunda lo monstruoso que era. Lo veíamos más bien como herejes, pero no como el Anticristo, cuando Occidente ya era entonces el Anticristo.

En el Imperio ruso nos considerábamos parte de Europa: para algunos éramos una parte atrasada y otros una parte conservadora (reaccionaria). Solo los eslavófilos comenzaron a intuir la verdadera esencia de la civilización satánica occidental, aunque con cautela.

Solo los bolcheviques ultramodernos llegaron a la conclusión de iniciar una guerra civilizacional en toda regla con Occidente. Y aunque lo explicaban a su manera, al estilo marxista, ahora es evidente lo acertados que estaban en esencia tanto geopolítica como escatológicamente.

Occidente, especialmente el Occidente de la Edad Moderna, es un proyecto del Anticristo. Y no es de extrañar que su culminación sean las élites de Epstein y los maníacos de la gran destrucción, como Trump (el Gran Destructor). Es simplemente la última parada de un viaje cuyo billete se compró hace mucho tiempo. Hay personas que violan a niños y adoran al diablo: todo esto es el final inevitable de una sociedad que rechaza a Cristo, a la Iglesia, al Imperio, lo sagrado y el trabajo espiritual honesto. El capitalismo no puede ser de otra manera.

Y ahora solo podemos hacer frente a Occidente basándonos en los recursos que se crearon en la URSS como instrumentos necesarios para la guerra con Occidente, para la que nos preparamos durante décadas. Lo que hicimos después (incluso después de que Putin corrigiera el rumbo, que antes de él conducía directamente al abismo) se ve claramente en el destino de dos antiguos y recientes (!) viceministros de Defensa. No es nada personal, es simplemente el capitalismo. Si aceptamos su dosis, estamos acabados. China se las arregla con este veneno solo gracias a que el Partido Comunista conserva el poder. Y aún no se sabe por cuánto durará eso.

Si comparamos nuestra actitud capitalista general (es decir, el occidentalismo en una u otra forma) y la exigencia de oponernos militarmente a toda la civilización satánica (tanto en su versión globalista como en su versión neoconservadora y trumpista), llegamos a una profunda contradicción. No se puede luchar contra el enemigo y, al mismo tiempo, venderle los recursos para librar esa guerra contra nosotros. Ellos nos están haciendo la guerra y nosotros fingimos no darnos cuenta.

Por el momento, hemos agotado por completo las posibilidades del «plan astuto» en todas sus versiones. Hay que cambiar nuestro rumbo y rápido.

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Entrevista con Faye: La colonización de Europa

Traducción de Juan Gabriel Caro Rivera

Guillaume Faye fue entrevistado por la revista Réfléchir & Agir sobre su libro «La colonización de Europa: verdadero discurso sobre la inmigración y el islam». En esta conversación, Faye expone sus opiniones sobre los cambios demográficos en Europa, el papel del islam y lo que él considera amenazas para la identidad europea. La entrevista recoge un momento concreto del discurso político francés en torno a la inmigración y la identidad, en el que Faye aboga por lo que él denomina «Reconquista», tomando prestado el término de la historia española. El debate aborda la geopolítica, la demografía y la relación de Faye con el movimiento de la Nueva Derecha francesa.

Publicado originalmente en Réfléchir & Agir n.º 8, primavera de 2000.

Nota de Alexander Raynor

Con motivo del lanzamiento de su último misil literario, Guillaume Faye tuvo la amabilidad de responder a nuestras preguntas sobre el candente tema de la colonización de Europa…

Entrevista realizada por Crea, de la revista Réfléchir & Agir.

R&A: Las cifras truncadas, la complicidad y el silencio de los poderosos, las medidas ficticias y la impunidad real de los inmigrantes… ¿Son el resultado de un deseo de ocultar la realidad o de una complicidad real?

GF: De ambas cosas. Por un lado, hay cómplices objetivos de nuestra colonización étnica, en los círculos trotskistas o cristianos de izquierda, que quieren «tercermundizar» Europa por dogma ideológico; y, por otro lado, hay políticos que intentan en vano ocultar la magnitud del fenómeno y minimizar sus consecuencias, por miedo a que los tachen de «racistas». Pero todas estas mentiras se derrumban ante los hechos y lo que vemos en las calles.

R&A: Más que de inmigración, usted habla de colonización masiva por asentamiento. ¿Puede explicar su postura?

GF: La «inmigración» suele ser económica y temporal. Nos enfrentamos a una invasión, a una «colonización ascendente» definitiva por parte de masas alogénicas afro-magrebíes y orientales, a través de fronteras porosas y de las maternidades. Si no se hace nada, en 2015, el 50 % de los menores de veinte años que viven en Francia ya no serán, antropológicamente, europeos. Son datos estadísticos. A algunos no les importa en absoluto, otros se alegran. Yo creo que es una catástrofe histórica que corre el riesgo de desfigurar nuestra civilización. Es inaceptable. Para mí, es un casus belli. Por lo tanto, debemos reaccionar y, lo digo con toda calma, prepararnos para la guerra. El futuro me dará la razón, frente a los pensadores de segunda categoría.

R&A: Ante una Europa inexistente, usted denuncia el peligro que representa un Islam conquistador aliado con Estados Unidos. ¿Cuáles son, en su opinión, las principales armas desarrolladas por los estadounidenses?

GF: El interés de Estados Unidos es debilitar a Europa, su principal competidor, por todos los medios. Es un juego limpio. En primer lugar, Estados Unidos mantiene un «pacto petrolero» con varios países árabes, como Arabia Saudí y Argelia. A continuación, impulsan la islamización del continente, en el que fomentan una sociedad multiétnica, lo que conduce en todas partes a la guerra civil. Apoyan la candidatura de la prolífica Turquía a la Unión Europea.

Han involucrado a los europeos en la guerra proislámica contra los serbios, con la consecuencia prevista de crear una brecha entre los europeos occidentales y los rusos. Los rusos y los serbios son los dos únicos pueblos europeos que se resisten a la expansión del islam. Recordemos que Estados Unidos armó a los muyahidines afganos, al igual que hoy los alemanes, a las órdenes del Pentágono, arman y entrenan al ELK. La pesadilla del Pentágono es la unión entre nosotros y los rusos, es la marcha hacia lo que yo he llamado «Eurosiberia». Es un continente, una gran patria étnicamente homogénea y, por lo tanto, poderosa. La implantación del islam en Europa, así como nuestra colonización por las masas del Tercer Mundo, son la estrategia de la única superpotencia para doblegarnos. Pero los principales responsables de esta situación somos nosotros, ya que permitimos que ocurriera. Los europeos están llevando a cabo su «etnosuicidio».

R&A: A mediados de la década de 1980, con el auge de SOS Racismo, se solían hacer comparaciones entre la inmigración anterior a la guerra y la actual. En su opinión, ¿en qué se diferencian fundamentalmente ambas?

GF: La inmigración anterior a la guerra afectaba a europeos (principalmente polacos, italianos e ibéricos) y era limitada. La actual es masiva y afecta al 95 % de extranjeros extraeuropeos. Por lo tanto, comparar ambas situaciones es pura mala fe.

R&A: Ante los defensores de la asimilación y los que abogan por el comunitarismo, ¿qué camino propone usted?

GF: Ninguna de estas soluciones ha funcionado nunca en ningún sitio. Yo defiendo la Reconquista. Esto solo puede ocurrir tras una crisis extremadamente grave que cambie los datos del problema y las mentalidades, y cuya probabilidad de producirse es del 50 % antes de la fecha límite de 2010. Si esta crisis no se produce, no habrá reacción y nos veremos abrumados. Pero no seamos pesimistas. Aunque hoy la reconquista y la expulsión sean impensables e imposibles, mañana pueden ser posibles. Recordemos la Reconquista española, el general De Gaulle en Londres, la reunificación alemana: la historia es como una mujer inconstante e impredecible. Aunque racionalmente aún no sepamos cómo se producirán la reconquista y las expulsiones masivas, debemos inscribir su voluntad inquebrantable en las mentes revolucionarias de los jóvenes europeos. Porque donde hay voluntad, hay un camino. Creo en la voluntad de poder, como en el poder de la voluntad.

R&A: Más allá de los acontecimientos inmediatamente perceptibles, ¿cómo cambia fundamentalmente esta colonización los datos étnicos y culturales de Europa?

GF: Es una cuestión de demografía y números. El 30 % de los nacimientos en Francia corresponden a bebés de origen extraeuropeo. Y cada año entran más de 200 000 extranjeros. A este ritmo, en 2030 la población francesa ya no será mayoritariamente de origen europeo, ya que, paralelamente, la tasa de natalidad de los europeos nativos es muy baja. Ahora bien, sigo pensando que si una civilización pierde su base étnica, se derrumba. La civilización europea está viviendo actualmente, en silencio, la crisis más grave desde la Antigüedad. Es un cáncer. Tendremos que pasar por el quirófano para sobrevivir.

R&A: Suburbios en llamas, violencia escolar, guerras entre bandas, explosión de la delincuencia… ¿Ha comenzado el caos étnico?

GF: SÍ. Estamos asistiendo al comienzo de una «guerra civil étnica», provocada a sabiendas por los colonizadores afro-magrebíes que «odian» todo lo que es étnicamente europeo. A la delincuencia común se suma ahora la criminalidad política y racista, que adopta la forma de redadas y guerrillas urbanas.

R&A: ¿Cómo explica las posiciones de la Nueva Derecha actual, que tienden a minimizar o incluso a ocultar el imperativo territorial y las dimensiones étnicas del problema?

GF: La Nueva Derecha actual —en realidad, sus líderes y no su público, con el que está en desacuerdo— no es consciente de la urgencia y sigue estancada en la estrategia intelectualista de 1970. También existe un torpe deseo —y sin esperanza— de ser reconocidos por el sistema, para evitar ser tachados de «populistas» o «bastardos» en el sentido sartriano. Cabe señalar también un alejamiento del concepto de «etno-pluralismo» hacia el de «comunitarismo». Dicho esto, no formo parte del GRECE ni de la Nueva Derecha desde 1986, ¡ellos son ellos y yo soy yo! ¡Hacen lo que quieren! En todos los demás temas, considero que su trabajo es muy positivo. Y a pesar de mis críticas, expresadas en Archeofuturismo, fueron muy elegantes y me invitaron a debatir públicamente. Sigo pensando que los líderes de la Nueva Derecha acabarán convenciéndose y se sumarán a mis posiciones. En cualquier caso, no tienen otra opción. Es un problema de equilibrio de poder entre su discurso actual, edulcorado, y una situación objetiva que se está radicalizando. Mi mayor deseo es que lo comprendan.

JUSTICIA: Los nuevos inquisidores de la policía del pensamiento no tardaron en manifestarse. El autor y su editor fueron interrogados en el marco de una investigación preliminar. Se identificaron una veintena de pasajes que podrían constituir un delito de incitación al «odio racial». A finales de junio se celebró una comparecencia ante el juez de instrucción, y el juicio y las alegaciones están previstos para este otoño. Se ha creado un comité de apoyo (12 rue de la Sourdière 75001 París) para nuestro amigo, que, lejos de rendirse, está preparando la publicación de un manifiesto ideológico titulado «Por qué luchamos».

R&A: Antes de terminar esta entrevista, ¿puede resumir su estrategia en pocas palabras?

GF: Mi estrategia es la de la independencia total —escapando así al efecto capilla— y la del discurso radical, es decir, que va a la raíz y moviliza a la gente. Tercer eje: creo en las redes informales y en la agitación-propaganda («agit-prop»), el público joven es muy exigente en este sentido, sobre todo después de la catastrófica crisis del FN-MNR. Debemos formar y endurecer a la élite juvenil y prepararla para el inevitable choque que se avecina. Creo en la victoria de la «Reconquista», siempre que se haya formado una aristocracia de la resistencia. Ese es mi objetivo.

Fuente: https://nouvelledroite.substack.com/p/interview-with-faye-the-colonization

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¿Qué es la «Concepción del mundo»?

Por Guillaume Faye

Traducción de Juan Gabriel Caro Rivera

Conjunto de valores, ideas, ideales e interpretaciones de la realidad, unificados y organizados por un sentido, implícitos y explícitos, afectivos e intelectuales, propios de una comunidad, un pueblo, un sistema ideológico o religioso.

Cercana a los términos «visión del mundo» o «perspectiva del mundo», que se refieren más bien a su aspecto afectivo e intuitivo, la concepción del mundo constituye, desde nuestro punto de vista, la base de las culturas y las formas de civilización. Lugar donde actúa el inconsciente colectivo, la concepción del mundo está directamente influenciada por la biología y la antropología del grupo que la sustenta y constituye, para nosotros, la verdadera infraestructura de las instituciones, la política, la economía, etc. (y no al revés, como en los esquemas marxistas o liberales, donde solo se percibe como una superestructura). Una misma concepción del mundo puede dar lugar a diferentes ideologías, que pueden oponerse, pero que son la expresión del mismo proyecto histórico y social. El concepto de concepción del mundo permite, por lo tanto, poner de relieve la afinidad fundamental de las ideologías occidentales, aparentemente antagónicas, pero cuyos postulados (véase individualismo e igualitarismo) son comunes.

Dos concepciones del mundo parecen enfrentarse en nuestro mundo desde hace casi dos milenios:  una, cristianomórfica, es decir, centrada en la sensibilidad y las enseñanzas del judeocristianismo, que ha dado lugar a todas las ideologías igualitarias dominantes en la actualidad; la otra, de origen indoeuropeo, de sensibilidad pagana, aunque censurada política e históricamente, se ha expresado constantemente en la cultura, la filosofía y el arte europeos. Con Nietzsche, alcanzó una formulación consciente. Hoy somos sus representantes; no podemos pretender tener el monopolio, ya que está presente en el inconsciente colectivo; pero nuestro papel es ser su «encarnación modelo» y extraer de ella ideologías (que algún día podrán oponerse y complementarse) y formas de cultura. En este fin de siglo, la suerte y la fuerza de esta concepción del mundo es su adaptación a la modernidad y al espíritu científico, al que, por otra parte, ha contribuido poderosamente a forjar.

Fuente: https://www.voxnr.fr/quest-ce-que-la-conception-du-monde

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La guerra de los últimos tiempos (Escalada)

Por Alexander Dugin

Traducción de Juan Gabriel Caro Rivera

Presentador: En Oriente Medio continúan los enfrentamientos violentos. Inicialmente se informó de que Steve Witkoff y Jared Kushner se estaban preparando para visitar Israel, pero de repente se anunció la cancelación de este viaje. Las razones de esta decisión no se han especificado oficialmente, pero el hecho en sí es muy revelador. En este contexto, resulta especialmente interesante la cuestión de las perspectivas de fin del conflicto. Donald Trump, en sus recientes declaraciones, ha subrayado que la decisión de un alto el fuego se tomará exclusivamente con el consentimiento de Benjamín Netanyahu. Surge una pregunta lógica: ¿cuándo llegará el final? Da la impresión de que Israel y Netanyahu están decididos a destruir al enemigo sin concesiones, lo que significa que no cabe esperar un pronto fin del conflicto.

Alexander Dugin: Me parece que es necesario preguntar a otra parte, cuya opinión es absolutamente importante. Se trata del heroico pueblo iraní, que ha perdido a sus líderes y ha sufrido pérdidas colosales. Ha sufrido el dolor y la muerte de personas inocentes. Han muerto niñas, niños pequeños, hijas de los mandos del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, y el ataque se dirigió contra ellos de forma deliberada. Se trata de un auténtico asesinato de bebés.

Netanyahu ha declarado que, desde su punto de vista religioso y sionista, esta guerra se libra contra Amalek. Amalek es el enemigo de Israel y Netanyahu ha declarado abiertamente en su discurso que destruirán a los bebés y a los niños, que en esta guerra nadie debe quedar con vida. Tal es el estado de ánimo de Netanyahu: la guerra debe terminar cuando Irán deje de existir, cuando Amalek sea destruido. Este es el proyecto religioso-político de Israel. El primer golpe contra los enemigos de Israel, contra Amalek e Irán, resultó muy doloroso.

Se asesinó el liderazgo religioso, lo que es aproximadamente como si se hubiera asesinado al Papa o al Patriarca ortodoxo. El golpe se dirigió contra el liderazgo religioso del mundo chiíta, contra los círculos militares, científicos y políticos. El ataque de Estados Unidos e Israel tenía como objetivo decapitar a Irán y provocar una operación de cambio de régimen para que se levantara una revuelta. Y para intimidar a la población, destruyeron cínicamente a los niños con un ataque selectivo. Sin embargo, esto no tuvo el efecto que esperaban estos monstruos estadounidenses e israelíes.

El pueblo iraní se unió en torno a sus líderes: se eligió un nuevo Rahbar, un nuevo jefe de la estructura político-religiosa Vilayat al-Faqih, hijo de Jamenei, que perdió en este ataque no solo a su padre, sino también a sus parientes más cercanos. El pueblo y los líderes iraníes están ahora decididos a poner fin a esta guerra solo después de que Israel haya sido borrado de la faz de la tierra.

Ahora la guadaña ha encontrado la piedra: desde el punto de vista de Israel, se trata de Amalek, a quien hay que destruir. Desde el punto de vista de los iraníes, Israel, al igual que todo Occidente encabezado por Estados Unidos, es el Dajjal, es decir, una especie de Anticristo que debe convertirse en el rey que gobierna toda la tierra.

Por eso Trump y Netanyahu pueden tener sus propios planes para poner fin a esta guerra. A Kushner y Witkoff nadie los toma en serio, son simplemente unos indeseables. Mantuvieron negociaciones con Irán en el momento en que los estadounidenses y los israelíes lanzaban un ataque contra el mando militar. Nadie en Israel ni en el resto del mundo volverá a hablar con estas personas. Están completamente desacreditados para jugar ese papel.

Ahora mismo, mucho depende de Irán. Irán no tiene intención de poner fin a esta guerra, sino que pretende alcanzar sus objetivos: destruir Israel como tal, y tiene motivos para ello tras lo que Israel ha hecho con respecto a sus líderes militares, religiosos y políticos. Ya no es posible esgrimir ningún argumento para que Irán ponga fin a la guerra bajo la presión de nadie. Irán se está convirtiendo en una fuerza bruta. Estamos hablando de que no habrá ninguna negociación de paz hasta que una de las partes pierda, hasta que se rinda por completo o sea destruida.

Presentador: No sabemos cómo evolucionará la situación, pero quiero subrayar que, sin duda, algo depende de Trump en esta guerra, pero obviamente no todo. Él mismo afirma que el final está en manos de Benjamín Netanyahu, pero eso es solo una parte de la verdad. En realidad, todo se reduce a tres factores: quién saldrá victorioso y quién será el primero en reconocer la derrota. Si ahora, hipotéticamente, Israel, Irán o Estados Unidos se rindieran y anunciaran su salida del conflicto, esto cambiaría radicalmente el curso de los acontecimientos. ¿Debemos esperar entonces que se repita el escenario de la «guerra de los 12 días», en la que no hubo un ganador claro, o nos espera algo diferente?

Alexander Dugin: Por supuesto que no. De hecho, no esperamos que se repita ese escenario. En primer lugar, en ese entonces Irán no logró atravesar realmente el «domo de hierro» ni se produjeron ataques masivos ni el asesinato de toda la dirección política de Irán.

Existía esa posibilidad, y en el poder se encontraba el bastante benévolo Jamenei. Ahora está en el poder su hijo, ahora está en el poder el IRGC, ahora todos los iraníes, incluso aquellos que tenían algo en contra del régimen, están movilizados para el exterminio total de los israelíes. Ya no se trata de quién tiene razón y quién tiene la culpa: la población iraní cree que Israel debe ser destruido. Y se trata, en general, de un país con casi 100 millones de habitantes. Si a esto le sumamos a los chiítas, las fuerzas de resistencia y los musulmanes, que poco a poco están despertando, creo que es un factor bastante importante.

Es difícil decir hasta qué punto Estados Unidos está decidido a defender a Netanyahu hasta el final, mientras Trump no se haya involucrado por completo en esta aventura. En esta guerra, está perdiendo puntos dentro del país. La economía mundial se ve gravemente amenazada y no solo la del Oriente Medio. Todos los que han podido se han ido de Dubái y los que no pueden ya se están marchando. Lo que ha ocurrido durante la última semana supone el fin de toda una época.

Por ahora, Trump apoya decididamente a Netanyahu e incluso amenaza con una invasión terrestre de Irán, pero para ello se necesitan al menos seis meses de preparación y la movilización de entre medio millón y dos millones de soldados para que tenga éxito. Es difícil juzgar la gravedad de la situación, pero el apoyo a Trump en Estados Unidos está cayendo en picado. Y en algún momento, precisamente debido al colapso provocado por estas acciones agresivas de Estados Unidos e Israel, que no han sido provocadas en absoluto por Irán, todo dependerá de la rapidez con la que se desarrolle este colapso del sistema mundial: el poder financiero y político de Trump. En algún momento, puede que declare: «He ganado». Pero eso solo sucederá en sus redes sociales, porque es obvio que, en la situación actual, no es posible salir y declarar la victoria sin más.

Presentador: ¿Se puede decir quién está ganando ahora?

Alexander Dugin: Ahora está ganando Irán. Irán está ganando porque no está perdiendo, porque ha resistido y porque ha atravesado el «domo de hierro» sobre Israel. El ministro del Gobierno de Netanyahu, Ben-Gvir, que prometió volar la mezquita de Al-Aqsa, el gran santuario de los musulmanes, ha visto su casa destruida. Se desconoce si está vivo o muerto: los iraníes dicen que no, pero yo he visto un vídeo en el que un hombre dice: «Han derribado mi casa».

Los iraníes están alcanzando objetivos en Israel y además objetivos muy importantes. No solo eso, sino que de hecho han inutilizado la mayoría de los centros estadounidenses en Oriente Medio, incluidos los de alta tecnología; han atacado todas las bases militares estadounidenses en la región, a veces con éxito, a veces sin él. Se desconoce el número exacto de bajas en ambos bandos: Trump habla de tres muertos, mientras que los iraníes hablan de decenas de miles de soldados estadounidenses. Los analistas objetivos hablan de bajas estadounidenses que oscilan entre 1000 y 2000 personas, pero para los estadounidenses, que no están acostumbrados a tales víctimas, siguen siendo cifras colosales.

Irán no se ha rendido, ha elegido un nuevo líder, a pesar de que los estadounidenses y los israelíes prometieron matarlo inmediatamente. Trump declaró que el nuevo líder de Irán solo sería elegido con su consentimiento y que todo el petróleo iraní ahora pertenece a Estados Unidos, pero esto solo supone la destrucción definitiva de todo el orden internacional: ahora tiene razón quien es más fuerte y es Irán quien muestra su fuerza. Ha atacado a Israel, ha asestado un golpe decisivo y audaz a la infraestructura estadounidense, ha elegido con gran precisión sus objetivos en los países del Golfo y, de hecho, ha socavado el sistema que impulsa la economía mundial, entre otras cosas bloqueando el estrecho de Ormuz. Esta vez, en comparación con la guerra que tuvo lugar hace poco menos de un año, Irán se comporta de manera completamente diferente: de forma decidida y segura, ataca, se fija objetivos serios y no tiene ninguna intención de negociar con el agresor. Y tiene razón. A grandes rasgos, ahora Irán está ganando.

He observado en las redes sociales que muchos influyentes opositores al imperialismo estadounidense, la hegemonía y la unipolaridad, con audiencias de millones de personas, en algún momento comenzaron a criticar a Rusia por su lentitud, por su no intervención; algunos incluso plantearon versiones absurdas sobre la influencia de las redes israelíes sobre nosotros. Fueron declaraciones muy duras por parte de nuestros amigos. Pero, paralelamente, ni una sola palabra de descontento por parte de las cuentas iraníes, ni de los participantes oficiales ni de los no oficiales en el proceso. Al contrario, expresan su apoyo a Rusia. ¿Por qué? No lo dicen y quizá no necesitemos saberlo. Simplemente expongo una observación: los nervios de los oponentes a la hegemonía estadounidense están a flor de piel, todos esperan a que Rusia entre en guerra. Por ahora, actuamos con mucha cautela, compensando la situación y apoyando incondicionalmente a nuestro aliado Irán. El grado de nuestro apoyo es discreto, ambas partes prefieren no difundirlo. A juzgar por los análisis de las propias fuentes iraníes, que promueven una agenda política concertada con respecto a Rusia, allí se escuchan los comentarios más benévolos.

La ventaja para Estados Unidos es que exigen que dejemos de proporcionar información de inteligencia a Irán. Eso significa que se la estamos proporcionando. Sin embargo, ellos han estado proporcionando durante cuatro años, y siguen proporcionando, información de inteligencia a nuestro enemigo en Ucrania: son guerras demasiado entrelazadas. Es más, son dos frentes de la misma batalla: un enemigo común, valores comunes. Nosotros e Irán luchamos por un mundo multipolar, mientras que Occidente e Israel luchan por preservar un mundo unipolar agonizante y en colapso. Objetivamente, estamos del lado de Irán. En cuanto a cómo China y Rusia ayudan a Irán, prefiero seguirlo a través de fuentes abiertas, OSINT. La última semana he dormido poco, estoy constantemente al tanto de lo que sucede: son procesos muy importantes que lo cambian todo. Probablemente nos encontremos en la primera fase preparatoria de la Tercera Guerra Mundial. Ya se ha anunciado en varias ocasiones que ha comenzado y luego ha terminado, así que puede que vuelva a ocurrir ahora. Nadie puede estar seguro, pero la situación es muy grave, más grave que hace un año. La gravedad de lo que vemos en Oriente Medio es extrema.

Allí se han enfrentado cuatro concepciones del fin del mundo. En Estados Unidos, los partidarios de las sectas protestantes radicales, el llamado sionismo cristiano o dispensacionalismo, han tomado el poder: creen que en Israel tendrá lugar la batalla final entre las fuerzas del «bien» (a las que se someten Estados Unidos, Netanyahu y los sionistas) y las del «mal» (a las que pertenecemos nosotros e Irán).

En su modelo, nosotros somos un enemigo más importante que las fuerzas islámicas de Irán. En la Casa Blanca se celebran rituales, se reza por Trump; allí está la jefa de la oficina de asuntos religiosos de Trump, una pastora que grita palabras sin sentido (lo que los evangelistas carismáticos llaman «glosolalia»), profiere maldiciones y exige dinero. Esto no tiene nada que ver con el cristianismo, son mujeres que rugen y adoran a algún ser espiritual o antiespiritual claramente diferente. Es algo muy serio. Estos sionistas cristianos están decididos porque, desde su punto de vista, los acontecimientos en Israel preceden a la segunda venida de Cristo y a la aparición de «objetos voladores no identificados», en los que los protestantes verdaderamente fieles serán arrebatados al cielo, lo que se denomina la teoría del rapto.

El ministro de Defensa, jefe del departamento de Guerra, Hegset, pertenece a esta secta, que ha establecido un control total sobre Trump. Netanyahu se considera a sí mismo el último primer ministro antes de la llegada del Mesías, el salvador que debe convertirse en rey de los judíos y gobernar el mundo. Se trata de un punto de vista absolutamente radical. Es necesario construir el «Gran Israel» y destruir a Amalek, afirma Netanyahu. Es difícil derrotar a personas que no solo piensan así y actúan de manera tan radical. Los iraníes responden a esto diciendo que los propios Estados Unidos e Israel son el llamado Dajjal, el Anticristo, el usurpador, el mal mundial, los hijos de la oscuridad, a quienes hay que destruir en la batalla final. Nuestra posición es menos escatológica, pero también existe y, por paradójico que parezca, se acerca más a la concepción iraní que a la del Occidente moderno y el Israel sionista ultrarreligioso actual. Esto no afecta ni al judaísmo ni a los judíos, solo afecta a las fuerzas extremistas radicales que están al frente de Israel.

Presentador: Permítame aclarar nuestra postura. Ante la escalada de violencia, Rusia ha preparado un proyecto de resolución del Consejo de Seguridad de la ONU en el que se pide un alto el fuego inmediato en la región. Pero si mantenemos estrechas relaciones diplomáticas con Irán, ¿por qué exigir un alto el fuego si es evidente que Teherán tiene otros objetivos y está decidido a continuar la lucha?

Alexander Dugin: Creo que hay dos aspectos que considerar. El primero es el deseo de ser coherentes. Este documento, dado que cualquier miembro del Consejo de Seguridad tiene derecho a presentarlo, simplemente se tirará a la papelera. Lo hacemos por decoro. No influirá en nada. Y, en segundo lugar, queremos demostrar que estamos en contra de la guerra, queremos decir: «Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios». Se trata, en general, de cumplir los mandamientos del Evangelio. Pero, al mismo tiempo, creo que esta postura tiene un punto débil: Rusia se aferra desesperadamente al orden mundial que se estableció tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, el llamado orden de Yalta, el sistema de la ONU, que ya no existe. Es como un dolor fantasma. Es inexistente. Tenemos que construir un nuevo mundo multipolar, prácticamente desde cero, y lograr nuestros objetivos en él. La idea de recurrir a un orden mundial que ya no existe —algo de lo que, por cierto, habló recientemente Peskov— es, por así decirlo, un poco tardío. Proponemos: dejemos que la ONU funcione, pero no funciona. Dejemos que el Consejo de Seguridad decida algo, pero no decide nada, porque los estadounidenses ocupan una posición importante. Decimos: respetemos la soberanía, pero nadie la respeta, en el mundo moderno solo se respeta la fuerza.

Tengo una propuesta: aceptemos simplemente la realidad de la situación, que este orden internacional no existe y que es inútil recurrir a él. Cualquier acción en este sentido será inútil o ineficaz. Propongamos un modelo de orden mundial futuro. Logremos nuestros intereses, que son condiciones necesarias para que podamos participar activamente en la construcción de este orden, en lugar de limitarnos a observar pasivamente cómo otros nos imponen el suyo. Logramos estos objetivos, apoyamos a nuestros aliados, ponemos punto final al agonizante mundo unipolar y, entonces, tras dividir las zonas de influencia y reconocer a los diferentes Estados como civilizaciones, construiremos un orden internacional completamente nuevo con nuevas reglas. Pero precisamente con nuevas reglas.

Ahora vivimos en un momento sin reglas. Y en este momento sin reglas, se puede soñar con el futuro, lo cual es inútil, o aceptar el presente y simplemente luchar con la máxima eficacia en todos los frentes en los que nos atacan, a veces llevando a cabo operaciones preventivas. Hay que construir nuestro mundo, en el que Rusia ocupe un lugar digno, en el que seamos soberanos, en el que seamos actores, en el que seamos sujetos y no objetos. Hay que hacerlo ahora. En mi opinión, podemos despedirnos educadamente del mundo pasado. Ya no existe. El mundo bipolar ya no existe. La ONU ya no existe. El sistema de Westfalia ya no existe. El mundo de Yalta ya no existe. Hemos entrado en una nueva era, todo eso es pasado, está más allá del horizonte. Avancemos hacia el futuro, vivamos el presente, también en lo que respecta a la situación internacional. Y para ello tenemos que ganar y ayudar a ganar a nuestros aliados, amigos y socios estratégicos.

Presentador: Ya hemos mencionado en varias ocasiones a Mojtaba Jamenei, que se ha convertido en el nuevo líder supremo de Irán. Me gustaría profundizar en este tema. En su opinión, ¿en qué medida cambiará sustancialmente la política de Irán en el futuro y qué importancia tiene la elección del nuevo Rahbar para la sociedad iraní en este momento crítico?

Alexander Dugin: En primer lugar, es el jefe de todo el sistema, no solo político y estatal, sino también religioso. El sistema Vilayat al-Faqih, que predomina en Irán, transfiere el poder supremo precisamente a Rahbar, es decir, a quien ahora ha sido elegido para este cargo. Es el tercer líder después del ayatolá Jomeini. El ayatolá Jomeini fue el creador de este sistema, su sucesor fue el ayatolá Jamenei, que gobernó hasta el último momento y ahora su hijo. Esto es poco habitual, ya que un cargo tan especial no suele transmitirse por herencia, pero es probable que el Consejo, el Consejo Supremo de Irán, haya tomado una decisión excepcional. ¿Qué significa esto? En primer lugar, es un cambio generacional. Es un cambio generacional respecto a aquellas personas que, con la excepción de la guerra entre Irán e Irak, vivieron varias décadas bajo sanciones, pero aún así en paz. El ayatolá Jamenei, a diferencia de su predecesor, creador de la República Iraní y del sistema Vilayat al-Faqih, era más moderado, más propenso al compromiso, más pacífico. Su hijo no es así, sobre todo después de las pérdidas personales que ha sufrido Irán como tal, tras los ataques a los depósitos de petróleo: es la «lluvia negra», son los últimos tiempos.

El actual Rahbar es mucho más cercano al Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica y, en mi opinión, descarta por completo —al menos en las condiciones que pueden imponerse desde el exterior— cualquier tipo de negociaciones pacíficas con el agresor. Él luchará hasta el final, el pueblo luchará hasta el final, y los excesos que se han acumulado en la sociedad iraní durante las últimas décadas estaban relacionados precisamente con algo muy sutil: el Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica está inicialmente orientado a la «guerra de los últimos tiempos», al enfrentamiento con el enemigo, a la batalla contra el Dajjal, contra el Anticristo. Y cuando, año tras año, década tras década, estos guerreros, educados y preparados para la batalla final, se dedicaban a la vida pacífica, es evidente que, en tales condiciones, el guerrero se corrompe. Empieza a dedicarse a la economía, los negocios, la corrupción. Cuando un guerrero no lucha, es peligroso, se convierte en un recurso tóxico. Un guerrero debe luchar. Y ahora, ese velo de la llamada vida pacífica, en la que todo había perdido sentido para muchos iraníes, en la que todos se aburrían, en la que nadie entendía por qué esas sanciones, por qué había que odiar a Occidente, todo eso se ha desvanecido. Ahora ven por qué hay que hacerlo. Si no destruyen Occidente, si no cumplen su destino, su régimen, su sistema, su cultura y su gran país —que existe desde mucho antes que los Estados Unidos o el Israel moderno— se verán amenazados. Porque todos estos elementos de identidad: el gran imperio iraní, el mundo islámico que se ha apoderado de la mitad de la humanidad, están vivos y despiertos ahora en la sociedad iraní.

El nuevo gobernante de Irán encarna esto: una nueva energía y nueva fe. Los iraníes creen que la revolución de 1979 tuvo lugar en vísperas de ese acontecimiento histórico en el que terminaría la era del mal en el mundo y aparecerá el duodécimo imán, el imán Mahdi, que saldrá de su escondite, según la teología chiíta. En realidad, todo fue creado para eso. Hablé con el ayatolá Abdol Javadi Amoli, que emitió una fatwa sobre la necesidad de llevar a cabo la yihad para la destrucción total de Estados Unidos, Israel y sus líderes. Me dijo en Qom, la capital sagrada: «Vivimos en una cultura de espera». Y, efectivamente, la sociedad iraní vivía en una «cultura de espera». Salimos después de reunirnos con él —una reunión profunda, filosófica, poética, teológica— y el chico que nos acompañaba, un iraní, dijo: «Qué aburrido, estos viejos siempre hablando de la cultura de la espera, y nosotros tenemos sanciones, problemas, prohibiciones sociales». Era una brecha generacional: los mayores creían que había que esperar el momento del fin de los tiempos, mientras que los jóvenes empezaban a desilusionarse, considerando que eran mitos. Y ahora todos esos mitos —la cultura de la espera, la batalla final, el enfrentamiento con el enemigo absoluto— finalmente han recibido su confirmación histórica. Han esperado lo suyo.

Ven la agresión y la nueva generación, que había dejado de entender por qué hay que odiar a Israel y a Estados Unidos, por qué hay que gritar «¡Muerte a América!», ahora ha visto la razón. La destrucción de los líderes, las desafortunadas niñas iraníes, aniquiladas por un ataque selectivo: los estadounidenses se han responsabilizado de ello. Todo esto les ha recordado en qué se basa ese odio.

Tenemos que prestar más atención a lo que está pasando con Irán, porque estamos luchando contra el mismo enemigo. Recordando las atrocidades de sus satélites ucranianos contra nuestro pueblo, nosotros también habríamos reaccionado muy rápidamente, pero lo tomamos con más suavidad. Los iraníes tienen toda la razón al llamar a las cosas por su nombre, fijarse objetivos correctos y alcanzarlos con determinación y sin concesiones. La historia del ayatolá Amoli en Qom adquiere ahora otro significado: creo que ese chico que se mostraba escéptico ante las palabras del anciano sobre la necesidad de esperar ahora está en primera línea luchando contra el agresor y defendiendo su país. A juzgar por la información que recibo de Irán, eso es lo que está ocurriendo.

Si Trump quería dividir a la sociedad iraní, ha conseguido justo lo contrario: han llegado políticos y líderes religiosos más radicales que van a vengar sus pérdidas personales, las de sus padres y las de sus seres queridos. Todo el pueblo se encuentra en la misma situación, los iraníes están más unidos que nunca y dispuestos a borrar a Israel de la faz de la tierra. No creo que lleguen a Estados Unidos, pero sí que pueden provocar el colapso de Trump y del orden mundial estadounidense, cumpliendo su misión de construir un sistema multipolar, por el que también luchamos en Ucrania.

Presentador: Por cierto, en fuentes estadounidenses ha aparecido en repetidas ocasiones la información de que Irán, mucho antes de la actual escalada, preparó un plan de acción en caso de un ataque directo por parte de Estados Unidos e Israel. La estrategia supuestamente incluye no solo ataques contra bases militares y territorio israelí, sino también la destrucción de la infraestructura civil, lo que podría sembrar el caos no solo en los Estados árabes, sino también a escala mundial. En este contexto, cobra especial importancia el cierre del estrecho de Ormuz, que ya está ejerciendo una presión enorme sobre los mercados mundiales. Me gustaría saber hasta qué punto es realista este escenario, si Irán está dispuesto a provocar un colapso económico mundial y a qué consecuencias podría conducir esto.

Alexander Dugin: En primer lugar, ya no es un plan, es un hecho: los tres puntos que ha enumerado ya se están llevando a cabo. Irán, por supuesto, tenía ese plan, sabían cómo acabaría todo, que nunca se puede confiar en Occidente, que no se puede negociar y, mucho menos, confiar en las negociaciones con Trump. Y, sin embargo, cometieron un error: si realmente estuvieran preparados para que estas negociaciones no condujeran a nada, en primer lugar, no las habrían llevado a cabo y, en segundo lugar, habrían prestado mucha más atención a la protección de su liderazgo político, militar y religioso. Creo que es un descuido. Y esas siniestras figuras, Kushner y Witkoff, a quienes, creo, también estamos tratando con ingenuidad, tomando por buenas sus caras sonrientes, solo han engañado a los iraníes, sobrevalorando su disposición al diálogo. Es una gran lección para todos nosotros.

Creo que debemos aprender bien la lección: solo conseguiremos resultados reales en Ucrania tras una victoria auténtica y decisiva, y en ningún caso a través de negociaciones. Pero incluso los iraníes, tras preparar este plan y ponerlo en práctica tan rápidamente, literalmente en una semana, han sucumbido al hipnotismo de Occidente. No se puede confiar en Occidente, en ninguno de ellos: ni en Trump, ni en los liberales, ni en Europa. Absolutamente en nadie. Porque es un puro engaño: si quieren alcanzar un armisticio con nosotros, significa que les conviene, pero para nosotros sería una catástrofe. Hasta que no ganemos, hasta que no creemos este mundo multipolar irreversible, no hay nada que hablar con ellos; hay que hablar con ellos solo desde una posición de fuerza, defendiendo nuestros intereses. Irán desarrolló este plan, lo llevó a cabo, pero, aun así, en algún momento, sucumbió al hipnotismo. Cuanto menos contacto con Occidente, más tranquilidad y seguridad.

¿Cómo terminará esto? La pregunta se reduce a menudo a cuándo se producirá el colapso final del sistema mundial y si aparecerá el factor nuclear en el transcurso de estos procesos catastróficos. ¿Lanzarán los Estados Unidos, al comprender el fracaso de toda la operación y la desesperanza de su situación al seguir un escenario de pura inercia, un ataque nuclear contra Irán? Esto podría cambiar la situación, pero incluso el uso de armas nucleares estratégicas, o más bien tácticas, no será suficiente para doblegar a Irán. Por lo tanto, se trata de algo completamente diferente. ¿Utilizará Estados Unidos todo su arsenal para simplemente destruir Irán, convertirlo en una especie de Gaza? Es una pregunta abierta. Pero lo que es un hecho es que nos encontramos al borde de la Tercera Guerra Mundial —o ya en su primera fase— o al borde del colapso global de todo el sistema financiero y económico.

Si alguien en el mundo todavía cree que «todo está bien, todo se arreglará, todo pasará», es solo una defensa psíquica de la conciencia frente a la información que no puede manejar. En la tradición islámica hay una leyenda: cuando los ángeles toquen las trompetas anunciando la llegada del Día del Juicio, solo lo oirá el arriero de mulas, que en ese momento estará arreglando la silla de montar, con la oreja pegada al cielo. Correrá y gritará a todos: «Escuchad, los ángeles han tocado las trompetas, ¡se acercan los últimos tiempos!», y le responderán: «No oímos nada». Es una imagen perfecta del mundo actual. Todos dicen: «Bueno, el petróleo volverá, Dubái se recuperará, los precios inmobiliarios volverán a subir». Pero nunca volverá a ser como antes. Será diferente.

Quién ganará, quién destruirá a quién… No hay nada predeterminado, pero hay mucho en juego. Algo depende de nosotros, de Rusia, algo de China, mucho, si no todo, de Irán: si será capaz de alcanzar sus objetivos, de borrar de la faz de la tierra al agresivo Estado de Israel, que ha caído en manos de extremistas religiosos, y de defenderse de Estados Unidos. ¿Cómo se comportarán los demás países islámicos? El sueño rosado de Dubái y los Emiratos de tener un centro internacional seguro ha llegado a su fin: ya no es un lugar donde se puede ganar mucho dinero, sino una periferia que pronto quedará cubierta por la arena y todo volverá a como era cuando dominaban los beduinos. Quizás sea mejor así: la sociedad se volverá tradicional y se salvará la moral del pueblo árabe.

Ahora todos deben rendir el examen. Se puede faltar, se puede no ir, pero entonces seremos excluidos de la categoría de quienes toman decisiones, de quienes participan como sujetos y no como objetos de la política mundial. Por eso estoy convencido de que todos deben involucrarse en lo que está sucediendo, definir sus posiciones y estrategias. India, por ejemplo, lamentablemente, se jactó recientemente de haber informado a los israelíes de las coordenadas del barco iraní, lo que permitió su hundimiento. En este caso, India se aleja de la posición de un mundo multipolar; no es así como deben actuar los Estados soberanos-civilizaciones, especialmente los que forman parte del BRICS. Inclinarse demasiado hacia el agresor es un paso imprudente. Pero la India es una gran civilización, el gran Estado de Bharat, y allí aún veremos muchas cosas nuevas. Todos los actores mundiales están pasando ahora su examen y esto nos concierne a todos, incluidos nosotros, porque nos encontramos en una situación completamente diferente.

Presentador: Permítame hacerle una última pregunta. ¿Cómo afectará a Rusia la actual situación económica mundial? Por ejemplo, Kirill Dmitriev señala que el precio del petróleo por encima de los 100 dólares por barril, sin duda, nos beneficia. En esta situación, ¿somos beneficiarios o la crisis global nos afectará de lleno si inevitablemente se produce?

Alexander Dugin: En primer lugar, comprenda que, en una situación tan crítica, en la que intervienen factores religiosos, éticos, morales y geopolíticos, me parece un poco inapropiado hablar solo de quién es el beneficiario y quién se lucrará con ello. Estas sanciones nos afectarán en menor medida.

Probablemente, este colapso tendrá menos repercusión en Rusia, porque ya estamos bajo sanciones, nos han excluido, en general, de la economía occidental, por lo que nos da igual. Cuanto antes se derrumbe todo, mejor, en mi opinión. Ya nos hemos adaptado, hemos recurrido a la soberanía. Nos quedan nuestros socios, Irán, y el resto de la humanidad sigue con nosotros. Y Occidente, si este colapso lo mata, lo destruye, creo que no lo lamentaremos, porque por cómo se ha comportado últimamente, se lo tiene bien merecido.

Por eso yo adoptaría la postura de «empujar al que cae». No hay que aprovecharse del sufrimiento y la muerte de las personas, hay que apoyar a los nuestros, y «los nuestros» ya están definidos. En esta situación hay que defender la propia soberanía por todos los medios, incluidos los económicos, y aprovechar cualquier oportunidad que nos fortalezca.

Ahora nuestros enemigos se están debilitando claramente. Están divididos, están confundidos: unos apoyan a Trump e Israel, otros no, entre los países europeos reina la discordia, se debaten de un lado a otro y eso es muy bueno. En el bando de nuestros enemigos cunde el pánico. Esto nos beneficia enormemente y, si económicamente conduce al colapso y la destrucción de la economía mundial actual, francamente, solo saldremos ganando: construiremos un sistema financiero y económico mundial más justo, más correcto y, si se quiere, más humano y democrático.

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Las expectativas apocalípticas y la geopolítica de la guerra de Irán

Por David Engels

Traducción de Juan Gabriel Caro Rivera

Los comentarios públicos en Europa y Norteamérica suelen enmarcar el enfrentamiento entre Israel, Estados Unidos e Irán como un conflicto entre la modernidad liberal y el fundamentalismo religioso, una narrativa que presenta al bando occidental como motivado principalmente por la defensa de las libertades seculares frente a una teocracia islámica intransigente. Esta interpretación, aunque retóricamente eficaz, solo capta una parte del panorama ideológico que rodea la crisis actual. Las consideraciones estratégicas siguen siendo decisivas: la ambición de Israel de preservar la supremacía militar regional y el interés de larga data de Estados Unidos en asegurar las rutas marítimas, los flujos de energía y la influencia geopolítica en todo Oriente Medio constituyen motivaciones mucho más tangibles que cualquier defensa abstracta de los valores de la Ilustración. Al mismo tiempo, el perfil ideológico de la República Islámica se malinterpreta con frecuencia en el debate público occidental. El islam chií, fundamento doctrinal del Estado iraní, ha desarrollado históricamente formas de coexistencia con el cristianismo y el judaísmo que difieren considerablemente de las tradiciones más exclusivistas de ciertos movimientos suníes y, en general, ha mostrado poca ambición misionera en el mundo occidental.

Sin embargo, si las motivaciones geopolíticas que subyacen al enfrentamiento son más pragmáticas de lo que sugiere el discurso público, hay otro elemento del conflicto que sigue sorprendentemente poco explorado: las poderosas expectativas apocalípticas y milenaristas que circulan entre los actores influyentes de las tres partes. En Irán, estas creencias son explícitas, están arraigadas en la teología chií y son abiertamente mencionadas por los líderes políticos. En Israel surgen a través de las interpretaciones sionistas religiosas de las profecías bíblicas. En Estados Unidos aparecen, de forma mucho más oculta, en la influencia política del sionismo cristiano y su lectura escatológica de los acontecimientos de Oriente Medio. Aunque estas tradiciones difieren profundamente en teología y origen histórico, comparten la convicción de que los conflictos contemporáneos pueden anunciar la etapa final de la historia de la salvación e inaugurar un nuevo período escatológico que beneficiará a cada uno de los actores políticos respectivos. Comprender estas expectativas superpuestas ayuda a esclarecer por qué algunos partidos políticos consideran la escalada no solo como un riesgo estratégico, sino como un acontecimiento que podría confirmar narrativas religiosas profundamente arraigadas sobre el fin de los tiempos que se aproxima.

Apocalipsis judío, expectativas mesiánicas y sionismo moderno

El pensamiento apocalíptico judío tiene raíces antiguas que se remontan a la literatura profética de la Biblia hebrea, en particular a textos como Ezequiel, Isaías y Daniel, donde las visiones de agitación cósmica, juicio divino y restauración nacional aparecen estrechamente relacionadas con el destino de Israel. Estos textos dieron forma a una tradición de expectativas mesiánicas en la que el regreso del pueblo judío a su tierra ancestral, la reconstrucción del Templo y la llegada de un rey designado por Dios —a menudo descrito simplemente como el Mesías— inaugurarían una era final de redención. Aunque el judaísmo rabínico trató históricamente estas expectativas con cautela, haciendo hincapié en la paciencia y desalentando los intentos políticos de acelerar la era mesiánica (recordemos las horribles consecuencias del autoproclamado reinado mesiánico de Sabbatai Zevi), el auge del nacionalismo moderno en el siglo XIX transformó gradualmente estos temas en ideas políticas concretas y cada vez más secularizadas.

De hecho, el movimiento conocido como sionismo, que surgió a finales del siglo XIX en Europa como una respuesta nacionalista secular al antisemitismo, enmarcó inicialmente el retorno a Palestina en términos principalmente políticos y no teológicos. Los primeros líderes sionistas, como Theodor Herzl, imaginaban un Estado-nación moderno que normalizara la existencia judía dentro del sistema internacional. Sin embargo, con el tiempo, las interpretaciones religiosas del proyecto sionista ganaron cada vez más influencia, especialmente tras la creación de Israel en 1948 y la espectacular expansión territorial tras la Guerra de los Seis Días de 1967. Muchos pensadores religiosos interpretaron estos acontecimientos como señales de que la profecía bíblica podría estar cumpliéndose en la historia contemporánea.

En los círculos sionistas religiosos, los pasajes que se refieren a la herencia territorial de Israel —a menudo resumidos en la frase bíblica «desde el río hasta el mar»— se han interpretado como una confirmación divina de la soberanía judía sobre toda la tierra entre el río Jordán y el Mediterráneo. Estas interpretaciones han influido en numerosos movimientos políticos que abogan por el control permanente de Israel sobre Cisjordania y otros territorios en disputa, mientras que otras alusiones bíblicas a la soberanía definitiva de los descendientes de Abraham sobre todos los territorios entre el Nilo y el Éufrates parecen justificar el dominio judío sobre todo el núcleo del Cercano Oriente y han generado las reivindicaciones más ambiciosas. Las figuras asociadas al nacionalismo religioso suelen presentar la expansión territorial no solo como una cuestión de política de seguridad, sino como una obligación sagrada relacionada con la redención de Israel.

El Tercer Templo y su política

Otro componente poderoso de la expectativa milenarista judía se refiere a la reconstrucción del Templo de Jerusalén. Según la tradición bíblica, el Primer Templo fue destruido por los babilonios en el año 586 a. C. y el Segundo Templo por los romanos en el año 70 d. C. Durante muchos siglos, la tradición judía interpretó el anhelo de un templo restaurado principalmente en términos simbólicos o litúrgicos. Sin embargo, en las últimas décadas, grupos activistas han comenzado a preparar planos arquitectónicos, objetos rituales y linajes sacerdotales en previsión de lo que ellos denominan el «Tercer Templo», un acontecimiento que tendría una enorme importancia teológica. Aunque el Estado israelí sigue siendo oficialmente laico, estos movimientos ejercen una influencia creciente en los círculos políticos y, en ocasiones, reciben la atención comprensiva de figuras gubernamentales, ya que están indisolublemente ligados al deseo de expulsar a los musulmanes del Monte del Templo, actualmente ocupado por la Cúpula de la Roca.

Dentro de la política israelí, las expectativas milenaristas se manifiestan de forma más visible en la corriente del sionismo religioso, donde se interpreta que la profecía bíblica se está cumpliendo a través de la expansión y la consolidación del Estado moderno. Políticos como Bezalel Smotrich, líder del partido Sionismo Religioso y actual ministro de Finanzas, suelen enmarcar los asentamientos judíos en Cisjordania como parte de un proceso histórico redentor y se refieren explícitamente a la promesa bíblica de la tierra como principio político rector. Temas similares aparecen en la retórica de Itamar Ben-Gvir, líder del partido Fuerza Judía y actual ministro de Seguridad Nacional, cuya ideología está marcada por el nacionalismo mesiánico que se desarrolló tras la guerra de 1967 y que considera la soberanía judía sobre toda la Tierra de Israel como un deber religioso. Entre los pensadores religiosos con influencia política, rabinos como Dov Lior e Yitzchak Ginsburgh han articulado interpretaciones en las que los acontecimientos geopolíticos contemporáneos se entienden como etapas en la redención de Israel y como posibles preludios de la llegada del Mesías. Incluso dentro del discurso político más convencional, figuras como Benjamin Netanyahu emplean ocasionalmente un poderoso lenguaje bíblico que vincula las luchas del Israel moderno con antiguas narrativas proféticas, reforzando así el marco simbólico en el que se entrelazan la soberanía territorial, la supervivencia nacional y la expectativa mesiánica.

Aunque estas interpretaciones no representan a la totalidad de la sociedad israelí —como resulta obvio al considerar los resultados electorales—, ilustran cómo los temas apocalípticos siguen entrelazados con los debates políticos sobre la tierra, la soberanía y el futuro de la región. Y dado que los movimientos conservadores, incluso fundamentalistas, han sido una y otra vez extremadamente influyentes en numerosos gobiernos de coalición, no se debe subestimar el impacto real de estas ideas en importantes decisiones estratégicas a largo plazo.

El sionismo cristiano y la imaginación apocalíptica en Estados Unidos

Una dimensión particularmente llamativa del panorama geopolítico contemporáneo es la estrecha relación entre el nacionalismo religioso israelí y un movimiento que surgió mucho más allá de Oriente Medio: el sionismo cristiano en Estados Unidos. Si bien el apoyo político a Israel entre los cristianos estadounidenses suele aparecer como una simple expresión de solidaridad con un aliado democrático y estratégico, un segmento sustancial del protestantismo evangélico aborda a Israel a través de una narrativa teológica que sitúa al Estado judío en el centro de la profecía bíblica.

El sionismo cristiano se desarrolló en el marco más amplio del dispensacionalismo del siglo XIX, un sistema teológico que dividía la historia en sucesivas eras divinas e interpretaba la profecía bíblica de manera muy literal. Según esta interpretación, el regreso del pueblo judío a su tierra ancestral constituye una condición previa necesaria para la secuencia final de acontecimientos que conducirán a la Segunda Venida de Cristo. Por lo tanto, la restauración de Israel ocupa un lugar central en un calendario profético que incluye el conflicto global, la aparición del Anticristo y, en última instancia, el regreso de Jesús para establecer un reino milenario.

Dentro de esta visión teológica, la política contemporánea de Oriente Medio adquiere un significado cósmico. Las guerras en las que participa Israel se interpretan con frecuencia como posibles precursoras de la batalla del Armagedón descrita en el Libro del Apocalipsis, mientras que las decisiones diplomáticas relativas a Jerusalén o a la soberanía territorial pueden aparecer como momentos decisivos en la historia sagrada. En consecuencia, el apoyo a las reivindicaciones territoriales de Israel se justifica a menudo no solo por motivos políticos o morales, sino también como participación en un plan divino que se desarrolla a través de los acontecimientos mundiales.

La profecía y el círculo de Trump

La influencia política de esta cosmovisión en Estados Unidos se hizo especialmente visible durante la presidencia de Donald Trump. Varias figuras de su círculo político mantenían estrechas relaciones con movimientos evangélicos que interpretan los acontecimientos de Oriente Medio desde una perspectiva apocalíptica. La decisión de reconocer Jerusalén como capital de Israel y trasladar allí la embajada estadounidense fue ampliamente celebrada entre los sionistas cristianos como un hito profético.

En Estados Unidos, las expectativas apocalípticas relacionadas con Israel son más evidentes en las redes políticas evangélicas que interpretan los acontecimientos de Oriente Medio a través de una lectura dispensacionalista de las profecías bíblicas. Líderes religiosos influyentes como John Hagee, fundador de Cristianos Unidos por Israel, llevan décadas defendiendo que la restauración y la consolidación territorial de Israel forman parte de la secuencia divina que conduce a la Segunda Venida de Cristo; Hagee ha relacionado explícitamente los conflictos que afectan a Israel con los escenarios proféticos descritos en el Libro del Apocalipsis y la guerra del Armagedón. Otra figura muy citada es Robert Jeffress, un aliado cercano de Donald Trump, que ha enmarcado repetidamente el apoyo estadounidense a Israel como una participación en el plan de Dios para el fin de los tiempos. Los líderes políticos anteriores también reflejaban influencias teológicas similares: Mike Pence, por ejemplo, hablaba con frecuencia del Estado moderno de Israel como el cumplimiento de la profecía bíblica y mantenía estrechas relaciones con los movimientos sionistas cristianos. Dentro del entorno político más amplio de Trump, figuras como Paula White, una de sus asesoras espirituales, también han expresado interpretaciones escatológicas del papel de Israel en la historia sagrada, reforzando una visión del mundo en la que la política exterior estadounidense hacia Oriente Medio se entiende no solo como una alineación estratégica, sino como una participación en una narrativa providencial sobre la culminación inminente de la historia. Entre las personalidades destacadas asociadas a este entorno se encuentran también Pete Hegseth, secretario de Defensa de Estados Unidos, y Mike Huckabee, embajador de Estados Unidos en Israel, quienes han expresado en repetidas ocasiones su firme apoyo a la soberanía israelí sobre las tierras bíblicas. Huckabee, en una entrevista reciente con Tucker Carlson, enmarcó explícitamente el conflicto israelo-palestino en un lenguaje teológico, describiendo los asentamientos judíos en Cisjordania como el cumplimiento de las promesas bíblicas. Esta retórica tiene un gran eco entre algunos sectores del electorado evangélico estadounidense, donde sigue estando muy extendida la convicción de que el Israel moderno ocupa un papel único en el drama divino de la historia.

Esta alineación entre los movimientos evangélicos estadounidenses y el nacionalismo religioso israelí produce una curiosa convergencia de expectativas. Las tradiciones mesiánicas judías anticipan la llegada de un futuro rey descendiente de la casa de David, mientras que la teología sionista cristiana prevé el regreso de Cristo; sin embargo, ambos marcos interpretan la restauración y expansión de Israel como un paso esencial hacia la transformación final de la historia. La alianza resultante ilustra cómo sistemas teológicos distintos pueden reforzarse mutuamente en la arena política, incluso cuando sus visiones últimas de la redención divergen significativamente.

El milenarismo chií y la imaginación revolucionaria iraní

Si bien el pensamiento apocalíptico en Israel y Estados Unidos suele manifestarse de forma indirecta a través de la retórica política o el activismo religioso, en Irán constituye un componente central de la identidad ideológica del Estado. La República Islámica surgió de la revolución de 1979 con una teología política arraigada en el islam chiíta, una rama de la tradición musulmana que se distingue por su énfasis en el liderazgo sagrado descendiente de la familia del profeta Mahoma.

Los orígenes del chiísmo se remontan a la disputa inicial sobre la sucesión tras la muerte de Mahoma en el año 632 d. C. Los partidarios de Ali ibn Abi Talib, primo y yerno del profeta, defendían que el liderazgo de la comunidad musulmana debía permanecer dentro del linaje del profeta. A lo largo de los siglos, esta posición evolucionó hasta convertirse en un sistema teológico centrado en el concepto del imamato, según el cual una línea de líderes guiados divinamente preserva la verdadera interpretación del islam. Dentro del chiismo duodecimano, la tradición dominante en Irán, se reconocen doce imanes de este tipo.

El imán oculto

El duodécimo de estos personajes, conocido como Mahoma al-Mahdi, ocupa un lugar singularmente importante en la escatología chií. Según la tradición, el joven imán desapareció en el siglo IX y entró en un estado de ocultación, permaneciendo oculto a la vista humana mientras continuaba guiando espiritualmente a los fieles. Al final de los tiempos reaparecerá como el Mahdi, una figura mesiánica que establecerá la justicia en todo el mundo y derrotará a las fuerzas de la tiranía. Esta expectativa constituye el núcleo de la creencia milenarista chiíta.

Dentro de la clase política y clerical iraní, varias figuras influyentes han relacionado abiertamente la misión de la República Islámica con las expectativas milenaristas chiítas en torno al regreso del imán oculto. El fundador del Estado, Ruhollah Jomeini, ya enmarcó la revolución de 1979 como parte de un proceso histórico sagrado. Su doctrina del velayat-e faqih, que otorga autoridad política a un jurista religioso supremo, se desarrolló como un acuerdo temporal destinado a gobernar la comunidad durante la ausencia del imán. Por lo tanto, los líderes del Estado iraní suelen presentarse a sí mismos como guardianes que preparan a la sociedad para el eventual regreso del Mahdi. En este marco, los conflictos globales y la decadencia moral se interpretan como señales de que la historia se acerca a su etapa final.

Los líderes posteriores continuaron recurriendo a imágenes similares: el expresidente Mahmud Ahmadineyad se hizo especialmente conocido por sus referencias explícitas al inminente regreso del Duodécimo Imán y describió repetidamente la misión de la República Islámica como la preparación de las condiciones para ese acontecimiento. Incluso concluyó un discurso en las Naciones Unidas con una plegaria para que Dios «acelerara la aparición» del Mahdi y sugirió públicamente que los conflictos globales contemporáneos estaban relacionados con el cumplimiento inminente de esta profecía, una visión del mundo fuertemente influenciada por el clérigo de línea dura Mohammad Taqi Mesbah-Yazdi. Incluso el difunto líder supremo, Ali Jamenei, situaba con frecuencia la confrontación geopolítica de Irán con sus enemigos en una narrativa escatológica más amplia, haciendo hincapié en que los seguidores del Mahdi debían estar preparados para enfrentarse a la injusticia y la opresión en preparación para el establecimiento definitivo de la justicia divina. Estas figuras ilustran cómo, en el universo ideológico de la República Islámica, la expectativa apocalíptica no es solo una creencia marginal, sino un elemento recurrente en el lenguaje político a través del cual el Estado interpreta su papel histórico.

La política del martirio

Un aspecto distintivo de la espiritualidad chiíta que refuerza esta visión del mundo es el papel central del martirio. Los acontecimientos que forjaron la identidad chií —el asesinato de Ali ibn Abi Talib en 661 por un jariyí, el envenenamiento de su primer hijo, Hasan, en 670, y el martirio de su segundo hijo, Husayn, en 680 en la batalla de Karbala— establecieron una poderosa narrativa de sacrificio justo frente a la injusticia. Las conmemoraciones del martirio de Hasan y Husayn siguen configurando la retórica política en Irán, donde la resistencia contra la opresión percibida se presenta con frecuencia como una recreación de esta lucha sagrada.

En consecuencia, la confrontación con adversarios poderosos puede adquirir un profundo significado simbólico. Los líderes políticos presentan ocasionalmente los conflictos geopolíticos como etapas de una batalla cósmica entre la justicia y la corrupción, un marco que resuena con fuerza en una tradición acostumbrada a interpretar el sufrimiento histórico a través de expectativas escatológicas. El asesinato de Ali Jamenei intensificará sin duda estas narrativas, reforzando la creencia de que los acontecimientos dramáticos señalan la próxima aparición del imán oculto y el fin de los tiempos.

Conclusión: narrativas apocalípticas convergentes

Cuando se analizan en conjunto, estas tres tradiciones revelan una convergencia inesperada de expectativas religiosas en torno al enfrentamiento geopolítico entre Israel, Estados Unidos e Irán. Cada tradición interpreta la historia contemporánea a través de una narrativa que anticipa una transformación decisiva del mundo: el mesianismo judío anticipa la restauración de Israel y la llegada de un rey davídico; el sionismo cristiano espera el regreso de Cristo tras dramáticos trastornos en Oriente Medio; la teología chiíta prevé la reaparición del imán oculto que inaugurará la justicia universal. Aunque los detalles teológicos exactos difieren, la convicción subyacente de que los acontecimientos actuales pueden anunciar la culminación de la historia sagrada sigue siendo sorprendentemente similar.

Obviamente, existen diferencias importantes en la influencia política inmediata de estos movimientos. En Estados Unidos, las interpretaciones apocalípticas son influyentes principalmente dentro de ciertos movimientos religiosos, más que dentro de la doctrina oficial del Estado, y las instituciones políticas estadounidenses siguen siendo formalmente laicas. En Israel, el Estado en sí mismo no es explícitamente teocrático, pero el nacionalismo religioso influye cada vez más en los debates y las decisiones políticos. En Irán, por el contrario, la creencia milenarista constituye un componente central de la base ideológica del Estado, articulada abiertamente en la retórica oficial e integrada en la estructura política de la República Islámica.

Estas distinciones influyen en la forma en que las expectativas apocalípticas interactúan con la toma de decisiones políticas. En Irán, los líderes pueden interpretar la confrontación con enemigos externos como una confirmación de una narrativa sagrada ya incrustada en la ideología revolucionaria del Estado. En Israel los movimientos sionistas religiosos a veces enmarcan la expansión territorial o la lucha militar como etapas de un proceso mesiánico que se desarrolla dentro de la historia judía. En Estados Unidos los activistas evangélicos que consideran a Israel como el centro de la profecía bíblica pueden ejercer presión política a favor de políticas que refuercen la soberanía israelí y la confrontación con sus adversarios.

El resultado es una situación paradójica en la que varios actores influyentes, a pesar de sus diferencias teológicas, comparten la creencia de que una escalada dramática podría servir en última instancia a un propósito histórico superior. Quienes están convencidos de que se acerca el fin de los tiempos suelen imaginarse a sí mismos en el bando victorioso de la lucha final entre el bien y el mal. Estas expectativas no determinan por sí solas las decisiones políticas, pero configuran el terreno simbólico en el que se toman esas decisiones, proporcionando narrativas morales que pueden legitimar el riesgo, el sacrificio y la confrontación.

Por lo tanto, para los observadores que intentan comprender la persistencia y la intensidad del conflicto actual, estas corrientes apocalípticas merecen una atención especial. Nos recuerdan que las luchas geopolíticas rara vez se basan únicamente en cálculos estratégicos, sino que también se desarrollan dentro de imaginarios culturales y religiosos que dan sentido a la violencia y al sacrificio. En el caso del enfrentamiento con Irán, el punto en común más sorprendente entre los adversarios puede residir precisamente en esta convicción compartida de que la historia misma se acerca a un clímax decisivo y transformador.

Fuente: https://leomagazine.substack.com/p/apocalyptic-expectations-and-the

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Guillaume Faye contra la rusofobia: entrevista con Robert Steuckers

Por Alexander Markovics

Traducción de Juan Gabriel Caro Rivera

En esta entrevista, Alexander Markovics, autor del libro recién publicado The Rise of the New Right (El auge de la nueva derecha), habla con el pensador geopolítico belga Robert Steuckers sobre el libro recientemente publicado Against Russophobia (Contra la rusofobia), una recopilación póstuma de textos del filósofo francés Guillaume Faye. Ambos debaten sobre los orígenes del libro y la trayectoria intelectual del pensamiento de Faye sobre Rusia y Europa.

Alexander Markovics: El debate político actual en Europa está dominado por el espectro de Vladimir Putin y las advertencias de una invasión rusa de Europa. A finales de 2025, Arktos publicó el libro Contra la rusofobia, que usted editó y que contiene una recopilación de textos del filósofo francés Guillaume Faye sobre el tema de Rusia. ¿Por qué se publica un libro titulado Contra la rusofobia solo seis años después de la muerte de Faye? ¿Y qué papel desempeña la rusofobia a la que se refiere el título en la geopolítica como estrategia estadounidense dirigida no solo contra Rusia, sino en última instancia también contra Europa?

Robert Steuckers: Este retraso se explica por varias razones: el sitio web donde se publicaban los textos de Guillaume Faye desapareció tras su muerte, lo cual es una gran pena. Afortunadamente, yo había conservado un gran número de ellos, especialmente los relativos a Rusia y a las relaciones deseables entre este país y Europa en general, y Francia en particular, ya que Guillaume Faye se dirigía principalmente a un público francés. Luego, las últimas publicaciones de Guillaume Faye —que no tuvo en cuenta los ukases emitidos contra él dentro de las filas de la «Nouvelle Droite, canal historique» (como le gustaba decir)— desaparecieron por completo de la circulación. Uno de los editores optó por una postura cuasi azovista y rusófoba; otro era un fanfarrón muy ruidoso y tedioso, que todavía cree ingenuamente que Guillaume Faye era un «defensor de Occidente» simplemente porque no aceptaba los desórdenes provocados por la inmigración masiva: se podría pensar que este último editor, un fanfarrón galo que haría las delicias de cualquier director de escena, nunca se había informado sobre el itinerario intelectual real de Faye.

Desde la década de 1970 Guillaume Faye había defendido la independencia energética europea; en la década de 1980 había comprendido perfectamente que esta independencia energética, socavada por los incipientes movimientos ecologistas, debía complementarse con la independencia en todas las materias primas y que solo la expansión del espacio estratégico de Europa para incluir Eurosiberia (como él la llamaba) habría permitido lograrla y consolidarla. Como saben sus amigos, abandonó el pequeño círculo neoderechista parisino entre 1987 y 1998, por lo que prácticamente ninguno de sus escritos de aquellos años está disponible para evaluar el juicio que pudo haber emitido sobre el colapso de Rusia bajo Yeltsin. Tras regresar con gran fanfarria al ámbito neoderechista en la primavera de 1998 con su notable libro titulado Archeofuturismo, se puede ver, no obstante, que había comprendido perfectamente el peligro que representaba el colapso postsoviético de Rusia y el entusiasmo antiserbio de los círculos de la OTAN, que preparaban el desastre de la guerra de 1999. Todo esto se aprecia en las adiciones que añadiría a la reedición de su libro de 1985 Nouveaux discours à la Nation Européenne (Nuevos discursos a la nación europea).

A partir del año 2000 respaldó las medidas de restauración imperial emprendidas por Vladimir Putin, uniendo su voz a la de Ivan Blot, un antiguo miembro de GRECE que había abandonado el círculo de Alain de Benoist ya en 1979 para cofundar el Club de l'Horloge. La crítica dirigida a Alain de Benoist era la de «apoliticismo». Las posiciones de Faye, que se pueden leer en los primeros textos escritos tras su regreso a la metapolítica en 1998, no hicieron más que agudizarse con el paso de los años, hasta la muerte de Blot en octubre de 2018 y la de Faye en marzo de 2019.

Faye pudo así observar las primeras medidas rusófobas de la UE y la OTAN, pero no vivió para presenciar su crescendo tras el lanzamiento de la «operación militar especial» en febrero de 2022. La política de Biden y el sabotaje de la arteria energética euro-rusa que representaban los gasoductos del Báltico confirman claramente que el objetivo de la talasocracia estadounidense es sabotear todos los lazos entre Europa y Rusia para hundir la industria alemana y debilitar definitivamente nuestro subcontinente, principal competidor económico de Washington, incluso a costa de aceptar que una Rusia así alejada se vuelva hacia China y la India, que Estados Unidos, socavado por sus contradicciones internas, no puede absorber. Junto con Europa, el Rimland Atlántico, el otro país que debe ser neutralizado —esta vez desde el Rimland del sur de Asia— es Irán, que desde la fabricación del golem jomeinista ya no podía comerciar en paz con Europa, arruinando en particular proyectos como EURATOM con participación alemana y francesa.

Markovics: Para muchos patriotas de Europa, Donald Trump era un rayo de esperanza, ya que prometió poner fin a las operaciones de cambio de régimen y a las guerras estadounidenses. Sin embargo, la guerra en Ucrania ha continuado bajo su presidencia y también ha sido responsable del bombardeo de instalaciones nucleares iraníes, del ataque a Venezuela y del secuestro de Nicolás Maduro. Además, todavía no ha «drenado el pantano» en Estados Unidos, siendo Jeffrey Epstein una palabra clave en este sentido. A la luz de esto, ¿hasta qué punto está justificada la afirmación de Guillaume Faye de que Estados Unidos es el principal adversario geopolítico de todos los europeos que luchan por la independencia? ¿Por qué cree que aún no se ha ocupado de las «tres hermanas» de Estados Unidos?

Steuckers: Aquellos a los que usted llama «patriotas europeos» aplaudieron los discursos de Trump y se felicitaron por su elección porque estaba poniendo fin al batiburrillo ideológico y wokeista que vendían los demócratas estadounidenses, en particular Hillary Clinton. La población estadounidense, en todas sus categorías, estaba harta, sobre todo porque a esto se sumaba el movimiento BLM y la ola de la «cultura de la cancelación» que destrozaba o desfiguraba monumentos históricos y vestigios de un pasado que esta izquierda estadounidense inculta e histérica ya no quería reconocer como propio.

Las guerras en el extranjero no son elementos que permitan la movilización política durante las campañas electorales: en primer lugar, la gran mayoría de los estadounidenses no saben dónde se encuentran los países presentados como objetivos a atacar. Los conocimientos básicos de geografía son prácticamente inexistentes, incluso entre los titulados universitarios (y en Europa, una vez que se sale del Mediterráneo, no se está en mejor situación, ni siquiera en lo que se refiere al Mar Negro, el Don y, por lo tanto, Ucrania). Luego, en un país que no organiza un sistema de seguridad social como los Estados europeos, las guerras en el extranjero son percibidas por la gente común como tantos jarrones de las Danaides, que se tragan fondos colosales que podrían servir para mejorar las carreteras, los ferrocarriles y otras infraestructuras en el propio territorio estadounidense, especialmente en los «estados del centro», donde Trump tuvo un gran impacto. Toda la retórica belicosa de los neoconservadores republicanos y demócratas acabó por desgastar a una opinión pública que se unió al famoso movimiento MAGA.

Con el regreso de la retórica belicosa bajo Trump y Rubio, el movimiento MAGA se está desmoronando y volvemos al punto de partida. Se podría plantear la hipótesis de que los servicios internos se dieron cuenta a tiempo del cansancio popular ante los conflictos en Ucrania y el Mediterráneo oriental, decidieron tomarse un respiro de aproximadamente un año y luego planearon volver a poner la belicosidad en primer plano. La geopolítica planetaria de Estados Unidos ha sido moldeada por el almirante Alfred Thayer Mahan, por Halford John Mackinder (que la elaboró para el Imperio Británico), por Homer Lea (menos conocido hoy en día, pero que sigue siendo una referencia determinante a la hora de decidir sobre la guerra directa o indirecta), por Nicholas Spykman (teórico del dominio de las «zonas periféricas» para contener la «zona central» o «corazón») y, por último, Zbigniew Brzezinski. Las diversas aplicaciones prácticas de estas teorías geopolíticas pueden rastrearse en los discursos y acciones de todos los gobiernos estadounidenses, ya sean demócratas o republicanos.

Nada cambiará en este ámbito. Habría que ser tremendamente ingenuo para creer (o haber creído) lo contrario. Esta desalentadora ingenuidad se detectó desde el principio entre los nacionalistas o derechistas de todo tipo que entraron en trance al escuchar a Trump desde su primer mandato. Sin duda, uno podía alegrarse al ver la implosión del wokeismo o al contemplar el espectáculo de la debacle de la señora Clinton —y yo me alegré—, pero eso no debería haber llevado a nadie a creer que la geopolítica hegemónica y unipolar de Estados Unidos se derretiría como la nieve al sol y desaparecería para siempre de nuestro horizonte.

Así pues, la guerra en Ucrania continúa, el apoyo a Israel frente a sus vecinos árabes sigue vigente y la voluntad de derrocar al Irán chiíta sigue muy viva, porque Irán es el eje de los «Rimlands», el «centro neurálgico» del juego geopolítico euroasiático. Pocos observadores han señalado que la furia anti-iraní se reactivó por dos innovaciones infraestructurales: la puesta en marcha del enlace ferroviario entre China e Irán hacia el océano Índico y la finalización del último pequeño tramo de la línea ferroviaria que conecta la costa iraní con el Caspio, Azerbaiyán y, a continuación, Rusia, duplicando el tráfico internacional de mercancías que pasa por el canal de Suez.

El asunto venezolano puede explicarse por dos motivos: el petróleo y la retirada al hemisferio occidental. El petróleo venezolano podría servir a otras estrategias comerciales distintas de las impuestas por Estados Unidos y el principio de la dolarización generalizada de los intercambios entre potencias. Venezuela ya abastece a Cuba y abastecía a China: muy bien podría haber abastecido a Europa en lugar de Oriente Medio o Rusia.

Pero la lucha contra China y Rusia es arriesgada y podría desencadenar una reacción violenta contra Estados Unidos: por lo que el equipo que rodea a Trump ha decidido aparentemente jugar una carta diferente; en lugar del globalismo y la unipolaridad hegemónica deseada por Clinton en la década de 1990, con el apoyo teórico de Fukuyama, que imaginaba un «fin de la historia» liberal, se está jugando una carta diferente, una que aparentemente acepta la multipolaridad buscada por los BRICS, pero creando, mientras aún tienen la fuerza para hacerlo, un bloque estadounidense que abarque todas las regiones del hemisferio occidental y que permitiría, dados sus inmensos recursos, una sólida existencia autárquica. Este bloque, ya imaginado por los tecnócratas estadounidenses tras la gran crisis de 1929, incluía a México y todas las pequeñas repúblicas de América Central, Panamá, el norte de Colombia y Venezuela (por su petróleo) y, finalmente, Canadá y Groenlandia (¡y aquí estamos!). Este es el bloque que Trump pretende constituir para que Estados Unidos sea autárquico, autosuficiente y poderoso en el futuro juego conflictivo de un mundo que se ha vuelto multipolar.

Faye era consciente de la enemistad fundamental que Estados Unidos sentía hacia Europa. En un momento dado, esperaba el advenimiento de un Septentrion que abarcara América del Norte y Eurosiberia, como también imaginan ciertos círculos estadounidenses, círculos de los que se volvió a oír hablar en el momento de los acuerdos de Anchorage entre Trump y Putin, acuerdos que no parecen haber tenido ningún seguimiento.

Markovics: En los textos recopilados, Guillaume Faye defiende el concepto de una Euro-Rusia que se extiende desde la Península Ibérica hasta Siberia como alternativa al transatlantismo. Aboga por una alianza ruso-europea basada, entre otras cosas, en los orígenes étnicos y culturales comunes y los intereses geopolíticos compartidos de Rusia y Europa, así como en la necesidad de cooperar en la lucha contra la inmigración masiva procedente del Sur Global. Faye también se refiere a su trabajo geopolítico y al concepto del «gran erizo» como metáfora de una alianza entre Europa y Rusia. Algunos representantes europeos de la derecha radical, al igual que los globalistas de Bruselas, consideran que esto es una traición a Europa y advierten del peligro de una «Rusia neostalinista» y de un «Putin bolchevique». Los representantes neofascistas de la derecha, en particular, describen a los europeos que abogan por la paz y la cooperación con la «Rusia asiática» como «traidores a la raza blanca». Explique con más detalle el concepto de Euro-Rusia y el «gran erizo». ¿Qué argumentos esgrimiría a favor de una alianza euro-rusa y cómo respondería a aquellos de la derecha que le acusan de traicionar a Europa por apoyar este concepto?

Steuckers: Faye habló inicialmente de Eurosiberia, tras una discusión que tuvimos los dos sobre el libro de Yuri Semyonow sobre Siberia, en el que la describía como la «Schatzkammer Europas» («cámara del tesoro de Europa»). Faye se dio cuenta de que el futuro de Europa solo era posible si se restablecían las relaciones normales con la URSS (en aquel momento), ya que dichas relaciones habrían proporcionado a nuestro subcontinente todo lo que necesitaba. En su opinión, el duopolio de Yalta era una anomalía que solo privaba a Europa de su única reserva potencial de materias primas de gran importancia.

Esta posición, en desacuerdo con las de la derecha convencional, le llevó a otra conclusión: toda forma de neocolonialismo en África, más concretamente en la «Françafrique», resultaba ser un callejón sin salida. En efecto, si bien el África francófona contiene obviamente enormes riquezas útiles para las industrias europeas, la gestión de un imperio colonial o neocolonial sería demasiado costosa, mientras que el territorio de la URSS ya ofrecía toda la infraestructura necesaria sin necesidad de llevar a cabo traslados de población en ninguna de las dos direcciones (colonización de asentamientos en zonas generadoras de riqueza, inmigración hacia Europa, una ciudadanía universal excesivamente variada, etc.). Los movimientos de población dentro de una «Eurosiberia» se habrían limitado a las élites técnicas y, en general, habrían sido temporales. También habrían tenido lugar entre grupos de población más homogéneos.

Más tarde, a principios de la década de 2000, Faye vino a Flandes para dar varias conferencias: allí conoció al autor y profesor ruso Pavel Tulaev, quien le señaló que Siberia era simplemente un concepto geográfico, aún bastante vago, y que el único sujeto de la historia en esa inmensa región que se extiende hasta las costas del Pacífico ha sido Rusia. Faye aceptó entonces hablar en adelante de Euro-Rusia.

La noción del «gran erizo» proviene de los acalorados debates que tuvieron lugar en Alemania y los países del Benelux a principios de la década de 1980 sobre el asunto de los misiles estadounidenses que la OTAN pretendía desplegar en territorio de Alemania Occidental. En ese momento, volvió a plantearse la noción de neutralidad para Europa Central y Danubiana, así como para los tres pequeños Estados del Benelux. Para que esta neutralidad fuera viable, debía despojarse de todo pacifismo válido. Por lo tanto, los ejércitos de los países que volverían a la neutralidad tendrían que organizarse según los modelos suizo y yugoslavo. En Alemania, el general Jochen Löser había teorizado esta posibilidad en su obra Neutralität für Mitteleuropa. En Austria, un tal general Spanocchi, y en Francia, el general Brossolet, habían elaborado planes para crear «naciones armadas» siguiendo el modelo suizo, pero que también y sobre todo se adaptaran a las configuraciones geográficas locales, lo que no es tarea fácil en las regiones llanas. En Flandes, el dibujante Korbo había dibujado un simpático erizo que avanzaba con una sonrisa, diciendo: «Vreedzaam maar weerbaar» («Pacífico, pero capaz de defenderme»). Se imprimieron pegatinas con este dibujo sobre fondo verde: de ahí la teoría del «gran erizo».

Los rusófobos del sistema, o del espacio de la extrema derecha, siguen razonando en términos de la Segunda Guerra Mundial. La operación Barbarroja se lanzó precipitadamente, sin preparación para una posible campaña invernal y, a pesar de sus fulgurantes éxitos iniciales, se empantanó por primera vez a las afueras de Moscú en diciembre de 1941. El Vormarsch («avance») del verano de 1942 para llegar al Cáucaso y su petróleo fue asombroso, pero se topó con la inmensidad del territorio: aunque logró tomar Rostov del Don, no llegó a los yacimientos petrolíferos del Cáucaso y no pudo controlar las orillas del Volga.

Con la ayuda de las potencias talasocráticas anglosajonas, el Ejército Rojo resistió gracias al abastecimiento procedente de Murmansk y Arcángel a través de las flotas que cruzaban el Atlántico (lo que explica el actual interés de Trump por Groenlandia) y a través de la ruta que partía del océano Índico y utilizaba el ferrocarril transiraní (¡construido por los alemanes y los suizos durante el periodo de entreguerras!), el Caspio y el tráfico fluvial del Volga. El Eje fue incapaz de cortar esta línea que iba desde el Ártico hasta la costa del océano Índico. Esta línea se reconstituye hoy en día mediante el Corredor Internacional de Transporte Norte-Sur, que elude el control estadounidense, lo que también explica la actual ira anti-iraní, ya que la talasocracia hegemónica ya no controla sus puntos clave en el golfo Pérsico. La operación Barbarroja fue justificada por las autoridades nacionalsocialistas de la época como una necesidad para adquirir el trigo ucraniano y el petróleo del Cáucaso que anteriormente había suministrado la URSS a la Alemania de Hitler y no solo en virtud de las cláusulas del pacto germano-soviético de agosto de 1939.

Los suministros soviéticos habían hecho posible la rápida victoria contra Francia en mayo-junio de 1940: sin ellos, no habría sido posible ninguna victoria de ese tipo, ni ninguna defensa del territorio galo conquistado. La Segunda Guerra Mundial nos enseña que todos los territorios en los que se libraron combates —con un coste exorbitante en vidas humanas— se han convertido en un único espacio estratégico en el que ya no es posible, o al menos ya no es rentable, repetir esos enfrentamientos. Volviendo al trigo y al petróleo, hay que recordar que, ya bajo la República de Weimar, los lazos económicos entre Alemania y la Unión Soviética eran sólidos.

Después de 1991, año de la disolución de la URSS, los lazos económicos entre Alemania y Europa Occidental, por un lado, y entre Alemania y la Rusia de Yeltsin y Putin, por otro, se restablecieron perfectamente, especialmente tras los contratos de gas, en los que Gerhard Schröder desempeñó un papel clave. El restablecimiento de estos lazos económicos descartó cualquier repetición de una nueva Operación Barbarroja, en cualquiera de sus formas. Quienes sueñan con ella viven en una ilusión: no razonan basándose en hechos reales, atestiguados por la historia reciente o antigua, sino en categorías morales desconectadas de la realidad e instrumentalizadas por los poderes hegemónicos a través de los medios de comunicación (¡Carl Schmitt nos había advertido de esta desviación…!). O en una nostalgia anacrónica.

La emoción prevalece en este tipo de discurso, exactamente igual que en las filas del movimiento antifa, también manipulado para operaciones inconfesables y muy a menudo orquestado por los mismos maestros de la manipulación. En cuanto a la supuesta «traición a Europa» perpetrada por los rusófilos pacifistas, recae únicamente en aquellos que adulan al hegemón y a sus correas de transmisión —un hegemón que hace todo lo posible por provocar nuestra ruina— o en aquellos que, con pretextos aparentemente diferentes, acaban llevando a cabo una política que favorece al Estado profundo estadounidense, al sistema o a uno u otro de sus peones colocados y luego sacrificados en el tablero internacional.

Markovics: La UE y los principales medios de comunicación europeos denigran a Rusia como el «imperio del mal», retratando a Vladimir Putin como un segundo Stalin o Hitler, según el estado de ánimo del día. En los textos recopilados en el libro, Guillaume Faye señalaba que la UE considera que la Rusia conservadora de Putin, que desde su discurso de Múnich en 2007 aboga por un orden mundial multipolar en lugar de unipolar, es una amenaza ideológica para su proyecto globalista. ¿En qué medida cree que la valoración que hizo Guillaume Faye entonces sigue siendo relevante hoy en día? ¿Hay algo que le gustaría añadir?

Steuckers: Muchos de los análisis que planteó en su día Guillaume Faye siguen siendo válidos, mutatis mutandis, en el contexto internacional. Su obra reciente, publicada póstumamente y titulada Contra la rusofobia, da fe de su capacidad visionaria y predictiva. Guillaume Faye desarrolló una rusofilia racional y bien fundada, respaldada por hechos concretos como la necesidad de armonizar los intercambios de energía, materias primas, productos manufacturados y conocimientos técnicos de alta tecnología.

Guillaume Faye es discípulo de Clausewitz tras haber leído los dos volúmenes que Raymond Aron dedicó a este pensador militar prusiano de principios del siglo XIX. El acceso a Clausewitz llegó a través de Aron para los franceses de la generación de Faye. Aron trabajó para proporcionar los fundamentos teóricos del sistema nacional establecido por De Gaulle en la década de 1960, inmediatamente después de los trágicos acontecimientos de Argelia que llevaron a Francia al borde de la guerra civil. Para comprender esa época, conviene releer los textos de Armin Mohler sobre la Francia de De Gaulle, que él consideraba un modelo para otros Estados europeos, al menos para los alemanes, si querían emanciparse de la tutela estadounidense.

Recordemos también que, en un manifiesto conciso y muy breve, escrito en inglés y titulado «Chicago Papers», Mohler había proporcionado todas las vías a seguir para liberar a Europa de la lenta constricción que le imponía la anaconda estadounidense. Estos «Chicago Papers» están incluidos en su colección de artículos titulada Von rechts gesehen. Quienes han interiorizado estas claras consignas solo pueden reír con gran compasión y feroz sarcasmo cuando escuchan los discursos del sistema y de la extrema derecha rusófoba sobre Venezuela, Irán, China o Rusia. Faye captó muy bien el tenor del discurso del presidente Putin en 2007, al igual que Günter Maschke, quien, para escandalizar e inquietar a los loros de todo pelaje que repetían los discursos de los medios de comunicación dominantes, proclamó con su voz estentórea que no solo era un «Putin-Versteher» («alguien que entiende a Putin»), sino, sobre todo, un «Putin-Anhänger» («un partidario de Putin»).

Fuente: https://www.arktosjournal.com/p/guillaume-faye-against-russophobia

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Trump, el destructor

Por Alexander Dugin

Traducción de Juan Gabriel Caro Rivera

El hecho de que Irán no se rinda, no acepte un armisticio ni un alto el fuego, ya está cambiando el equilibrio de poder. Tras el primer ataque, Irán se recompuso, eligió un nuevo líder, el hijo del ayatolá Jamenei, Mojtaba Jamenei, y, a pesar de los dolorosos golpes sufridos en su sector energético, no solo sigue resistiendo, sino que también ataca activamente al enemigo. Se lanzaron ataques con misiles y drones contra todas las bases estadounidenses alrededor de Irán. Según cálculos neutrales, murieron más de 1000 militares estadounidenses (Irán informa de cifras mucho mayores, Trump habla de pocas bajas, pero eso es ridículo, teniendo en cuenta la magnitud de los ataques iraníes).

Irán ha elegido una táctica muy acertada: lanzar ataques, además de contra objetivos militares, contra Israel, que se está convirtiendo gradualmente en Gaza, y, lo que es más importante, contra los centros neurálgicos y energéticos de los países árabes del Golfo, de los que depende la economía mundial. En combinación con el bloqueo del estrecho de Ormuz, estos ataques ya han provocado enormes pérdidas para el mercado mundial. Además, la situación se agravará con cada día de resistencia iraní.

Es importante señalar que los países del Golfo, cuyos planes de convertirse en centros neutrales y seguros de la economía mundial han llegado a su fin, culpan de ello no tanto a Irán como a Israel y Estados Unidos. Siempre han tenido aversión a Israel, pero Trump se ha convertido en sus ojos en un traidor. Si las bases militares estadounidenses no los protegen, sino que, por el contrario, crean peligro, ¿para qué sirven? se preguntan con razón los líderes árabes.

Mientras tanto, el plancton del capitalismo mundial y sus ejércitos de prostitutas abandonan apresuradamente Dubái. En la azotea de un hotel abandonado, baila en solitario el influencer Andrew Tate, que afirma obstinadamente que todo esto es una simulación por ordenador y que vivimos en una matrix en la que simplemente se han instalado nuevos decorados.

El siguiente paso será la retirada de los bonos árabes de Estados Unidos. Por cierto, Blackrock ha detenido el proceso de retirada de varios de sus fondos, reduciendo el límite máximo a menos de la mitad. Parece que se avecina un colapso. Los precios del petróleo se disparan, los índices caen en picado. No se descarta que la economía mundial se derrumbe por completo en un futuro próximo.

Es evidente que lo que Trump esperaba que sucediera no ha salido de acuerdo con su plan. La voluntad de Irán y su determinación de llegar hasta el final, así como la solidaridad de la sociedad, unida en torno al liderazgo político-religioso, han acabado con las expectativas de una victoria fácil y barata para Estados Unidos e Israel. No será una victoria fácil ni barata y cada día será más difícil y cara. Y Trump claramente no está preparado para procesos largos. Además, ha comenzado una caída acelerada de su popularidad. En Estados Unidos, la guerra con Irán cuenta con el apoyo de una minoría prácticamente insignificante (principalmente sionistas cristianos y dispensacionalistas, que son muchos en Estados Unidos, pero que solo representan un pequeño porcentaje de la población total). La mayoría del electorado principal de MAGA ya le había dado la espalda a Trump (principalmente por los archivos de Epstein) y ahora representa el ala más radical del antitrumpismo. «Trump nos ha traicionado a todos» es la publicación más frecuente en la red de los antiguos partidarios de MAGA.

Aunque Trump sigue lanzando amenazas y maldiciones, da la impresión de que poco a poco está entrando en pánico. La operación EP - Epic Fury (nombre ideado por el alcohólico y skinhead Pete Hegseth) ha sido rebautizada en las redes sociales estadounidenses como operación Epstein Files o Epic Fail, cuyas iniciales son las mismas: EP.

Trump está a punto de anunciar que «Estados Unidos ha vuelto a ganar» y que ha «puesto fin a otra guerra». E intentará detenerlo todo ocupando Cuba. Para ello, ha enviado a Israel a dos personajes muy sospechosos: Kushner y Witkoff. Pero parece que ya nadie en el mundo les cree. Precisamente durante sus negociaciones con Irán, Estados Unidos e Israel lanzaron un cobarde ataque que acabó con la vida de las niñas de la escuela de Minaba (eran hijas de comandantes del IRGC) y de los máximos dirigentes religiosos y políticos iraníes. La nueva estrella de internet es el intelectual chino Jian Xueqin, que predijo con total precisión los acontecimientos —el ataque de Estados Unidos e Israel y su desarrollo— y es el único chino que conoce bien las escatologías monoteístas (el sionismo religioso, las sectas mesiánicas judías de Sabbatai Zevi, Jacob Frank, el dispensacionalismo cristiano y el problema del Mahdi), declaró hoy que Kushner es una de las figuras más siniestras de las élites occidentales y está vinculado a la red de Epstein (a través del abogado de Epstein, el agente israelí Dershovich). Es más, Jian Xueqin ha calificado a Kushner como «el nuevo Epstein». Hasta ahora, todas sus predicciones se han cumplido con exactitud.

Es hora de que Rusia actúe con más audacia en la promoción de nuestros intereses. Ucrania y Oriente Medio son dos escenarios de combate de la misma guerra: la guerra de la humanidad por la soberanía y un mundo multipolar contra los desesperados intentos de Trump, convertido en un instrumento ciego y rabioso de los neoconservadores, por salvar la hegemonía mundial de Occidente y la unipolaridad.

Trump ha destruido por completo el orden anterior. Ya nadie recuerda lo que era el liberalismo, la agenda verde o la política de género. Todo se ha vuelto mucho más duro y franco en el mundo. En esencia, todo sigue igual, solo que sin disfraces. Trump ha disipado la niebla y ha mostrado a la humanidad el verdadero rostro de Occidente. Es monstruoso. En cuanto a la destrucción de todas las reglas y el desvelamiento de todos los secretos, Trump ha tenido mucho éxito. Es el Gran Destructor, el Big Destroyer.

Inicialmente, MAGA habría encontrado su lugar en un mundo multipolar. Occidente para los occidentales, América para los estadounidenses, Europa para los europeos. ¿Por qué no? Y sin ninguna agenda liberal-migratoria. Cada uno tiene sus propios valores tradicionales y el volver a ellos es algo positivo.

Pero al mismo tiempo, Rusia para los rusos. Eurasia para los eurasiáticos. Irán para los iraníes. Los países islámicos para los musulmanes. China para los chinos. India para los hindúes. África para los africanos. América Latina para los latinos. Eso es lo justo…

Los Estados-Civilizaciones podrían muy bien ponerse de acuerdo sobre una nueva división del planeta en base a la multipolaridad.

Al principio, Trump fingió estar de acuerdo con ello y eso constituía, en esencia, todo el contenido de su campaña electoral, su ideología MAGA. Precisamente sobre estas bases y condiciones Moscú entabló comunicación con Trump.

Pero luego primero algo salió mal y luego todo se desvió de su camino. Trump renunció a lo principal: a un mundo multipolar. Atacó directamente al BRICS, no hizo nada en el frente ucraniano, adoptó una postura terrible frente alos archivos de Epstein, viéndose envuelto en los giros más monstruosos de este sucio asunto, atacó a Venezuela, apoyó el genocidio de Gaza, atacó a Irán una primera vez y ahora se ha embarcado en una guerra brutal lejos de sus propias fronteras. Al mismo tiempo, nadie ha sido arrestado por el caso Epstein, se ha detenido la deportación de inmigrantes ilegales y, dentro de Estados Unidos, está perdiendo rápidamente el apoyo. Estados Unidos se está degradando, no se ha resuelto ningún problema.

El programa positivo de Trump ha fracasado por completo. Pero se le da muy bien destruir.

Tenemos que reorganizarnos rápidamente teniendo esto en cuenta. Trump seguramente perderá las elecciones intermedias de otoño frente a los demócratas. Pero eso es igual de malo, solo que desde otro punto de vista. Debemos mantenernos firmes en nuestras posiciones: soberanía, Estado-Civilización, multipolaridad y avanzar de manera coherente hacia la victoria en Ucrania. Estados Unidos y Occidente en general son nuestros enemigos mortales. Ahora estamos en guerra con ellos y mañana seguiremos luchando, quizás con más ferocidad aún. Hay que partir de esta base. Con este enfoque racional, podremos sacar provecho de cualquier acción de Trump y la UE, sin sucumbir al hipnotismo, las exhortaciones ni las promesas. Occidente es la civilización del mal. Así es como hay que tratarlo. Si quiere enmendarse, estupendo. Estaremos encantados de ayudar. Pero, por ahora, es un dragón mortal que, en su agonía, destruye todo a su paso. Es muy peligroso, pero solo nos queda una opción: acabar con él de una vez por todas. Si no es con agua bendita, entonces será con fuego.

Y que Trump destruya el viejo mundo hasta los cimientos. No hay que aferrarse a lo que ya ha agotado su vida útil. Es el momento de construir un mundo nuevo, en el que Rusia debe ocupar el lugar que se merece, el que le corresponde. Es el lugar de un sujeto, no de un objeto. No necesitamos lo de los demás, pero Eurasia nos pertenece.

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Quemar a Baal: la Tradición contra el mundo unipolar

Por Alexander Dugin

Traducción de Juan Gabriel Caro Rivera

Cuando el agresor exige un alto el fuego, es una señal elocuente de que estás empezando a ganar, pero no puede haber trato con el diablo.

O el mundo será multipolar o no será.

Ambas versiones de la unipolaridad —la progresista, liberal y globalista, o la neoconservadora, sionista y hegemónica— deben ser rechazadas radicalmente. La unipolaridad es el plan de Epstein. Por eso la clase de Epstein une tanto a la derecha hegemónica como a la izquierda hegemónica. La unipolaridad es un proyecto pedófilo/caníbal.

Hay una izquierda pedófila (woke) y una derecha pedófila (neoconservadora). Debemos enfrentarnos a ambas.

El tradicionalismo, el conservadurismo, el cristianismo auténtico, la moral, la familia, la dignidad, el orden y lo sagrado se oponen a ambos.

Es muy probable que los sionistas radicales no sean judíos tradicionalistas auténticos. Más bien son el erev rav, la qlippa de Jacob. Siguen la tradición pseudomesiánica de la cábala herética (promovida por Nathan de Gaza) y la muy sospechosa enseñanza de la salvación a través del pecado.

¡Quemad a Baal en todo el mundo! El profeta Elías lo hizo junto con 950 de sus sacerdotes. Cuando el pueblo ve esto, declara: «El Señor es Dios». Elías les ordena entonces que capturen a los profetas de Baal, lo cual hacen, y Elías los lleva al río Kishon y los mata.

La clase de Epstein (incluidos los sionistas «cristianos») es el sacerdocio de Baal y Asera.

«El fuego cae del cielo y consume el sacrificio, las piedras del altar, la tierra y el agua de la zanja». Parecen ser misiles iraníes… Pero quién sabe…

Henri Corbin sugirió una vez la creación (o el descubrimiento, si tal cosa ya existe) de la estructura monoteísta para luchar contra las perversiones del cristianismo, el islam y el judaísmo. Una especie de Orden Espiritual de Elías.

El cristianismo, el islam y el judaísmo son diferentes. No se pueden mezclar ni confundir sin causar una profunda perversión en todos ellos. Pero el diálogo entre ellos siempre es posible. Como en la Edad Media.

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Anatomía de un mito contemporáneo: ¿qué es la «civilización judeocristiana»?

Por Alain de Benoist

Traducción de Juan Gabriel Caro Rivera

Alain de Benoist sostiene que la noción ampliamente invocada de una «civilización judeocristiana» es una invención ideológica reciente sin base histórica, diseñada principalmente para construir un frente religioso contra el islam y borrar al mismo tiempo la herencia grecolatina de Europa.

De los editores de Éléments:

Desde hace unos veinte años, una expresión se ha impuesto en el debate público: la de «civilización judeocristiana». Invocada como un talismán identitario, pretende redefinir la larga historia de Europa. Autor de L’homme qui n’avait pas de père. Le dossier Jésus (Krisis, 2021), Alain de Benoist desmonta aquí este sintagma convertido en consigna. Detrás de esta ficción semántica se esconde una estrategia ideológica: borrar la herencia grecolatina, suavizar los antagonismos teológicos y fabricar un frente religioso imaginario. He aquí una mirada retrospectiva a una genealogía amañada.

Hasta hace muy poco, en todas las instituciones educativas se entendía que la civilización europea tenía sus raíces en la antigüedad grecolatina. Sin duda, esto restaba importancia a las culturas celta, germánica y báltico-eslava, pero no carecía por completo de sentido.

Pero este discurso ha cambiado. Inicialmente, se atribuyó a Europa «raíces cristianas», lo que permitió olvidar convenientemente dos o tres milenios de cultura pagana, tras lo cual, a partir de la década de 2000, comenzó a extenderse una extraña idea según la cual la civilización europea (u occidental) era en realidad una «civilización judeocristiana».

Los políticos de todos los colores son ahora los primeros en reivindicar una «Europa judeocristiana», una «tradición judeocristiana», una Europa nacida de la «civilización judeocristiana». Donald Trump y Éric Ciotti, Nicolas Sarkozy y Emmanuel Macron invocan las «raíces judeocristianas de Europa», los «fundamentos judeocristianos de nuestra cultura»; otros reclaman un «frente civilizacional» que exija un «renacimiento judeocristiano», etcétera. Así, estamos asistiendo a un nuevo gran reemplazo: el del helenismo y la latinidad por el «judeocristianismo», sin que este juego de manos provoque ningún comentario en particular, lo cual es bastante sorprendente. Hacer del binomio judeocristiano un hecho cultural exclusivamente occidental es, en efecto, ignorar las diferencias teológicas entre el cristianismo y el judaísmo y presuponer una homogeneidad cultural que sería difícil de encontrar. Estamos ante una fantasía o un conjuro mágico.

El auge del identitarismo cristiano

Cuando se analiza más de cerca esta invención semántica e ideológica para explicar su actual popularidad, se comprende que este tema surgió en círculos que creen que, para oponerse eficazmente a la inmigración, hay que librar una guerra de religiones, movilizar a dos monoteísmos para combatir a un tercero (el tercero excluido de la revelación abrahámica) y declarar la guerra a 1600 millones de musulmanes.

El argumento, que constituye una especie de imagen especular invertida del discurso yihadista (según el cual el islam está en guerra «contra los judíos y los cruzados cristianos»), es evidentemente más político-cultural que propiamente religioso. Se sitúa en un contexto de enunciación en el que el referente cristiano se toma esencialmente como un marcador de identidad. El auge del identitarismo cristiano va paradójicamente de la mano del colapso de la fe (este colapso es en sí mismo un factor de radicalización). Obviamente, cada uno es libre de adoptar esta posición, pero ciertamente no de legitimar esta estrategia alegando una «civilización judeocristiana», cuyo inconveniente es que nunca ha existido.

El término «judeocristiano» no carece, por supuesto, de significado. Pero, en sentido estricto, su uso solo es legítimo en dos casos muy concretos. En primer lugar, para designar a los «primeros cristianos», reunidos en torno a Santiago, hermano de Jesús, en la primera comunidad de Jerusalén. Es en este sentido que la expresión «judeocristianismo» fue utilizada por primera vez por el exégeta protestante liberal Ferdinand Christian Baur, fundador de la Escuela de Tubinga, en un artículo publicado en 1831, y es también en este sentido que hoy en día es aceptada por todos los especialistas.

El historiador de las religiones Simon Claude Mimouni ofrece la siguiente definición: «El judeocristianismo es una formulación reciente que designa a los judíos (o judaería), junto con sus simpatizantes paganos (o grecorromanos), que reconocían la mesianidad de Jesús, que reconocían o no reconocían la divinidad de Cristo, pero que todos seguían observando la Torá en su totalidad o en parte».

Pero es aquí donde hay que disipar las ambigüedades. Los judeocristianos, que son los que mejor conocen las intenciones y la doctrina de Jesús (Yeshouah), ya que son sus continuadores más directos, son judíos que se unieron al movimiento de Jesús sin romper en modo alguno con el judaísmo. No son más que mesianistas que ven en Jesús al Mesías anunciado por las Escrituras y que se esfuerzan por convencer a otros judíos de ello con argumentos que se pueden encontrar en la Epístola de Santiago, la Epístola a los Hebreos o el Evangelio según San Mateo (Pablo de Tarso solo predicaba en las sinagogas).

Por lo tanto, no son en modo alguno disidentes del judaísmo: tienen aún menos intención de crear una nueva religión, ya que Jesús les dijo que había venido solo por las «ovejas perdidas de la casa de Israel» (Mt 10, 26; 15, 24). Cabe añadir que, históricamente hablando, los judeocristianos preceden a todas las formas de «paganocristianismo», lo que significa que, inmediatamente después de la muerte de Jesús, los únicos «cristianos» que existen son «cristianos judíos», del mismo modo que existen esenios judíos, fariseos judíos, saduceos judíos, bautistas judíos, «helenistas» judíos, etc. Por eso, en lugar de «judeocristianos» (o, más ambiguamente aún, «primeros cristianos»), sería mejor hablar de «cristianos judíos (o judeo-cristianos)».

La desaparición de los judeocristianos

El nombre «cristianos» en sí mismo no tenía originalmente otro significado que «mesiánicos»: los christianoi no eran más que «partidarios del Ungido», judíos que veían en Jesús primero a un profeta y luego a un Mesías. Este nombre de «cristianos», que parece haberles sido dado por primera vez en Antioquía (Hechos 11:26), no es, además, una autodenominación. Los Hechos solo dicen que así es como se les llamaba, con una intención que no era necesariamente elogiosa. Ellos mismos preferían llamarse nazoreos (notsrim), de netzer, «descendiente», siendo la idea central que Jesús descendía por parte de su padre del linaje de David.

Durante los dos primeros siglos, los judeocristianos se dividían en tres grupos principales: los que se adherían plenamente a la tradición judía, incluida la circuncisión; los que se adherían a ella, pero ya no exigían la circuncisión; y los que seguían observando los principios generales de la Torá y las principales fiestas judías, pero no exigían ni la circuncisión ni la observancia de las leyes alimentarias. El teólogo católico Raymond E. Brown cree que Santiago y Pedro pertenecían al segundo grupo, pero que Santiago estaba más cerca del primero, mientras que Pedro estaba más cerca del tercero.

La influencia de los cristianos judíos comenzó a disminuir tras la conquista romana de Jerusalén y la destrucción del Templo en el año 70 d. C. Este acontecimiento provocó la refundación del judaísmo sobre la base de la autoridad rabínica (bajo la dirección del rabino Yohanan ben Zakkai) y, en consecuencia, la separación progresiva de la fe judía y el movimiento de Jesús.

La tensión entre las dos corrientes se transformó gradualmente en una cierta hostilidad, que no hizo más que intensificarse con el tiempo. Con los miembros de la comunidad de Jerusalén dispersos, el centro de gravedad del cristianismo naciente se desplazó hacia Antioquía, Alejandría y Roma. La corriente paulina tuvo a partir de entonces vía libre y la corriente judaizante (judeocristiana en sentido estricto) solo sobrevivió en grupos como los ebionitas o los elkasaitas, que en su mayoría acabaron siendo tachados de herejes, tanto por otros judíos como por la Iglesia de Roma.

La separación entre la Iglesia y la sinagoga fue gradual, menos rápida de lo que se creía. No se puede hablar realmente de cristianismo hasta el siglo II y pasarían dos siglos más antes de que la ruptura fuera definitiva. Los nazoreos desaparecieron en el siglo V, los ebionitas alrededor del VII u VIII, los elkasaitas alrededor del X, no sin haber ejercido probablemente una influencia decisiva en el nacimiento del islam (que profesa una concepción rigurosa de la unicidad de Dios y venera a Jesús como profeta sin reconocerlo como Dios, lo que corresponde a la posición de los ebionitas). Con esta consecuencia paradójica: si uno se sitúa en la perspectiva de una alianza de judíos y cristianos dirigida contra el islam, sería en la religión musulmana donde los judeocristianos habrían dejado más huella.

Todo ello, en cualquier caso, se desarrolló obviamente al margen de la historia europea. Para Ernest Renan, que adoptó las tesis de Baur, la expresión «judeocristiano» tiene un significado puramente histórico, nunca civilizatorio. No celebra la «unidad» de judíos y cristianos, sino que, por el contrario, subraya su oposición cultural y espiritual, que para él reflejaba la diferencia entre lo que en su época se denominaba el «espíritu semítico» y el «espíritu ario». Al igual que otros historiadores de la religión, la idea de una «civilización judeocristiana» no se corresponde en absoluto con nada en su obra.

Un pueblo «deicida»

Ha habido comunidades judías en Europa desde el siglo I de nuestra era. A lo largo de este período de exilio (galout), las relaciones entre judíos y cristianos fueron detestables y dieron lugar a persecuciones antijudías que, aunque de naturaleza distinta, crearon las condiciones para la aceptabilidad del antisemitismo moderno. Como escribe Sophie Bessis, «la primera alteridad contra la que se construyó la Europa cristiana fue la alteridad judía» (1).

Durante casi dos milenios, la Iglesia fue hostil tanto a los judíos como a los musulmanes, asignándoles a ambos el mismo estatus de alteridad cultural, construida u observada políticamente. Sin embargo, con esta particularidad: la Iglesia, por un lado, reprochaba a los judíos no haber reconocido la divinidad de Jesús y los acusaba de «deicidio» (sic), pero además se fijó el objetivo de hacer desaparecer el judaísmo, no solo exigiendo a sus seguidores que se convirtieran, sino postulándose a sí misma como el verus Israel.

Esta es la base de lo que se ha denominado «teología de la sustitución» (que también podría llamarse «reemplazacionismo» o «supersesionismo», ya que implica el deseo de suprimir el judaísmo y ocupar su lugar), la doctrina según la cual el cristianismo habría sustituido al judaísmo en el plan de Dios, dejando a este último sin efecto en el proceso. Una de las consecuencias fue que, hasta el siglo XVIII, judíos y cristianos nunca se atribuyeron una historia compartida, más allá de sus orígenes comunes.

A lo largo de los siglos, el cristianismo y el judaísmo tomaron, por el contrario, caminos divergentes. El judaísmo es ante todo la religión de un pueblo y una ortopraxis ordenada por la Ley (se puede ser perfectamente judío sin ser creyente); el cristianismo es una ortodoxia dogmática, una religión de fe y salvación, de gracia y perdón. El judaísmo siempre ha estado marcado por una dialéctica entre un polo particularista y un polo universalista; el cristianismo afirma sobre todo la unidad espiritual y moral de la humanidad. El judaísmo defiende el mosaísmo para las comunidades judías y el respeto de las leyes de Noé para el resto de la humanidad (2).

El segundo uso legítimo de la expresión «judeocristiano» la convierte en un adjetivo capaz de calificar, de manera específica, temas comunes a judíos y cristianos, percibidos como un conjunto cultural que puede contrastarse, por ejemplo, con el helenismo o el paganismo. Por ejemplo: la concepción lineal y teleológica de la temporalidad histórica, en contraposición a la concepción cíclica de los antiguos. El mesianismo judío, como ha demostrado ampliamente Gershom Scholem, se distingue sin embargo del milenarismo cristiano por el hecho de que no se realiza en el más allá, sino que se desarrolla en el escenario concreto de la historia.

¿Una base común?

Fue en el siglo XIX cuando la expresión «judeocristianismo» comenzó a designar, de manera generalmente aproximada y, por lo tanto, poco rigurosa, un conjunto de creencias y, sobre todo, de principios morales extraídos de la Biblia que supuestamente compartían tanto cristianos como judíos. La naciente Tercera República vio en ello la posible base de la moral «secular» y liberal que entonces intentaba teorizar para remediar la crisis imperante. Esta «base común» fue entonces objeto de diversas especulaciones, en las que los cristianos estaban mucho más presentes que los judíos, mientras que Maurras, en 1899, no dudó en contrastar la sabiduría antigua con la «barbarie judeocristiana» en L’Action française.

La noción de «moralidad judeocristiana», que apareció hacia 1880, es particularmente ambigua. En un famoso libro que ha sido reimpreso muchas veces, Morale juive et morale chrétienne («Moralidad judía y moralidad cristiana», 1867), el rabino y filósofo Elie Benamozegh (1822-1900) —que ejerció una influencia decisiva en el psicoanalista Jacques Lacan— especifica por su parte que los principios y valores en los que se basan las dos religiones no son los mismos. Su tesis es que el judaísmo, al igual que el islam, es un sistema dual: es a la vez un código civil y una moral, una política y una religión; el cristianismo abolió el código para conservar solo la moral (2).

En el siglo XX, y más concretamente a partir de la Segunda Guerra Mundial, la Iglesia de Roma comenzó a cambiar su actitud hacia los judíos y pidió perdón por su antijudaísmo histórico (pero la religión judía no es una religión del perdón). Reconoce los orígenes judíos del movimiento de Jesús, se sitúa dentro de este linaje e incluso propone renombrar la Biblia judía como «Primer Testamento». En marzo de 1937, el papa Pío [sic] IX ya declaró: «Como católicos, somos espiritualmente semitas». Anteriormente atribuida a Pablo sobre la base de una interpretación de la Epístola a los Gálatas (3:15-16 y 6:15-16), y posteriormente desarrollada por Tertuliano y Agustín, la teología de la sustitución fue abandonada oficialmente el 15 de octubre de 1965, con la adopción por el Concilio Vaticano II de la famosa declaración Nostra Ætate.

De hecho, Nostra Ætate tenía como objetivo entablar un «diálogo apaciguado» con el judaísmo y el islam para fomentar el «entendimiento mutuo». También sobre la base del diálogo, el entendimiento, el respeto mutuo y las buenas intenciones —y no de una historia compartida— surgieron diversas iniciativas, la mayoría de ellas marcadas por el arrepentimiento, que permitieron a judíos y cristianos reunirse para intercambiar opiniones, como la Amitié judéo-chrétienne de France (Amistad Judeocristiana de Francia), fundada en 1948, cuyos primeros presidentes fueron Henri-Irénée Marrou y Jacques Madaule. En concreto, este «diálogo judeocristiano» nunca condujo a nada. El judaísmo ortodoxo, que tiene algunas razones históricas para desconfiar, nunca quiso participar.

En términos generales, la expresión «judeocristianismo» prácticamente nunca se utiliza en el pensamiento judío. Para muchos judíos, evoca no tanto el respeto por el judaísmo como un intento de borrado destinado a absorber el judaísmo en el cristianismo. Sobre todo porque la Iglesia católica no parece haberse desprendido del todo de la pretensión —insoportable para el judaísmo ortodoxo— de encarnar el verus Israel.

Para Juan Pablo II, por ejemplo, «la Iglesia, Pueblo de Dios fundado en la Nueva Alianza, es el nuevo Israel, y se presenta con un carácter de universalidad: todas las naciones tienen en ella un derecho igual de ciudadanía» (3). Rémi Brague, por su parte, precisa que para los cristianos, la alianza de Abraham «alcanzó su máxima expresión en la persona de Jesucristo». «La aparición del sujeto judeocristiano como sujeto colectivo hace desaparecer al judío», comenta Sophie Bessis.

Entre los pensadores judíos que muy pronto consideraron absurda la noción de «moralidad judeocristiana» se encuentra el filósofo israelí Yeshayahu Leibowitz, a quien le gustaba señalar, frente a un cristianismo que hoy se proclama heredero del judaísmo, que no se puede heredar de alguien que no ha muerto (4).

Roma, Jerusalén y Washington

En este breve resumen, no olvidamos, por supuesto, el retorno a la Biblia defendido por el mundo protestante, ni la contribución de tantos pensadores judíos eminentes al advenimiento de la modernidad, ni la fundación al otro lado del Atlántico de un Estado americano que siempre se ha concebido a sí mismo como una «nueva tierra prometida». Pero, una vez más, nada de esto permite convertir la civilización occidental en una «civilización judeocristiana».

Para concluir, digamos que tampoco se pueden considerar «judeocristianos» movimientos religiosos como el evangelismo sionista (o sionismo cristiano), que ha florecido en Estados Unidos durante más de un siglo a través de movimientos como Cristianos Unidos por Israel, Siempre Israel, Conexión Jerusalén, etc. (nada menos que once millones de miembros).

Indiferentes al destino de los cristianos árabes y palestinos (los «cristianos orientales»), que obviamente no se sienten particularmente judeocristianos, estos sionistas evangélicos de estilo barroco ofrecen al Estado judío un apoyo incondicional que resulta aún más ambiguo si se tiene en cuenta que, según la lectura literal y escatológica que hacen de la Biblia, el exterminio de todos los enemigos de Israel coincidirá con la Segunda Venida de Cristo y el fin de los tiempos, ¡cuando los judíos que no se hayan convertido al cristianismo serán destruidos!

Sophie Bessis, cuyo libro no merece solo elogios, no se equivoca al argumentar que este discurso, en el que ve una «farsa», tiene como consecuencia, si no como objetivo, el olvido del antagonismo milenario entre judíos y cristianos y la eliminación del judaísmo del estatus de alteridad que le fue propio durante más de quince siglos, para transformarlo en un tema de la historia exclusivamente europea y luego en un puesto avanzado de la civilización occidental, al tiempo que se conjura tanto la herencia grecolatina como la singularidad judía, de ahora en adelante «occidentalizadas». El debate sobre el «judeocristianismo» sigue abierto.

Publicado originalmente en Éléments, n.º 218, febrero-marzo de 2026.

Mas información sobre Alain de Benoist, la cuestión religiosa y la Nueva Derecha en European Apostasy: The Role of Religion in the European New Right (La apostasía europea: el papel de la religión en la Nueva Derecha europea) de Pawel Bielawski, publicado por Arktos.

«Pawel Bielawski es especialista en historia de la religión y una autoridad muy versada en la denominada “Nueva Derecha”. En su libro, aborda un tema poco conocido con método y precisión. Sin duda, su obra constituye una base excelente para un debate sustantivo sobre el tema».

— Alain de Benoist

Notas:

1. Sophie Bessis, La civilisation judéo-chrétienne. Anatomie d’une imposture, Les Liens qui libèrent, Paris 2025, p. 24.

2. «La religión universal no consiste en una conversión pura y simple de los gentiles al mosaísmo», escribe Elie Benamozegh en Israël et l’humanité (1914), «sino en el reconocimiento que la humanidad debe hacer de la verdad de la doctrina de Israel».

3. Juan Pablo II, Mémoire et identité (Memoria e identidad), Flammarion, Paris 2005.

4. “Sur le prétendu ‘héritage judéo-chrétien commun’” (Sobre la supuesta “herencia común judeocristiana”) [1968], en Cités, 2008, 2, pp. 16–25.

Fuente: https://www.arktosjournal.com/p/the-judeo-christian-myth

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Reflexiones sobre el Leviatán de la mano de Carl Schmitt


Por Juan Gabriel Caro Rivera

En una entrevista del 2007, sobre la controversia acerca de las relaciones de Estados Unidos con Israel, el experto en relaciones internacionales estadounidense, John Mearsheimer, defendió la tesis que la exclusividad que Estados Unidos desplegaba alrededor de las relaciones con Israel, desde un punto de vista realista, perjudicaban gravemente los intereses de Estados Unidos en el Medio Oriente: «Creo que cuando esa relación especial, tan crítica para nuestros intereses, se vuelve exclusiva, cuando esa relación especial se vuelve excluyente, entonces, creo, los intereses estadounidenses sufren» (1). Mearsheimer, después de ser atacado por el libro que escribió junto a Stephen Walt (The Israel Lobby) en 2007, volvió a reafirmar su postura en otra entrevista dirigida hacia él en el 2024, donde lo cuestionaban sobre la veracidad de sus tesis del poder de un lobby israelí que dominaba la política exterior de los Estados Unidos. Sin embargo, Mearsheimer respondío: «Creo que tenemos razón en nuestras ideas. El lobby es tan poderoso como siempre» (2). Incluso un gran experto como Mearsheimer encuentra difícil de explicar porque un país tan pequeño como Israel es capaz de controlar la política exterior de una gran potencia como los Estados Unidos, y aunque comprende que el elemento religioso juega un papel muy importante, especialmente en el hecho de que «algunos de los actores clave en el lobby no son judíos, y el ejemplo más destacado de esto es un grupo ampliamente conocido como el sionismo cristiano. Se trata de cristianos evangélicos duros que desempeñan un papel clave en la promoción de políticas proisraelíes» (3), pareciera que los análisis de Mearsheimer, a pesar de ser bastante lógicos y atentos, fueran incapaces de captar la realidad detrás de semejante influencia. Mearsheimer, al final, es un realista y un escéptico, sacando como conclusión de que los intereses de Estados Unidos estarían mejor protegidos si su política tomara en cuenta a otros actores del Medio Oriente, fuera de Israel. Para él, resulta incomprensible este poder que ejerce el lobby israelí sobre los Estados Unidos.

Resulta interesante constatar, que otro pensador de talla internacional, Carl Schmitt, se preguntó sobre este mismo problema hace más de ochenta años. Nicholas Sombart, el hijo del famoso economista alemán Werner Sombart, recuerda en sus memorias las muchas conversaciones que tenía con Carl Schmitt. Lo más interesante es que el hijo del frío y racional economista hablaba de que Schmitt practicaba una clase de conocimiento muy «diferente al que había recibido de mi padre, que me había transmitido un sólido esquema de hechos… Para mi padre la vía al conocimiento pasaba por un saber universal, siempre accesible a todos», en cambio, Schmitt «me ofrecía vertiginosas visiones topográficas de conjunto. No entrenaba mi memoria, sino mí fantasía. Era un “saber” de otro tipo… Es por naturaleza “secreto”. El conocimiento asociado a esta verdad no puede ser comunicado por vía directa», por lo tanto, «la verdad es el monopolio secreto, celosamente custodiado, de una restringida élite de “iniciados”, y el acceso a ella requiere de una “iniciación” que no está permitido a cualquiera… El medio para comunicarla (para transmitir lo inexpresable) es la imagen mítica» (4). Pero, ¿cuál es este conocimiento secreto tan celosamente custodiado del que parecía custodiar Carl Schmitt y del que nos habla Nicholas Sombart?

Carl Schmitt fue sin duda el jurista más importante del siglo XX y el peso de sus ideas se sigue sintiendo hoy en día. En general, en los medios de comunicación y en las discusiones filosóficas, tanto de los pensadores de izquierda como de derecha, se suele citar muchos de sus libros, como La teología política, El concepto de lo político o la Teoría del partisano. Conceptos como lo político, el estado de excepción y el Gran Espacio se han convertido hoy en día en un tema de reflexión ordinario sobre el cual diferentes expertos han escrito enormes tratados intentando explicar las ideas de este famoso profesor de Plettenberg. No obstante, resulta interesante constatar que otros de sus conceptos, aquellos que hacían referencia explicita hacia un saber arcano y poco conocido, es pocas veces abordado por los diferentes autores que lo citan o han construido su pensamiento alrededor de sus ideas. Uno de estos conceptos arcanos de Carl Schmitt sin duda se encuentra en uno de sus libros de juventud, siendo quizás este, junto con Tierra y Mar, el libro más esotérico que este pensador alemán alguna vez haya escrito. El libro en cuestión se titula El Leviathan en la teoría del Estado de Tomás Hobbes y está lleno de ideas interesantes que, para bien o para mal, han caído en el olvido en la actualidad.

El libro de Carl Schmitt sobre la teoría del Leviatán en Tomás Hobbes parte de la siguiente premisa: el objetivo de Hobbes, como el “profeta del Leviatán”, es restablecer la unidad entre la religión y la política destruida por el cristianismo: «Hobbes combate la escisión típicamente judeocristiana de la unidad política originaria. La distinción de los dos poderes, temporal y espiritual, era ajena a los paganos, según Hobbes, porque la religión era a sus ojos parte integrante de la política; los judíos construyen la unidad partiendo de lo religioso. Sólo la Iglesia romana papal y las iglesias o sectas presbiterianas, afanosas de poder, viven de esa separación del poder espiritual y el temporal, capaz de aniquilar al Estado. La superstición y el abuso de extrañas creencias en los espíritus, nacidos del miedo y del ensueño, han destruido la unidad pagana originaria y natural de la política y la religión. La lucha contra el “reino de las tinieblas” a que la Iglesia romana aspira, el restablecimiento de la unidad originaria, he ahí, como dice Leo Strauss, el sentido genuino de la teoría política de Hobbes» (5). Esta unidad entre la política y la religión, estaba dada para Hobbes en el símbolo de la serpiente y el dragón, el cual fue removido por los cristianos de los estandartes de la Roma conquistadora por el converso de Constantino y posteriormente por el papado durante la Edad Media. Al igual que el emperador Juliano, Hobbes trató de restaurar un símbolo de la realeza: «Como el Leviatán es también una serpiente o un dragón, conviene recordar que ambos animales, en el mito y en la leyenda, aparecen, a veces, como hostiles y malos en la mitología preasiática y judía, al paso que los pueblos no judíos ven en la serpiente o dragón el símbolo de divinidades protectoras y buenas. En este sentido, el dragón chino no es un caso único. Los celtas adoraban a las serpientes y dragones; los longobardos, vándalos y otras estirpes germánicas tenían el dragón o la serpiente como símbolo bélico. Entre los anglosajones figura el dragón desde muy antiguo como emblema en el campamento real» (6).

Según Schmitt, el objetivo de Thomas Hobbes al usar el símbolo del Leviatán con tal de restablecer el poder soberano y ponerle fin a las guerras de religión, era de una manera u otra parar el derramamiento de sangre que la escatología había alimentado durante este período. Schmitt afirma que el «Leviatán y Behemoth llegan a ser, en esta interpretación, mitos polémicos judíos del más elevado estilo. Son las imágenes vistas con ojos judíos de la energía vital y de la fecundidad de los pueblos paganos, del “gran Pan”, que el odio y el sentimiento de superioridad judíos han desfigurado en monstruos» (7). El libro de Schmitt debe considerarse como un balance que «debe establecerse de manera decisiva si el mito del Leviatán engendrado por Hobbes resultó ser una verdadera restauración de la unidad vital originaria, si ha dado buenos resultados como imagen político-mitica que combatía la destrucción judeo-cristiana de la unidad natural o no, y si estuvo a la altura de la dureza y la aspereza de una lucha de este tipo» (8). Es precisamente este último punto, el que Schmitt cuestiona de forma decisiva. Para Carl Schmitt Thomas Hobbes, al elegir el símbolo del Leviatán como la fuente de poder del Estado, actuó como un aprendiz de brujo inmaduro que buscaba recuperar la autoridad del poder de la monarquía, pero en lugar de elegir un símbolo tradicional de la realeza como el dragón o el león eligió al Leviatán.

El Leviatán en la Cábala judía es una bestia impía asesinada por Yahvé o el arcángel Gabriel y del cual luego los judíos se alimentaban de su carne y luego construyen con sus restos casas y refugios (9). Schmitt consideraba que el hecho de que Hobbes hubiera elegido este símbolo para representar el poder del Estado moderno fue un error que condenaba al Estado a ser destruido por aquellos iniciados en la cabalística judía y que sabían cómo eliminar o penetrar su autoridad. A estos iniciados en los secretos de la Cábala Schmitt les dio el nombre de poderes indirectos. Estos poderes indirectos, que operaban a espaldas y de forma libre dentro de la autoridad del Leviatán, bajo el principio de libertad de consciencia que protegía el Estado moderno (la teología política de Spinoza), terminaron aliándose para destruir a su enemigo jurado: «Todos los poderes indirectos, de otra manera enemistados los unos con los otros, estuvieron de pronto de acuerdo y se aliaron para “la captura de la gran ballena”. Ellos la mataron y la destriparon» (10). Este ritual de sacrificio sangriento, explica Schmitt, tenía orígenes bíblicos y cristianos que terminó alimentando toda clase de movimientos subversivos que buscaban destruir la soberanía del poder estatal y su autoridad: «Para el pio lector de la Biblia, el Leviatán continúa siendo algo espantoso; para el puritano, un signo de la más descarada idolatría de una criatura. Para todo buen cristiano tenía que ser una idea horrorizante ver al gran animal contrapuesto al corpus mysticum del Dios hecho Hombre, al gran Cristo. Con respecto a los judíos, la imagen del Leviatán, interpretada desde siglos por rabinos y cabalistas, reforzó su sentimiento de superioridad ante los pueblos paganos y el ídolo bestial de su voluntad de poder. El ilustrado humanista, por su parte, podía concebir perfectamente el Estado como obra de arte y maravillarse, pero para su gusto clasicista y su sensibilidad sentimental, el Leviatán, elevado a símbolo del Estado, aparecía o como una bestialidad o como una máquina transformada en Moloch que había perdido todas las fuerzas de un mito de la razón y que sólo quedaba como representación de un “mecanismo”, muerto y movido desde el exterior, a quien ahora se colocaba en oposición polémica contra el “organismo” animado y movido desde el interior» (11). Fue así como al final grupos de revolucionarios de judíos secularizados, sectas cristianas, logias masónicas, guerrillas espirituales y sociedades secretas terminaron convirtiéndose en organizaciones subversivas que acabaron por condenar a la soberanía estatal. Los intentos de Hobbes de crear un nuevo mito político para asegurar la autoridad del Estado fracasaron con la creación de poderes indirectos que socavaron el absolutismo por medio de la defensa del igualitarismo y la democracia. El hundimiento del Antiguo Régimen coincide, por cierto, con la interpretación de un sangriento ritual de nacimiento que da origen al mundo moderno por medio de un ritual de sangre: el Terror y el asesinato de los reyes.

Ahora bien, existe en todo esto un punto incluso más importante. Uno de estos poderes indirectos, nacidos del descuartizamiento ritual del Leviatán a finales del siglo XIX fue el sionismo. Si seguimos las ideas de Gershom Scholem, el mayor experto en la Cábala del siglo XX, entonces podemos decir que el sionismo es en realidad una secularización de la mística judía. Scholem defendía este punto citando el ejemplo de Sabattai Zevi: el “pecador santo” que a través de su transgresión daba nacimiento a un nuevo mundo y derogaba la antigua ley (12). El sionismo era, para Scholem, la continuación de la mística judía en un mundo donde la religión se había desvanecido y no es gratuito que en el año de 1923 «Gerhard Scholem permaneció en Alemania sólo hasta Yom Kipur, después de lo cual inmediatamente hizo aliyah y cambió su nombre por el de Gershom» (13). Si la tesis del sionista Scholem es correcta y el sionismo se convirtió en el Mesías colectivo que trae consigo el triunfo de la escatología judía sobre la forma romana (el katechon), entonces los actuales acontecimientos que están ocurriendo a nivel mundial no son más que la continuación de un sacrificio ritual que hoy en día los sionistas interpretan a nivel mundial.

En sus conversaciones con Nicholas Sombart, Schmitt sostiene que los «acontecimientos actuales le estaban dando la razón al judaísmo. La interpretación cristiana de la historia, basada sobre el pecado original y sobre la redención del hombre en el más allá, le parecía perdedora. La victoriosa era la hebraica: la humanidad está en progreso hacia un futuro “reino de paz”, hacia la “Nueva Jerusalén”, lejana en el tiempo pero situada en el más acá. La escatología estaba a punto de imponerse sobre el mesianismo. Con la secularización moderna, especialmente a partir de la Revolución francesa, los pueblos europeos habían acelerado el curso de la historia en el sentido marcado por el judaísmo» (14). Esto implicaba, según Schmitt la disolución del katechon, que para él coincidía con el catolicismo y el cristianismo en general. El hecho de que hoy predomine el cristianismo sionista entre los cristianos conservadores no hace sino confirmar las tesis de Schmitt de la disolución del mismo cristianismo por medio de la escatología judía. Ahora bien, Schmitt también llega a la conclusión de que «todo esto no habría sucedido tan rápido si no hubiera sido por una cosa: la combinación del universalismo judío con el dominio inglés de los mares. ¡Ésta es la simbiosis ideal conforme al espíritu del mundo! La visión judía de un imperio universal y la potencia marítima inglesa se fundieron en un inmenso proyecto para la humanidad, al que nadie puede sustraerse. Y ello porque los judíos dominan el arte secreto de tratar al Leviatán. Saben domesticarlo y en el momento oportuno descuartizarlo. Sin violencia. ¿Por arte de magia? ¿Por ensalmo? ¡No, con el poder de la mente!» (15). Cuando Carl Schmitt tenía estás conversaciones con Nicholas Sombart, el Leviatán hegemónico del mundo era el Imperio Británico que comenzó a desmoronarse después de la Segunda Guerra Mundial, en 1948, año de fundación del Estado de Israel. Hoy el Leviatán moderno es Estados Unidos. Si la Primera y la Segunda Guerra Mundial dieron nacimiento al Estado de Israel, hoy los sionistas consideran que una Tercera Guerra Mundial hará que su poder sobre el mundo sea incuestionable. Para el sionismo ha llegado el momento de descuartizar al Leviatán (Estados Unidos) y construir con sus restos el Tercer Templo y alimentar con su carne a su pueblo. Las guerras en Libia, Siria, Sudán, Gaza e Irán no son más que rituales de sacrificio liderados por el sionismo para construir el Eretz Israel de mar a mar. Y ahora, los poderes indirectos (la isla de Epstein) han desatado una guerra sobre la isla mundial en contra de las naciones gentiles para preparar el restablecimiento del poder que Israel tenía en la época de David y Salomón.

Hoy en día, como explica el filósofo ruso Alexander Dugin, el aceleracionismo se ha convertido en la ideología real de la élite globalista, sin importar que este aceleracionismo sea de izquierda (progresista, woke, etc.) o de derecha (sionista, neoconservador, etc.) (16). El aceleracionismo no es más que un nombre modernizado para lo que no es otra cosa que la escatología judía la cual ha engullido por completo el tiempo y el ritmo de los otros pueblos. Frente al actual estado de cosas, sería bueno recordar las palabras de Joseph de Maistre, en uno de los capítulos más enigmáticos de sus Consideraciones sobre la revolución francesa, que lleva por título “La destrucción violenta de la humanidad”: Hay, además, motivos para creer que esta destrucción violenta no es un mal tan grande como se cree: al menos, es uno de esos males que entran en un orden de cosas en que todo es violento y contra naturaleza, y que producen compensaciones. En primer lugar, cuando el alma humana ha perdido su temple por la molicie, la incredulidad, y los vicios gangrenosos que acompañan al exceso de civilización, no puede volver a templarse más que en la sangre. No es fácil, ni mucho menos, explicar porqué la guerra produce efectos tan diferentes según las diversas circunstancias” (17).

Notas:

1. Debate over Controversial ‘Israel Lobby’ Continues, https://www.npr.org/transcripts/14566795

2. https://www.wrmea.org/congress-u.s.-aid-to-israel/john-mearsheimer-israel-lobby-now-plays-smash-mouth-politics.html

3. https://www.npr.org/transcripts/14566795

4. Carl Schmitt, Tierra y Mar, Editorial Trota, págs. 98-99.

5. Carl Schmitt, El Leviathan en la teoría del Estado de Tomás Hobbes, Editorial Struhart & Cía, 2002, pág. 65.

6. Ibíd., págs. 64-65.

7. Ibíd., págs. 64.

8. Ibíd., págs. 68.

9. https://www.jewishencyclopedia.com/articles/9841-Leviatán-and-behemoth

10. Carl Schmitt, El Leviathan en la teoría del Estado de Tomás Hobbes, Editorial Struhart & Cía, 2002, pág. 166.

11. Ibíd., págs. 136.

12. Steven M. Wasserstrom, Religion after religion. Gershom Scholem, Mircea Eliade, and Henry Corbin at Eranos, págs. 63-64.

13. Ibíd., págs. 115.

14. Carl Schmitt, Tierra y Mar, Editorial Trota, págs. 100-101.

15. Ibíd., pág. 101.

16. https://substack.com/inbox/post/189875930

17. Joseph de Maistre, Consideraciones sobre Francia, ediciones Rialp, pág. 100.

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La escatología de la aceleración: Baal, el Katechon y la guerra por el tiempo

Por Alexander Dugin

Traducción de Juan Gabriel Caro Rivera

La filosofía del aceleracionismo (al igual que la «dromocracia» de Paul Virilio) tiene dos versiones:

  • la secular (el fin de la historia, el liberalismo, el progreso, la ecología, lo woke, los transgéneros (prohibidos en la Federación Rusa), las personas trans, la Singularidad, la AGI, la IA fuerte, Marte y Musk) y
  • la teológica (el mesianismo sionista de Netanyahu, el sionismo cristiano de Trump/Hegset/Lindsay Graham, Haygi).

Nick Land las denomina aceleracionismo de izquierda y aceleracionismo de derecha. Los primeros quieren acelerar el fin de la humanidad porque así lo exigen las «leyes del desarrollo», los segundos quieren acercar la «llegada del Mesías», al que entienden de una manera tan retorcida que es simplemente indistinguible del Anticristo.

Tanto unos como otros tienen el mismo lugar de encuentro: la isla de Epstein. Este lugar es el aceleracionismo integral, que se encuentra más allá de la división entre la izquierda (left acc) y la derecha (right acc).

Epstein es el proyecto de la aceleración del tiempo en todas sus interpretaciones. Y, por supuesto, la «teología» de Hageset, que hoy exhorta a los militares estadounidenses a morir por Israel para acelerar la «Segunda Venida», no tiene nada que ver con el cristianismo: es el culto a Baal. Pero la versión liberal-globalista (Soros, la UE, los demócratas) es también un culto a Baal que normaliza las perversiones, el vicio y la superación del ser humano. Esto es precisamente lo que Nick Land captó intuitivamente con su concepto de «Ilustración Oscura».  La unión de las escatologías perversas —francamente satánicas— y los magnates tecnológicos de Silicon Valley, junto con los progresistas y los defensores de los «valores liberales».

Nos enfrentamos a un fenómeno especial, la «escatología de Baal», en la que se entrelazan de forma inseparable el ateísmo europeo, el materialismo, el cientificismo de la modernidad liberal, el mesianismo puritano radical (dispensacionalismo, hermanos de Plymouth) y el proyecto sionista del Gran Israel (incluido el Tercer Templo y la vaca roja). Y todos estos hilos conducen a Epstein. Una auténtica conspiración para acelerar el tiempo y destruir a la humanidad. Ahora ya no se trata de una conspiración, sino de un programa político, una institución, una teoría y una práctica evidentes para todos.

Y aquí cobra especial importancia el término «Retenedor» (Katechon). Ellos aceleran el tiempo, el Retenedor lo ralentiza. Ellos quieren que sea más rápido (para ello, Netanyahu, considerado «el último primer ministro de Israel antes de la llegada del Mesías», ha iniciado una guerra con Irán). El Retenedor lo impide. Nosotros somos sin duda el Retenedor. De ahí la sensación de que siempre estamos retrasados, rezagados, solo reaccionamos, nos resistimos, actuamos no de forma activa, sino reactiva. Este es el retrato metafísico de Putin. El Retenedor. Rusia frena el tiempo. Somos el Escudo de Katechon.

Irán también intentó frenar el aceleracionismo: los velos que llevan las mujeres iraníes son un obstáculo para que se pongan el uniforme de Astarté y se conviertan en bailarinas, acompañantes y sacerdotisas de la Ramera de Babilonia. Pero las fuerzas de Epstein rompieron la defensa y destruyeron todo el liderazgo religioso, político y militar de Irán. Y ahora Irán contraataca.

Así surge otro aceleracionismo: el aceleracionismo del Mahdi. Nuestros enemigos se apresuran por acelerar la llegada de Baal (Dajjal), pero entonces también vendrá el Mahdi. Y los iraníes dan un paso audaz: «El fin del diluvio», el rumbo hacia la renovación universal del mundo. Esta es la última era mundial de la ciclicidad zoroástrica: Vizariishn, Frashokart, la Gran Restauración, la victoria de Ormuzd sobre Ahriman.

Esto nos afecta directamente. Como Escudo del Katechon, cumplimos nuestra misión. Sobre todo en Ucrania. Pero llega el momento de asestar un golpe poderoso. Se trata del proyecto de la Espada del Katechon. No solo contener y frenar el tiempo, sino contraatacar con todos los medios, ahora ya nada importa. A partir de cierto momento, el tiempo se desvía de su eje: Trump y Netanyahu encarnan precisamente esto, el avance de la Ilustración Oscura. Y ya no es posible contenerlo. Es el Diluvio. No es posible ponerle fin construyendo diques. Por lo tanto, hay que aceptar las nuevas reglas del juego escatológico.

Necesitamos un aceleracionismo ruso.

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El paganismo y las raíces europeas. Entrevista con Alain de Benoist

Por Alexander Markovics

Traducción de Juan Gabriel Caro Rivera

Alain de Benoist entrevistado por Alexander Markovics sobre el paganismo como horizonte espiritual primordial de Europa, la crítica al universalismo monoteísta y el camino filosófico hacia un nuevo comienzo.

La entrevista se realizó originalmente en alemán en el último número de la revista metapolítica Agora Europa.

Alexander Markovics: Según su entender, el paganismo sitúa al ser humano en el centro; no se fija en la trascendencia como en el monoteísmo, ni en la naturaleza en sí misma como en la ecología moderna. Desde un punto de vista pagano, ¿qué cree que debería criticarse del pensamiento teocéntrico del monoteísmo y del pensamiento centrado en la naturaleza de la ecología moderna?

Alain de Benoist: Existe una trascendencia inmanente que nos permite ir más allá de una simple oposición entre antropocentrismo y teocentrismo. Comparto la crítica que hacen los ecologistas al antropocentrismo, en la medida en que creo que el hombre no puede ser aprehendido fuera del todo viviente, ni fuera de una perspectiva cósmica.

A lo que me opongo es a la idea fundacional del monoteísmo: la distinción teológica entre el ser creado (el mundo) y el ser increado (Dios). Esta distinción, que duplica el mundo real con un «mundo trasero», lo convierte en un mero objeto cuyo sujeto es Dios, identificado con la causa final de todo lo que existe. En esta perspectiva, el mundo se vacía necesariamente de toda sacralidad intrínseca. Ya no hay lugares sagrados, ríos sagrados, manantiales sagrados, tiempos sagrados, ni geografías sagradas, etc. El cristianismo sustituyó lo sagrado por lo santo, dos nociones que tienen muy poco en común (la santidad es una cualidad moral, mientras que lo sagrado no lo es). Así se reunieron las condiciones para un progresivo desencanto (Entzauberung) del mundo, que culmina hoy en día con la modernidad tecnológica y comercial. Esto es lo que Heidegger llama el enmarcado (Ge-stell) o la maquinaria (Machenschaft).

La distinción entre ser creado y ser increado también está en el origen de todas las demás dualidades que paralizaron el pensamiento durante siglos: alma y cuerpo, cuerpo y espíritu, ser y deber ser, naturaleza y cultura, materialismo y espiritualismo, trascendente e inmanente, innato y adquirido, etc. Al radicalizar todas estas oposiciones relativas, hemos olvidado cómo comprender la complementariedad de los opuestos.

Alexander Markovics: En su conversación con Charles Champetier, usted habla de la oposición entre la tradición monoteísta como tradición de heteronomía y la tradición griega o propiamente democrática como tradición de autonomía. ¿Podría explicar qué significa esto para la diferencia entre monoteísmo y paganismo? ¿Considera aquí el judaísmo y el cristianismo como una unidad judeocristiana o ve diferencias significativas entre estas dos religiones monoteístas? ¿Ocupa el islam, que a veces se considera en los estudios comparativos de religiones como la forma más radical de monoteísmo, un lugar particular a este respecto?

Alain de Benoist: El Dios de los monoteísmos goza de un poder absoluto que proviene de su naturaleza. El modelo de autoridad que tiende a proponer es el de un poder que nada puede limitar. Este modelo «absolutista» fue promovido durante mucho tiempo por el papado en su lucha con el emperador, especialmente durante la controversia de las investiduras, y más tarde sirvió de base teológica para el absolutismo de los príncipes y los monarcas de «derecho divino». Todo ello implica una heteronomía radical.

El nacimiento de la democracia en Grecia, por el contrario, supuso el primer intento de establecer un régimen en el que la soberanía pertenecía al pueblo (o al menos a los hombres libres). El ejercicio de esta soberanía es inseparable de lo que Benjamin Constant denominó la «libertad de los antiguos»: uno es libre no cuando se retira a la esfera privada, sino, por el contrario, cuando participa en la vida pública.

En mi libro ¿Cómo ser pagano?, publicado hace más de cuarenta años, sin duda hice un uso demasiado intensivo del término «judeocristiano». En sentido estricto, el uso de este término solo se justifica en dos casos muy precisos. En primer lugar, para designar a los primeros judíos que reconocieron a Jesús como el Mesías (pero no necesariamente su divinidad), en particular la primera comunidad de Jerusalén dirigida por Santiago, hermano de Jesús, así como las corrientes que heredaron de ella, como los ebionitas o los elcesaitas, que, en contraste con la corriente paulina, continuaron durante varios siglos reivindicando a Jesús al tiempo que afirmaban que seguían considerándose dentro del judaísmo (lo que les valió una doble condena, por un lado por parte de la Iglesia de Roma y, por otro, por parte del judaísmo rabínico y sinagogal). También se puede hablar, con cautela, de «judeocristianismo» para designar elementos de teología comunes al cristianismo y al judaísmo, por ejemplo, la adhesión a una concepción monolíneal de la historia, en oposición a la concepción cíclica de los antiguos.

Sin embargo, más allá de estas comparaciones, las diferencias superan a las similitudes. Las diferencias entre el judaísmo y el cristianismo son considerables y no deben subestimarse. El cristianismo, por ejemplo, que es una religión de salvación muy individualista (la salvación se alcanza solo), no se basa en la noción de elección. El judaísmo, cuya historia está marcada por una tensión dialéctica entre un polo particularista y otro universalista, sostiene que el judaísmo y la pertenencia al pueblo judío van necesariamente de la mano.

No sé si se puede decir que el islam constituye «la forma más radical» de monoteísmo. Sin duda, heredó elementos de sectas judías como los ebionitas, que muy probablemente contribuyeron a su nacimiento. Lo que es seguro es que, aunque presenta a Jesús (Isa ibn Maryam) como profeta y rinde un largo homenaje a su madre (a quien se cita en el Corán con más frecuencia que en los Evangelios canónicos), la idea de que Dios pueda tener un Hijo le es tan ajena como al judaísmo. Por eso los musulmanes acusan a los cristianos de «asociar compañeros a Dios», es decir, de promover una forma encubierta de politeísmo. El dogma de la Santísima Trinidad, cuya formación bajo diversas influencias aún no se ha aclarado, es sin duda una de las cosas más inaceptables desde un punto de vista estrictamente monoteísta. Dentro de la Iglesia, no se formuló antes del siglo IV (se proclamó en 381 en el Concilio de Constantinopla).

Alexander Markovics: En su concepción del paganismo, usted habla del monoteísmo como la raíz de la intolerancia y el totalitarismo moderno. ¿En qué medida están relacionados el universalismo bíblico y el universalismo de las ideologías modernas? En su opinión, ¿el pensamiento totalitario del liberalismo y la globalización se desarrolló necesariamente a partir del monoteísmo? ¿Ve también una relación entre el totalitarismo moderno y la antigua escuela de los atomistas, con representantes como Demócrito, Epicuro y Lucrecio, que defendían los primeros enfoques de un pensamiento materialista y centrado en el individuo desde un punto de vista pagano?

Alain de Benoist: Obviamente, no se trata de remontarse al monoteísmo para explicar todas las formas de intolerancia y violencia, ya que estas simplemente forman parte de la naturaleza humana. Sin embargo, lo que sí se puede decir es que el universalismo —constantemente asociado en la historia de las ideas con el individualismo (la humanidad se define como la suma total de individuos)— fomenta la violencia y, a menudo, la justifica, cuando se sustenta en una ideología y una creencia que se presenta como portadora de una verdad absoluta.

Desde esta perspectiva, el enemigo ya no es un adversario, sino un criminal o un culpable, una figura del Mal que debe ser erradicada. Las «guerras justas» que presenciamos hoy en día no son más que la continuación de las antiguas guerras de religión. Por supuesto, este universalismo no es en realidad más que un etnocentrismo enmascarado. Ya sea propagado por misioneros, soldados o comerciantes, Occidente siempre ha tratado de imponer al mundo entero sus propios valores —los «derechos humanos», por ejemplo— presentándolos como «valores universales». Desde este punto de vista, el universalismo moderno no es, en realidad, fundamentalmente distinto del universalismo monoteísta, del que solo representa una forma secularizada (al igual que la ideología del progreso seculariza la antigua concepción bíblica de una lenta progresión hacia la Ciudad de Dios).

La idea misma de un Dios único lleva a pensar que, a los ojos del Creador, todas las diferencias que distinguen a los pueblos y las culturas solo tienen una importancia o un significado secundarios. En la teología cristiana general, el pueblo de Dios no tiene fronteras. El universalismo moderno retoma la misma idea al afirmar que la humanidad tiene un valor político y moral y que pertenecemos a ella de manera inmediata, independientemente de nuestras afiliaciones particulares, mientras que en realidad solo pertenecemos a ella de manera indirecta, a través de una cultura singular. El sistema capitalista, que es ante todo un sistema sin límites, ve igualmente en las fronteras y las restricciones solo obstáculos que hay que eliminar para establecer un mercado planetario.

Una de las grandes diferencias entre el politeísmo y el monoteísmo es que, para este último, los otros dioses no son los dioses de otros pueblos, sino figuras del Mal. Los antiguos consideraban totalmente natural que los griegos adoraran a los dioses griegos, los romanos a los dioses romanos y los germanos a los dioses germánicos. En el paganismo no hay dogmas, ni herejías, ni cruzadas. El Dios monoteísta, que afirma estar en todas partes y en ninguna, es «celoso» de los otros dioses y busca por todos los medios eliminarlos. Esto abre la puerta a la intolerancia sagrada. En Alemania, este fenómeno ha sido muy bien descrito por Jan Assmann.

En cuanto a Demócrito, Epicuro y Lucrecio, los dejo de lado, porque sus filosofías no pueden, en mi opinión, reducirse a un «enfoque materialista centrado en el individuo». El atomismo de Demócrito no tiene nada que ver con el individualismo, sino que va más bien de la mano del escepticismo. Epicuro y Lucrecio se preocupan sobre todo por la felicidad.

Alexander Markovics: La larga historia del paganismo ha producido numerosos arquetipos que aún hoy siguen configurando el pensamiento europeo. Uno de ellos es Dioniso, el dios del vino y la locura, el dos veces nacido, a quien los estudiosos de la religión comparada interpretan como una prefiguración de Jesús. Otro es Cibeles, la Gran Madre, a quien investigadores como Bachofen interpretan como prueba del pensamiento matriarcal entre las poblaciones preindoeuropeas de Europa. ¿Qué opina de estas dos divinidades y de los arquetipos que encarnan?

Alain de Benoist: Obviamente, se podrían citar otros mil ejemplos: Marte, Hércules, Venus, Minerva, Odín-Wotan, Thor, Freyja, Lug, Teutates, Indra, Agni, etc. A lo largo de los siglos, los nombres de los antiguos dioses y héroes han dado lugar continuamente a narraciones populares, cuentos maravillosos, arquetipos que alimentan la imaginación cultural e interpretaciones siempre renovadas. Esta es una de las pruebas de que el paganismo nunca ha desaparecido por completo.

Dioniso, que desempeña un papel importante en la filosofía de Nietzsche, forma con Apolo una pareja muy significativa. Pero se necesita mucha imaginación para ver en él una «prefiguración de Jesús». Su epifanía se celebraba durante la noche del 5 al 6 de enero, por lo que los cristianos, incapaces de erradicar su popularidad, fijaron la fiesta de la Epifanía en la misma fecha en el siglo III. La Natividad de Cristo, fijada muy tarde, el 25 de diciembre, sustituyó de manera similar a las celebraciones inmemoriales del solsticio de invierno. Al igual que Isis o Astarté, la diosa frigia Cibeles se asimilaba a menudo a María, la madre de Jesús (cuyo culto permitía compensar la cruel ausencia de una diosa en las religiones monoteístas). Por esta razón, los cristianos imaginaron que María había muerto en Éfeso, que en la Antigüedad albergaba el principal santuario de Cibeles.

Las tesis de Bachofen gozaron de una inmensa popularidad en su época, especialmente entre Engels. Algunas neofeministas siguen reivindicándolo como referencia, pero en mi opinión se equivocan. La idea de que la cultura indoeuropea más antigua era una cultura matriarcal ha sido refutada tantas veces que es mejor no tenerla en cuenta (aunque la gran obra de Bachofen, El derecho materno [Das Mutterrecht], también tiene sus cualidades).

Alexander Markovics: El paganismo aparece a menudo en la Europa contemporánea en forma de «segunda religiosidad»: muchos europeos descubren el politeísmo en forma de «religión New Age» o de «tradición antigua» reinventada en los siglos XVIII y XIX. ¿Por qué cree que esta forma de religiosidad está ganando terreno en Occidente y en qué se diferencia del paganismo auténtico del siglo XXI?

Alain de Benoist: Estoy a favor de recurrir al paganismo, pero no creo en su retorno como creencia acompañada de una ortopraxis colectiva. Hoy en día existen numerosos grupos «neopaganos», pero siempre me he preguntado si realmente creen en los dioses que profesan. Algunos son comprensivos y bastante serios, pero la gran mayoría tiene las características que mencionas: o bien son incapaces de reivindicar una tradición auténtica, o bien caen en la confusión de la Nueva Era. Por eso Spengler habló de la «segunda religiosidad», una expresión que les es totalmente aplicable.

Para mí, ser pagano no es disfrazarse de druida o invocar a Wotan. Es, más simplemente, familiarizarse con el universo espiritual de las grandes religiones europeas, sentirse más a gusto leyendo a Homero o Marco Aurelio que a San Pablo o San Agustín, meditar sobre el simbolismo de los dioses antiguos, admirar la ética del honor de los grandes héroes… En resumen, restaurar intelectual y espiritualmente una continuidad. Por otra parte, no creo mucho en un «paganismo de las catacumbas». El paganismo es una religión colectiva, no una creencia individual. Al sacrificar a los dioses, se rendía homenaje a la ciudad; se reafirmaba la fidelidad al pueblo al que se pertenecía. No se esperaba la salvación; se creía en la voluntad y en el destino.

Alexander Markovics: Desde la difusión del cristianismo, se han realizado varios intentos de restablecer el paganismo en Europa. Uno de ellos fue el reinado del emperador Juliano II —Juliano el Apóstata—, que trató de imponer en el Imperio Romano una forma de paganismo helenístico fuertemente influenciada por la filosofía neoplatónica. ¿Qué opina del intento del emperador Juliano?

Alain de Benoist: Fracasó y no podía ser de otra manera. Juliano accedió al poder en el año 360 y murió en combate ya en el 363 (quizás asesinado por un soldado cristiano), en la batalla de Samarra, cerca de Bagdad. Su reinado duró, por lo tanto, solo tres años, lo que fue demasiado breve para modificar el curso de los acontecimientos.

Su libro Contra los galileos, del que solo conocemos fragmentos, sigue siendo, junto con el Discurso verdadero de Celso y Contra los cristianos de Porfirio de Tiro, uno de los testimonios más valiosos de que disponemos para comprender cómo discutían los grandes intelectuales paganos de su época con los cristianos.

Sin embargo, a pesar de la magnitud de su derrota y la brevedad de su reinado, Juliano —erróneamente llamado «el Apóstata»— sigue siendo, junto con Federico de Hohenstaufen, una de las figuras que más ha fascinado a escritores y poetas, desde Montaigne y La Boétie hasta Ibsen y Alfred de Vigny, y más tarde Jacques Benoist-Méchin y Gore Vidal. Se le han dedicado innumerables libros, que casi invariablemente revelan una admiración silenciosa y una nostalgia inconfundible.

Fuente: https://www.multipolarpress.com/p/paganism-and-european-roots

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«La obra de Marx es una obra en constante construcción»

Por Alain de Benoist

Traducción de Juan Gabriel Caro Rivera

En las columnas del último número de la revista «Rébellion», Alain de Benoist vuelve sobre su lectura de Marx y la pertinencia de su crítica al capitalismo, que, a pesar de la «necesidad de hacer balance», sigue siendo fundamental para comprender el mundo contemporáneo, ya que la historia ha confirmado muchas de sus intuiciones.

RÉBELLION: ¿En qué sentido Karl Marx es para usted un pensador actual?

ALAIN DE BENOIST: ¿Es actual el capitalismo? La pregunta parece extravagante, ya que la respuesta es obvia. Ahora bien, la esencia de la obra de Marx es una crítica mordaz del capitalismo y resulta que esa crítica me parece, en lo esencial, fundamentada. En estas condiciones, no cabe duda de la «actualidad» de Karl Marx. Dicho esto, la palabra me parece un poco convencional. Lo que da valor a una obra teórica no es su «actualidad», sino su pertinencia. Cuando Nietzsche publicó, a partir de 1873, sus Consideraciones intempestivas (Unzeitgemäße Betrachtungen), seguramente no quería decir que sus palabras carecieran de pertinencia, sino que, por el contrario, la tenían tanto más cuanto que se proponía ser decididamente «intempestivo». A lo sumo, se podría decir que el pensamiento de Marx sigue siendo tan pertinente en nuestra época como lo fue en la suya. Algunos incluso piensan que esta pertinencia es aún más evidente hoy en día, ya que solo ahora se pueden verificar algunas de sus intuiciones. Pienso, por ejemplo, en lo que Marx denominó, en el libro III de El capital, la tendencia a la caída de la tasa de ganancia.

RÉBELLION: En la lucha actual de los «patriotas socialistas revolucionarios» contra la Forma-Capital, ¿cuáles son las aportaciones de Marx?

ALAIN DE BENOIST: Lo que, en mi opinión, hace que Marx sea imprescindible es que él, mejor que nadie, ha puesto de manifiesto la esencia misma de un sistema capitalista caracterizado por la ilimitación del «siempre más». «La tendencia a crear el mercado mundial está inmediatamente dada en el concepto de capital», escribió en 1857. Al igual que el Gestell heideggeriano, la expansión planetaria de la Maquinaria del Capital corresponde a la realización de la metafísica en la configuración histórica del nihilismo.

Para explorar la dinámica interna del modo de producción capitalista, Marx se centra en dos hilos conductores: un concepto histórico, el modo de producción, y un concepto naturalista, la naturaleza humana. Su punto de partida es la mercancía, cuya dualidad fenomenológica se expresa en la diferencia entre el valor de uso (la forma natural) y el valor de cambio (la forma valor), siendo el primero cualitativo, concreto y particular, mientras que el segundo es cuantitativo, abstracto y universal. El valor de cambio, mediado por ese equivalente general que es el dinero, genera un plusvalor que permite al dinero alimentarse de sí mismo para autonomizarse, transformándose en capital de expansión infinita.

RÉBELLION: Por el contrario, ¿qué elementos le parecen ahora descartables en su pensamiento y en el de sus «discípulos»?

ALAIN DE BENOIST: En primer lugar, lo que se refiere a su descripción un tanto irénica de la futura «sociedad sin clases». No es leyendo a Marx como se puede tener una idea exacta de cómo sería una sociedad basada en las ideas que él defiende. Marx, en su deseo de derrocar la filosofía de Hegel para «ponerla de nuevo en pie», se dejó influir a menudo por las perspectivas historicistas de su época que, en última instancia, pertenecen a la ideología del progreso. La verdad es que no existe una fatalidad histórica global. Del mismo modo, en mi opinión, hay que rechazar la idea de que toda la historia se resume en una lucha eterna entre los dominados y los dominantes, al final de la cual los buenos vencerán, por supuesto, a los malos. Marx da a veces la impresión, con razón o sin ella, de que aspira a un estado de equilibrio ideal que equivaldría al fin de la historia, algo a lo que también aspiran algunos liberales (pensemos en Fukayama), pero por razones diferentes.

Se han reprochado muchas cosas a Marx. Algunas de estas críticas están justificadas, pero muchas otras no lo están, o solo lo están en parte. El determinismo, el economicismo, el tecnicismo, el progresismo historicista, la fe en el resultado inevitable de la lucha de clases —alimentando la idea errónea de que la desaparición de la clase explotadora bastará para eliminar la dominación del Capital— pertenecen menos a Marx que al «marxismo» de la Segunda Internacional, prefigurado por las interpretaciones sesgadas de Engels y luego de Kautsky. El «marxismo-leninismo» será el producto de estas falsificaciones, por no hablar del «materialismo dialéctico», pura invención de Lenin en 1908.

A menudo se ha presentado a Marx como un progresista, cuando en El capital afirma que «todo progreso económico es al mismo tiempo una calamidad social». Tampoco es un materialista en el sentido habitual del término, sino más bien un «idealista de la emancipación»: Marx se interesa principalmente por la libertad, no por la igualdad, y al mismo tiempo defiende un monismo ontológico. De hecho, una de las cosas que más reprocha al capitalismo es que mercantiliza todos los ámbitos de la vida, lo que conduce al materialismo.

RÉBELLION: El autor de «El capital» fue el primero en mostrar la importancia de la ideología en la dominación en la época moderna. ¿Ve usted alguna actualidad en este concepto? ¿Qué proponía Marx para salir de esta relación de sumisión fundacional?

ALAIN DE BENOIST: Ideología es una palabra trampa. En su origen, este término, acuñado por el politólogo Antoine Destutt de Tracy (fallecido en 1836), designaba simplemente una disciplina dedicada al estudio de las ideas por sí mismas: la ideología es el discurso sobre las ideas. A partir de ahí, la polisemia del término se amplió y se empezaron a dar definiciones contradictorias, unas con connotación positiva y otras (la mayoría) con connotación negativa. Los liberales tienden a considerar la ideología como lo contrario de la ciencia. La derecha suele caracterizar a los «ideólogos» (a quienes identifica con los intelectuales) como personas que elaboran construcciones abstractas ajenas a la realidad, sin preocuparse en absoluto por los hechos. Maurras los acusaba de transmitir «nubes». Para Marx, la ideología no está muy lejos de la falsa conciencia (aunque no es sinónimo de ella). Se refiere al conjunto de ideas, doctrinas y creencias propias de una época, una sociedad o una clase. Es un poco el espíritu de la época, el Zeitgeist. Pero la definición que da Marx es claramente negativa: es una ilusión que moldea las mentes sin que la gente se dé cuenta y esta ilusión solo puede ser alimentada por aquellos que se benefician de ella. Marx añade que la ideología dominante es siempre la de la clase dominante. Hay algo de cierto en todo esto, pero creo que la ideología, que no sitúo necesariamente en una perspectiva negativa, también puede entenderse de otra manera. Por lo tanto, es mejor evitarla.

REBELIÓN: Para Marx, la alienación es el núcleo de la explotación capitalista. ¿Cree usted que su concepción de este fenómeno sigue siendo válida?

ALAIN DE BENOIST: Marx constata —y este es también uno de sus grandes méritos— que el modo de producción capitalista transforma no solo las relaciones sociales, sino la propia naturaleza del ser humano, alejándolo progresivamente de sí mismo. Así se comprende que el capitalismo, lejos de ser un simple sistema económico, es un fenómeno mucho más global, que implica toda una antropología, incluso toda una concepción del mundo. Esta constatación es la base de las ideas de Marx sobre el concepto clave de alienación (Entfremdung). Lo que se aliena es el ser natural genérico del hombre (que no debe interpretarse como una abstracción universalizante). El hombre se vuelve ajeno a sí mismo cuando se sumerge en una relación social en la que se desnaturalizan tanto el trabajo que realiza como el lenguaje que utiliza y el significado mismo de su existencia. La alienación no debe entenderse en relación con un origen caído, sino en relación con las posibilidades ontológicas y antropológicas del hombre. Es algo muy distinto de la simple explotación, ya que el explotador está tan alienado como el explotado. Se podría decir que el pensamiento de Marx es la articulación y la fusión de la teoría de la alienación y la teoría del valor.

Otra forma de pensar la alienación es hacerlo a través de la reificación o cosificación (verdinglichung) que caracteriza al hombre alienado contemporáneo. Marx muestra que, dentro del sistema capitalista, las relaciones entre los hombres adoptan cada vez más la forma de las relaciones que tenemos con los objetos y que los objetos tienen entre sí. Al final, todo se trata como mercancía. Esta noción de reificación fue explorada sobre todo, después de Marx, por el joven Georg Lukács. Sin duda conocen las antiguas creencias según las cuales la humanidad pasó de la época de los dioses a la época de los héroes y luego de la época de los héroes a la de los hombres. Me sentiría tentado a decir que, con la reificación, pasamos de la época de los hombres a la de las cosas.

REBELIÓN: El papel del trabajo productivo se cuestiona regularmente como una de las herramientas de la dominación capitalista. ¿Cómo liberar y devolverle el sentido al trabajo?

ALAIN DE BENOIST: Es una pregunta muy amplia. Cuando uno se reivindica marxista, ¿debe buscar «liberar el trabajo» o «liberarse del trabajo»? Evidentemente, son dos cosas muy diferentes. En la historia del movimiento obrero, se ha aceptado más generalmente la primera acepción. Pero los teóricos del movimiento neomarxista de la Teoría Crítica del Valor (Robert Kurz, Moishe Postone, etc.) piensan, por el contrario, que es el trabajo en sí mismo lo que debe cuestionarse. Esta reinterpretación radical es muy seductora, pero plantea numerosos problemas teóricos que no tengo espacio para examinar aquí.

Para Marx, la gran característica del capitalismo es transformar el trabajo vivo en trabajo muerto. El trabajo vivo representa el trabajo realmente realizado en el proceso de producción, que generalmente determina el valor de uso, mientras que el trabajo muerto se refiere al trabajo cristalizado en las materias primas, las máquinas y otros medios de producción, lo que lo vincula al valor de cambio. La idea de «devolver el sentido» al trabajo también es atractiva, pero ¿de qué sentido estamos hablando? También es cierto que en la apología del trabajo hay más que trazas de mortificación. «El que no quiera trabajar, que no coma», decía ya san Pablo (2 Tes. 3, 10). En la teología cristiana, la condena al trabajo es una de las consecuencias del pecado original. Cabe señalar también que, en el mundo actual, la palabra «trabajo» se utiliza cada vez menos y se habla más bien de «empleo». Antes se tenía un trabajo, hoy se tiene un empleo. Hay que reflexionar sobre lo que esto significa. Lo más seguro es que el salario sea el proceso por el cual el trabajador se despoja de su poder de trabajo y del producto de su trabajo para transferirlos al valor. Como escribe Jean Vioulac, «el advenimiento del mercado mundial no es más que la sumisión de todos los hombres, de todos los pueblos y de toda la naturaleza al Capital y […] a la lógica de la autovalorización del valor (el dinero que se produce a sí mismo) mediante la lógica especulativa de la subsunción del trabajo».

RÉBELLION: En este número abordamos la trayectoria de Louis Althusser. ¿Cómo valora hoy su obra y la de sus discípulos? ¿Cree que el «marxismo universitario» ha esterilizado la radicalidad revolucionaria de Marx para hacerla compatible con los planes de carrera de los mandarines de la enseñanza superior?

ALAIN DE BENOIST: Althusser intentó repensar el marxismo desde una perspectiva cercana al estructuralismo, afirmando que no hay sujeto de la historia («la historia es un proceso sin sujeto»), lo que evidentemente escandalizó a los marxistas «ortodoxos». Además, ejerció cierta influencia en la École Normale Supérieure sobre los estudiantes que, tras mayo del 68, se inclinarían hacia el maoísmo, lo que le valió la reputación bastante inmerecida de ser «pro-chino». Sus trabajos sobre Maquiavelo y Spinoza no carecen de interés, pero su tesis de que existiría una «ruptura epistemológica» entre el joven Marx de los Manuscritos de 1844, aún apegado a la idea de una ley general de la historia, y el Marx maduro de El capital, que sería el único que mantuvo un discurso verdaderamente «científico», me parece insostenible. Cuando se distinguen, como es habitual, dos períodos en la vida de tal o cual autor, se ven claramente las diferencias, pero también existen elementos de continuidad. La «ruptura epistemológica» de Althusser es muy artificial. En cuanto a su «materialismo aleatorio», como me parece que ha demostrado Jacques Rancière en su Leçon d'Althusser (1974), no ha llevado a nada.

RÉBELLION: ¿Qué escuelas y autores «marxistas» le parece pertinente leer y por qué? El francés Denis Collin, al igual que los filósofos italianos Costanzo Preve y Diego Fusaro, proponen una relectura particular de Marx. ¿Cómo definir este enfoque de ruptura en la continuidad del legado revolucionario?

ALAIN DE BENOIST: Michel Henry definía acertadamente el marxismo como la suma de los contrasentidos que se han ido cometiendo sobre Marx. Es una observación bastante acertada, aunque hay excepciones, entre las que se encuentra precisamente Michel Henry, cuya obra Marx en dos volúmenes marcó un hito cuando se publicó en 1976. Añadiría sin dudarlo a Denis Collin, así como a mi amigo Costanzo Preve, cuyos trabajos, realizados con una gran independencia de espíritu, renovaron el estudio de Marx. Dicho esto, no veo la utilidad de repartir puntos buenos y malos, ya que ha habido muchos «marxismos» y la mayoría de ellos carecen de interés.

La obra de Marx es un monumento muy difícil de definir y del que es complicado hablar si se quiere evitar tanto los elogios incondicionales como las críticas inconsistentes. En primer lugar, se trata de una obra cuantitativamente enorme (cuya edición científica aún no ha concluido) y de difícil acceso. En segundo lugar, es menos una obra acabada que un proyecto en constante construcción. Por último, como escribió Costanzo Preve, «el pensamiento de Marx no forma parte de la historia del marxismo». Por lo tanto, debe estudiarse independientemente de los acontecimientos que le siguieron o de las teorías que se pretendió extraer de él, ya que nunca sabremos lo que Marx habría pensado al respecto. En resumen, hay que adoptar un enfoque «marxiano» y no «marxista».

RÉBELLION: Su nombre se asocia periodísticamente con el concepto de «gramscismo de derecha». Desde 1970, ¿cómo ha evolucionado su relación con el pensador comunista italiano? ¿Qué le inspira su visión de la hegemonía cultural y el papel que otorga a la figura del «intelectual orgánico»? ¿Cree que, en el surgimiento de una nueva corriente revolucionaria popular y patriótica, estos dos conceptos están llamados a desempeñar un papel crucial?

ALAIN DE BENOIST: Sigo creyendo en el papel de las ideas, porque toda acción que no se remite a ideas es como un barco sin timón. El problema radica en que estas ideas no siempre se perciben con claridad. El imaginario simbólico actual es un imaginario de la mercancía, pero es evidente que este imaginario se está agotando. Requiere otras ideas, otros mitos y otros mitemas.

Fui el primero en hablar de la teoría gramsciana según la cual el poder cultural es una condición previa del poder político. Hoy en día, medio siglo después, la retoman por todos los partidos políticos que aún no han leído ni una línea de Gramsci, pero que al fin han oído hablar de él. Hace poco leía en una revista cualquiera una entrevista con el actual ministro del Interior, en la que este declaraba: «Soy gramsciano. La política es la lucha de las ideas. Para ganar en las urnas, hay que ganar en las mentes». A continuación, añadía que «la derecha está ganando esta batalla», olvidando que la batalla en cuestión nunca tuvo lugar… Se olvida, al mismo tiempo, que Gramsci no solo fue alguien que habló mucho del «poder cultural» y de los «intelectuales orgánicos», sino que también fue uno de los fundadores del Partido Comunista Italiano y que su aportación al pensamiento marxista no fue insignificante, como lo demuestran sus textos publicados en L'Ordine nuovo y, posteriormente, en los Cuadernos de la cárcel. Su concepción historicista de la verdad, por ejemplo, le llevó a desarrollar una crítica muy interesante del materialismo vulgar (o «materialismo metafísico») defendido por Engels y Plejánov, pero también de un determinismo economicista ciego a las circunstancias.

REBELIÓN: La obra de Rousseau, al igual que la de Marx, ha sido objeto de numerosos malentendidos por parte de sus comentaristas. En un reciente ensayo, Un autre Rousseau, publicado por la editorial Fayard, usted ofrece una visión de Rousseau que nos seduce especialmente. ¿En qué sentido es para usted un filósofo antimoderno?

ALAIN DE BENOIST: Jean-Jacques Rousseau y Karl Marx tienen en común que ambos han sido desacreditados, ya sea por críticas ad hominem, por argumentos anacrónicos (Rousseau «padre del Terror», Marx «precursor del Gulag») o por frases hechas sacadas regularmente de contexto. Ambos son famosos, pero rara vez se les ha leído realmente. Rousseau es indudablemente un moderno (no simpatizaba con el Antiguo Régimen), pero es un moderno antimoderno, que critica la modernidad desde dentro. Al mismo tiempo que defiende con fuerza la soberanía popular, también critica la ideología del progreso, denuncia los valores mercantiles que promueve el economismo moderno, rechaza el universalismo político, proclama la primacía de lo político, etc. El gran error es verlo como un filósofo de la Ilustración, como se suele hacer, cuando en realidad es fundamentalmente un adversario de la Ilustración. Eso es lo que he querido mostrar en mi libro.

RÉBELLION: ¿Tenía Rousseau una visión comunitaria de la sociedad adelantada a su tiempo?

ALAIN DE BENOIST: Lo que es seguro es que no compartía la idea de una «sociedad general del género humano». Dicho esto, no se puede afirmar que pensara claramente en la oposición entre comunidad y sociedad al estilo de Ferdinand Tönnies (Gemeinschaft und Gesellschaft, 1887). Por el contrario, siempre hizo hincapié en la noción de lo común que, según él, es tanto más viva cuanto más compartida es por una comunidad políticamente homogénea. Para Marx, el ser común (Gemeinwesen) no es más que otro nombre para la comunidad y es revelador que Tönnies, al que acabo de mencionar, escribiera en el prefacio de su libro que «Marx fue un pensador que intentó dar forma a la misma idea que yo mismo quise expresar con mi propia conceptualización».

Otro punto muy notable es que Rousseau fue el primero en conceptualizar la noción de alienación. Es la idea que expresa desde las primeras páginas del Contrato social: «El hombre nace libre, y en todas partes está encadenado. El que se cree amo de los demás no deja de ser más esclavo que ellos». La primera frase es la más citada, pero la más significativa es la segunda. Rousseau no se limita a denunciar a quienes ejercen el dominio social, sino que afirma desde el principio que estos son tan «esclavos» como aquellos a quienes someten. Esto es lo que hace que su discurso sea tan interesante y original.

Fuente: https://www.revue-elements.com/loeuvre-de-mars-est-un-chantier-toujours-en-construction/

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Hoy Irán, mañana Rusia (Escalada)

Por Alexander Dugin

Traducción de Juan Gabriel Caro Rivera

Presentador: Estimados amigos, tenemos un tema importante y serio en la agenda. Todo el mundo está hablando de ello, y cómo no hacerlo, porque se trata de un acontecimiento histórico. Les recuerdo a nuestros oyentes que el 28 de febrero de 2026 se inició una operación conjunta de las fuerzas de los Estados Unidos de América e Israel. Se lanzaron ataques contra Irán, como resultado de los cuales murió el líder supremo de Irán, el ayatolá Alí Jamenei; además, muchos otros altos cargos fueron eliminados como consecuencia de este ataque. Irán comenzó a responder tanto contra Israel como contra las bases estadounidenses y, en consecuencia, en estos momentos se están produciendo enfrentamientos armados. Es interesante, pero en realidad hay muchas preguntas sobre cuáles serán las consecuencias, quién se verá más afectado y si Irán podrá hacer frente a la situación. Pero lo primero que hay que entender es: ¿a dónde nos lleva todo esto?

Alexander Dugin: Se trata de un acontecimiento realmente importante, es muy posible que sea el comienzo de la Tercera Guerra Mundial, porque hay fuerzas demasiado grandes en juego. Las acciones de los estadounidenses, de Trump junto con Netanyahu contra los líderes políticos de Irán, han resultado ser demasiado drásticas.

Después de todo, este es ya el segundo intento: primero, Estados Unidos secuestró a Maduro, estableciendo un control directo sobre Venezuela, ocupando de hecho el país. Ahora han destruido todo el liderazgo militar, político y religioso de Irán. En cuanto a su importancia, esto es comparable a la destrucción del Papa o del Patriarca ortodoxo, porque el líder espiritual de los chiítas, el Rahbar, el ayatolá Jamenei, no solo era venerado en Irán, sino que era el jefe de todo el mundo chiíta, es decir, de cientos de millones de personas en todo el mundo. Antes, Israel había eliminado a los líderes de Hamás, lo cual es un caso particular, y luego a los líderes de Hezbolá, lo cual es más grave.

Ahora, la dirección de Irán ha sido destruida de forma directa y descarada, lo que significa que ya no hay normas internacionales, no hay reglas, la ONU no existe. Esta organización ha quedado en el pasado, convirtiéndose en un dolor fantasma. Trump lo dijo así: no hay derecho internacional, lo que hago es moral. Esto lo cambia todo. El orden mundial anterior se ha derrumbado. Nos hemos ido deslizando gradualmente en esta dirección, pero se ha superado el punto de no retorno. Si un país es capaz, sin ningún motivo, de destruir el liderazgo militar, político y religioso de un Estado soberano, significa que vivimos en un mundo completamente diferente, donde todo está permitido, donde no decide la ley, sino la fuerza, donde se aplica el principio: «si puedo, lo hago».

El comportamiento de Trump es notable: todo esto ocurrió durante las negociaciones con Kushner y Witkoff e Irán, según la información disponible, aceptó casi todas las exigencias de Estados Unidos. Literalmente todas. Y, a pesar de ello, se produjo este golpe directo a los dirigentes del país. En primer lugar, debemos comprender que, en esta situación, nosotros somos los siguientes. Venezuela, Irán, antes Siria, Hezbolá… Todos ellos son regímenes o sistemas políticos a los que ahora apunta Estados Unidos y son nuestros aliados.

De hecho, si se puede actuar así con nuestros aliados, si todo esto queda impune, si Trump consigue salirse con la suya, entonces en la siguiente etapa, también durante las negociaciones de Kirill Dmitriev con Kushner y Witkoff, podría producirse una operación similar para cambiar el régimen en nuestro país.

¿Y con qué nos protegemos? ¿Con armas nucleares? Pero la cuestión de si las utilizaríamos sigue sin resolverse. En un caso extremo, Occidente tiene serias dudas de que estemos preparados para dar ese paso: amenazamos con demasiada frecuencia, pero no actuamos. Al mismo tiempo, se está rodeando a nuestro presidente. Nuestro presidente es, sin duda alguna, la persona que lo sostiene todo. Tanto en nuestro país como, quizás, en el mundo, todo se sostiene gracias a él. Él es el que retiene, el katechón, del que hablaba nuestra tradición ortodoxa. Ahora es simplemente un hecho geopolítico, un hecho del orden mundial.

Pero si los estadounidenses, el mismo Trump, están seguros de que otros líderes rusos, que Dios no permita que sustituyan a nuestro presidente, serán más complacientes con Occidente —y eso era precisamente lo que se esperaba en Irán cuando se eliminó físicamente a los líderes soberanos de ese país, cuya política no coincidía con los intereses de Estados Unidos—, ¿qué les impedirá llevar a cabo ese escenario aquí?

Trump está llevando a cabo una política geopolítica neoconservadora de ataque totalmente coherente. Aquellos a quienes atacaron los globalistas con Biden, con Obama, con Clinton, son los mismos, no es nada nuevo. Y a pesar de los escándalos y las protestas de los aliados europeos de la OTAN, al final se alinean con Estados Unidos en la misma posición. Por eso es muy grave para nosotros. Es la última llamada de atención.

Presentador: Permítame volver a la cuestión de la Tercera Guerra Mundial. Recuerdo que el año pasado discutimos la situación en torno a Irán —entonces fue la «guerra de los 12 días»— y también dijimos que esto podría conducir a una crisis global. Sin embargo, esto no sucedió. ¿Es posible que esta vez todo dure, digamos, 12 o 13 días y termine, o se trata de un acontecimiento de otra magnitud?

Alexander Dugin: En teoría, nadie sabe si se trata de la Tercera Guerra Mundial o no. Pero otra cosa es que, cuando decimos con demasiada frecuencia, y lo he comprobado por mí mismo, «esta es la Tercera Guerra Mundial», «esta es la Tercera Guerra Mundial», y luego no, ahora es la Tercera Guerra Mundial, surge la sensación contraria: que la Tercera Guerra Mundial no puede empezar, nunca empezará y que todo está bien. Y ahí precisamente está el problema: si lo has dicho antes de tiempo, dos veces antes de tiempo, y luego, cuando de repente empiece, tú mismo tendrás miedo de expresar lo que está sucediendo ante tus ojos.

Por eso hay que ser realmente cautelosos a la hora de evaluar lo que está sucediendo. Parece el comienzo de la Tercera Guerra Mundial, pero puede que no lo sea; puede que se detenga. Y usted ha formulado correctamente la pregunta. Ahora casi todo depende —por cierto, y el destino, en general, si se quiere, nuestro destino— de cuánto tiempo pueda resistir Irán. Porque si la coalición estadounidense-israelí logra sofocar rápidamente su resistencia durante la operación «Furia épica», como la llaman los estadounidenses… Pero ahora todos añaden: «La furia épica de Epstein». Bueno, en realidad, es obvio que Estados Unidos —Trump— ha iniciado esto para desviar la atención de los archivos de Epstein, en los que, sin duda, aparece de la forma más desagradable. Es evidente que se trata de una influencia del chantaje israelí, de lo que nadie tiene ninguna duda.

Los israelíes siguen una línea completamente diferente. Se trata de la construcción escatológica del «Gran Israel», la espera de los últimos días, la llegada del Mesías. Es una motivación muy importante en esta guerra, que en Israel se denomina «Escudo de Judá». Y los iraníes… Los iraníes han entrado en la batalla final. En la etapa anterior, en esa guerra de 12 días, era evidente que no se trataba de una guerra real, sino de una especie de preparación, e Irán definitivamente no se involucró. Quizás ahora tampoco se habría involucrado si no fuera por las acciones tan radicales de los propios estadounidenses y ahora Irán no tiene otra salida que luchar hasta el final, hasta el último momento: atacar todo lo que sea posible, cerrar el estrecho de Ormuz a los barcos estadounidenses u occidentales, a los barcos de los países que se han opuesto a él, atacar bases militares, cualquier objetivo, levantar una revuelta chiíta en todo Oriente Medio y dondequiera que sea posible, y librar la lucha, la batalla final, hasta el final.

Los iraníes estaban dispuestos a evitarlo, pero ahora no les han dejado otra opción. Y han llamado a esta operación (es importante señalarlo) «El fin del diluvio». Recordemos que la operación de Hamás con la que todo comenzó —la historia de Gaza, el genocidio en Gaza, y antes de eso el ataque de Hamás contra Israel— se llamó «El diluvio» o también «El diluvio de Al-Aqsa». Al-Aqsa es el segundo lugar sagrado más importante del mundo musulmán, es un templo, una mezquita situada en Jerusalén, en el Monte del Templo. Y para proteger este segundo lugar sagrado, los palestinos levantaron esta revuelta. ¿Por qué hay que defender el lugar sagrado? Porque Netanyahu y su círculo más cercano —Ben-Gvir, Smotrich— planean volar la mezquita de Al-Aqsa y despejar el terreno para construir el Tercer Templo, lo que significaría el comienzo de la era mesiánica. En realidad, todos los preparativos para el «Gran Israel» conducen precisamente a eso. Los palestinos de Hamás decidieron defender la mezquita de Al-Aqsa, que Ben-Gvir prometió personalmente en repetidas ocasiones volar y arrasar. Pero, en realidad, todo terminó en el genocidio de Gaza.

Ahora, la operación «El fin del diluvio», anunciada por los iraníes, es, en realidad, la batalla final. Y precisamente en la filosofía iraní, chiíta y, en general, islámica, al final de los tiempos tendrá lugar la batalla final entre las fuerzas del islam, encabezadas por Mahdi (el imán oculto en el que creen los chiítas), contra Dajjal, contra ese anticristo islámico. Y esta batalla entre el Mahdi y el Dajjal es el sentido del fin de los tiempos. Todo esto ocurrirá en Siria, en Tierra Santa, y bajo el Dajjal, todos los teólogos islámicos, sin excepción, tanto chiítas como sunitas, reconocerán a Estados Unidos e Israel como el Gran Shaitán. Por lo tanto, aquí también hay mucho en juego.

Pero si hablamos de forma más estratégica, más abstracta, la cuestión ahora es cuánto tiempo podrá resistir Irán. Porque con cada día de resistencia, con cada día de defensa de su soberanía, la situación puede cambiar. Trump está decidido a librar una guerra muy breve. En general, pensaba que tras la destrucción del liderazgo militar-religioso y militar-político de Irán… contaba con una «quinta columna».

Presentador: Pasemos a la cuestión de la posibilidad de mantener la estabilidad en Irán: tras estos acontecimientos —la destrucción del líder supremo y de una parte significativa de la élite—, ¿se ha logrado restablecer rápidamente la jerarquía, nombrar nuevos dirigentes, o existe el riesgo de que el sistema se «rompa» y, en algún momento, se produzca un giro brusco, por ejemplo, cuando los misiles se dirijan hacia Teherán?

Alexander Dugin: Ya sabes, la historia es algo abierto. No sabemos muy bien qué está pasando en Irán: allí han desconectado completamente Internet. Según mis fuentes, ahora mismo no hay ninguna protesta contra el régimen. Incluso aquellos que se oponían al régimen de «Vilayat-e Faqih» tras el brutal asesinato de unas doscientas escolares inocentes por un misil israelí, la opinión de la oposición iraní está radicalmente en contra de Estados Unidos y de Israel y, por lo tanto, no hay, en mi opinión, ningún motivo para esperar que el poder le sea entregado a Trump en bandeja de plata.

Es decir, probablemente ahora Irán está más unido que nunca tras la muerte de toda la cúpula dirigente y tras este brutal ataque contra la escuela. Y esto ha cambiado la mentalidad de muchísimas personas. El pueblo iraní es muy orgulloso, muy fuerte, y quizá a algunos no les gustara el régimen de «Vilayat-e Faqih», aunque esto también fue exagerado en Occidente por los servicios israelíes, pero, sin embargo, ahora todos se unirán en torno a la idea nacional de Irán, sobre todo porque, creo, los líderes actuales comprenderán que deben acercarse un poco a los círculos seculares iraníes, entre los que prácticamente no hay liberales. Hay nacionalistas iraníes que no son tan estrictamente religiosos como el régimen político, pero también son nacionalistas, son patriotas de Irán. Y si ahora se canaliza su energía y su voluntad hacia la resistencia a la agresión sionista-estadounidense, la resistencia puede durar bastante tiempo, porque incluso Gaza resistió durante mucho tiempo, e Irán no es Gaza, es un país enorme.

Los chiítas son una parte importante de la población de Oriente Medio. Las élites de estos regímenes proestadounidenses y proárabes están completamente corruptas, son simplemente una continuación de «La isla de Epstein»: todos ellos viven en Catar, Dubái, Bahréin. Y en Bahréin, por ejemplo, el mismo pueblo chiita es mayoría. Creo que ahora puede haber levantamientos chiitas, revoluciones por todas partes. Y, en principio, si Irán aguanta, es absolutamente desconocido quién saldrá victorioso en esta guerra. Sobre todo porque vemos que se está produciendo una escalada del conflicto entre Afganistán y Pakistán. Y aún no está claro quién, Pakistán o Afganistán, apoyará a Teherán. A Israel no le gustan ni unos ni otros, ni los pakistaníes ni los afganos. Y, como resultado, todo esto puede terminar en una catástrofe tanto para Trump como para Estados Unidos y, en última instancia, para Israel. Un mar de musulmanes podría simplemente borrarlo de la faz de la tierra. Ahora ya se ha perforado el «Domo de Hierro», Tel Aviv está en llamas y algunas imágenes ya recuerdan a Gaza. La gente huye de allí y, de hecho, dicen que todo seguirá así: Irán, sin duda, vencerá.

Aún no se sabe, pero Irán no se rindió el primer día, no se rindió tras ese terrible golpe, con lo que sin duda contaba Trump. Ahora Trump habla de varias semanas, de un mes. En principio, desde el punto de vista jurídico, tiene la posibilidad de librar la guerra durante unos tres meses sin la aprobación del Congreso, y es posible que el Congreso le apoye. Pero si esta guerra se prolonga, si Irán se resiste desesperadamente, si tiene suficientes fuerzas, energía interna, potencial y poder, el resultado de esta batalla no está decidido. Sobre todo porque, fíjense, la apuesta por el «Escudo de Judá» es quizás el punto más débil, el más vulnerable para la coalición estadounidense-israelí. En general, ¿qué tipo de escudo es ese, cuando atacaron y mataron a los líderes de un país que, en realidad, no estaba en guerra con ellos? Este ataque, este ataque de Judas, esta traición de Judas, durante las negociaciones. Aquí hay muchos Judas, pero el escudo no es muy bueno. Así que, si esto continúa de cierta manera, los cambios en el mundo pueden ser realmente radicales.

Por lo tanto, ahora la cuestión no es quién ganará. Los primeros días aguantaron, los primeros resistieron, los iraníes lograron sobrevivir al primer golpe. Su liderazgo político, que ahora ha sustituido a Rahbar Jamenei y su familia, asesinada, por cierto… Es algo monstruoso: la nieta, una niña pequeña, de 14 meses, un año y dos meses. Hijos, nietos… Todos, los mataron a todos sin excepción.

Es decir, como de costumbre, es lo que vimos en Gaza: la crueldad de la agresión estadounidense-israelí, la hegemonía es tan monstruosa, su falsedad y su bajeza son tan grandes que, en realidad, la humanidad debería estremecerse ante lo que estamos presenciando, pero no lo hace, porque en su lugar contarán otras historias, dirán que Irán tiene la culpa, que se ha matado a sí mismo. Bueno, y no estamos acostumbrados a las mentiras del régimen estadounidense, de Occidente en general, de los sionistas, lo hemos oído todo. Por lo tanto, Irán no puede contar con la indignación de la opinión pública. Irán solo puede contar consigo mismo y con las fuerzas que pueden apoyarlo.

Si ahora Irán se reagrupa y es capaz de llevar esta guerra durante bastante tiempo, a cualquier precio, entonces, por supuesto, Israel intentará convertir a Irán en Gaza. Y, de hecho, ya ha empezado a hacerlo. Pero, al fin y al cabo, es un país muy grande. Sobre todo porque los misiles iraníes alcanzan el territorio de Israel y golpean importantes objetivos estratégicos. Y durante algún tiempo más seguirá este tipo de bombardeos y ataques con misiles, creo que Israel se sentirá incómodo frente a esto.

En consecuencia, los estadounidenses y los europeos también se sentirán incómodos. Hundir esos acorazados ahora… sabemos que, dado que nosotros mismos sufrimos grandes pérdidas en el Mar Negro durante la guerra contra el régimen nazi de Kiev, hundir un acorazado ahora es pan comido. Con los drones actuales, submarinos y de superficie, hundir toda esta flota capturada es una tarea tecnológica elemental. Vivimos en una era de la información y en un siglo de guerra completamente diferentes. Por lo tanto, todo este poderío de los portaaviones es en realidad algo exagerado, son solo imágenes bonitas.

Los helicópteros, con la velocidad con la que volaron a Venezuela, pueden estar allí 30 segundos con gente normal con armas, o con drones normales, o con el armamento que tiene nuestra unidad habitual en la línea de combate en Ucrania. A esa velocidad, un helicóptero no volará mucho tiempo, 30 segundos. Por eso, en realidad, aún no saben lo que es la guerra. Ni los estadounidenses ni los israelíes lo saben. Ahora lo van a descubrir.

Si Irán aguanta, todo es posible. Pero no digo que estén destinados a la victoria. No digo que esa victoria esté garantizada para nadie. Pero si no está garantizada y no es rápida, en el caso de Trump e Israel, los iraníes obtendrán una victoria colosal para todos los partidarios de un mundo multipolar. De hecho, es una guerra también contra nosotros. Hay que entenderlo: nosotros somos los siguientes. Y ahora Irán… ¿quién es? Un escudo, el escudo del Katechón. Eso es Irán. En general, ellos han recibido el golpe que, en principio, estaba destinado a todos nosotros. Y si resisten, será un gran éxito, también para nosotros.

Presentador: Hablemos de la cooperación, en gran medida de Rusia. Moscú está haciendo declaraciones en este momento: Dmitri Peskov dice que Moscú está en contacto permanente con los dirigentes de Irán. Rusia mantiene su compromiso con la solución política y diplomática incluso después del ataque de Estados Unidos contra Irán. Vladimir Putin ha mantenido hoy conversaciones telefónicas internacionales relacionadas con la situación en torno a Irán. El presidente se reunirá hoy con el gobernador de la región de Amur, pero eso ya es otra cosa. ¿Qué opina usted? ¿Qué medidas debemos tomar ahora: aplicar medidas duras o adoptar una postura expectante? Pero, sinceramente, no está claro qué esperar.

Alexander Dugin: Si simplemente adoptamos una postura expectante, eso significa esperar a que Irán se derrumbe y los siguientes golpes se dirigirán contra nuestro liderazgo militar y político.

Presentador: ¿De qué manera?

Alexander Dugin: Se está librando una guerra contra nosotros en Ucrania y es bastante dura, pero tras la llegada de Trump, con su estrategia y política, en general bastante sensatas en una primera etapa, en nuestro país se ha creado la impresión en nuestro liderazgo, de que Trump puede salir de esta confrontación y que es necesario negociar con él a través de Witkoff y Kushner, y a través de alguien más, para suavizar la escalada, al menos con Estados Unidos. Es decir, estamos en guerra con Ucrania, estamos en guerra con la Unión Europea, pero Trump saldrá de esto porque tiene una posición diferente. De hecho, tenía una posición diferente hasta cierto momento. Pero después de un par de meses en la Casa Blanca como presidente, de repente cambió radicalmente y se volvió aún más radical, aún más entusiasta en la aplicación de la misma política globalista y hegemónica, pero de forma más abierta, cruel y franca.

Este momento de cambio de Trump, la transición de la postura MAGA, que, en general, hizo posible la reunión en Anchorage, a un dictado hegemónico radical —especialmente en el que algo sale bien y sale bastante rápido en otras operaciones—, tal vez no lo hayamos registrado del todo. Es decir, Trump ha cambiado, se ha convertido en un conductor de una voluntad que no es la suya. Ha renunciado por completo a su electorado básico. Ahora es rehén de las mismas fuerzas que iniciaron la guerra contra nosotros en Ucrania.

Y en esta situación, en mi opinión, el ataque a Irán pone el punto final: intentar considerar a Trump como portador de la ideología MAGA, es decir, que se centrará en los problemas de Estados Unidos, dejará de interferir en los asuntos internacionales, se ocupará de sus propios enormes fracasos en la política, la economía y la cultura, que, en realidad, era el programa inicial de Trump, todo eso no va a suceder. Trump seguirá aplicando la política de los neoconservadores. Para nosotros, este es un momento extremadamente importante.

Ataca a nuestros aliados; de hecho, si Irán cae —o, más precisamente, en caso de que Irán caiga y cuando Irán caiga—, no solo nos veremos sometidos al ataque de las fuerzas a las que ya estamos sometidos en este momento, sino que, sin duda, cegados por la sangre, como un toro que se lanza hacia su objetivo, Trump, sintiendo que todo le sale bien y que todo le resulta fácil, podrá interpretar fácilmente nuestra racionalidad y moderación, nuestra coherencia y nuestro compromiso con los principios simplemente como debilidad. Entonces no tendrá otros términos y conceptos para definir nuestra política.

Presentador: ¿Cómo debemos actuar entonces ahora mismo?

Alexander Dugin: Creo que con la máxima dureza, pero esa decisión la toma el presidente. Verá, ahora hay muchos asesores, y todos nosotros, desde taxistas hasta expertos, tanto militares como civiles, le decimos al unísono que es necesario lanzar un ataque. En primer lugar, está claro que ya no existe el derecho internacional, podemos hacer lo que queramos, porque la victoria lo cubrirá todo. Sin duda, es necesario eliminar a los líderes militares y políticos de Ucrania: eso es absolutamente cierto. Lo hicieron con nuestro aliado y nosotros, según las reglas del gran juego, estamos obligados a hacer lo mismo con sus representantes, con aquellas estructuras que nos están haciendo la guerra.

Creo que es extremadamente importante utilizar armas muy potentes, tan convincentes que sea imposible silenciarlas o ignorarlas. Y no descarto que sea necesario poner en su sitio a algunos países que apoyan la guerra en Ucrania, sintiéndose absolutamente impunes y considerando nuestra cortesía y coherencia como una debilidad. Rusia ya no puede permitirse parecer débil. No lo somos, pero eso es lo que parecemos. Nos ven como débiles, indecisos, vacilantes, inseguros, sin suficiente potencial. Se puede resistir la agresión de cualquier hegemón si se tiene la voluntad y la fuerza y una potencia nuclear sin duda es capaz de hacerlo. La gran Rusia es capaz de hacerlo. Pero ellos ven en nosotros una falta de voluntad.

Esto, en mi opinión, es un error: tenemos voluntad, solo que por ahora la ocultamos cuidadosamente, envueltos en el proceso de negociación. Ahora esto está empezando a funcionar en nuestra contra cada vez más y más. Pero todo el mundo aconseja esto al presidente, esa es mi impresión, aunque quizá alguien piense lo contrario.

Ahora hay consenso en que Rusia debe revisar fundamentalmente su estrategia de guerra contra Ucrania: debemos emprender acciones decididas e incondicionales que no puedan interpretarse de otra manera. Es decir, un golpe y no habrá Bankova, no habrá liderazgo, no habrá Zelensky, no habrá nadie, y no estará claro con quién seguir negociando. Podemos proponerles que ellos mismos designen a las personas con las que estaremos dispuestos a dialogar. Es algo que se impone por sí solo.

Presentador: Alexander Guélievich, por otro lado, podría suceder que, tras la destrucción de su liderazgo, eligieran a otros nuevos, tal vez incluso más radicales, como ha ocurrido, en esencia, en Irán, donde el liderazgo ha cambiado rápidamente. Y aquí es interesante su opinión sobre el escenario con Irán: ¿qué pasaría si tomáramos medidas drásticas para apoyarlo? Supongamos que Rusia, junto con China, envía su flota al Golfo Pérsico. ¿A su juicio, a qué conduciría eso?

Alexander Dugin: Nos respetarían. Y nos temerían. Eso es lo que pasaría, para ser sinceros. Eso es todo.

Presentador: Entonces no habría comenzado una confrontación directa…

Alexander Dugin: La confrontación directa ya está en marcha. Simplemente, ellos creen que nos controlan y nos dirigen, mientras que nosotros seguimos pensando que estamos manteniendo negociaciones entre socios. Existe una diferencia fundamental de opiniones, una diferencia en la interpretación de lo que está sucediendo. Sin embargo, no aconsejo a nuestro presidente que haga nada: él mismo lo entiende perfectamente.

En cuanto al temor de que la destrucción de los dirigentes en Kiev lleve al poder a fuerzas aún más radicales: allí ya no hay fuerzas más radicales. Pueden llevar al poder a otras iguales. Pero si tampoco nos satisfacen, debemos hacer lo mismo con las siguientes, y con las siguientes, y con las siguientes, eliminándolas simplemente como capas. Sobre todo, porque Ucrania no es Irán. Si ahora nos involucramos de verdad en este enfrentamiento, no solo tendremos la oportunidad de ganar, sino también la posibilidad de detener la escalada y evitar la Tercera Guerra Mundial. Trump está demostrando que ha comenzado la política de la fuerza y la fuerza no reconoce las palabras. Solo se detiene cuando se encuentra con un poder contrario. Es necesario mostrar ese poder. Hablamos sin cesar del potencial nuclear, de los «Oreshniki», pero es hora de dejar de hablar y mostrar ese poder. Eso es lo que se espera de nosotros. Solo entonces Trump comprenderá que los rusos están realmente enfadados y que ha ido demasiado lejos.

Ahora es necesario un ataque masivo que sea imposible de ignorar, achacándolo a «fanfarronería» o «ataques a objetivos secundarios». Dónde y cómo ocurrirá esto no lo decidimos nosotros, pero la lógica de la historia y el estado de ánimo de nuestros combatientes en el frente, que se han visto desmoralizados por las negociaciones de paz, exigen determinación. Cuando cada día se transmite la expectativa de que «ahora todo va a terminar», es psicológicamente imposible luchar: surge la falsa sensación de que solo queda esperar un poco más. Hay que reconocer con honestidad que la guerra no terminará hasta que no alcancemos todos los objetivos de la operación militar especial. Hay que reunir toda la voluntad y hacer lo que hace tiempo que se debería haber hecho. Antes se podía posponer, pero ahora ya no hay tiempo para esperar.

Es importante comprender que las palabras tienen un significado enorme. Fíjese en el nombre de la operación «Furia épica»: incluso a aquellos estadounidenses que se oponían al ataque contra Irán, este lema les inspira y les anima. «Mi país está furioso y yo estaré con él»: esto funciona. En nuestro caso, el nombre técnico «OME» no inspira a nadie, no tiene un significado profundo. «Furia épica», «Escudo de Judá» para los israelíes, «El fin del diluvio» para el mundo chiíta son códigos semánticos poderosos. Creo que debemos renombrar la operación militar especial como «La espada de Katechon»: nosotros somos los que defendemos, esa es nuestra misión, nuestro papel ruso, nuestra identidad ortodoxa. En esto nos apoyarán también los musulmanes, que comprenden perfectamente la unidad de la lucha. Debemos movilizar a la sociedad, dar un segundo aliento a la guerra, renombrarla. Al principio fueron «Z», «V», «O»: era un enfoque publicitario sin profundidad. Ahora es necesario centrar la atención en aquello por lo que luchamos, sin ocultar la magnitud de la victoria. Tenemos la obligación de ser honestos con aquellos que dan su vida por la patria, por el Estado, por el poder y por el pueblo. Luchamos por el bien común y la gente debe sentir este significado.

Hoy en día, se están movilizando masas colosales: militares, políticas, religiosas. Aquí no somos observadores ni árbitros, somos participantes en la Gran Guerra. Quizás la última. No hay que adelantarse a los acontecimientos hablando de fechas del fin del mundo: los ortodoxos saben que nadie las conoce, ni siquiera Cristo dijo saberlas, salvo el Padre. Pero sabemos que habrá un final, porque Dios creó este mundo y Dios lo juzgará. Esto forma parte de nuestra fe y nuestras tradiciones, una parte muy importante. Por lo tanto, no hay motivos para el pánico.

Vivimos en los últimos tiempos: mirad Occidente, mirad la lista de Epstein. Qué detalles estamos descubriendo sobre las élites que gobiernan Occidente: es la verdadera civilización de Baal. Es un culto a Satanás, una religión. ¿A qué se dedican las élites? Corrompen a menores, comen personas, cazan afroamericanos. En las listas de los archivos de Epstein hay indicaciones directas: violan a niños, organizan orgías. Y eso es en ese lado. Estamos luchando precisamente contra esta civilización. No es casualidad que en Irán quemaran la estatua de Baal en vísperas de esta invasión y que, en respuesta, lanzaran misiles. En la conciencia del mundo islámico, estas cosas están relacionadas: la lista de Epstein, Baal y aquellos que queman sus ídolos. La guerra adquiere un carácter profundamente religioso. Los dispensacionalistas estadounidenses, al comentar la Biblia de Scofield, están convencidos de que ahora, en el momento del enfrentamiento entre Irán e Israel, Rusia entrará inevitablemente en guerra del lado de Irán. Para ellos, «hoy Irán, mañana Rusia» es un hecho consumado. En su mente, ya estamos allí.

Es importante comprender la psicología del enemigo: no coincide con los hechos ni con nuestras ideas racionales. En combinación con la energía desenfrenada de Trump y la exaltación escatológica de los líderes israelíes, que creen que ahora o nunca, que es precisamente ahora cuando debe llegar el Mesías y crearse el «Gran Israel», esta realidad no nos deja ninguna posibilidad de ocuparnos de «asuntos económicos». La historia, la geografía, la religión y la política nos privan de la posibilidad de ser observadores imparciales. Nos encontramos en el centro de los acontecimientos y tenemos nuestro propio papel que desempeñar.

Presentador: ¿Cómo cambiará el panorama geopolítico si Europa realmente decide participar directamente en los bombardeos? Por ejemplo, la radio israelí ha informado de que Alemania está discutiendo con Estados Unidos la posibilidad de participar directamente en la operación. En otras palabras, podrían pasar a realizar ataques independientes, dejando de limitarse al suministro de armas. ¿Cómo cambiarían las cosas en ese caso?

Alexander Dugin: Todo apunta a ello. Los problemas entre Trump y la Unión Europea ahora se han resuelto o se han dejado de lado porque, en esencia, Trump ha adoptado una política que se ajusta plenamente a los intereses de los globalistas y los neoconservadores. Anteriormente, el conflicto de Trump con Europa estaba condicionado por el movimiento MAGA, su rechazo al globalismo y al «Estado profundo». Pero si ahora Trump se está acercando a estas estructuras, las diferencias con Europa se relativizan y pasan a un segundo plano. Por supuesto, es necesario considerar a Occidente como un todo, como un Occidente colectivo. De hecho, hemos vuelto a la situación anterior a Trump: ese momento histórico en el que se proclamaban otras ideas, otros planes para Estados Unidos, por desgracia, ha quedado atrás. Ahora ya no estamos tratando tanto con Trump como con el mismo «Estado profundo» que estaba detrás de Nuland, Blinken o Kamala Harris: en esencia, son las mismas fuerzas.

Por consiguiente, todas las contradicciones entre los Estados Unidos y la Unión Europea se han nivelado ante la confrontación radical con las fuerzas que son adversarias ideológicas y geopolíticas del Occidente colectivo, sobre todo los partidarios de un mundo multipolar, del que formamos parte nosotros y China.

En cuanto a su pregunta sobre nuestra participación directa, que sea el presidente quien decida. Personalmente, creo que es necesario participar. Cuanto más activos, audaces y decididos seamos en todos los aspectos, mejor. De lo contrario, cualquier otra acción será percibida por ellos como una debilidad y la debilidad es una provocación directa, una invitación a hacernos lo mismo que le hicieron a los líderes iraníes. Después de todo, nuestro presidente se reunió con Rahbar Jamenei, y antes con el presidente Raisi, con otros líderes políticos, como Maduro.

Presentador: Siguiendo con este tema: ¿debemos actuar solos o en coalición con China? ¿Cuál es nuestra estrategia?

Alexander Dugin: Por supuesto, es mejor actuar en coalición con China. Pero China esperará. Fíjese: si, Dios no lo quiera, cae Irán, lo que seguirá será una confrontación directa con nosotros y, después, con China, ya que es precisamente a ella a quien apuntan. Todos los que creen que podrán quedarse al margen —tanto nosotros como China y el mismo Irán, que no entró en guerra tras el inicio de la operación terrestre del ejército israelí contra Gaza (su «Hezbolá» esperó y esperó hasta que los destruyeron a todos)— cometen un error. Cuanto más esperemos, cuanto más tardemos en entrar en un conflicto pleno con Occidente, más posibilidades tendrá de vencernos uno por uno, uno tras otro.

Nos han engañado de nuevo, Lavrov lo ha dicho: Israel ha transmitido la información de que van a atacar Irán. Nos engañan una y otra vez: «Por ahora manténganse al margen, no intervengan bajo ningún concepto», y al final no quedará nadie que pueda apoyarnos. Por eso estoy convencido de que debemos responder con la máxima dureza, en todos los frentes. No es necesario intervenir inmediatamente en este conflicto concreto, pero debemos actuar con la máxima firmeza contra nuestros enemigos directos: el régimen nazi de Kiev. De eso no hay ninguna duda. Y hay que hacerlo de tal manera que nadie se haga ilusiones: los rusos, si quieren, pueden. Y si no podemos, nos irá muy mal.

Nuestra respuesta debe ser simétrica y lo más dura posible. Lo ideal sería en coalición. Pero si no es en coalición, entonces en solitario. Si actuamos ahora, ya no estaremos solos. Y si esperamos, nos quedaremos solos. O China esperará y se quedará sola. Debemos detener el mal, detener la civilización de Baal. Esa es nuestra misión sagrada.

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La esencia del sionismo: análisis metafísico e histórico

Por Alexander Dugin

Traducción de Juan Gabriel Caro Rivera

En el mundo actual, Oriente Medio sigue siendo el epicentro de los conflictos geopolíticos, donde se entrelazan los intereses de diversas fuerzas, entre ellas el islam, el judaísmo y las potencias mundiales. El sionismo, como ideología estatal de Israel, atrae mucho la atención, ya que, según muchos analistas, tiene una dimensión escatológica relacionada con el fin de los tiempos.

Como cualquier religión, el judaísmo es un fenómeno complejo basado en la metafísica, la historia y la filosofía, con múltiples interpretaciones, a veces contradictorias entre sí. Veremos cómo encaja el sionismo en esta tradición y por qué puede ser percibido como su continuación y, al mismo tiempo, como su refutación.

Hoy hablaremos de un tema de gran actualidad: el sionismo como ideología estatal de Israel.

El judaísmo como religión está relacionado con la idea de que los judíos son el pueblo elegido. En primer lugar, en sentido religioso, porque este pueblo ha sido elegido para:

  • permanecer fiel al Dios único en un momento en que otros pueblos, de acuerdo con el judaísmo, se han alejado de este monoteísmo, y
  • esperar a su mensajero, el Mesías (Mashiaj), que será coronado Rey de Israel y Gobernante del mundo. 

La palabra «mashiaj» en hebreo significa «ungido», «ungido para reinar». Esta misma palabra en griego se pronuncia «Cristo». Pero el cristianismo se basa en la convicción de que el Mesías ya ha venido al mundo. Esta es nuestra religión. Pero la diferencia fundamental con el judaísmo radica en que los judíos creen que el Mesías aún no ha venido y no reconocen a Jesucristo como Mesías. Esta es una diferencia fundamental.

A continuación, abordaremos un punto muy interesante. Según la religión judía, los judíos partieron a principios del primer milenio, en los años 70 d. C., al exilio (cuarto galut). Esto ocurrió después de que los romanos llevaran a cabo una operación punitiva contra la provincia rebelde. El Segundo Templo fue destruido. Los judíos abandonaron Palestina (la Tierra Santa). Y entonces comenzó una era de dos mil años de diáspora.

Esta era tiene un significado religioso, que se describe detalladamente en la tradición judía. El significado de la diáspora es expiar los pecados de Israel acumulados en etapas históricas anteriores. Si esta expiación es válida, si el arrepentimiento (teshuvá) es profundo, según la tradición judía, aparecerá el Mesías como una bendición del Dios judío bajo las obras de su pueblo elegido. La aparición del Mesías en tal caso será una señal enviada desde arriba para el regreso de los judíos a Israel, el establecimiento de un Estado independiente y la construcción del Tercer Templo de Jerusalén en el lugar del segundo, destruido en Jerusalén.

En principio, los representantes más coherentes de este enfoque judío son ciertos fundamentalistas del movimiento «Neturei Karta» o los jasidim de Satmar, que dicen algo así como: «Nuestro Dios judío nos ha ordenado soportar las dificultades del exilio, esperemos a que termine, redimamos nuestros pecados y, cuando llegue el Mesías (¡pero no antes!), regresaremos a Israel, a la tierra prometida». Se basan en que el Talmud prohíbe claramente el regreso masivo a Palestina antes de la llegada del Mesías y mucho menos mediante el uso de la fuerza.

El Talmud lo prohíbe y afirma con rotundidad: primero el Mesías y luego el regreso a Israel y de ninguna otra manera.

Aquí surge la pregunta: ¿cómo es posible que se haya creado el Estado de Israel, cuando, al parecer, el Mesías aún no ha llegado? Ni siquiera los sionistas más extremistas afirman que haya llegado.

Para comprender cómo es posible que el Estado israelí contemporáneo esté en total contradicción con la religión judía en su forma ortodoxa y talmúdica, hay que profundizar y remontarse, al menos, al siglo XVII, a la época del pseudomesías Sabbatai Zevi. Él fue, según escribe Gershom Scholem, el primer precursor del sionismo.

Sabbatai Zevi declaró que él mismo era el Mesías y que, por lo tanto, los judíos tenían ahora derecho a regresar a la tierra prometida.

Sabbatai Zevi tuvo un final trágico. Cuando acudió al sultán otomano para exigirle, como mesías, que le concediera el derecho a Palestina, el sultán otomano le dijo: «Tengo otra propuesta para usted, señor Sabbatai Zevi: si sigue con estas tonterías, le cortaré la cabeza. Y si quiere sobrevivir, abrace inmediatamente el islam».

Entonces, Sabbatai Zevi hizo un gesto extraño. Cogió un turbante, se lo puso y dijo: «Tiene razón, me ha ganado, no soy ningún mesías, ahora predicaré el islam».

Lo perdonaron, pero qué decepción, qué golpe para la comunidad judía, que ya estaba lista para pasarse al sabateísmo. Ahora bien, el sabateísmo fue rechazado por el judaísmo ortodoxo, pero no desapareció por completo y siguió extendiéndose, especialmente entre los ashkenazim, los judíos de Europa del Este, casi de forma clandestina. En las mismas regiones donde se difundía, comenzó a formarse la corriente del jasidismo, que no tenía una orientación escatológica y mesiánica radical, pero que impulsó la difusión de la Cábala entre la gente común. Tradicionalmente, la Cábala solo puede ser estudiada por rabinos de edad avanzada que hayan completado todas las demás formas de enseñanza talmúdica.

Pero, ¿qué ocurrió en algunas sectas de este sabateísmo? Surgió la teoría de que, en realidad, Sabatai Zevi era el verdadero mesías y que se había convertido al islam expresamente porque había cometido una traición sagrada. ¿Qué es una traición sagrada? Fue a partir de aquí que se desarrolló toda una teología de la traición sagrada, que afirmaba que los judíos podían renunciar a su fe, podían convertirse a otra religión, al islam, pero solo en apariencia, para corromperlos, mientras ellos mismos seguían practicando el judaísmo en secreto.

Más tarde, el sabateísta Jacob Frank se convirtió al catolicismo. Además, proporcionó a los católicos comunes las llamadas pruebas de la existencia del «sacrificio sangriento», es decir, la leyenda de que «los judíos comen bebés cristianos». Insistió en ello, siendo él mismo un judío converso y aportó «pruebas irrefutables». Frank abandonó por completo todas las formas de talmudismo, renunció a su fe y traicionó a sus correligionarios. Tenía una justificación para ello. La doctrina secreta de Frank, al igual que la de Sabbatai Zevi, afirmaba que, en realidad, después del siglo XVII, la misma idea del Mesías había cambiado. Ahora, los judíos son el Mesías. No hay que esperar a ningún otro Mesías, los judíos son el Mesías.

Por eso, incluso si un judío traiciona su religión, sigue siendo santo, porque él es la santidad, él es Dios.

Así se creó el entorno intelectual para el sionismo.

El sentido del sionismo consiste en que es una especie de «satanismo judío». No es satanismo en relación con otros pueblos o culturas, sino un satanismo dentro del judaísmo, es decir, es una inversión de las proporciones. Si el judaísmo ortodoxo clásico insiste en que el sentido de la existencia de los judíos en la diáspora (galut), la cual consiste en esperar al Mesías, que vendrá de fuera, y solo entonces será necesario regresar a la tierra prometida, el sionismo se basa en el principio de que los judíos son Dios. Por lo tanto, ya pueden regresar a Palestina y pueden hacerlo por la fuerza, rechazando así la prohibición talmúdica y, en consecuencia, comenzar ellos mismos la construcción del Tercer Templo. Y la confirmación de este proceso mesiánico será la aparición del Mesías, que en esencia es cada israelí.

De ahí la relación tan específica entre el sionismo y el judaísmo. Por un lado, el sionismo es la continuación del judaísmo, por otro, es la refutación del judaísmo. Ya que el sionismo rechaza los principios más importantes del judaísmo, la cultura de la espera piadosa, la cultura del arrepentimiento (teshuvá).

Es más, los sionistas afirman que los judíos no tienen nada de qué arrepentirse, ya que han sufrido lo suficiente. Los judíos son Dios, no solo «el pueblo de Dios», sino Dios mismo. Esto significa que los judíos son el «Mesías colectivo». Por lo tanto, no hay ley escrita para ellos, ellos son su propia ley.

Esto explica la característica fundamental del movimiento sionista contemporáneo, que se apoya no solo en Israel, sino también en un gran número de judíos seculares, judíos liberales, judíos ateos, judíos comunistas, judíos capitalistas, judíos cristianos, judíos protestantes, judíos católicos, judíos ortodoxos, judíos musulmanes, judíos krishnaitas, judíos neospiritualistas, judíos ocultistas… todo tipo de judíos que, en realidad, representan una red frankista generalizado. Precisamente porque todos ellos, en conjunto y cada uno por separado, son ahora el Mesías, cada uno de ellos puede llevar a cabo tranquilamente la sagrada traición y, al mismo tiempo, no pecar contra su propia esencia.

Así es el mesianismo inmanente, donde los conceptos de Mesías y judío han intercambiado sus lugares. Los sionistas ya no esperan al Mesías, ellos mismos son el Mesías, y por lo tanto ya no tienen a quién ni a qué esperar. Solo les queda, apoyándose en sus propias fuerzas y redes en todo el mundo, afirmar su dominio mundial y reconstruir su Estado de Israel, sin tener en cuenta ni a la población local ni a ningún otro pueblo.

A esto sirve la prohibición formal de criticar el sionismo, vigente en algunos estados estadounidenses, donde el antisionismo se equipara al antisemitismo.

Si lo miramos con atención, veremos que el propio Estado de Israel está en guerra con los semitas, es decir, con los palestinos, los árabes, que son semitas puros. Es más, la ideología sionista ni siquiera puede calificarse en sentido estricto de «judía», ya que se basa en la negación de los principios básicos del judaísmo. Si no se espera al Mesías, ¿qué judaísmo es ese?

El mero hecho de la existencia del Estado de Israel es, a los ojos de los sionistas, la prueba de que ellos son el Mesías. Si no fuera así, el Estado no habría surgido. Y atribuyen todo el mérito de su creación exclusivamente a sí mismos y a sus redes. Si ha salido bien, piensan, significa que todo se ha hecho con la ayuda de Dios.

Y solo queda un paso más: volar la mezquita de Al-Aqsa y comenzar la construcción del Tercer Templo, a lo que llama el grupo sionista radical «Fieles al Templo». Recientemente se han destinado enormes fondos para la investigación en el Monte del Templo.

Dado que el sionismo tiene un trasfondo metafísico tan profundo, es inútil intentar domarlo con apelaciones a la ONU o con vanos lamentos del tipo «reconciliémonos, respetemos los derechos humanos».

Nos encontramos en medio de escenarios escatológicos que tienen un trasfondo metafísico muy profundo. La situación se vuelve cada vez más alarmante, y va mucho más allá de las explicaciones banales habituales: la economía, el mercado, los precios del petróleo, la bolsa, los intereses nacionales, etc., que se vuelven cada vez más contradictorias e incluso absurdas.

Vivimos en una época muy interesante, pero el precio que pagamos por poder vivir aquí es que algunas partes de nuestra conciencia están simplemente bloqueadas o paralizadas. Si salimos de los límites del hipnotismo, la confusión, el sinsentido, el absurdo y la fragmentación posmoderna de la conciencia, veremos un panorama muy interesante y aterrador sobre lo que está sucediendo en Oriente Medio.

Las figuras mencionadas

  • Gershom Scholem (1897-1982): historiador israelí y especialista en mística judía (cábala). Se le considera el fundador del estudio académico moderno de la cábala. Sholem describió a Sabbatai Zevi como precursor del sionismo, destacando cómo los movimientos mesiánicos influyeron en la historia judía.
  • Sabbatai Zevi (1626-1676): místico judío y falso mesías que se autoproclamó Mesías en el siglo XVII. Su movimiento (el sabateísmo) provocó un entusiasmo masivo entre los judíos, pero terminó con su conversión al islam. Este acontecimiento influyó en el desarrollo del antinomianismo (la violación de las leyes para la «purificación espiritual») en las sectas judías.
  • Jacob Frank (1726-1791): Fundador del frankismo, un movimiento religioso que combina elementos del judaísmo, el cristianismo y el islam. Frank se proclamó la reencarnación de Sabbatai Zevi y predicó la «purificación a través del pecado» (la traición sagrada), incluyendo el rechazo del judaísmo tradicional. Sus seguidores (los frankistas) promovieron campañas antisemitas, como las acusaciones del sacrificio sangriento.
  • Neturei Karta: Grupo judío ultraortodoxo antisionista fundado en 1938. Consideran que el sionismo es una ofensa a Dios, ya que los judíos no deben regresar a Israel en masa o por la fuerza antes de la llegada del Mesías. El grupo aboga por la disolución pacífica del Estado de Israel y apoya a los palestinos.

Referencias bibliográficas y fuentes

  • Gershom Scholem, Sabbatai Sevi: The Mystical Messiah, 1626-1676 (Princeton University Press, 1973): biografía clásica de Sabbatai Sevi, en la que Scholem lo analiza como precursor del sionismo. El libro destaca cómo las expectativas mesiánicas evolucionaron hacia movimientos políticos. Disponible en Amazon y Princeton Press.
  • Pavel Maciejko, «The Mixed Multitude: Jacob Frank and the Frankist Movement, 1755-1816» (University of Pennsylvania Press, 2011): El primer estudio exhaustivo sobre Frank y el frankismo, que muestra su influencia en las relaciones entre judíos y cristianos.
  • Talmud (Ketubot 111a): Contiene «Las tres promesas», una metáfora en la que los judíos prometen no «ascender como una muralla» (regresar en masa) a la Tierra de Israel antes del Mesías, no rebelarse contra los pueblos y no acelerar el fin de los tiempos. Esto se interpreta como una prohibición de crear Israel.
  • Yotav Eliach, «Judaism, Zionism and the Land of Israel» (Wise Path Books, 2018): Una revisión de los 4000 años de historia del pueblo judío, centrada en los aspectos religiosos e ideológicos del sionismo.
  • Yitzhak Conforti, «Zionism and Jewish Culture» (Academic Studies Press, 2024): Estudio de las raíces culturales del sionismo, incluyendo el equilibrio entre la tradición y la modernidad.
  • Yossi Shain, «The Israeli Century: How the Zionist Revolution Changed History and Reinvented Judaism» (Post Hill Press, 2021): Análisis de cómo el sionismo transformó la identidad judía, pasando de la diáspora a la soberanía.
  • «Zionism: An Emotional State» (El sionismo: un estado emocional), de Derek Penslar (Rutgers University Press, 2023): sobre los aspectos emocionales del sionismo.
  • «The Threshold of Dissent: A History of American Jewish Critics of Zionism» (El umbral de la disidencia: una historia de los críticos judíos estadounidenses del sionismo), de Marjorie N. Feld (NYU Press, 2024): sobre los críticos judíos del sionismo.

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La espada del katechon

Por Alexander Dugin

Traducción de Juan Gabriel Caro Rivera

Lo que ocurrió el primer día de la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán cambia radicalmente el equilibrio de poder en el mundo, así como las reglas de la política internacional. Trump lleva mucho tiempo diciendo que el derecho internacional no existe: «Lo moral es lo que yo considero moral». En principio, tras el secuestro de Maduro y el establecimiento de un control externo directo sobre Venezuela, así como tras los ataques contra Irán con la destrucción del liderazgo militar, político y religioso del país, una potencia soberana que negociaba con Estados Unidos y no se sometía a sus deseos, creo que ya no es posible hablar de reglas, leyes o normas de relaciones internacionales en el mundo.

De hecho, ahora solo rige la ley del más fuerte, la ley del más rápido. El que golpea más rápido o realiza una u otra acción más rápido, es el que tiene la razón. Todo lo demás se convierte en una mera justificación posterior. Es decir, ahora lo importante es asestar un golpe decisivo al enemigo, quebrantar su resistencia, destruir su liderazgo y atacar sus principales instalaciones militares y energéticas. Después, se puede formalizar como se quiera, justificarlo como se quiera y analizarlo durante el tiempo que se quiera.

Creo que ahora casi todo depende de cuánto tiempo y con cuánta determinación pueda resistir Irán. Si continúa librando esta guerra tras la destrucción de su liderazgo político, si no se rinde, si no eleva la bandera blanca y no se entrega, esto puede acabar mal también para Occidente. Porque entonces todos los demás empezarán a actuar de la misma manera, sin prestar atención a nada y sobrevalorando su potencial, sin tener en cuenta su estatus legal. Esto dará rienda suelta a muchas fuerzas regionales, que harán lo que quieran. Así, la situación podría llegar muy rápidamente al uso de armas nucleares, tal vez en el conflicto entre Pakistán y Afganistán, tal vez en otros. No hay reglas claras.

En resumen, si Irán continúa resistiendo bajo el liderazgo de la nueva dirección, esto podría tener consecuencias muy graves para Occidente y repercutir en el liderazgo de Trump, Estados Unidos y los países de la OTAN. Pero si se repite la situación de Venezuela, es decir, si la nueva dirección se declara vencida o si los militares simplemente no pueden continuar las hostilidades, la guerra será breve. Y en ese caso, nosotros también tendremos que esperar un escenario similar. Aquí no hay ninguna duda: Trump y Occidente, al ver que este plan funciona, su siguiente paso será simplemente eliminar a los principales líderes políticos y militares de Rusia.

Hoy en día ya está claro que estamos actuando con indecisión. Y siguiendo este mismo patrón, durante las próximas negociaciones con Kushner y Witcoff, nos golpearán. Quizás incluso con armas nucleares. Por eso creo que la situación es crítica para nosotros. No hemos defendido ni a Venezuela ni a Irán y China también mantiene su neutralidad. Pero en ese caso, después de nosotros vendrá China. Y entonces el «reino» de Epstein se extenderá por toda la humanidad.

Quiero subrayar que hoy en día ya se puede decir que no estamos lidiando solo con el Occidente liberal. El liberalismo se marchitó muy rápidamente y desapareció de la agenda. Ya nadie habla de valores liberales o democracia, todo eso quedó en el pasado. Ahora reina el culto a Baal, el culto al becerro de oro, el culto al poder global, el culto a Estados Unidos e Israel. Es una civilización de la violencia, el satanismo, el canibalismo, las perversiones y la pedofilia. Y esta «civilización pedófila de Baal» se quita la máscara ante nuestros ojos y comienza a atacar en serio.

Lo que está sucediendo se asemeja mucho al fin de los tiempos desde todos los puntos de vista. Y si no encontramos la fuerza para comprender la situación, nos encontraremos en una situación catastrófica. Muchos insisten en que «no es momento para el pánico», pero a veces es mejor preocuparse seriamente por lo que está sucediendo que creer que todo pasará de largo. Ahora ya es seguro que no pasará de largo: Irán es lo último que se interpone en el camino de una guerra directa entre la civilización de Baal y Rusia.

Si tuviéramos la voluntad y la determinación suficientes (aunque tengo serias dudas al respecto), deberíamos empezar a actuar según las mismas reglas que ya siguen todos, excepto nosotros. Es decir, eliminaríamos al liderazgo político-militar de Ucrania y, sin prestar atención a los costes, resolveríamos las tareas de la operación militar especial.

Por cierto, en contraste con nombres como «Escudo de Judas», «Furia épica» o «El fin del diluvio», que utilizan las potencias mundiales, yo renombraría nuestra modesta operación militar como «La espada del katechon». Y eso cambiaría muchas cosas de inmediato.

Pero me temo que no nos atreveremos a hacerlo y seguiremos con la misma cantinela. Y entonces, repito, los misiles llegarán a Moscú justo durante las negociaciones con Kushner y Witcoff, siguiendo literalmente el guion iraní. La civilización de Baal es sencilla: repite los mismos guiones, y estos funcionan una y otra vez. Porque cada uno piensa que esto solo afecta a Gadafi, Hussein, Milosevic, Mubarak, Nasrallah, Assad o el líder supremo Jamenei, pero no a nosotros. Y así, paso a paso, la civilización de Baal alcanza sus objetivos.

Por lo tanto, o nos movilizamos urgentemente o la situación será extremadamente grave. Y si aún nos quedan ilusiones, significa que dentro de nuestro propio bando hay una profunda falsedad. Especialmente notable en el contexto de lo que ha ocurrido en Irán: una catástrofe a escala global. Allí han muerto personas maravillosas, destacados líderes espirituales. A modo de comparación, es como si hubieran asesinado al mismo tiempo al patriarca de Moscú, al presidente, al jefe del Estado Mayor y a todos los ministros clave. Y al mismo tiempo, el asesinato de más de un centenar de escolares, almas inocentes, por medio de misiles. ¿Acaso después de algo así se puede permanecer indiferente y fingir que no nos afecta especialmente, diciendo que nuestro asunto es otro?

Por eso, si lo soportamos todo y guardamos silencio, la próxima vez harán lo mismo con nosotros. Por eso estoy absolutamente convencido de que, en la situación actual, deberíamos declarar inmediatamente el estado de emergencia. Al menos a nivel de la alta dirección. Porque la situación se está volviendo crítica para nosotros.

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Hemos llegado a una etapa crítica donde no podemos seguir así

Por Alexander Dugin

Traducción de Juan Gabriel Caro Rivera

Vladimir Putin ha firmado un decreto para la creación de una comisión para el desarrollo de la IA. Esta comisión trabajará bajo la autoridad del presidente de Rusia. Pero el problema de la IA (inteligencia artificial) no es solo un problema técnico, sino más bien filosófico y conceptual. Pone en tela de juicio la propia racionalidad, la propia capacidad del ser humano para pensar.

Dado que somos la especie Homo sapiens, el hombre racional, esto nos cuestiona a nosotros mismos, a la humanidad como tal. Por lo tanto, en mi opinión, si se crea una comisión para el desarrollo de la IA (y ya se ha creado impulsada desde los más alto), es imprescindible incluir en ella la dimensión filosófica.

Porque lo que se denomina IAG (inteligencia artificial general) o lo que se conoce como singularidad es, en general, una perspectiva del futuro inmediato. Y significa la sustitución de la humanidad como tal por la inteligencia artificial. Es necesario reflexionar muy seriamente sobre este tema y los desarrollos técnicos en este ámbito no pueden llevarse a cabo sin tener en cuenta estas cuestiones filosóficas.

Los que dirigen la Comisión para el Desarrollo de Tecnologías de Inteligencia Artificial, Dmitry Grigorenko y Maxim Oreshkin, al igual que otros talentosos y eficaces gestores tecnócratas que la integran, no son filósofos (excepto el ministro de Defensa, Andrei Belousov). Pero, en mi opinión, en esta comisión debe estar presente necesariamente un componente filosófico, porque sin él cualquier acción en este sentido es extremadamente peligrosa.

La conversión de la inteligencia artificial en un ámbito de competencia de primer orden es hoy en día tan importante como las armas nucleares. Y tal vez incluso más importante.

Y, por supuesto, un Estado soberano y civilizado como Rusia debe tener sus propios desarrollos tecnológicos soberanos en este ámbito. Pero aquí, a nivel de la IA soberana, vuelven a surgir cuestiones civilizatorias y filosóficas.

El tema de la inteligencia artificial en sí mismo es, ante todo, filosofía. Y la adaptación de la IA a un Estado-civilización soberano como Rusia requiere otro esfuerzo filosófico. Sin embargo, a menudo descuidamos patológicamente el pensamiento. Y cuando nos lanzamos a soluciones puramente técnicas, poco a poco empezamos a quedarnos atrás, ya que la técnica siempre se nutre de la ciencia y la ciencia de la filosofía.

Quiero destacar que las ideas, la visión teórica y las respuestas a las preguntas más difíciles (que se encuentran precisamente en la filosofía) son lo que inspira y hace avanzar a la ciencia, que, a su vez, determina las soluciones técnicas. No podemos sustituir la filosofía por la ciencia, ni la ciencia por la tecnología. Y esta jerarquía correcta debe construirse en todos los niveles de la administración pública, especialmente en cuestiones puramente filosóficas, como la inteligencia.

¿Cómo se puede hablar de inteligencia, artificial o natural, si el propio «pensamiento sobre el pensamiento» es filosofía? Aristóteles definía la filosofía precisamente así: es lo que piensa sobre el pensamiento, sobre cómo pensamos. Por lo tanto, la dimensión filosófica es necesaria. Pero ahora casi no existe en nuestra sociedad. En nuestro sistema —social, tecnológico, administrativo— falta la dimensión filosófica. Y eso es muy triste.

Aunque, por ejemplo, Alexei Chadayev propone hoy en día diferentes proyectos filosóficos muy ingeniosos y acertados para la logística, incluido el comercio. Y, de hecho, la filosofía sin duda puede ser útil también en ese ámbito. Y más aún en ámbitos que tienen un carácter filosófico desde el principio: la cosmovisión, la geopolítica, la civilización, la soberanía en sus fundamentos más profundos, las estrategias de futuro y, por supuesto, las altas tecnologías y la inteligencia artificial.

Pero hoy en día, en mi opinión, el desprecio por la filosofía en nuestra sociedad ha llegado a un punto crítico. No se puede seguir así. No hay nada que funcione en este sentido, porque a muchos les parece algo totalmente innecesario. Y, en realidad, es lo único que realmente necesitamos ahora. Y no solo nosotros.

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Más allá de las etiquetas: Alain de Benoist sobre la independencia intelectual

Por Alain de Benoist

Traducción de Juan Gabriel Caro Rivera

En esta amplia entrevista con la publicación Réfléchir & Agir, Alain de Benoist aborda numerosos temas personales y filosóficos. Comienza refutando rotundamente la afirmación de que su nombre es un seudónimo y detallando su linaje familiar. Como figura clave de lo que los periodistas denominaron la «Nouvelle Droite» (Nueva Derecha), analiza las contribuciones intelectuales del movimiento y critica la aversión de la derecha tradicional al pensamiento teórico. Benoist ofrece valoraciones sinceras sobre la extrema derecha francesa, la evolución del Agrupamiento Nacional (antiguo Frente Nacional en el momento de la entrevista) y aclara sus posiciones sobre la identidad europea y la raza. La conversación se extiende a sus intereses personales, incluyendo su enorme biblioteca de más de 150 000 volúmenes, su pasión por el cine y la música, y sus métodos de trabajo. A lo largo de la entrevista, Benoist se revela como un escritor y pensador prolífico que valora la independencia intelectual, manteniendo relaciones con diversos pensadores mientras sigue su propio camino filosófico.

Publicado originalmente en Réfléchir & Agir n.º 27, otoño de 2007.

Nota de Alexander Raynor

R&A: ¿Por qué eligió el seudónimo Alain de Benoist (los seudónimos siempre tienen un significado)?

AdB: ¡Vaya, qué gran comienzo! No sé de dónde salió el rumor usted esta citando, pero debo decir que nunca antes me la habían soltado. Mi padre, que también se llamaba Alain de Benoist, terminó su carrera como inspector general de ventas de los perfumes Guerlain. Mi abuelo, Charles de Benoist, creador de la marca de automóviles Licorne, se casó con Yvonne Druet, antigua secretaria de Gustave Le Bon, hija de Paul Druet, antiguo presidente del colegio de abogados de Poitiers, y de Delphine Moreau, hermana del pintor Gustave Moreau. Mi bisabuelo, Constant de Benoist, comandante de batallón del ejército territorial y esposo de Louise Apolline de Herte, fue alcalde de Ferrière-les-Amiens, en el departamento de Somme. Mi tatarabuelo, Victor de Benoist, fue alcalde de Waly y diputado de Meuse. ¡Todas estas personas se habrían sorprendido mucho al saber que tomé su apellido como «seudónimo»! De hecho, el seudónimo que adopté para firmar mis primeros artículos fue Fabrice Laroche (insistí en que no incluyera ninguna partícula aristocrática). Más tarde, utilicé el seudónimo Robert de Herte, que llevaba mi bisabuela, pero que ahora ha caído en desuso. La familia de Benoist está emparentada con las de Juana de Arco, Turgot y Tocqueville. Es una familia de origen belga y, más lejanamente, holandés, establecida en Francia desde el siglo XIX. Quienes imaginan que Alain de Benoist es un «seudónimo» tienen aún menos excusa, ya que mi genealogía completa ha sido publicada en varias ocasiones, por ejemplo, en L’Etat présent de la noblesse belge (TN: Estado actual de la nobleza belga) (1984) y por Joseph Valynseele en 1994.

R&A: Lo que se ha denominado impropiamente la Nueva Derecha seguirá siendo la corriente intelectual más rica de la posguerra (quizás incluso la única), con una influencia duradera, algo así como la Action française en el periodo de entreguerras… ¿Es usted consciente de ello y cuál es la posición actual de la ND?

AdB: La escuela de pensamiento que los medios de comunicación bautizaron en 1979 como Nouvelle Droite (Nueva Derecha) —una denominación que nunca me ha gustado mucho— lleva casi cuarenta años dedicándose al estudio y la investigación, y su principal logro, hoy como ayer, reside en sus publicaciones. A lo largo de los años, la ND ha llevado a cabo una labor de profundización rigurosa, sin concesiones, alejada de las modas y del pensamiento convencional. Creo que soy muy consciente tanto de sus deficiencias como, de hecho, de su carácter verdaderamente histórico. A pesar de la falta de recursos que siempre ha padecido, la ND sigue sin tener equivalente, aunque solo sea por su duración y continuidad. Dicho esto, su historia aún está por escribir, lo que solo puede hacer un tercero objetivo y bien documentado.

R&A: ¿Cómo explica la aversión de la «derecha» a la reflexión política y a los intelectuales, que no es nada nuevo?

AdB: Efectivamente, no es nada nuevo y, como tengo una mentalidad esencialmente filosófica, siempre lo he sufrido. La derecha no es fundamentalmente reflexiva, sino reactiva: funciona con entusiasmo o indignación, lo que explica por qué se ha desviado tan a menudo. Me parece que esta tendencia se ha agravado con el tiempo. El trabajo reflexivo siempre requiere un cierto esfuerzo. Sin embargo, no vivimos en una época que fomente el esfuerzo, por decirlo suavemente. Por lo tanto, los intelectuales son percibidos más que nunca como quisquillosos o pensadores alejados de la realidad. En el mejor de los casos, la derecha solo tiene una concepción utilitaria o instrumental del trabajo intelectual: las ideas solo son interesantes si «sirven a un propósito». Esto supone, evidentemente, una ruptura total con el espíritu de los antiguos. Otros, refiriéndose a Goethe (que, sin embargo, era ante todo un pensador), gustan de contraponer las teorías «siempre grises» al «árbol de la vida siempre verde». Bonita fórmula y hermosa coartada. La pregunta sigue siendo si, cuando la vida misma se ha vuelto «gris», no es en el trabajo teórico donde debemos buscar la posibilidad de un «reverdecimiento».

R&A: ¿Qué críticas haría usted a lo que se suele llamar la «extrema derecha» francesa?

AdB: La «extrema derecha», de la que no formo parte, está actualmente condenada al ostracismo en casi todas partes, lo que ciertamente no es normal. Criticar a los condenados al ostracismo me molesta, ya que no soy de los que aúllan con los lobos con la esperanza de ser «aceptado» o «reconocido». Además, no me gusta disparar a las ambulancias, sea cual sea su color. Pero no voy a eludir su pregunta. Como muchas subculturas marginales, la extrema derecha incluye tanto lo peor como lo mejor: idealistas inteligentes, militantes devotos y sentimentales, pero también individuos psicorrígidos, por no mencionar a los «pequeños brutos» de los que hablaba Bernanos. ¿Sus principales defectos? El más grave (y el más constante) es, sin duda, confundir la pertenencia con la verdad. Citaría luego, sin ningún orden en particular, su tendencia a confundir extremismo y espíritu revolucionario, su incapacidad para analizar la complejidad de las cosas, su desafortunada propensión a confundir política y guerra civil (y a olvidar que el objetivo de la guerra es la paz), su gusto por las batallas perdidas de antemano, su amor a lo obsoleto, sus nostalgias, sus resentimientos, su tendencia a reciclar perpetuamente los mismos artículos dedicados a los mismos autores, su convicción de que siempre hay «hombres excesivos» a los que sería mejor que desaparecieran, su forma de atacar a los hombres en lugar de a las ideas, su pereza intelectual, su forma de fetichizar las referencias «heroicas», su marcada falta de atención a las cuestiones sociales, su tendencia a interpretar el mundo del mañana solo en términos de lo que fue ayer, su forma de instrumentalizar al pueblo mientras condena la democracia, que es el único régimen que le permite participar en la vida pública. Y no lo menciono todo. Esto podría ser objeto de un libro.

R&A: ¿Qué mirada fría y entomológica echa sobre la evolución del Frente Nacional desde principios de 1980? ¿Qué futuro le espera?

AdB: Contrariamente a lo que probablemente piensa, creo que algunos de sus recientes desarrollos muestran un cierto realismo. Pero todo esto llegó demasiado tarde. Nunca me atrajo el Frente Nacional y nunca voté por él. Tampoco lo demonicé nunca. Hoy en día, no le veo mucho futuro. Su historia forma parte del ciclo Chirac-Mitterrand, que acaba de terminar.

R&A: ¿Qué les diría a aquellos que no entendieron su cambio de rumbo en la cuestión de la identidad étnica de Europa, este Bad Godesberg de la ND?

AdB: En primer lugar, ¡nunca existió un Bad Godesberg! A partir de la década de 1970, la lectura profunda de revistas y libros especializados en el estudio de las ciencias de la vida me convenció tanto de la realidad de las razas como de la inanidad de las teorías «raciales». Mi primer artículo contra el racismo apareció en Éléments en noviembre de 1974. Durante más de treinta años, he perseguido y desarrollado esta crítica, que, por supuesto, es de naturaleza completamente diferente al «antirracismo» moralizante y mundano que transmite actualmente la ideología dominante. Julius Evola, que creo que es un autor que le gusta bastante, dijo en El hombre y las ruinas, sobre los «hombres diferenciados» que esperaba ver aparecer: «Para ellos, la idea, y solo la idea, debe representar la verdadera patria. Para ellos, no es el hecho de pertenecer a la misma tierra, hablar el mismo idioma o ser de la misma sangre lo que debe unir o dividir, sino el hecho de estar o no aliados a la misma idea». En 1977, en mis «Veinticinco principios de la moralidad», reimpresos en Les idées à l'endroit, expresé más o menos la misma idea al escribir: «Todos los hombres de calidad son hermanos, independientemente de su raza, país y época».

Al desarrollar mi filosofía política, he intentado constantemente explicar dos cosas. En primer lugar, que cualquier enfoque de las sociedades humanas en términos de naturalismo es un enfoque reduccionista que, por lo tanto, se condena a sí mismo a perder su objetivo. En segundo lugar, que la política solo puede entenderse en referencia a su propia esencia, de modo que, tan pronto como se la hace dependiente de criterios no políticos, ya sean económicos, estéticos, guerreros, heroicos, étnicos, éticos o morales, se cae en lo que Julien Freund llamó lo impolítico. No sé muy bien qué decir a quienes no entienden esto, salvo quizá que intenten volver a leerme. Pero me temo que muchos de ellos simplemente no quieren entender, o más precisamente, que lo que quieren es otra cosa que entender, por ejemplo, complacerse a sí mismos.

R&A: ¿Qué le sigue uniendo hoy en día a sus antiguos amigos franceses Dominique Venner, Pierre Vial o Jean-Claude Valla?

AdB: Muchas cosas, empezando por recuerdos grandes y fuertes. Crear hermosos recuerdos es uno de los deberes de la existencia. Jean-Claude Valla, que fue un notable secretario general de GRECE, es un viejo cómplice desde hace más de cuarenta años. Dominique Venner se ha convertido en un historiador de calidad, cuya escritura y estilo admiro. Pierre Vial, a quien también conozco desde 1960, ha elegido un camino que no es el mío (y que no siempre ha sido el suyo), lo cual es totalmente su derecho: cada uno utiliza su libertad como mejor le parece. Por supuesto, no siempre estoy de acuerdo con mis amigos y mis amigos no siempre están de acuerdo conmigo, lo cual es excelente (¡qué aburrido sería estar siempre de acuerdo en todo!), siempre y cuando no se recurra a argumentos ad hominem, que deshonran a quienes los utilizan. Son los desacuerdos los que permiten poner a prueba la amistad.

R&A: Usted escribió: «La forma de partido está en proceso de agotamiento y los hombres que llegan al poder tienen principalmente el ocio de medir allí su impotencia». ¿Cómo imagina la mutación de la política en las próximas décadas?

AdB: La política es la historia en acción y también es el arte de lo posible. Siempre hay política en las sociedades humanas —sigue siendo una de las características que las distinguen de las sociedades animales—, pero sus formas y ejemplos siempre han variado a lo largo de la historia. La forma de partido y el Estado-nación desempeñaron un papel considerable en la era de la modernidad, que también está llegando a su fin. Ahora que las grandes instituciones globales se han agotado al mismo tiempo que las «grandes narrativas» que las sustentaban, creo que la política se fusionará cada vez más con los nuevos movimientos sociales, las redes de iniciativa ciudadana y las comunidades locales. Carl Schmitt vio muy bien que lo que más amenaza a la política es el despliegue de la doble polaridad de la economía (el mercado) y la moralidad (la ideología de los derechos humanos). Es de esta tenaza de la que hay que escapar.

R&A: ¿No es demasiado ardua y elitista la lectura de «Éléments»? ¿Son conscientes de ello sus editores? ¿Es una elección deliberada, una intención específica?

AdB: «Arduo» es una palabra que no tiene significado en sí misma. El lector de Voici sin duda encuentra «arduo» leer L'Express o Le Point, al igual que el lector de Le Point puede encontrar difícil leer Esprit o Commentaire, mientras que el lector de Esprit puede encontrar difícil leer la Revue de métaphysique et de morale. En este asunto, todo es necesariamente relativo. Muchos lectores de Krisis ni siquiera leen Éléments, que consideran superficial o ligera. Personalmente, no me parece que Éléments sea una revista difícil de leer. Es cierto que publica artículos de fondo, pero también, en sus páginas «Cartouches», multitud de información sobre todos los temas. Esto explica por qué ha prácticamente duplicado su número de lectores en los últimos años, lo que no es nada desdeñable para una revista que no recibe ninguna subvención. Al mismo tiempo, debemos darnos cuenta de que, como acabo de decir, el verdadero trabajo de reflexión requiere un mínimo de esfuerzo. Como hoy en día todo el mundo tiende a optar por la opción más fácil, rápidamente se considera «elitista» lo que en realidad es de nivel medio. Por mi parte, siempre he intentado escribir de la manera más pedagógica posible. También se está estudiando un nuevo diseño para Éléments con el fin de hacer la revista más viva. Esto debería satisfacer sus expectativas.

R&A: ¿Tiene fama de tener una de las bibliotecas privadas más grandes de Francia? ¿Cuenta con tantos volúmenes? ¿Es necesario que lo conserve todo para trabajar?

AdB: La última vez que conté mis libros, ya tenía más de 150 000. Obviamente, se trata principalmente de una biblioteca de trabajo, pero tiene razón: ¡no necesito la mayoría de estos libros más de lo que Ernst Jünger necesitaba los escarabajos que acumulaba por miles en sus cajones! El problema es que también soy un coleccionista que no puede evitar intentar adquirir todo lo que se publica sobre los temas que le interesan, incluidas las obras de autores que le gustan, incluso cuando se publican en turco o en chino. La «coleccionitis» es generalmente un rasgo de los melancólicos y los ansiosos. Con la sabiduría que da la edad, sin duda debería deshacerme de un buen tercio de mis libros.

R&A: Tuviste la oportunidad de conocer y entablar amistad con personas como Konrad Lorenz, Arthur Koestler, Ernst Jünger, Emil Cioran… ¿Qué encuentros te marcaron más?

AdB: En general, siempre es peligroso intentar conocer a los autores que uno admira, ya que se corre el riesgo de llevarse una decepción. Sin embargo, este no fue el caso de las cuatro personalidades que mencionas. También me unía una gran amistad con Louis Rougier, Georges Dumézil, Raymond Abellio, Louis Pauwels, Armin Mohler o Jean Cau. Dicho esto, siempre distingo entre los sentimientos que puedo tener hacia las personas y lo que pienso de sus obras. Lamento infinitamente no haber conocido a René Char, Pasolini, George Orwell o Antonin Artaud, pero también hay autores por los que no siento la más mínima admiración, aunque su obra haya tenido una influencia duradera en mí.

R&A: Ya ha dicho que, cuando era muy joven, pensó en convertirse en director de cine. ¿Qué cineastas, vivos o muertos, admira?

AdB: La dirección cinematográfica fue, en efecto, mi primera vocación. Rápidamente me alejé de ella bajo la doble influencia de la política y el periodismo. Sin embargo, siempre he cultivado una verdadera pasión por el cine. Cuando era estudiante de Derecho, veía tres películas seguidas cada noche en la Cinemateca de la rue d'Ulm. El recuerdo que guardo de ello sigue siendo un encanto: descubrir en pocos años las obras maestras de Fritz Lang y Erich von Stroheim, de Pabst y Murnau, de Eisenstein y Dovjenko, de Jean Renoir y Robert Bresson, de Buñuel y Rossellini, me marcó de una manera verdaderamente indeleble. La cinematografía, que fue el gran arte popular de la primera mitad del siglo XX, es la imagen en movimiento, un proceso que no necesita ni color ni siquiera sonido. También es un formidable auxiliar de la psicología. Me encanta el cine que hace pensar o que ayuda a pensar. Aunque es difícil establecer un ranking, mi cineasta favorito sigue siendo probablemente Ingmar Bergman, cuya reciente muerte me entristeció enormemente. Creo que en Éléments, donde Michel Marmin trata con maestría todo lo relacionado con el cine, la única crítica cinematográfica larga que publiqué fue sobre Fanny y Alexander.

En los últimos años, las películas que más me han emocionado de una forma u otra son Eyes Wide Shut de Stanley Kubrick; Breaking the Waves de Lars von Trier; Les enfants du marais de Jean Becker; Las invasiones bárbaras de Denys Arcand; Million Dollar Baby de Clint Eastwood; Flandres de Bruno Dumont y La vida de los otros de Florian Henckel von Donnersmarck. Pero seguro que me olvido de algunas, empezando por las películas de Ken Loach o de los hermanos Dardenne.

R&A: Aunque tenías veinte años en 1960, no pareces muy atraído por el rock. ¿Qué música te gusta entonces?

AdB: Sin música, decía Nietzsche, la vida sería un error. Se podría decir lo mismo de las mujeres y los gatos. Obviamente me gusta la música clásica, pero nunca he desdeñado ningún género. Mi adolescencia fue Elvis Presley, Bill Haley, Tommy Steele, Cliff Richard, Lonnie Donnegan y algunos otros. ¡Siempre he tenido debilidad por el joven Presley! También me entusiasmaban el jazz, el blues y el gospel, desde Bessie Smith, Duke Ellington y Bix Beiderbecke hasta Charlie Parker, Fats Domino o Miles Davis, pasando por Big Bill Broonzy, Sarah Vaughan, Ella Fitzgerald, Mahalia Jackson, Ray Charles, sin olvidar a Ottilie Patterson, que cantaba con la orquesta de Chris Barber. En el ámbito francés, creo que nadie ha superado nunca a Brel, Brassens, Leo Ferré y Barbara (por encima de todo, destaco los poemas de Aragon cantados por Ferré). En un plano más político, antes de Bob Dylan también estaban Colette Magny, Paul Robeson y Pete Seeger. Más tarde, me gustaron bastante Serge Reggiani, Gainsbourg y el reggae, Ferrat, Moustaki, Le Forestier, Higelin, Lavilliers, Nina Hagen y Klaus Nomi. Estas referencias pueden parecerte un poco anticuadas. Eso es porque apenas veo quién ha tomado el relevo. Me gusta bastante Juliette, pero es irregular. Y Renaud no cumplió las promesas de sus inicios.

En 1970 y 1980 también creé una especie de discoteca con música popular de casi todos los países, así como canciones políticas de todas las tendencias de las que pude encontrar grabaciones (¡debo tener al menos 40 versiones diferentes de La Internacional y la Canción del Che Guevara!). Por último, haré una mención especial a los cantantes «regionalistas» de la gran época: Glenmor, Gilles Servat, Marti, Géranium, Marieke en Bart, etc. ¡Pero también me encanta el flamenco!

R&A: ¿Qué pintores te gustan?

AdB: Entre los clásicos: Durero, Cranach, Vermeer, Botticelli, Miguel Ángel. En la pintura moderna, la línea que va del impresionismo al cubismo siempre me ha dejado bastante indiferente. La tradición pictórica y plástica que más me atrae es la del expresionismo, desde Goya y El Greco hasta Lucian Freud, pasando por Van Gogh, Schmidt-Rotluff, Ernst Barlach, Käthe Kollwitz y Edvard Munch. Pero también me gustan mucho los surrealistas, la escuela alemana de la Nueva Objetividad (especialmente Otto Dix y Rudolf Schlichter), la pintura metafísica de Giorgio De Chirico y Carlo Carrà, los prerrafaelitas ingleses (Rossetti, Edward Burne-Jones, William Morris) y algunos pintores más aislados como Arnold Böcklin, Franz von Defregger o Moritz von Schwind.

R&A: ¿En qué está trabajando actualmente?

AdB: En demasiadas cosas, como de costumbre. Además de las revistas en las que colaboro, acabo de terminar una extensa bibliografía de Carl Schmitt de más de mil páginas y tengo tres proyectos de libros en marcha: uno sobre la filosofía del dinero, otro sobre la evolución del derecho y el último sobre la noción de política, en el que examino críticamente las tesis de Schmitt sobre la relación entre política y conflicto. También tengo la intención de publicar varias colecciones nuevas de artículos, así como una edición completamente revisada de mi diccionario de nombres propios. Probablemente, algunas de estas obras aparecerán primero en Italia, donde tengo un público más atento y numeroso que en Francia.

R&A: ¿Cuál es su método de trabajo? El trabajo es visiblemente una forma de vida para usted…

AdB: No me gusta mucho la expresión «modo de vida», que me evoca ese sustituto contemporáneo del orden moral que es el higienismo dispensado por lo que Christopher Lasch denominó el «Estado terapéutico». Por lo general, trabajo entre 80 y 90 horas a la semana (¡lo que no me impide ser hostil a la ideología del trabajo!), sin mucho mérito en ello, ya que normalmente me dedico a cosas que me gustan. Normalmente, leo por la mañana y por la tarde intento escribir unas diez páginas al día. Por desgracia, este estupendo programa se ve a menudo interrumpido por diversas obligaciones. La gran mayoría de lo que escribo no es remunerado, lo que tampoco me importa. La gratitud, al igual que la generosidad, es uno de los valores que rigen mi vida.

Fuente: https://nouvelledroite.substack.com/p/beyond-labels-alain-de-benoist-on

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El Día del Héroe (Escalada)

Por Alexander Dugin

Traducción de Juan Gabriel Caro Rivera

Presentador: Para empezar, al inicio del programa, quiero felicitarles personalmente a ustedes y, probablemente, también a todos nuestros oyentes por la festividad. El 23 de febrero es un día significativo para nuestro país. Independientemente de cómo se le denomine: ahora es el Día del Defensor de la Patria, aunque algunos aún lo recuerdan como el Día del Ejército Soviético y la Armada. En cualquier caso, es un día maravilloso para reunirse, celebrarlo y simplemente charlar entre nosotros. Por eso, en principio, probablemente también se pueda hablar de este día por separado: ¿en qué medida la importancia de la defensa de la patria adquiere hoy nuevas realidades? Si durante mucho tiempo pareció que se trataba simplemente de una «fiesta para los niños» en contraposición a una «fiesta para las niñas», no es así: los últimos años demuestran que es algo que nunca y bajo ninguna circunstancia se debe olvidar. No se puede dejar en un segundo plano.

Alexander Dugin: Sí, tiene toda la razón. Pero antes me gustaría felicitar a todos los cristianos ortodoxos por el comienzo de la Gran Cuaresma. La primera semana de Cuaresma es la más seria, se lee el canon de Andrés de Creta. Por lo tanto, por favor, cristianos, ortodoxos, no se lo pierdan, es muy importante. Es el primer momento de la Cuaresma, la primera semana, la más estricta. Abstinencia estricta: en los primeros días no se suele comer nada e incluso algunos no beben. Y no dejen de asistir al canon. Perdonen por amor a Cristo: ayer fue el Domingo de Perdón. Perdonen a todos, perdónenme todo.

Y ahora pasemos al 23. El 23 de febrero. Saben, durante mucho tiempo, en la época soviética, era realmente una fiesta de los hombres. Porque, en realidad, el recuerdo de la guerra, sobre todo de la Gran Guerra Patria, se fue desvaneciendo poco a poco de nuestra sociedad, se convirtió en algo oficial, algo importante, algo realmente memorable, pero museístico. Era el pasado. Y como se había convertido en pasado, todos sentían que había dejado de ser, que ya no estaba: había pasado y ya no era. Por eso, en realidad, el ejército como tal, la defensa de la patria, se consideraba una especie de abstracción. Y luego, al final, el poder soviético empezó a provocar sentimientos más bien irónicos. Y así, en general, se decía que era realmente el día de los hombres, una especie de fiesta de género.

Ahora, por supuesto, su significado está cambiando. Porque hay una guerra. La defensa de la patria es lo que está en la agenda. La gente muere, la gente da su vida. La gente en el frente tiene que matar al enemigo. Y la imagen del guerrero, la naturaleza de la guerra, el heroísmo con el que nos enfrentamos constantemente ahora mismo, por supuesto, cambia la actitud hacia esta fiesta. Por eso, me gustaría felicitar en primer lugar a nuestros soldados, que ahora se encuentran en la línea de combate. Porque, si hablamos de a quién pertenece esta fiesta en primer lugar, es a ellos. Es la fiesta de esas personas reales, ya no hipotéticas, ni del pasado, ni abstractas, sino concretas, sobre cuyos hombros recae ahora la existencia de nuestro pueblo y nuestro Estado. Cada persona que ahora está luchando, que ahora está en el frente, que está involucrada en esta guerra de la manera más directa o que la apoya desde dentro o que la planifica estratégicamente… Es precisamente el ejército y nuestro pueblo, que voluntariamente se ha ido al frente, lo que ahora constituye no solo nuestra línea de defensa, sino la línea de nuestra existencia.

Por eso, probablemente, como nunca antes, esta festividad ha adquirido un significado muy profundo, porque ahora es una festividad bañada en sangre. Es una festividad en la que se entrelazan la muerte, la perdición, el increíble sufrimiento de personas que han perdido a sus seres queridos, que han perdido extremidades, que se han quedado discapacitadas, que se han enfrentado a pruebas tan terribles en el frente. Porque es difícil sufrir, es difícil perder a los seres queridos, es difícil morir, pero no menos difícil es matar a otros seres vivos, a nuestros hermanos, que hablan exactamente igual que nosotros. Eso también es muy difícil. Y eso significa traspasar algo dentro de uno mismo. Creo que ahora la guerra, el heroísmo, la defensa de la patria y la defensa de la tierra paterna adquieren un significado que, en mi opinión, no se había visto desde la Gran Guerra Patria. Por eso es una fiesta del presente, una fiesta de personas reales.

Y al mismo tiempo, esto cambia la actitud hacia aquellos a quienes llamamos hombres. Ahora es muy importante separar al hombre biológico del guerrero. Porque no todos los hombres deben ser felicitados en esta festividad. Existen traidores, gente de la sexta columna que sueña con que todo esto termine para poder descongelar el dinero robado en Occidente. Ellos no son hombres. Puede que sean hombres biológicos, pero no son defensores de la patria, no hay que felicitarlos. No hay que felicitar a quienes tienen su propia opinión sobre la operación militar especial. Son cobardes, canallas y traidores. Y esta no es su fiesta, aunque sean hombres biológicos. Es precisamente nuestra fiesta. Es la fiesta de las personas que hoy luchan en la misma guerra patriótica contra el Occidente colectivo.

Y en este sentido, me parece que para que te feliciten, debes merecerlo. No basta con ser hombre. Hay que ser un verdadero guerrero, un verdadero patriota, un verdadero héroe. Y no solo en tú alma o de forma abstracta, sino demostrándolo ahora mismo con hechos. Por eso me gustaría felicitar precisamente a aquellos que lo merecen. No a todos por igual. Y aquellos que no lo merecen, en mi opinión, son aquellos que ahora mismo no tienen un alma de guerreros, aquellos que simplemente no merecen ni felicitaciones ni ser llamados hombres. Son escoria, no hombres. Y solo felicitaremos a los verdaderos patriotas de nuestro país, a los héroes que realmente respondieron a la llamada de la patria en el momento necesario y se levantaron para defenderla.

Presentador: Si me lo permiten, me gustaría llamar la atención sobre la otra parte del nombre de la festividad: El Día del Defensor de la Patria es también una excelente ocasión para reflexionar de nuevo sobre cómo la Patria piensa y se preocupa por sus defensores. He vivido menos que usted y sé menos que usted, pero también lo he oído de mis padres (mis padres son militares) y mi abuelo pasó toda la guerra con una gran cantidad de condecoraciones… Y, aun así, les oí hablar de que, periódicamente, tanto en el pasado como en el pasado reciente, se manifestaba una actitud superficial hacia los defensores del Estado. Y ahora, en los últimos años, parece que se ha producido una especie de ola inversa en diferentes direcciones y ámbitos. Es decir, no se trata solo de una compensación, sino de más atención, más cuidado, más participación y (perdón por la trivialidad) más privilegios para estos defensores. ¿Por qué ocurre esto? ¿No será porque son precisamente estas personas las que con sus vidas garantizan lo que a veces se esconde detrás de las palabras «soberanía» y «seguridad»: la seguridad física no solo del Estado, sino también de cada persona en particular?

Alexander Dugin: Tiene toda la razón, es una observación muy acertada. Bueno, en primer lugar, en lo que respecta a la Gran Guerra Patria: aunque la memoria de los veteranos y la memoria de los héroes, nuestros antepasados, era sagrada en nuestra sociedad, ya que todos participaron en la guerra, absolutamente todos, prácticamente no había hombres (y en gran medida mujeres) que no participaran en esa Gran Guerra Patria, entonces, en realidad, tal respeto, especialmente al principio, cuando todo el país regresó del frente, tal vez fuera difícil de mostrar. En general, tal vez no valía la pena esperarlo.

En cuanto a otras guerras —la guerra de Afganistán, la primera campaña de Chechenia y, en parte, incluso la segunda campaña de Chechenia—, aquí sí que nuestros soldados, que defendieron la patria en Afganistán y Chechenia, especialmente la primera vez, no recibieron de la sociedad el respeto y la atención que tenían todo el derecho a recibir. Se sacrificaron, arriesgaron sus vidas, mataron, sufrieron, perdieron extremidades, y la sociedad no los recibió como héroes. La sociedad no les dijo nada, no se inclinó ante ellos, simplemente no les dijo: «Que Cristo los salve, nuestros queridos soldados». Fue diferente, y lo recuerdo bien: quienes lucharon en Afganistán fueron abandonados, dejados a su suerte, como si hubieran sido borrados de la conciencia pública y la guerra fue borrada.

Pero no voy a hablar de 1990, esa vergüenza que da miedo recordar. Es una época negra de nuestra historia. Y toda la escoria que entonces consiguió los primeros puestos en el Estado son, por supuesto, gobernantes peores que los que conocimos incluso en la época de los disturbios. Con todas las traiciones de ese infierno, esas lacras que llegaron a gobernar nuestro país en 1990, resulta difícil imaginar algo así en nuestra historia. Y, por supuesto, era imposible esperar de ellos un trato digno hacia los soldados. Era todo lo contrario: de hecho, el país estaba completamente ocupado por la «isla de Epstein» en 1990. Es realmente horrible, es imposible recordarlo. Ahora, después de 26 años de gobierno de Vladimir Vladimirovich Putin, nos cuesta incluso imaginar cómo pudo suceder eso.

Pero quiero apoyarlos: hoy, sin duda, tengo muchos amigos y seres queridos, y muchos han fallecido… Saben, Dasha falleció y fallecieron muchos representantes de la Unión de Juventudes Euroasiáticas, a quienes he cuidado y supervisado durante muchos años, pero la actitud hacia las víctimas y los participantes en la guerra es completamente diferente, distinta. Incluso creo que es mejor que la que se tuvo hacia los veteranos de la Gran Guerra Patria inmediatamente después de su finalización. Ahora hay atención por parte de las autoridades y de la sociedad. Esta guerra no se ha borrado, no se libra entre bastidores. Se rinde homenaje a sus héroes. Bueno, por ejemplo, es parte de mi vida: se erigió un monumento a Dasha Dugina en Zajarovo. Un monumento magnífico. Allí acuden los niños, se imparten lecciones sobre el valor de Daria Dugina, se habla de otros periodistas, otras chicas, chicos, adultos que murieron en los frentes de esta guerra; acuden los veteranos. Es decir, la actitud hacia ellos por parte de las autoridades, de las instituciones educativas, de la administración es realmente digna.

Esto es algo que hay que destacar, porque esta guerra, la Operación Militar Especial, ha afectado a nuestro pueblo y a nuestra sociedad como debe ser: como una guerra afecta a las personas sanas, cuando lo sentimos, sufrimos, lo vivimos, luchamos. Y esta guerra ha demostrado la unidad de las autoridades y el pueblo en la lucha contra un enemigo mortal. Estoy de acuerdo en que se trata de un caso realmente excepcional. Probablemente, desde el punto de vista humano, desde el punto de vista ruso, nunca se había tratado así a nuestros soldados, a las víctimas, a los que lograron sobrevivir a esta guerra, a los veteranos. Esto no significa que siempre será así, aunque nos gustaría, pero ahora hay que dejar constancia de ello: es realmente así y merece todo tipo de elogios. Las relaciones se vuelven dignas. Aunque hay excesos, pero siempre los habrá.

Otra cosa, por supuesto, es cuando todos regresen del frente: ¿habrá suficiente corazón, suficiente humanidad en el poder para tratar así no solo a los soldados que regresan, sino a una parte tan grande de nuestro pueblo? Porque, en la práctica, creo que esta guerra afectará a todas las familias.

Presentador: Sí, y a sus palabras hay que añadir que todo esto debe orientarse hacia la mayoría constructiva. Desgraciadamente, hay casos aislados de comportamientos inadecuados. Lo importante es no darles demasiada importancia ni exagerarlos. Pero pasemos directamente a los temas que han surgido durante la semana y el fin de semana, y que siguen causando revuelo en el espacio informativo. El enfrentamiento entre el presidente de los Estados Unidos y el Tribunal Supremo parece bastante curioso. Durante mucho tiempo, mi pregunta favorita para los americanistas y los especialistas en la América contemporánea era: si el presidente de los Estados Unidos quisiera hacer algo, ¿alguien podría detenerlo? Y existe la posibilidad de que no lo hicieran. Por ejemplo, si el presidente estadounidense quisiera lanzar un misil nuclear, ¿alguien podría detenerlo por medios legítimos y legales? En este caso, recibí una respuesta un poco indirecta: el Tribunal Supremo anuló los aranceles de Donald Trump. Y durante el fin de semana comenzó: Trump lo vio, aplicó otra ley y volvió a imponer aranceles del 15 %. Por ahora, todo parece estar en equilibrio, todos están «contentos» unos con otros. Pero para Trump no es solo un golpe como presidente: también es un desafío personal, alguien se atrevió a interponerse en la voluntad de Donald Trump. ¿Cómo ve usted este enfrentamiento, tanto con el Tribunal Supremo personalmente con Trump como con Estados Unidos en general tal y como se ha configurado?

Alexander Dugin: En primer lugar, creo que es absolutamente evidente que en Estados Unidos existen ahora varias realidades paralelas, mundos paralelos. Y uno de esos mundos transcurre en la mente del mismo Donald Trump. Esta mañana ha felicitado a todo el mundo. Ha dicho que Estados Unidos está ganando tanto y le va tan bien que incluso resulta indecente lo mucho que está ganando. Esa es su visión del mundo. Es decir, él es el señor del universo, decide todo lo que quiere: puede empezar una guerra, puede terminar una guerra, puede imponer aranceles, puede eliminarlos. Pero eso solo está en su cabeza. Es como un universo realmente paranoico en el que ocurren acontecimientos autónomos, independientes de la realidad. De hecho, creo que ahora nadie duda de que Trump es una persona mentalmente enferma. Antes parecía simplemente los excesos de una persona especial, exaltada, metafórica, que lo exageraba todo. Bueno, ahora es más bien un diagnóstico. Y sus palabras, en esencia, no sirven para nada. En realidad, no consigue nada, simplemente nada. Fueron los tribunales los que detuvieron el trabajo de los servicios de aduanas. Los tribunales de menor rango anularon prácticamente todas sus órdenes. Ahora el asunto ha llegado a los aranceles. No ha cumplido nada de lo que prometió a sus votantes. Es decir, es políticamente irresponsable y, en mi opinión, es irresponsable en general.

Nosotros tampoco queríamos pensar así. Creíamos en sus palabras y todo parecía muy prometedor. Pero, al final, en solo un año, ha sido un fracaso total. Simplemente, es un fracaso. No ha podido llevar a cabo nada de lo que empezó. Solo lo que le imponen los neoconservadores y los sionistas cristianos y no cristianos que lo controlan. Resultó ser simplemente una nulidad. Lo que ocurre en su mente es una cosa. Ahora el tribunal ha decidido devolver 172 000 millones de dólares a los contribuyentes estadounidenses. Trump dijo que no lo haría y les impuso a todos un impuesto del 15 %. Ya es evidente que se trata de un choque de universos. Es decir, la realidad contradice su conciencia, pero él, como persona con estas características, lo ignora. Por lo tanto, en realidad, todo se aproxima rápidamente al colapso político, que sin duda se manifestará en las llamadas mid-term elections, las elecciones que se celebran a mitad del mandato presidencial. Y, en general, ahora ya se dice que, en realidad, en determinadas posiciones, el número de quienes votarán en contra de Trump, incluidos sus propios partidarios, es ya tan grande que la destitución puede afectar tanto a él como a J. D. Vance. Es decir, los republicanos han defraudado todas las expectativas este año, incluidas las de sus propios seguidores, por lo que, en mi opinión, la cuestión ya está decidida. Simplemente lo han descartado y todos esperan a que se vaya a curarse o a descansar. Se ha asegurado una jubilación estupenda creando el llamado Consejo para la Paz, que preside como presidente vitalicio, y exigiendo a diferentes países que aporten miles de millones. Es simplemente una estafa en toda regla, combinada con evidentes desviaciones mentales.

Bueno, que Dios se encargue de él. ¿Se puede detener a Trump en caso de una guerra nuclear? Es difícil de decir, porque, en primer lugar, hay quienes detienen a Trump y quienes lo empujan y lo provocan. Y los que están allí, como Levin, Ben Shapiro, los neoconservadores, el terrorista Lindsey Graham, lo están empujando a la guerra con Irán. El Congreso quiere prohibírselo, pero el Congreso también está siendo empujado por las mismas estructuras de presión. Por eso, la cuestión aquí es que Trump es uno de los componentes de un juego político bastante volátil, complejo y crítico que se está desarrollando en Estados Unidos. Su universo individual vive en algún lugar entre mundos, entre choques de grupos de influencia reales, y él es como un comodín: unos lo echan sobre la mesa, otros lo recogen. Un comodín impredecible, pero sin ninguna lógica ni coherencia en sus acciones. Constantemente cambia el equilibrio de poder. De hecho, lo ha cambiado todo. Antes se decía que con Biden no pasaba nada.

Ahora se lamentan de que con Trump pasan demasiadas cosas, pero no las que la gente esperaba. Es cierto que hay dinamismo, hay movimiento, pero el sentido ha desaparecido por completo.

Y eso es muy peligroso, porque detrás de él se manifiestan cada vez más fuerzas muy siniestras, la misma lista de Epstein que, en esencia, gobiernan Estados Unidos y Occidente. ¿Y qué se les ocurrirá a estas personas, caníbales y participantes en orgías satánicas de pedofilia? Y cuando decidan, por ejemplo, lanzar un ataque nuclear contra una u otra parte, eso es peligroso. Ahora se ha puesto de manifiesto tal abismo en la caída del Occidente colectivo que Trump claramente no es el único ni el principal personaje allí. Hay muchas otras fuerzas siniestras que se han revelado en esta situación. Y eso realmente hace que la situación sea extremadamente volátil y peligrosa.

Presentador: Hacia el final de la primera parte del programa, usted mencionó de alguna manera la situación, que cada día se vuelve más salvaje y descabellada. Parece una locura, aunque, si lo pensamos bien, no hay nada sorprendente en ello. Son las consecuencias del juicio por el caso de la isla de Epstein, los resultados, ni siquiera sé cómo llamarlo… Una locura de la que cada vez se sabe más. Y da la sensación de que no solo afecta a Estados Unidos, sino a todo este mundo occidental «progresista». Probablemente, las historias más impactantes y escandalosas con los participantes en estas aventuras están ocurriendo ahora en Europa. Allí, incluso los miembros de las familias reales, como la monarquía británica, están siendo despojados no solo de sus honores y privilegios, que les corresponden por derecho de nacimiento. He visto noticias de que el príncipe Andrés (sí, ese mismo) podría ser excluido de la línea de sucesión al trono. Es comprensible: él no es ni el primero ni el segundo en la línea de sucesión, y es poco probable que alguna vez llegue a ocupar el trono, pero el mero hecho de ser excluido de la lista… Esto indica que en algunos lugares se toman esta historia muy en serio, y en otros, quizás aún más.

Alexander Dugin: En todas partes, excepto en Estados Unidos, se toman esto más o menos en serio. Al menos, como mínimo, se trata de dimisiones. Lord Mandelson, por cierto, la mano derecha de Starmer, por participar en las orgías de Epstein. Por cierto, esto ocurrió incluso antes de que se demostraran legalmente: simplemente, basándose en la publicación de los archivos, presentó su dimisión. En sus propiedades inmobiliarias, en sus castillos, en sus casas se llevaron a cabo incautaciones de documentos y redadas policiales. Del mismo modo, el ex primer ministro de Noruega se encuentra en la misma situación. Incluso en algunas propiedades de los barones Rothschild, los «intocables», que resultaron estar directamente relacionados con Epstein, también se están llevando a cabo ciertas investigaciones. Jacques Lang dimitió de su cargo de ministro de Cultura de Francia. Es decir, en Europa se está reaccionando de alguna manera a la publicación de estos archivos. El único país donde no se ha producido ni una sola detención tras la publicación es Estados Unidos.

Y, por supuesto, hay que tratar con cautela la caída significativa del presidente Trump en la política, porque sigue siendo el presidente, el presidente de una potencia nuclear, con la que mantenemos ciertas negociaciones. Lo que quiero decir es que, desde el punto de vista político, Rusia respeta un cierto protocolo de formalidad hacia Trump, y hace muy bien en hacerlo. Debemos tener en cuenta, comprender y, simplemente por respeto al país y a su pueblo, respetar un cierto protocolo hacia Trump. Pero en lo que respecta a los propios estadounidenses, y especialmente a sus partidarios… Sus oponentes no lo querían desde el principio y eso es comprensible, se puede atribuir a la lucha política. Ahora Clinton está recorriendo Europa, criticando a Trump: aquí incluso me gustaría defender a Trump frente a esta anciana monstruosa y rabiosa de los archivos de Epstein.

Pero resulta que esta idea de que existe un «Estado profundo» y que Trump quiere «drenar el pantano» (es decir, se opone a él) se ha derrumbado ante los ojos de los partidarios de Trump. Quizás esto es lo que más quería destacar. Por alguna razón, este tema se interpreta de forma extraña en nuestro país, ni siquiera puedo entender por qué. Es decir, tal vez realmente respetemos algunas normas de cortesía necesarias (por cierto, estoy de acuerdo en que son necesarias) hacia el presidente de los Estados Unidos. Pero, en general, al echar un vistazo a la política estadounidense, hay que darse cuenta inmediatamente de que Trump simplemente ya no tiene seguidores, salvo un 15 % de personas completamente aleatorias que, tal vez, simplemente no son capaces de sumar dos más dos. Esa enorme base electoral que lo llevó al poder se ha alejado de él. Esto no significa que se haya pasado al bando demócrata, en absoluto. Los demócratas también están implicados en los archivos de Epstein, al igual que los republicanos.

Pero resultó que antes una parte de la sociedad estadounidense creía que existía un Estado profundo, el Deep State, y que había quienes se oponían a él, quienes lo denunciaban, quienes lo llevarían ante la justicia, realizarían registros y detenciones. Es decir, aquellos que castigarán al Estado profundo por sus intervenciones en el mundo, por su traición a los intereses nacionales de Estados Unidos y por su connivencia con las prácticas monstruosas de las élites, incluidas las élites científicas, que se vieron envueltas en estas orgías. Se trata de crímenes absolutamente monstruosos contra las personas. Ahora se está descubriendo que cazaban personas en la finca, personas vivas. Por cierto, a personas de raza negra. Incluso inventaron un término especial: «moon cricket», saltamonte lunar. Cada día se descubre un abismo de caída de las élites, y en esta red de Epstein están involucradas absolutamente todas las grandes figuras políticas, con raras excepciones, de ambos partidos. Resulta que las cosas son así.

Y lo que es interesante: en la lista hay izquierdistas, como Bernie Sanders o Noam Chomsky, filósofos, políticos; extremistas de izquierda, comunistas, socialistas. Y al mismo tiempo, extremistas de derecha, como Peter Thiel o Steve Bannon. Es decir, todo se ha derrumbado. Y ahora la sociedad estadounidense lo ve y, sin embargo, no hay ni una sola detención. En Europa hay detenciones, aunque sean preliminares, como usted mismo ha dicho en el caso del príncipe Andrés. Son pocas, por supuesto, pero las hay. Y en Estados Unidos no hay nada. Aquí habría que detener a toda la Casa Blanca. Esa es la cuestión.

Está Thomas Massie, Marjorie Taylor Greene, una partidaria, por cierto, radical de Trump, que, como siguió insistiendo, tras Trump, en la publicación de los archivos de Epstein (cuando el propio Trump se negó rotundamente y dijo que no debía hacerse), fue prácticamente expulsada por ello, la destituyeron. Y ahí hay literalmente unas pocas figuras: en la dirección hay algunos demócratas como Ro Khanna y algunos republicanos como Thomas Massie, que no tienen nada que ver con la red de Epstein. Y todos los demás comían niños, violaban niñas, cazaban negros y adoraban a Satanás. Es imposible de imaginar.

Por lo tanto, la gravedad del delito y la total ausencia de castigo simplemente ponen en duda la legitimidad de la clase dirigente estadounidense ante los ojos del mundo entero. Esto es todo lo que decían los detractores de Occidente, asegurando que allí hay un lado oscuro, que estas élites son mentirosas, cínicas y que no hay democracia. Son literalmente unos pocos grupos o clanes, entre ellos familias reales europeas o dinastías bancarias, los que gobiernan el mundo. Todo eso resultó ser así y es incluso aún más terrible. Y para distraer la atención de los archivos de Epstein por cualquier medio, Trump dijo anteayer: «Ahora publicaremos toda la información y los archivos sobre los extraterrestres». Esperen el 24 de julio. Es decir, están dispuestos a tomar cualquier medida, por muy idiota que sea. Se trata de una élite totalmente comprometida, una clase dirigente occidental totalmente comprometida con estas acciones. Están dispuestos a todo con tal de desviar la atención de sí mismos. Cualquier medio es bueno: guerras (se está preparando una guerra con Irán), publicación de archivos sobre extraterrestres… Porque cuando los archivos de Epstein y los archivos sobre extraterrestres estén en la misma línea, las personas que aún conservan la cordura dirán: si están separados por una coma, significa que se trata de una invención, una hipótesis o algo preliminar.

Pero el grado de revelación de lo que es la clase dirigente en Occidente es algo sin precedentes. Quizás la historia mundial, y no solo la historia contemporánea, no conozca escándalos semejantes. Cuando toda la clase dirigente, con la excepción de unas pocas figuras aisladas, está involucrada en estos… no solo en círculos satánicos, sino también en espionaje a favor de otras potencias. Es imposible de imaginar. Sin embargo, es un hecho. En algún lugar arrestan a alguien, registran a alguien, y en Estados Unidos, nada. Y, por supuesto, las personas que votaron a Trump por sus promesas no solo de publicar los archivos de Epstein, sino también de castigar a los culpables, ven que no pasa nada. Y el mismo Trump resultó ser casi… como se dice, «presuntamente» o «muy probablemente». Presuntamente, sí. Según se informa, sí. Es decir, es posible —aquí seremos realmente estrictos— que él sea uno de los principales protagonistas de todos estos terribles acontecimientos.

Por eso, por supuesto, los más desanimados son sus seguidores, los que votaron por él, hicieron campaña por él, lucharon por él, se batieron y sufrieron, llegando incluso a ir a la cárcel por él. Imaginen cuál es su decepción. Para nosotros, por supuesto, son «sus costumbres». ¿Qué querían? Es Occidente, son los capitalistas, es la impía civilización liberal moderna. En general, nuestros ancianos ortodoxos, los griegos del Monte Athos, dicen: «¿Por qué se sorprenden?». Hace tiempo que les advirtieron: el gobierno mundial está formado por tales componentes, por tales personas. Pero descubrirlo tan documentado, tan detalladamente descrito y de forma tan monstruosa… Creo que para muchos es un shock. Bueno y, además, no todos estaban familiarizados con los escritos de nuestros ancianos y con lo que dicen sobre la verdadera esencia de la civilización occidental moderna, con la que, por cierto (recordémoslo en el Día del Defensor de la Patria), hoy estamos en guerra en Ucrania.

Presentador: Este tema —el estado de Jalisco, el cártel CJNG (Cártel Jalisco Nueva Generación) y su «experiencia ucraniana»— enlaza perfectamente con nuestra conversación de hoy sobre el caos global. Lo que usted describe son las consecuencias de la redada del domingo de las fuerzas especiales en Tapalpa, durante la cual resultó mortalmente herido y posteriormente falleció el líder del cártel, Nemesio Oseguer Cervantes, más conocido como «El Mencho». Este suceso ha provocado una auténtica ola de terror en todo México: 27 ataques, carreteras bloqueadas por coches en llamas y decenas de muertos, entre ellos miembros de la Guardia Nacional. Pero lo más importante aquí es lo que usted ha señalado: el salto tecnológico de la delincuencia. Les propongo que sigamos reflexionando o compartiendo opiniones sobre lo que está sucediendo un poco más al sur de los Estados Unidos. Hace apenas unos minutos, en el noticiario, nuestros colegas han informado ampliamente sobre los acontecimientos en el estado de Jalisco. Allí se llevó a cabo una importante redada de las fuerzas gubernamentales (la Guardia Nacional y las fuerzas especiales) contra el líder de uno de los cárteles locales de la droga, el famoso CJNG. Este cártel lleva varios años en el punto de mira, porque hay datos confirmados sobre la participación de sus combatientes en el conflicto ucraniano, naturalmente, en el bando contrario. Y si hace seis meses o un año los expertos advertían: estos combatientes están adquiriendo experiencia en Ucrania, aprendiendo al menos a manejar drones FPV y drones kamikaze, y tarde o temprano volverán… Por lo que parece, están volviendo. Las represalias del crimen organizado ante la operación del Gobierno han provocado que las calles de las ciudades se hayan quedado desiertas. Hay muertos y heridos. Las imágenes y los vídeos de allí, si se encuentran por casualidad o se buscan deliberadamente, por decirlo suavemente, inspiran horror: ya no se trata simplemente de enfrentamientos entre bandas, sino de auténticas acciones bélicas con tácticas perfeccionadas en los campos de batalla.

Alexander Dugin: Sí, da la impresión de que en México hay una guerra civil. Por un lado, está el Gobierno de Claudia Sheinbaum y, por otro, los cárteles armados, en particular «El Mencho», líder del CJNG. Pero, ¿cree usted que se puede enviar a miles de representantes de las estructuras criminales de México a Ucrania para que aprendan las actividades terroristas del régimen neonazi de Zelenski? ¿Se puede hacer esto sin el conocimiento de la CIA? Es absolutamente imposible.

Ahora toda América Latina, que sigue esto de cerca, no tiene ninguna duda: este cártel, desplegado en el estado de Jalisco, así como en varios otros estados de México, es exclusivamente un instrumento de la CIA para ejercer presión sobre la política interna del país. La tradición política de México está en gran medida dirigida contra Estados Unidos, son más de izquierdas, a favor de la justicia social. Y para tener influencia sobre ellos, la CIA ha desplegado y apoyado este sistema de cárteles criminales a través de los cuales circulan las drogas. Y ahora vemos que están equipados al más alto nivel. Los delincuentes comunes, por muy ricos que sean, no pueden constituir escuadrones armados que hayan pasado por un ciclo completo de entrenamiento en la Ucrania terrorista. Por supuesto, esto no es una iniciativa de Zelenski ni de los propios cárteles. No me imagino que antes hubieran oído hablar de la existencia de Ucrania: creo que fueron enviados allí. Ahora hay muchas pruebas y hechos que lo confirman: los envió la CIA precisamente para la situación actual, para desestabilizar la situación política en México. Es una rebelión.

Pero aquí está lo interesante: he visto con atención muchas imágenes, he escuchado lo que dicen estas personas, qué consignas proclaman. Sabéis, los representantes de este cártel están armados como auténticas fuerzas militares, con maquinaria pesada y un sistema de drones. Es un ejército, un auténtico ejército. Pero, a diferencia, por ejemplo, de los insurgentes de izquierda o incluso de algunos de derecha, sus discursos… Es decir, cuando estas personas, equipadas con lo último en «guerra centrada en redes», con trajes de vigilancia, drones y excelente tecnología comprada a los estadounidenses, comienzan a proclamar sus demandas políticas, se produce un torrente de palabrotas… Sé español: les preguntan qué quieren y ellos responden simplemente con palabrotas. Les preguntan cuáles son sus objetivos y responden con otra avalancha de palabrotas.

Es decir, en principio, así es como los estadounidenses ven a sus representantes. En definitiva, no saben decir por qué luchan. Tampoco pueden decir cuáles son sus reivindicaciones, quiénes son, porque se trata de una auténtica rebelión infernal en México. Son precisamente estos los «nuevos soldados de Occidente»: ni siquiera se escudan en palabras sobre la libertad, la democracia o los derechos humanos. Ya no hay declaraciones de que Sheinbaum no es lo suficientemente humanista. Es simplemente una rebelión de personas que no tienen nada en la cabeza, que ni siquiera se molestan en formular sus demandas en un contexto mínimamente decente. Simplemente gritan y chillan con insultos: mataremos a todos, los volaremos a todos, los destruiremos a todos, los atacaremos a todos. Son los clásicos representantes del Occidente. Antes aún se adherían a alguna ideología, pero ahora ya no, simplemente no tienen ninguna ideología.

Y eso es lo que da miedo: todo un ejército en México se ha levantado en nombre del tráfico de personas y el tráfico de órganos. Da la impresión de que estas personas han sido criadas y educadas en la «isla de Epstein» mediante algún tipo de experimentos biológicos. Nos enfrentamos a un fenómeno completamente nuevo. La banda «El Mencho», contra la que Claudia Sheinbaum ha iniciado una operación, es una especie de futuro. Creo que los ucranianos, en algún momento, también se están convirtiendo gradualmente en una manada de biorobots inarticulados, gritones, dementes y controlados a distancia. Están bien armados, pero ni siquiera pueden explicar por qué luchan. Simplemente odian, igual que el cártel de Jalisco. En mi opinión, esto es algo terrible: se está produciendo una degradación frenética de sociedades enteras, combinada con el hecho de que estos terroristas y bandidos mentalmente deficientes están equipados como las unidades más avanzadas del ejército estadounidense. Esta combinación da miedo.

Presentador: Quiero añadir una pequeña tesis. En primer lugar, el satanismo que usted ha mencionado es un fenómeno extremista, prohibido e inaceptable en cualquier caso. Y, en segundo lugar, me acordé… No sé si fue un candidato a la presidencia, pero luego recordé que ocurrió justo el día de las elecciones: un candidato a la alcaldía fue asesinado a tiros. Según las estadísticas, en México (sobre todo en México), en el marco de la campaña electoral, creo que de 2024, se contabilizaron casi 300 asesinatos. Y estos ataques y asesinatos se cometían literalmente en directo: en las noticias se veía cómo el candidato a la alcaldía se comunicaba con el pueblo y, de repente, caía al suelo. Y luego se descubría que lo habían asesinado. Me da miedo decirlo, pero parece que es una especie de tradición latinoamericana, y no es nada nuevo. No es que no esté de acuerdo con usted, pero hay que tener muy en cuenta las particularidades de América Latina: allí la gente tiene una percepción especial tanto del valor de la lucha política como del valor de la vida humana.

Alexander Dugin: Creo que es una imagen distorsionada que los estadounidenses y los EE. UU. quieren imponernos, de que se trata de una sociedad salvaje, una sociedad radical. En realidad, la fuente del verdadero terror, incluida la delincuencia, son las redes de cárteles en América Latina. Y luego dicen que son simplemente gente salvaje, que no tienen suficiente cultura, que así es América Latina. En realidad, se trata de una actitud burlona y racista hacia los latinoamericanos. Es una sociedad maravillosa, son culturas maravillosas: muy originales, muy peculiares.

Hay gente diferente en todas partes, no justifico a nadie, pero en realidad, para convertir, digamos, una estructura criminal en una fuerza política para ejercer presión sobre el régimen, se necesita algo más que ser simplemente un delincuente. Y eso es lo que ha estado haciendo la CIA en América Latina durante décadas. Antes lo sacábamos a la luz, lo comentábamos, cuando aún defendíamos, digamos, la justicia a escala global. Y luego, cuando nosotros mismos nos convertimos en parte de la civilización capitalista, de alguna manera pasamos a retransmitir los discursos y relatos occidentales. Olvidamos la necesidad de apoyar a las personas y los pueblos débiles, desafortunados y oprimidos. Y eso es muy malo.

Los rusos son personas muy amables y cordiales. No debemos desentendernos, renunciar a esta misión de ayudar a quienes sufren, a quienes son oprimidos. Por eso creo que debemos rendir homenaje al apoyo moral de los pueblos de América Latina contra las atrocidades que provocan dentro de su sociedad los servicios especiales de Estados Unidos, esas élites caníbales globales que gobiernan en el Occidente colectivo.

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Oswald Spengler en Múnich: del «socialismo prusiano» al mito del soldado de Pompeya

Por Lionel Baland

Traducción de Juan Gabriel Caro Rivera

Oswald Spengler, uno de los teóricos más destacados de la Revolución Conservadora Alemana, pasó dos etapas de su vida en Múnich, la primera entre 1901 y 1902 y la segunda desde 1911 hasta su muerte en 1936. Lionel Baland repasa la vida en la capital bávara de este escritor cuyas ideas decadentistas están hoy en pleno resurgimiento y cuya obra más famosa, La decadencia de Occidente (1918 y 1922), fue escrita en esta ciudad, al igual que Prusianismo y socialismo (1919), El hombre y la técnica (1931) y Años decisivos (1933).

Nacido en 1880 Oswald Spengler llega por primera vez a Múnich una noche de octubre de 1901, aquejado de fuertes dolores de cabeza. Durante la primera noche, le pican las chinches. Cambió de alojamiento y se instaló en casa de la viuda del juez Weigel, en la Kaulbachstrasse, en el barrio bohemio y artístico de Schwabing, que comprende Schwabing y parte de Maxvorstadt. En 1901-1902 asistió a clases en la Universidad Ludwig-Maximilian. La Munich iluminada de principios de siglo le cautivó. La arquitectura de esta ciudad artística le impresiona. La Ludwigstrasse es para él una de las calles más bellas del mundo. Los castillos situados cerca de Múnich, construidos por iniciativa del rey Luis II de Baviera, le causan una gran impresión. El 27 de diciembre de 1901 visita la capilla erigida cerca del lago de Starnberg en memoria de este soberano que murió ahogado en ese lugar. En las iglesias de Múnich percibe la diferencia entre el catolicismo del sur de Alemania y el protestantismo del norte, de donde él es originario. Admira al compositor Richard Wagner y al pintor simbolista suizo Arnold Böcklin. Se interesa por el teatro y por las sinfonías de Richard Strauss. Toma clases de dibujo de desnudos.

Los miembros del círculo formado en torno al poeta renano Stefan George, uno de los inspiradores de la Revolución Conservadora Alemana, se reúnen en una casa vecina a la que habita Oswald Spengler en la Kaulbachstrasse. Franziska zu Reventlow, que frecuenta a los miembros muniqueses de este círculo, describirá el ambiente de la época en el barrio bohemio literario y artístico de Schwabing en su novela clave Herrn Dames Aufzeichnungen oder Begebenheiten aus einem merkwürdigen Stadtteil («Las notas del señor Dame o acontecimientos de la vida de un barrio extraño»), que se publicará en 1913 y se convertirá en uno de los libros favoritos de Oswald Spengler. Este último no frecuentaba a los miembros del círculo de Stefan George, a excepción de Friedrich Huch y, más tarde, Karl Wolfskehl, que perteneció al Círculo Cósmico de Múnich, junto con Alfred Schuler y Ludwig Klages, dos inspiradores de la Revolución Conservadora Alemana cuyas ideas Oswald Spengler apreciaba mucho, aunque no mantenía relación con ellos.

Regreso a Múnich

Una década más tarde, en 1911, tras la inesperada muerte de su madre, hereda una suma de dinero que le permite vivir sin trabajar y decide instalarse en la ciudad que representa el sur y la libertad: Múnich. Su objetivo era dedicarse a la poesía y al arte. Le decepcionaba el estilo Art Nouveau de los edificios construidos en los últimos años y la pintura expresionista del grupo Der Blaue Reiter («El jinete azul») de Vasili Kandinski, Franz Marc, August Macke, Gabriele Münter, Paul Klee, etc. Vive en dos habitaciones amuebladas en el número 38 de la Arcisstraße, en el barrio de Maxvorstadt, no lejos del barrio bohemio literario y artístico de Schwabing. Lleva su ropa a una lavandería de la Schellingstraße. Una empleada, Maria Kirmaier, le remienda los calcetines. Oswald Spengler se mudó en 1914 al número 54/1 de la Agnesstraße, en el barrio de Schwabing. El apartamento estaba orientado al norte, todas las ventanas daban al patio y constaba de tres habitaciones. La sala de estar contenía muebles de caoba heredados de la familia materna. La habitación con la ventana más grande era el despacho. Su mesa de trabajo es una tabla de planchar, debajo de la cual apenas cabe con las piernas, giradas hacia un lado y una sobre otra. Pasea por la calle con aire despreocupado, con una mochila que contiene libros prestados de la biblioteca municipal. Escribe sobre todo por la noche y come a horas irregulares. Su hermana Adele vive con él durante un tiempo y luego se marcha.

La guerra

Oswald Spengler no participa, porque no corresponde a su temperamento, en el estallido de alegría y entusiasmo nacionalista entre la multitud que se reúne en la Odeonplatz, en el centro de la capital bávara, al estallar la Primera Guerra Mundial, y se queda en casa. El pintor Adolf Hitler, que huye del servicio militar en el Imperio Habsburgo y llega a Múnich más de un año después que él, sí participa. Ambos hombres perciben este momento como de vital importancia. Spengler considera que se encuentra ante «el día más importante de la historia mundial que le ha tocado vivir» y cree que esto concuerda con la idea para la que ha nacido. Fatalista, ve la guerra como una fase inevitable del declive del hombre occidental ambicioso y condenado al agotamiento por su propia dinámica infinita, mientras que Adolf Hitler está maravillado por este acontecimiento y da gracias al cielo por haberle dado la oportunidad de vivir en esa época.

La guerra afecta a los bienes financieros de Oswald Spengler. Se ve obligado a ganar dinero mediante conferencias y colaboraciones en la prensa escrita. La economía de guerra provoca privaciones y él sufre hambre y frío.

La primera parte de La decadencia de Occidente se publica en abril de 1918. Atacado por el filósofo Walter Benjamin y el escritor y periodista Kurt Tucholsky, «Spengler fue, por el contrario, elogiado por Georg Simmel, a quien había enviado un ejemplar de su libro, como el autor de la “filosofía de la historia más importante desde Hegel”, lo que no era un cumplido menor. La obra también causó una gran impresión en Ludwig Wittgenstein, que aprobaba el pesimismo de Spengler, así como las líneas generales de su método, en el economista Werner Sombart y en el historiador Edouard Meyer, quien, tras una discusión de cinco horas con el autor de La decadencia de Occidente, se convirtió en su admirador y amigo. Max Weber quedó menos impresionado, pero no por ello dejó de invitar a Spengler a intervenir en su seminario de sociología en la Universidad de Múnich en diciembre de 1919. En cuanto a Heidegger, que cita a menudo a Spengler, pero nunca le ha dedicado un estudio exhaustivo, pronunció en abril de 1920, en Wiesbaden, una conferencia sobre La decadencia de Occidente» (1). La obra influyó mucho en Thomas Mann, que en aquel momento se adhería a las ideas de la Revolución Conservadora Alemana, de la que se alejaría definitivamente en 1922 y se distanciaría del libro, así como de los hermanos Friedrich Georg y Ernst Jünger, otros dos pensadores de la Revolución Conservadora Alemana.

El disgusto que invadió a Oswald Spengler cuando el socialista revolucionario Kurt Eisner tomó el poder en Múnich los días 7 y 8 de noviembre de 1918 le resultó casi insoportable.

La República de Weimar

La derrota de Alemania supuso un enorme shock para Oswald Spengler, al igual que para Adolf Hitler. Ambos se oponían a la revolución de 1918, a la República y al Tratado de Paz de Versalles. Aparte del antisemitismo exacerbado y pequeñoburgués de Adolf Hitler, que había vivido en Viena, ambos deseaban la derogación del Tratado de Versalles, un Reich fuerte como núcleo de una esfera de influencia, el nacionalismo, un «socialismo alemán» y un gobierno autoritario no parlamentario.

Oswald Spengler participa en Múnich en una conferencia del conde y escritor Hermann von Keyserling sobre la reconstrucción del espíritu alemán. Al término de la misma, algunos participantes se reúnen en un pequeño círculo: el medievalista Friedrich von der Leyen y su esposa, Hermann von Keyserling y la suya, la pareja de editores Hugo y Elsa Bruckmann, que regentan el salón del mismo nombre, el historiador de arte Heinrich Wölfflin y Oswald Spengler. Mientras que Spengler considera que el declive es inevitable, Keyserling estima que la catastrófica situación de la época permite vislumbrar una regeneración espiritual (2).

En enero o febrero de 1919 Oswald Spengler se queja ante Karl Wolfskehl —uno de los precursores de la Revolución Conservadora Alemana y antiguo miembro, a principios de siglo, del Círculo Cósmico— de haber tenido que confiar el manuscrito de la primera parte de su obra La decadencia de Occidente al editor vienés Braumüller, lejos de Múnich. Unos días más tarde, Karl Wolfskehl se lo comentó a August Albers, lector de la editorial muniquesa C. H. Beck. Esta editorial publicó en 1919 Preußentum und Sozialismus («Prusianismo y socialismo»), en la que Oswald Spengler defiende la idea de un socialismo prusiano basado en la disciplina, la jerarquía, el sentido del deber, el sacrificio por la comunidad y la primacía del Estado y la nación sobre el individuo y las finanzas, y la segunda parte de la obra La decadencia de Occidente en 1922. La editorial también publica la tercera edición y las siguientes de la primera parte del texto La decadencia de Occidente.

El 21 de febrero de 1919, el conde Anton von Arco auf Valley, ferviente nacionalista, asesina a Kurt Eisner. El 7 de abril, la República de los Consejos es proclamada por intelectuales anarquistas y socialistas radicales: Ernst Toller, Gustav Landauer, Erich Mühsam, Silvio Gesell y Ernst Niekisch, quien a partir de 1926 se convertirá en uno de los principales pensadores de la Revolución Conservadora Alemana y el principal representante de su tendencia nacional-bolchevique. El 12 y 13 de abril de 1919 los comunistas instauran la segunda República de los Consejos, que es aplastada el 2 y 3 de mayo por los cuerpos francos nacionalistas. El 4 de mayo Oswald Spengler le cuenta a un amigo: «Por fin nos hemos liberado del infierno de estas cuatro semanas». Ernst Niekisch fue encarcelado tras la represión organizada por los nacionalistas y leyó en prisión los escritos de Oswald Spengler.

En la primavera de 1920 Oswald Spengler se mudó dentro del mismo edificio del número 54/I de la Agnesstraße y pasó a vivir a un apartamento más grande situado en la tercera planta. Viajó a diversos lugares de Alemania. Así, en la segunda semana de julio, se encuentra en Berlín con Arthur Moeller van den Bruck, uno de los pensadores más importantes de la Revolución Conservadora Alemana, en una casa situada en Motzstraße 22, donde se reúne, bajo la dirección de Heinrich von Gleichen, el Juniklub, ambos también miembros de la Revolución Conservadora Alemana. Hasta 1923 participa en las actividades de la filial muniquesa del Juniklub, dirigida por el historiador Karl Alexander von Müller (3). Oswald Spengler mantiene relación con Elisabeth Förster-Nietzsche, hermana del filósofo Friedrich Nietzsche, uno de los inspiradores de la Revolución Conservadora Alemana.

En 1924, mientras Adolf Hitler estaba encarcelado en Landsberg tras su fallido golpe de Estado de 1923, Gregor Strasser intenta convencer a Oswald Spengler para que publique artículos en un medio de comunicación nacionalsocialista, lo que este último rechaza categóricamente, ya que considera que la política debe basarse en hechos y consideraciones y no en un romanticismo de sentimientos que él atribuye al nacionalsocialismo.

En 1925 se mudó al número 26 de la Widenmayerstraße. Su hermana, Hildegard Kornhardt-Spengler, cuyo marido Fritz había muerto en el frente durante la Primera Guerra Mundial, y su hija Hilde se trasladaron a Múnich y se instalaron en casa de Oswald Spengler.

Oswald Spengler sale a pasear, a veces acompañado de su hermana, y va al teatro. El 3 de agosto de 1931, Karl Wolfskehl les visita.

El Tercer Reich

Tras la llegada al poder de Adolf Hitler el 30 de enero de 1933, Oswald Spengler se reunió con él el 25 de julio de 1933, de 12:30 a 14:00, en Bayreuth. En agosto, Spengler le envió su obra Jahre der Entscheidung. Deutschland und die weltgeschichtliche Entwicklung («Años decisivos. Alemania y el desarrollo de la historia mundial»). Hitler le envía un agradecimiento formal por el envío. Los nacionalsocialistas perciben el libro como una crítica al sistema que han instaurado, mientras que Oswald Spengler se mantiene totalmente al margen de ellos.

Tras el discurso pronunciado en la Universidad de Marburgo por el vicecanciller nacionalconservador Franz von Papen el 17 de junio de 1934, redactado por el teórico de la Revolución Conservadora Alemana Edgar Julius Jung, en el que se cuestionaban ciertos aspectos del nuevo régimen relacionados con el nacionalsocialismo, estalla la Noche de los Cuchillos Largos y entre las víctimas de los nacionalsocialistas se encuentran, tras una confusión con otra persona, el crítico musical Willi Schmid, a quien Oswald Spengler conocía personalmente, y el nacionalsocialista del ala más social del partido Gregor Strasser, que mantenía correspondencia con Oswald Spengler, así como el antiguo canciller nacionalconservador Kurt von Schleicher, con quien Oswald Spengler tenía vínculos, y su esposa. Edgar Julius Jung también es asesinado durante la Noche de los Cuchillos Largos. A esto se suma el hecho de que Karl Wolfskehl, judío, abandonó Alemania poco después de la llegada al poder de Adolf Hitler.

El 1 de mayo de 1935, ante un millón y medio de personas reunidas en Berlín-Tempelhof, este último declara: «Un escritor resumió sus opiniones sobre la época en un libro que tituló La decadencia de Occidente. ¿Sería realmente el fin de nuestra historia y de nuestro pueblo? ¡No! ¡No podemos creer eso! ¡No debe ser la decadencia de Occidente, sino la resurrección de los pueblos occidentales!» (4).

Oswald Spengler murió el 8 de mayo de 1936 en su apartamento de Múnich, víctima de un infarto. Fue enterrado en el Nordfriedhof («cementerio norte») del barrio de Schwabing, donde descansa, en la cripta, Alfred Schuler, miembro del Círculo Cósmico y uno de los inspiradores de la Revolución Conservadora Alemana, que sería teorizada por Armin Mohler, quien fue enterrado, junto con su esposa Edith, en una tumba de este cementerio. Una piedra de pórfido con la inscripción «Spengler» está colocada sobre la tumba del autor de La decadencia de Occidente.

El César esperado

Hoy en día, parece estar llegando la fase última del declive que, según Oswald Spengler, es el último intento vano, constituido por la llegada de los Césares, de recuperarse antes del colapso final. Más allá de la cuestión de la diferencia entre el lado proletario del nacionalsocialismo y el lado más bien aristocrático del prusianismo de Oswald Spengler, así como del hecho de que este último reprocha al nacionalsocialismo su romanticismo y su falta de profundidad intelectual, la división entre Adolf Hitler y Oswald Spengler parece volver a plantearse hoy en día en Europa occidental y en Estados Unidos, entre quienes piensan que la recuperación es posible gracias a cambios radicales y quienes consideran que ya no hay remedio. Para estos últimos, solo nos queda hundirnos con honor aferrándonos al mito descrito por Oswald Spengler en la conclusión de Der Mensch und die Technik. Beitrag zu einer Philosophie des Lebens («El hombre y la técnica. Contribución a una filosofía de la vida»), según la cual nuestro deber es mantener la posición perdida, sin esperanza, como aquel soldado romano cuyos huesos fueron encontrados frente a una puerta de Pompeya y que, durante la erupción del Vesubio, murió en su puesto porque se olvidaron de relevarlo (5). Para ellos, lo que fue una cultura y luego una civilización pronto no será más que una simple «población», como Egipto tras el fin del mundo de los faraones, dominado durante un tiempo por una civilización extranjera y luego, durante una o dos generaciones, por otra.

Notas:

(1) Alain de Benoist, Quatre figures de la Révolution Conservatrice allemande. Werner Sombart, Arthur Moeller van den Bruck, Ernst Niekisch, Oswald Spengler, Association des amis d’Alain de Benoist, Paris, 2014, p. 257-58.

(2) Wolfgang Martynkewicz, Salon Deutschland. Geist und Macht 1900-1945, Aufbau Verlag, Berlin, 2009, p. 347-348.

(3) de Benoist, Quatre figures, p. 265-266.

(4) de Benoist, Quatre figures, p. 280-281. (texte repris de: Max Domerus (Hg.), Hitler. Reden und Proklamationen 1932-1945, vol. 1, R. Löwit, Wiesbaden, 1973, p. 502)

(5) Oswald Spengler, Der Mensch und die Technik, München, 1931, p. 89.

Bibliografía:

DE BENOIST Alain, Quatre figures de la Révolution Conservatrice allemande. Werner Sombart, Arthur Moeller van den Bruck, Ernst Niekisch, Oswald Spengler, Association des amis d’Alain de Benoist, Paris, 2014.

ENGELS David, Oswald Spengler. Introduction au Déclin de l’Occident, collection Longue mémoire de l’Institut Iliade, La Nouvelle Librairie éditions, Paris, 2024.

FRIEDEL Helmut (dirigido), La Städtische Galerie im Lenbachaus Munich, Prestel, Munich, 1999.

KOKTANEK Anton Mirko, Oswald Spengler. Leben und Werk, Lindenbaum Verlag, Beltheim-Schnellbach, 2020.

MARTYNKEWICZ Wolfgang, Salon Deutschland. Geist und Macht 1900-1945, Aufbau Verlag, Berlin, 2009.

MOHLER Armin, Die Konservative Revolution in Deutschland 1918-1932, Friedrich Vorwerck Verlag, Stuttgart, 1950.

SPENGLER Oswald, Der Mensch und die Technik. Beitrag zu einer Philosophie des Lebens, München, 1931.

Fuente: https://www.revue-elements.com/oswald-spengler-a-munich-du-socialisme-prussien-au-mythe-du-soldat-de-pompe/

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¿Carl Schmitt, profeta del siglo XXI?

Po Alain de Benoist

Traducción de Juan Gabriel Caro Rivera

El número 75 de la revista Nouvelle École, dirigida por Alain de Benoist, está dedicado a Carl Schmitt, «el último de los grandes clásicos del pensamiento jurídico-político», cuyos conceptos (amigo/enemigo, Nomos de la Tierra, estado de excepción, teoría del partisano…) arrojan luz sobre las crisis contemporáneas: guerras asimétricas, multipolaridad, fin del liberalismo universalista. En esta entrevista, Alain de Benoist repasa los diferentes aspectos del dossier y la actualidad del pensamiento schmittiano.

ÉLÉMENTS: En su introducción a este número de Nouvelle École usted escribe: «Carl Schmitt nunca fue nazi». ¿Qué le permite afirmar con tanta rotundidad frente a una acusación tan repetida contra el pensador alemán?

ALAIN DE BENOIST: Simplemente el hecho de que sus ideas difieren de la ideología nazi en puntos esenciales. Carl Schmitt rechaza el racismo biológico, el darwinismo social, la noción de «guerra total» o de «enemigo absoluto». Su antisemitismo deriva del antijudaísmo cristiano. En 1932, un año antes de la llegada de Hitler al poder, reclamó la prohibición del NSDAP. Las razones de su adhesión al partido nazi en mayo de 1933 siguen siendo objeto de debate, pero parece que el oportunismo tuvo mucho que ver. La ambigüedad se disipa en 1936, cuando Schmitt es denunciado ferozmente por el periódico de las SS, Das Schwarze Korps. Se le reprochaba, en particular, ser un representante del «catolicismo político», haber apoyado al Gobierno de Schleicher, ser en realidad un «amigo de los judíos» y defender una concepción del «gran espacio» (Großraum) totalmente diferente de la idea nacionalsocialista de «espacio vital» (Lebensraum). Inmediatamente perdió todos sus cargos dentro del partido y solo conservó su puesto de profesor en la Universidad de Berlín. En aquel momento era muy cercano al conservador Johannes Popitz, que sería ahorcado en febrero de 1945 tras el atentado contra Hitler de julio de 1944. Detenido por los estadounidenses, Carl Schmitt fue liberado en 1947 sin que se pudiera presentar ningún cargo en su contra. Los adversarios de Schmitt siempre se han centrado en los tres años de su compromiso con el régimen hitleriano, lo que les evita tener que intentar refutarlo. Quienes lo leen saben que lo esencial de su pensamiento se encuentra sobre todo en lo que publicó en Weimar y después de la guerra, a partir de 1950.

ÉLÉMENTS: ¿Qué es lo que, en su opinión, hace que Schmitt sea especialmente relevante en 2026, sobre todo para reflexionar sobre los conflictos y tensiones actuales?

ALAIN DE BENOIST: Hasta la fecha se han dedicado más de 800 libros a Carl Schmitt, lo que basta para demostrar su importancia, pero también su actualidad. Su obra como jurista y constitucionalista, su crítica metódica del liberalismo y del positivismo jurídico no han envejecido en absoluto. Su definición de lo político (en oposición a la política, véase en italiano el contraste entre il politico y la politica), desde el punto de vista de la dialéctica del amigo y del enemigo, sigue siendo objeto de apasionados debates entre los politólogos de todo el mundo. Las guerras de descolonización fueron anticipadas en su Teoría del partisano; sus dos libros sobre Teología política (1922 y 1969) arrojan una luz decisiva sobre el fenómeno de la secularización y el advenimiento actual de un mundo multipolar se relaciona de forma natural con lo que escribió sobre los «grandes espacios» (Großräume) y la crisis del Estado-nación en lo que ya no es un universum sino un pluriversum (el «multiverso»). Su teoría geopolítica del antagonismo histórico entre las potencias de la Tierra y las potencias del Mar (Tierra y Mar) es más válida que nunca. Su crítica de las «guerras discriminatorias» encuentra eco en la multiplicación de las guerras «humanitarias» que, en ruptura con la concepción westfaliana de la enemistad, marcan un retorno a la «guerra justa» de esencia teológica y moral, en la que el enemigo ya no es considerado un adversario del momento, sino como un criminal y un culpable que puede ser legítimamente excluido de la humanidad. Lo mismo ocurre con el retorno al estado de excepción que hoy en día florece un poco por todas partes, lo que nos recuerda que solo es soberano quien decide en casos excepcionales, es decir, en momentos en los que el colapso de las normas impide gobernar de forma puramente procedimental. Se podrían multiplicar los ejemplos. Eso es lo que hice en 2007 en mi libro Carl Schmitt actuel.

ÉLÉMENTS: ¿Es necesario estar familiarizado con la obra de Carl Schmitt para abordar este número o puede ser una puerta de entrada a ella?

ALAIN DE BENOIST: Cuando se lee un libro sobre un autor, siempre es preferible haber leído también una o dos de sus obras. Dicho esto, el último número de Nouvelle Ecole puede ser también una buena ocasión para descubrir el pensamiento de Carl Schmitt. El sumario ya lo muestra de manera elocuente, ya que en este número de 300 páginas no solo se encuentran textos inéditos de Carl Schmitt, así como extractos de la correspondencia, desconocida en Francia, que mantuvo con el politólogo italiano Norberto Bobbio, sino también artículos de fondo: «Constitución y derecho constitucional en Carl Schmitt», de Agostino Carrino; «Carl Schmitt y Joseph de Maistre», de Graeme Garrard; «Carl Schmitt y el componente telúrico», de Jerónimo Molina; «Un monumento schmittiano: “El Nomos de la Tierra”», de Martin Motte, «Carl Schmitt y Eurasia», de Massimo Maraviglia, «Carl Schmitt y el “choque de civilizaciones” de Samuel Huntington», de Joseph W. Bendersky, etc. A ello se suman diversos documentos, entre ellos una carta de Carl Schmitt a Jean-Pierre Faye, un dossier sobre la sorprendente influencia de Schmitt en la China actual, por Flora Sapio y Daniele Perra, y muchos otros textos que el lector descubrirá por sí mismo, entre ellos una reflexión crítica que he redactado sobre la pareja-amigo como criterio de lo político, así como un artículo de Julius Evola sobre Schmitt y Thomas Hobbes.

Al final del número se encuentra la primera bibliografía completa de toda la obra de Carl Schmitt disponible actualmente en francés y, en la sección «Varia», una curiosidad: ¡un artículo del joven Ernst Jünger dedicado a las memorias de Trotsky!

ÉLÉMENTS: Schmitt es invocado hoy en día por corrientes muy diversas, tanto de «derecha» como de «izquierda»: multipolaristas rusos, pensadores de la soberanía posliberal en Estados Unidos, críticos del derecho internacional humanitario. ¿Cree usted que estamos asistiendo a una «normalización» total del pensamiento schmittiano?

ALAIN DE BENOIST: No se trata propiamente dicho de un fenómeno de normalización, sino más bien de la prueba de que las corrientes de pensamiento más dispares pueden encontrar en Carl Schmitt elementos que alimenten su reflexión. En otras palabras, es la prueba de que Schmitt se impone hoy en día como un clásico: todo investigador serio debe referirse a Carl Schmitt como debe referirse a Aristóteles, Maquiavelo, Hobbes, Locke, Rousseau, Hegel, Max Weber, etc.

ÉLÉMENTS: Desde la operación «Absolute Resolve» en Venezuela y las declaraciones de Trump sobre la «esfera de influencia» estadounidense en el hemisferio occidental (Groenlandia, Canal de Panamá…), algunos comentaristas invocan explícitamente los «Großräume» de Schmitt como marco de interpretación de la política exterior de Trump II. ¿Cree usted que esta administración está aplicando, consciente o inconscientemente, una forma contemporánea del «Großraum schmittiano», es decir, un orden multipolar de zonas hegemónicas en lugar de universalista?

ALAIN DE BENOIST: No, no creo que Schmitt, ni tampoco Leo Strauss, sean los «inspiradores secretos» de Donald Trump, quien probablemente nunca los haya leído. Lo que se puede relacionar con las visiones proféticas de Carl Schmitt es el advenimiento, actualmente en curso, de una multipolaridad en la que los «grandes espacios» corresponden más o menos a estos nuevos actores de las relaciones internacionales que son los «Estados civilizacionales». Trump es sensible a este movimiento, pero solo lo acepta a medias, ya que sabe muy bien que la multipolaridad limitará necesariamente la hegemonía estadounidense, lo que contradice frontalmente el eslogan MAGA («Make America Great Again!»). Por otra parte, es evidente que, lejos de replegarse únicamente en el «hemisferio occidental», no duda en intervenir en todo el mundo (Irán, Yemen, Nigeria, Oriente Próximo, etc.) para defender lo que considera que corresponden a los intereses de su país, lo que significa que no duda en afirmar su soberanía a expensas de la soberanía de los demás, en particular de los europeos. Por otra parte, su pasión por las guerras comerciales, así como su alianza con los «tecnofuturistas» de Silicon Valley, demuestran claramente que, para él, la política es soluble en lo económico y lo comercial, lo que no es muy schmittiano…

Entrevista realizada por Xavier Eman.

Fuente: https://www.revue-elements.com/carl-schmitt-prophete-du-xxie-siecle/

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«Fanon sostuvo que había que pasar de la lucha racial a la lucha por unificar la nación, y luego a la lucha social…»

Por Daniel Finn

Entrevista a Peter Hudis, autor de “Frantz Fanon: Philosopher of the Barricades”.

Fuentes: Jacobin - Imagen: Frantz Fanon caminando por la pasarela de un barco. A la derecha de Fanon está Rheda Malek, periodista del diario del Frente de Liberación Nacional Argelino. Frantz Fanon Archives / IMEC

Frantz Fanon y la revolución contra el racismo

Frantz Fanon fue uno de los pensadores revolucionarios más influyentes del siglo pasado. Nacido en Martinica, desempeñó un papel activo en la lucha argelina por la independencia. En libros como Piel negra, máscaras blancas y Los condenados de la tierra, transformó nuestra comprensión del racismo y del dominio colonial europeo, todo ello en una vida que terminó a los treinta y seis años.

Peter Hudis enseña filosofía en Oakton Community College. Es autor de Frantz Fanon: Philosopher of the Barricades

DF¿Cuál era el contexto particular de Martinica y del Caribe bajo dominio francés en el que nació Frantz Fanon, y en qué se diferenciaba, por ejemplo, de las colonias francesas en África?

PH: Martinica, al igual que otras zonas del Caribe de habla francesa, inglesa, portuguesa, neerlandesa o española a lo largo de los años, era un Estado colonial de colonos. Era similar, en cierto sentido, a algunas de las colonias africanas de Francia. Era una sociedad profundamente racista en la que existía una profunda segregación racial.

Se trataba de una situación en la que, históricamente, la inmensa mayoría de las personas que constituían la población de Martinica eran negros provenientes de África, con una pequeña élite gobernante compuesta por colonos franceses o creoles (criollos). Dominaban toda la vida de la sociedad, económica y políticamente, ciertamente en el período en que Fanon crecía, aunque representaban no más que unos pocos puntos porcentuales de la población.

El propio Fanon creció en un entorno algo protegido, en una familia de clase media o, podría decirse, de clase media baja. La marca de estatus en una situación colonial como la del Caribe francés era el idioma. Si uno hablaba y escribía en «buen» francés en lugar de creole, eso era un indicador de posible movilidad ascendente. Su familia, especialmente su madre, hizo grandes esfuerzos por fomentar ese desarrollo en él. Fue fluido en francés desde una edad temprana y llegó a dominarlo considerablemente.

Ese fue un fenómeno importante, porque en el sistema colonial francés, los negros del Caribe eran considerados en un nivel algo superior al de los negros del África subsahariana, e incluso en un nivel algo superior al de los árabes del norte de África, debido a su conexión con la lengua francesa. Como Fanon afirmó con frecuencia, cuando él crecía, en gran medida él y sus amigos y familiares no se definían particularmente en términos de una identidad africana.

Eso comenzó a cambiar cuando era adolescente, en respuesta a los acontecimientos que se desarrollaban en la isla, especialmente en torno al estallido de la Segunda Guerra Mundial. Antes de eso, se consideraba como parte de Francia, hasta el punto de que, siendo adolescente, se ofreció voluntario para luchar del lado de la Francia Libre durante la Segunda Guerra Mundial. Después de todo, Martinica y Guadalupe formaban parte de la Francia metropolitana.

Por supuesto, existía resistencia entre la población negra frente a la discriminación que se ejercía contra ella. Pero Fanon solo se radicalizó una vez que dejó Martinica. Fue bajo el impacto de su experiencia en la Segunda Guerra Mundial.

DF

El Caribe había sido el escenario de lo que podría decirse que fue la primera revolución anticolonial, la gran revuelta de esclavos en Haití, mucho antes de que la conquista europea de África se hubiera completado. ¿Habría sido ese un punto de referencia para Fanon, ya fuera en su juventud o en una etapa posterior de su vida?

PH

Sí, definitivamente. En realidad no escribió mucho directamente sobre la Revolución Haitiana, pero se puede ver su impacto a lo largo de toda su obra, al menos de manera implícita, y también como ejemplo negativo. Lo que quiero decir es que Fanon aludía a ella incluso cuando no hablaba directamente de ella, en la medida en que tenía a la Revolución Haitiana en el trasfondo de su mente al discutir una gran cantidad de cuestiones. Esto es especialmente evidente en su primer libro, Piel negra, máscaras blancas, pero también en sus escritos más tempranos.

Con frecuencia señalaba el hecho de que en las Antillas Menores la libertad de la esclavitud no se conquistó, como en Haití, mediante una revolución. El fin de la esclavitud se logró en 1848 cuando los franceses decidieron retirarse del comercio de esclavos y conceder la abolición (ya había sido abolida como resultado de la Revolución Francesa en 1792, pero Napoleón la restableció poco después). Esto fue siempre algo que pesó sobre él: mientras que en Haití habían luchado por su libertad y la habían alcanzado a un gran costo, en las Antillas Menores eso no ocurrió.

Siempre estuvo presente la idea de que cuando se te concede en bandeja, la llamada libertad, incluso las libertades más limitadas que puede decirse que los franceses otorgaron con la abolición de la esclavitud, no implica el mismo tipo de transformación social profunda que surge de tomar tu propio destino en tus manos para liberarte por ti mismo. Esa fue una corriente que recorrió todo su pensamiento. Volvía continuamente a la necesidad de efectuar el cambio social mediante la autoactividad del sujeto revolucionario.

DF¿Qué tan importante fue la experiencia de Fanon sirviendo en el Ejército de la Francia Libre de De Gaulle durante la Segunda Guerra Mundial?

PH: Fue un episodio muy interesante en su vida, que creo muestra dos cosas. En primer lugar, se ofreció como voluntario para luchar por Francia Libre. Martinica había quedado, por así decirlo, separada de Francia por la invasión y conquista nazi de 1940. La flota francesa se retiró y escapó de los nazis. Parte de ella terminó en Martinica y, tras una cierta deliberación, decidieron aliarse con la Francia Libre de Charles de Gaulle. Se lanzó un llamado a voluntarios para ayudar a Francia Libre a liberar a Francia.

Fanon tenía diecisiete años cuando se hizo ese llamado. Era un joven muy idealista. Se veía a sí mismo como parte del contexto francés pero, algo aún más importante, estaba impregnado de un idealismo extraordinario. Como dijo en una carta muy citada: donde se le niega la libertad a una persona, se le niega a todos, y no puedo apartarme de una lucha para liberar a una nación de la opresión. Debo cumplir mi tarea y participar también en esto.

Su profesor de secundaria en ese momento era una de las principales figuras fundadoras del movimiento de la Négritude [negritud], Aimé Césaire. Intentó disuadirlo de unirse a Francia Libre con el argumento de que esa era una guerra de hombres blancos: no una lucha de hombres negros, de un modo u otro. Fanon no escuchó ese consejo: se alistó en Francia Libre con esas motivaciones idealistas.

Pero esto tuvo un impacto muy importante en él debido a la magnitud y profundidad del racismo, que ya había sido evidente, por supuesto, cuando crecía en Martinica, pero que se amplificó enormemente en su experiencia dentro del llamado ejército de la Francia Libre. Los oficiales eran todos blancos y los negros eran tratados de manera bastante miserable.

Vio cómo se trataba a los negros en el norte de África cuando estuvo destinado temporalmente en Argelia, antes de participar en la invasión del sur de Francia en 1944. Perdió sus ilusiones. Creo que Fanon siempre mantuvo ese idealismo, con lo cual quiero decir que sostuvo una preocupación por la liberación humana universal. No se preocupaba solo por sí mismo o por la liberación de los suyos. Siempre tuvo una perspectiva de la liberación de la humanidad en cuanto tal.

Pero en este caso se dio cuenta de que se trataba de un idealismo mal aplicado, y se convirtió en una experiencia muy amarga para él. Fue herido en la guerra y pasó bastante tiempo recuperándose después, lo que le dio tiempo para reflexionar sobre el error que había cometido. Esta experiencia en el Ejército francés claramente lo radicalizó.

DFHablabas del movimiento de la Négritude, asociado con figuras como Aimé Césaire. ¿Podrías decir algo más sobre su importancia y la influencia que tuvo en Fanon?

PH: La Négritude fue un movimiento de orgullo negro, un movimiento literario, artístico, cultural y político de intelectuales negros francófonos de la diáspora africana, con figuras importantes en África Occidental, el Caribe y otros lugares. Las figuras fundadoras fueron Aimé Césaire, el escritor senegalés Léopold Senghor y otros que desarrollaron un movimiento en lengua francesa que, en ciertos aspectos, fue paralelo al Renacimiento de Harlem.

Fue un esfuerzo por intentar responder a los estereotipos racistas de los negros y los africanos como atrasados, salvajes, etc., y como carentes de civilización o de historia, una presunción que estaba muy extendida incluso en partes de la izquierda en ese momento, y para sostener, en cambio, que existía un rico patrimonio cultural e histórico que debía ser recuperado en el curso de la lucha contra el colonialismo contemporáneo. Esto fue una influencia importante en Fanon desde muy temprano.

Sin duda se sintió atraído no solo por los objetivos políticos generales de la Négritude, sino por su voz poética y literaria distintiva. Piel negra, máscaras blancas está muy escrito en el estilo de la poesía y la literatura de la Négritude. Se puede ver la influencia particular de Césaire, quien es citado a lo largo de Piel negra, máscaras blancas.

Pero incluso ese, su primer libro, que publicó cuando tenía veintiséis años, se puede ver que también se mostraba receloso respecto de algunos aspectos de la Négritude. Fanon era muy suspicaz y crítico frente a una especie de esencialismo negro que reaccionaba contra la negación de la agencia negra, de la historia negra o de cualquier existencia negra auténtica aparte del colonialismo, sosteniendo que existe un elemento común de negritud que impregna las experiencias de las personas de color, independientemente de quiénes sean y de dónde vivan.

Fanon se opuso a eso. Consideraba que ese tipo de esencialismo estaba mal aplicado. Hay una frase famosa de Léopold Senghor que citó en Piel negra, máscaras blancas. Senghor dijo que la emoción es tan negra como la razón es griega. Senghor en realidad estaba parafraseando a [Arthur de] Gobineau, el archirracista europeo.

Fanon consideraba que la Négritude era, en cierto modo, lo que Hegel llamó en su obra “espíritu en autoextrañamiento”: como cuando  criticas algo, pero al criticarlo eres en realidad la imagen especular de aquello que criticas. Al postular una especie de esencialismo negro, se adopta una visión estereotipada de la negritud, aunque se intente darla vuelta. Fanon creía que ese enfoque podía crear ilusiones sobre un pasado africano auténtico al que habría que regresar, algo en lo que realmente no tenía ningún interés. Era una persona moldeada por la modernidad y veía que la lucha por la libertad debía basarse en lo que ofrecía la modernidad.

Pero debo mencionar al mismo tiempo que Piel negra, máscaras blancas no desestimó la Négritude. No la pasó por alto ni la calificó como un término menor. No dijo que fuera simplemente una estación de paso en el camino hacia la lucha de clases universal, y criticó a Jean-Paul Sartre por sugerir eso.

Fanon sostuvo que incluso si había elementos no racionales en el punto de vista de la Négritude que podían ser criticados, no obstante era importante en la construcción de la subjetividad del sujeto negro explotado, al hacer que el tomara conciencia y sintiera ese orgullo de ser quien es. Sentir orgullo por los mismos atributos que una sociedad racista denigra en uno es un momento esencial para elevarse y fortalecerse para la lucha contra el colonialismo y el racismo.

Más adelante, a medida que avanzó en su trayectoria política y teórica, se fue distanciando mucho más de la Négritude. Para cuando escribió Los condenados de la tierra, ya no estaba interesado en ella. Creo que hubo un par de razones para eso.

Una fue que vivía como parte del movimiento revolucionario en Argelia, donde la cuestión no era tanto la raza como la unificación de las nacionalidades oprimidas de Argelia, que eran árabes, africanas negras, bereberes, etc., dejando además la puerta abierta a los blancos que rompieran con sus privilegios para unirse a esa lucha revolucionaria para expulsar al colonialismo francés y construir una nueva sociedad. La Négritude no se correspondía realmente con eso.

En segundo lugar, se volvió cada vez más crítico de los líderes de la Négritude, especialmente de Senghor, que se convirtió en el líder del Senegal independiente, por acomodarse esencialmente al neocolonialismo. Estaban tan enamorados del patrimonio literario francés que Senghor quería seguir formando parte de la Comunidad Francesa, lo que Fanon consideraba una traición a la lucha por la independencia. Pensaba que el movimiento de la Négritude se había quedado atrás respecto del curso de los acontecimientos en las revoluciones africanas.

Cuando llegó el momento de tomar el fusil y luchar realmente contra los imperialistas por la liberación, muchas de las figuras asociadas con la Négritude se apartaron de eso. Aimé Césaire no favorecía la independencia de Martinica, aunque en ese momento era comunista. Fanon se alejó de la Négritude, pero su influencia sobre él no debe subestimarse.

DFAunque Fanon llegó a definirse como socialista y como opositor al capitalismo, no se identificó con ninguna tendencia marxista de su tiempo. ¿Cuáles crees que fueron las principales limitaciones del marxismo ortodoxo en ese momento histórico en lo que respecta a la raza y a la lucha contra el colonialismo?

PH: Dentro de los movimientos socialista o comunista, e incluso del componente marxista de esos movimientos, ciertamente no había unanimidad a la hora de decidir la posición a adoptar frente al imperialismo y el colonialismo. Algunos socialistas reformistas en realidad abrazaron o se acomodaron al colonialismo. Algunas fuerzas de la Segunda Internacional, por ejemplo, estaban más que dispuestas a convivir con la dominación colonial.

Los marxistas revolucionarios no lo estaban, se oponían muy tajantemente al colonialismo, pero había un problema en ellos que Fanon percibió, lo que le hizo imposible una identificación directa. Ese problema era la suposición de que la abolición de la propiedad privada de los medios de producción y la socialización de los recursos económicos de la sociedad en manos del proletariado conducirían automáticamente a la negación y superación de la raza y el racismo.

Esta visión sigue estando ampliamente extendida hoy en día entre algunos, que dirían que para eliminar el racismo lo que hay que hacer es transformar la estructura económica de la sociedad, entendida como la abolición de la propiedad privada, los mercados libres, el trabajo asalariado, etc. Eso es lo que en última instancia proporcionará la liberación para todos los pueblos explotados en todas partes. Esto se afirmaba de manera bastante directa en documentos fundacionales como el Programa de Erfurt del Partido Socialdemócrata Alemán (1891) y el programa del Partido Obrero Socialdemócrata Ruso (1903).

Fanon consideraba que esas posiciones no concordaban con su experiencia vivida. No estaba en absoluto convencido de que el cambio de tales estructuras económicas fuera suficiente para garantizar la deconstrucción de la raza y el racismo. Comprendía plenamente que el racismo no podía abolirse sin la transformación de las condiciones económicas de la sociedad capitalista, pero consideraba que esa transformación, aunque necesaria, no era suficiente.

También debía producirse una transformación de las relaciones humanas que hacían posibles las formas racializadas de ver, comportarse e interactuar con los demás. Por lo tanto, esto implicaba adoptar un enfoque sociogenético respecto de la raza y el racismo, abordando el impacto psicológico de ambos.

No había mucho en el marxismo de ese tiempo que respondiera a tales preocupaciones. W. E. B. Du Bois en Black Reconstruction desarrolló una teoría importante, que se ha vuelto muy influyente entre los teóricos contemporáneos de la raza y el racismo, sobre el salario psicológico. Sostenía que incluso cuando los blancos no se beneficiaban directamente en términos económicos del racismo contra los negros, aun así obtenían una ventaja psicológica: podían ir donde quisieran, asistir a la iglesia que desearan, viajar sin restricciones, votar, etcétera. Todo esto se traducía en un sentido psicológico de superioridad que los vinculaba al racismo de la sociedad estadounidense.

Hay una historia famosa en la que Du Bois regresó al sur para presenciar e informar sobre un linchamiento. Quedó profundamente conmocionado por esa experiencia, por supuesto, y dijo después: «¿Podemos realmente explicar el racismo haciendo referencia a factores económicos o incluso puramente psicológicos, como cuestiones de interés propio, o hay algo tan irracional en el odio racial que escapa a ese tipo de marco?»

Creo que eso es algo a lo que Fanon era sensible: el racismo no podía superarse sin cambios estructurales en la economía, pero tampoco podía basarse únicamente en ellos. Tenía que haber una transformación en nuestro carácter humano. Por eso hablaba repetidamente a lo largo de sus obras de que la lucha contra el racismo era una lucha para poner fin a la despersonalización del sujeto individual, que estaba sometido a la discriminación racial endémica del colonialismo y el neocolonialismo.

DF¿Cómo terminó Fanon trabajando en Argelia en la década de 1950 y qué impacto tuvo en su pensamiento su presencia en ese país durante la guerra de independencia?

PH: Fue casi por accidente. Obtuvo su título en psiquiatría en 1952. Piel negra, máscaras blancas fue escrito originalmente como su tesis de grado en psiquiatría. Por supuesto, el departamento académico consideró que era algo ridículo, que era una obra tan poco convencional. La rechazaron como tesis, así que cambió de idea y escribió otra disertación sobre un tema más técnico de psiquiatría, que es una obra muy perspicaz en sí misma. Solo ha estado plenamente disponible en inglés en los últimos dos o tres años, en la colección Alienation and Revolution [Alienación y revolución].

En cualquier caso, tras obtener su título, trabajó en varias clínicas psiquiátricas en Francia y tuvo una experiencia mixta en ellas. Comenzó a aprender la llamada socioterapia, una técnica del psicoterapeuta y psiquiatra español François Tosquelles. Era un enfoque liberador de la práctica psiquiátrica. Intentó ponerla en práctica en algunas de las clínicas en las que trabajaba en Francia, pero encontró resistencia.

De todos modos, se estaba cansando de Francia y pensó por un momento en regresar a Martinica para ejercer la psiquiatría allí, pero las oportunidades no eran particularmente grandes en una isla de unas cien mil personas. Por eso, decidió intentar en el África subsahariana. Había una clínica psiquiátrica en Dakar, Senegal. Fanon le escribió a Léopold Senghor para preguntarle si podía recomendarlo para el puesto en la clínica, pero Senghor nunca respondió a la carta, por lo que esa posibilidad no prosperó. Luego vio que había una vacante en Argelia y fue allí.

No fue a Argelia porque existiera un movimiento revolucionario de independencia en curso. Este no emergió realmente de manera abierta hasta casi un año después de la llegada de Fanon. En noviembre de 1954, el Frente de Liberación Nacional (FLN), lanzó una serie de ataques contra las autoridades coloniales francesas y anunció el comienzo de la revolución. No fue allí por razones explícitamente políticas, aunque puede decirse que motivaciones políticas ciertamente lo guiaron en su decisión de abandonar Europa y trabajar en África.

DF¿Qué papel desempeñó Fanon en el FLN como militante revolucionario?

PH: El papel que desempeñó fue amplio. Al principio, cuando llegó a Argelia, no era un militante. Su primer contacto con nacionalistas radicales se dio a través de judíos argelinos, a quienes conoció por medio de su esposa, y luego su círculo de conocidos se amplió y comenzó a conocer a activistas del FLN clandestino.

A medida que se volcaba a la participación en este movimiento revolucionario, no podía hacerlo abiertamente porque dirigía una clínica psiquiátrica. Por supuesto, dar alguna señal de apoyo a la revolución, habría implicado el fin de su puesto. Pero utilizó subrepticiamente la clínica para ayudar a combatientes revolucionarios.

Escondió a guerrilleros que estaban siendo perseguidos y le brindó tratamiento psiquiátrico a quienes eran sometidos a tortura por las autoridades francesas. Estaba utilizando su lugar en el hospital, dentro de los límites que se le permitían, para dar ayuda directa a la causa revolucionaria.

Al mismo tiempo, y cada vez más después de 1955, se involucró más profundamente en las discusiones dentro de la dirección del FLN sobre el curso de la revolución y la naturaleza de la lucha. Se asoció con un ala del FLN dirigida por Ramdane Abane, un izquierdista que pensaba que uno de los problemas del FLN y del movimiento nacionalista en general era no tener claridad sobre el tipo de sociedad que deseaban establecer después de lograr la independencia.

Abane adoptó una posición radical y quiso intentar llevar el movimiento revolucionario a las zonas urbanas con la famosa batalla de Argel. Eso fue algo que Fanon apoyó con mucha firmeza. La batalla de Argel fue una iniciativa que surgió de la tendencia asociada con Abane.

Por supuesto, resultó ser una derrota para el FLN, y por eso dependieron cada vez más de reclutas campesinos y de la lucha desde el campo. No obstante, los ataques en las ciudades continuaron también. Pero el punto es que Fanon estuvo involucrado en muchas de las discusiones y debates sobre las tácticas y la estrategia que debían adoptarse dentro del FLN. No estuvo en la famosa conferencia en la que se deliberaron algunas de estas cuestiones, pero sí en conferencias posteriores celebradas en la clandestinidad.

Finalmente, por supuesto, los franceses lo obligaron a irse. Recibió la noticia de que podía ser arrestado o asesinado por los franceses porque sospechaban de sus actividades en el hospital. Escribió una famosa carta de renuncia, dejó Argelia y luego fue a Túnez, donde se convirtió en uno de los principales editores del periódico del FLN, El Moudjahid [El combatiente], que se publicaba en francés y en árabe. Muchos de sus artículos en ese periódico fueron traducidos y publicados en el libro Hacia la revolución africana, pero otros solo han aparecido por primera vez en inglés bastante recientemente.

Estuvo ciertamente comprometido de manera crítica con el FLN, tanto dentro de Argelia como luego desde el exilio en Túnez y Marruecos. Durante los dos últimos años de su vida, se convirtió en el embajador itinerante del gobierno argelino en el exilio para el África subsahariana. Tenía su base en Accra, Ghana, donde conoció de primera mano a Kwame Nkrumah y a otros líderes de las revoluciones africanas. Viajó por todo el continente africano, tratando de apoyar sus luchas, pero especialmente tratando de generar apoyo para la lucha argelina, que consideraba el eje de la lucha revolucionaria en África.

DF¿Cómo percibía Fanon, durante la guerra de independencia de Argelia, el papel de la izquierda francesa en todas sus diversas formas?

PH: Hay que entender que la izquierda francesa desempeñó un papel muy despreciable frente a la revolución argelina. Cuando estaba en el poder, el Partido Socialista bajo Guy Mollet impuso la represión en Argelia con la ley marcial. No eran amigos de la lucha revolucionaria argelina, y tampoco lo era el Partido Comunista Francés, a pesar de su compromiso verbal con los principios leninistas del anticolonialismo, porque los comunistas siguieron sistemáticamente a la zaga, o apoyaron de una u otra manera, la política colonial francesa en Argelia. Prestaban un apoyo meramente retórico a la idea de la autodeterminación para Argelia, pero no movilizaron ninguna oposición a la guerra.

Fanon estaba profundamente disgustado con ambos partidos. Fanon está célebremente asociado con una crítica del neocolonialismo, que se refiere a la idea de que los países recién independizados en África y en otros lugares se desprenderían del colonialismo a nivel político pero, sin embargo, permanecerían enredados en la dominación económica de las potencias coloniales. La primera vez que tengo conocimiento de que Fanon utilizara el término «neocolonialismo» fue por una crítica al Partido Comunista Francés, donde dijo que su actitud tenía un carácter neocolonial.

Fue extremadamente crítico del fracaso a gran escala de la izquierda francesa en cuanto a acudir en ayuda de las revoluciones africanas, y de la revolución argelina en particular. Ahora bien, hubo individuos, entre ellos Francis Jeanson, su editor en Francia, que realizaron un trabajo bastante valiente y considerable para apoyar subrepticiamente al movimiento argelino. También hubo, por supuesto, personas como Jean-Paul Sartre, que adoptaron una postura temprana, valiente y honorable en apoyo de las revoluciones africanas.

Pero incluso con ellos, Fanon nunca se sintió completamente satisfecho, ni siquiera con Sartre, que fue objeto de intentos de asesinato debido al apoyo que brindó a las revoluciones africanas. No obstante, Fanon pensaba que el número relativamente pequeño de individuos que se estaban levantando y oponiéndose a la política francesa en Argelia y en África seguía sin hacer lo suficiente, porque él y sus compañeros estaban viviendo una situación de vida o muerte. Pensaba que los izquierdistas franceses no estaban yendo lo suficientemente lejos ni arriesgando sus vidas por la causa como lo estaba haciendo él.

Debo mencionar como colofón hasta qué punto fue profunda esta desatención: importantes pensadores posteriores de la izquierda francesa como Louis Althusser y Michel Foucault no tuvieron prácticamente nada que decir sobre la revolución argelina. Algunos miembros del grupo Socialisme ou Barbarie de Cornelius Castoriadis y Claude Lefort dijeron cosas interesantes en apoyo de la revolución, pero el grupo en su conjunto no mostró mucho entusiasmo por ella, y Castoriadis hizo posteriormente algunos comentarios muy unilaterales y prejuiciosos sobre Fanon. La extrema izquierda francesa no estuvo a la altura, a los ojos de Fanon, de lo que se esperaba de ella.

DFMencionaste algunos de los contactos personales de Fanon con líderes de la primera ola de descolonización africana, figuras como Kwame Nkrumah. ¿Cuáles fueron sus impresiones de esa etapa temprana de los Estados y movimientos poscoloniales africanos?

PH: Esa es una pregunta compleja, dependiendo de qué Estados estemos hablando. Estuvo en Accra en 1958, incluso antes de convertirse en embajador itinerante del gobierno provisional de Argelia. Conoció a muchos de los líderes de las revoluciones africanas en varias conferencias. Relativamente temprano, había conocido a Nkrumah y a Patrice Lumumba.

Estuvo especialmente cercano a Felix Moumié, de Camerún, quien fue trágicamente asesinado por el servicio secreto francés. Lumumba también fue asesinado en una conspiración entre la CIA y las autoridades belgas. Estas pérdidas pesaron muchísimo sobre él. Pero estuvo en contacto directo con muchos de estos líderes y viajó a muchos otros países.

Respetaba enormemente lo que Kwame Nkrumah había logrado en Ghana. Nkrumah fue quien se atrevió a enfrentarse al colonialismo británico. Ghana fue el primer país en obtener la independencia en el continente africano respecto del dominio británico. Pero, al mismo tiempo, Fanon no estaba precisamente entusiasmado con el esfuerzo de Nkrumah por sintetizar a Gandhi y Lenin. No creía que una vía pacífica para la transformación del poder, para la expulsión del colonialismo francés o británico, tuviera éxito en gran parte del resto de África, aunque sí lo tuviera en lugares como Ghana y Guinea.

Fanon también se dedicó a intentar desarrollar un cuerpo compuesto por africanos subsaharianos que acudiera en apoyo de regímenes y movimientos revolucionarios en otras partes de África. Trabajó muy duro para desarrollar esta milicia africana, y todos los líderes revolucionarios africanos la apoyaron o al menos le dieron un apoyo retórico. Pero no creía que se lo tomaran muy en serio, y pensaba que no hicieron lo suficiente. Había al menos una crítica implícita en ese sentido en sus relaciones.

A Patrice Lumumba lo admiraba enormemente y pensaba que él y su movimiento en el Congo eran la piedra angular de las revoluciones africanas. Eso era también lo que entendían los europeos, creo, y por eso querían matarlo, porque si el Congo podía mantener su independencia bajo una dirección radical como la de Lumumba, era solo cuestión de tiempo antes de que Sudáfrica comenzara a sentir el fuego de la revolución.

Como dijo célebremente Robert Sobukwe, líder del Congreso Panafricanista de Sudáfrica, en 1962, si Sudáfrica pasaba al movimiento revolucionario, encendería una llama que se extendería hasta el norte. Ese sería el ingrediente más importante para crear una alternativa anticolonial verdaderamente panafricana. El asesinato de Lumumba fue algo que afectó profundamente a Fanon.

Hubo, por supuesto, regímenes que criticó con dureza, como el de Costa de Marfil. El régimen allí era plenamente cómplice del imperialismo francés, y hubo regímenes como el de Senegal que mantuvieron vínculos con la Comunidad Francesa, lo que él consideraba una traición a los movimientos nacionales en otras partes de África. Gran parte de esa crítica se reflejó en lo que estaba escribiendo en su último libro, Los condenados de la tierra.

DFEse libro, Los condenados de la tierra, sigue siendo, creo, hasta el día de hoy, la obra más famosa asociada con Fanon. Vino acompañado de un prefacio de Jean-Paul Sartre. ¿Qué influencia tuvo Sartre sobre Fanon, y viceversa?

PH: No hay duda de que Fanon estuvo profundamente influido por Sartre desde muy temprano, y por el existencialismo en general. La influencia más importante de Sartre para su primer libro, Piel negra, máscaras blancas, fue un pequeño folleto que Sartre había escrito justo después de la guerra, El antisemitismo y el judío. Lo que Fanon vio fue que Sartre había captado la estructura del racismo antisemita, no solo la estructura política y económica, sino la mentalidad psicológica que está incrustada en él.

Vio esto como una especie de modelo para el racismo antinegro, por lo que hizo algunos comentarios muy provocadores en el libro sugiriendo que quienes eran antijudíos eran por naturaleza antinegros y viceversa. Curiosamente, aunque no habría estado dentro del ámbito de conocimiento de Fanon en ese momento, muchas investigaciones en las últimas décadas han mostrado que el modelo del racismo antinegro puede encontrarse en la racialización de los judíos en la península ibérica, comenzando en los siglos XIV y XV. Por supuesto, el antisemitismo racializado tardó mucho más en arraigar en otras partes de Europa.

También fue influido por Sartre en otros aspectos. Pero hubo un sentido fundamental en el que no aceptó la posición filosófica básica de Sartre, incluso desde muy temprano. Sartre, como una suerte de heideggeriano, partía de una visión de la naturaleza humana en la que somos arrojados a un mundo sin significado, en el que la dominación, la alienación y la reificación definen la condición humana. Había en la obra de Sartre una noción muy fuerte de la alienación como un designio ontológico que define nuestro ser en el mundo, un punto de vista claramente integral al modo de pensar de Heidegger.

Esto no es ajeno al hecho de que Sartre tuvo muchas dificultades, especialmente en su obra temprana, para establecer la relación entre el individuo y la sociedad, el yo y los otros. Sartre tenía en cierto grado una visión oscura y pesimista de la naturaleza humana, que Fanon no aceptaba. Partía de una suposición diferente: como escribió en Piel negra, máscaras blancas, «El hombre es un “sí” que resuena desde las armonías cósmicas». No se puede encontrar una afirmación más antiheideggeriana que esa.

Fanon, como Hegel y Marx, parte de la premisa de que nuestra naturaleza es ser intersubjetivos y comunitarios. Podría pensarse en el concepto de ser genérico de Marx en este sentido, aunque Fanon no se refirió directamente a él (sí leyó, sin embargo, los Manuscritos de París de 1844 de Marx, en los que aparece el término). Fanon tenía un sentido de solidaridad comunitaria y de tender la mano para tocar al otro como algo integral a la experiencia vivida, frustrada por una sociedad racista, por supuesto, y por una sociedad dominada por clases. Por eso le negaba cualquier base ontológica al racismo.

Irónicamente, esta diferencia con Sartre en cuanto a la visión de la naturaleza humana fue precisamente lo que llevó a Fanon a interesarse tanto por su obra. Esta visión de un mundo alienado, en el que las relaciones humanas parecen tan inauténticas, en la opinión de Fanon captaba realmente la realidad de las personas de color que vivían en una sociedad racista, aunque no captara la ontología de la existencia humana. Se sintió muy atraído por Sartre, pero eso no significa que fuera un sartreano estricto en términos de su perspectiva filosófica general.

Más adelante, Sartre intentó avanzar hacia una posición más marxiana, tratando de reconciliar lo que él mismo reconocía como las limitaciones de sus escritos anteriores para establecer la relación entre individuo y sociedad. Escribió su famoso libro Crítica de la razón dialéctica. Fanon quedó fascinado y profundamente inspirado por este libro. Dio conferencias sobre él para reclutas campesinos del FLN que cruzaban la frontera para combatir en Argelia. Sería interesante disponer del texto de esas conferencias: no creo que exista un registro, pero sabemos que las dio.

Solo hacia el final de la vida de Fanon, en 1959, se encontraron cara a cara. El encuentro fue muy bien, y Fanon comentó que daría todo el dinero del mundo por tener otras dos semanas para hablar directamente con Sartre. Se sintió entusiasmado cuando Sartre aceptó hacer el prefacio de Los condenados de la tierra, que fue escrito mientras Fanon estaba muriendo de leucemia. Fue un verdadero reconocimiento por parte de Sartre de la importancia que veía en la obra de Fanon.

Sin embargo, no parece que Fanon estuviera del todo satisfecho con el prefacio en sí. Estaba demasiado enfermo en ese momento para escribir, pero según algunos testimonios de personas que estuvieron cerca suyo en sus últimas semanas de vida, cuando el manuscrito llegó a su mesa de noche, no lo entusiasmó.

Creo que había problemas reales con el prefacio de Sartre, porque tomaba el capítulo inicial del libro sobre la violencia y lo convertía en una virtual metafísica de la violencia. Lo convertía en un tema tan central de la obra de Fanon, lo que ha influido en muchas lecturas posteriores, en las que Fanon es visto como un apóstol de la violencia por sí misma.

Eso no era lo que Fanon estaba haciendo. Estaba dando cuenta de la necesidad de la violencia en momentos específicos de lucha revolucionaria y en circunstancias concretas. Sobre todo, estaba tratando de subrayar la violencia inherente al colonialismo y al racismo. En cierto sentido, el prefacio de Sartre ayudó a proporcionar una caricatura de la posición general de Fanon.

Eso fue desafortunado, tanto para los críticos de Fanon que lo cuestionaron injustamente por ello, como para algunos de sus seguidores, que pensaron que lo único que tenía para enseñarnos era cómo tomar el fusil. Y no estaba simplemente repitiendo el dicho de Mao de que el poder nace del cañón de un fusil. Tenía una perspectiva mucho más profunda que esa.

DF¿Cuáles fueron los principales argumentos de Los condenados de la tierra y qué tipo de desafíos le planteó al marxismo ortodoxo, por un lado, y al nacionalismo anticolonial, por el otro?

PH: Hay muchos argumentos en Los condenados de la tierra, pero diría que el más importante fue el de una comprensión del colonialismo como algo que implicaba lo que él llamaba una división maniquea entre el colono colonial y el colonizado. Esto también podía entenderse fuera del contexto específico que estaba abordando, el de las revoluciones africanas, para pensar toda la trayectoria de la sociedad estadounidense hasta el día de hoy, y también la de muchas sociedades europeas.

Se tiene esta noción de una división, como si fueran dos especies de seres, que por supuesto no lo son, con la incomprensión, la mala interpretación y la incapacidad siquiera de ver al otro, que es una persona de color, como un ser humano pleno. El colonizador siempre quiere respeto por su humanidad, pero no es recíproco. Ese fue un gran hallazgo de Los condenados de la tierra.

El segundo hallazgo fue la deshumanización. El problema fundamental del racismo no es simplemente la falta de oportunidades económicas y de ascenso social, aunque por supuesto eso es central, sino la deshumanización del individuo en términos de sus relaciones interpersonales. El problema de la deshumanización significaba que, para Fanon —y este fue realmente su tercer gran hallazgo—, la lucha contra las realidades del colonialismo y su deshumanización brindaba la posibilidad de recuperar una relación más auténtica con la condición humana.

Él anunció lo que llamó un nuevo humanismo. No era alguien que simplemente estuviera deconstruyendo y criticando las estructuras racistas de dominación, aunque eso era central en todo el libro. Lo hacía con el fin de ofrecer una visión de emancipación que realmente mantuviera el pulso de las relaciones humanas y ayudara a transformarlas mediante una lucha revolucionaria: relaciones entre hombres y mujeres, entre razas y en el lugar de trabajo.

Si no se tiene ese tipo de transformación, ¿qué tipo de cambios fundamentales en la sociedad se han logrado? En última instancia, tiene que ser a nivel de la subjetividad interpersonal. Ese fue el tema que subrayó toda la obra de Fanon y que, creo, hizo tan profunda su crítica del colonialismo.

Una de las partes más importantes del libro fue su capítulo sobre las pruebas y tribulaciones de la conciencia nacional, también referido como los escollos de la conciencia nacional. Criticó a la burguesía nacional del mundo en desarrollo que se alineó con la lucha por la independencia, pero queriendo canalizar esa lucha, ya fuera para confirmar su posición como nueva clase dominante tras la obtención del poder político o para encauzar la lucha hacia el apoyo a uno u otro lado del conflicto entre superpotencias en la Guerra Fría.

Fanon estaba muy preocupado de que, con el logro de la independencia política, esta burguesía nacional relativamente débil y fragmentada intentara monopolizar el poder en su propio beneficio y fuera incapaz de hacerlo plenamente por sí sola. Haría alianzas con el antiguo amo colonial —de ahí el neocolonialismo— o intentaría aliarse con la Unión Soviética o con otro polo del capital mundial.

Fanon ciertamente no estaba en contra de que los revolucionarios obtuvieran ayuda de cualquier fuente que pudieran para luchar contra el opresor. Pero buscaba una transformación social mucho más amplia que esa. Dijo al comienzo de Los condenados de la tierra, y mantuvo esta línea argumental a lo largo del libro, que la etapa democrático-burguesa de la burguesía nacional debía ser omitida, o al menos acortada. Había que pasar de la lucha racial a la lucha por unificar la nación, y de la lucha nacional a una lucha social, transformando las condiciones alienadas de vida que persisten incluso después de la independencia nacional.

La advertencia de Fanon era que, si esto no ocurría, las revoluciones o bien retrocederían hacia el autoritarismo, en un intento de mantener unificados a estos jóvenes Estados-nación, o bien volverían al tribalismo. También habló de la posibilidad de que estallaran guerras interreligiosas a medida que el Estado-nación fracasara en cumplir su misión de ir más allá de sus propios límites hacia lo que llamó conciencia social, que para Fanon se situaba en un nivel superior al de la conciencia nacional.

Otro punto muy importante que a menudo se pasa por alto es que Fanon también cuestionó la manera en que los marxistas leían generalmente a Marx, es decir, asumiendo que su análisis del desarrollo de la acumulación de capital en Europa se reproduciría o sería seguido por otras sociedades que intentaran entrar en el camino de la industrialización y la modernidad. En Europa tuvo lugar el proceso de lo que se llama la acumulación originaria de capital. Los campesinos fueron despojados de sus tierras y obligados a vender su fuerza de trabajo por un salario en las fábricas al verse privados de sus medios de subsistencia.

Este proceso condujo a la acumulación de una gran cantidad de capital y permitió el florecimiento de una burguesía nacional, pero también produjo un gran proletariado que podía combatirla. Fanon vio que este tipo de trayectoria no se aplicaba a África, porque cuando el colonialismo despojó a los campesinos de la posesión comunal de la tierra y separó a los productores de las condiciones objetivas de producción, el resultado fue diferente en comparación con Europa.

Las potencias coloniales no estaban intentando industrializar África, sino saquearla de sus recursos productivos. De hecho, estaban des-desarrollando África en gran medida. Como resultado, lo que surgió fue una clase trabajadora pequeña y débil, un campesinado amplio y desposeído de derechos, y una burguesía nacional que ni siquiera poseía los elementos progresivos de revolucionar las fuerzas productivas que definieron períodos anteriores de la historia europea.

Fanon sostuvo que, para comprender la situación colonial, debíamos ampliar las categorías marxistas más allá de donde Marx las llevó. La ironía es que, al pedir esta ampliación, Fanon, sin saberlo, estaba en realidad más en consonancia con Marx que los marxistas que vinieron después de él.

Los seguidores de Marx leyeron los capítulos sobre la acumulación originaria en El capital como una teoría universal de cómo todas las sociedades estaban destinadas a desarrollarse una vez que emprendieran el camino hacia el capitalismo. Pero Marx en realidad dijo en la segunda edición alemana que esa discusión en El capital estaba restringida a un análisis descriptivo de lo que ocurrió en Europa occidental. No arrojaba luz sobre lo que pudiera ocurrir en otros lugares, ya que eso dependería de las condiciones que enfrentaran en su propio contexto.

Este punto es pasado por alto no solo por muchos marxistas, sino también por la mayoría de los teóricos poscoloniales y posmarxistas, quienes afirman que el análisis de Marx sobre la acumulación originaria no puede dar cuenta del capitalismo racializado. Eso simplemente no es cierto: en sus escritos tardíos, Marx le prestó mucha atención a la forma en que el capitalismo se convierte en un sistema global al destruir los estratos no capitalistas en el mundo no occidental.

DF

Una posible crítica a Los condenados de la tierra es que Fanon generalizó a partir de una muestra demasiado pequeña: partiendo desde la experiencia africana para ir al conjunto del Sur global y generalizando la experiencia argelina al conjunto de África. ¿Cree que esa crítica estaría justificada, en todo o en parte?

PH

Estaría justificada en parte, pero hay que tener cuidado, porque a veces las personas proyectan su propia posición política en Fanon al hacer esa crítica. En primer lugar, el hombre estaba bastante familiarizado con la situación no solo del norte de África, sino también del África subsahariana. Después de todo, fue embajador itinerante durante varios años, viajando de un país africano a otro.

No estoy diciendo que tuviera un conocimiento exhaustivo de ninguno de ellos. Llegó relativamente tarde a conocer Argelia y le dedicó una enorme cantidad de tiempo a tratar de comprender la naturaleza de la sociedad árabe y bereber después de llegar allí. Pero creo que a lo que la mayoría de las personas se refieren con esa crítica es a su defensa de la violencia y su privilegio del campesinado por sobre el proletariado urbano.

Ahora bien, hay algo que decir en ambos aspectos sobre la tendencia de Fanon a generalizar en exceso. El movimiento independentista en Nigeria, por ejemplo, tenía un componente muy amplio de clase trabajadora, y en la propia Argelia había un movimiento obrero nada insignificante que también formaba parte de la lucha por la independencia nacional. Eso no recibe tanta prominencia en Fanon como podría esperarse. Se puede argumentar que a veces extendió de más ese análisis, de manera demasiado general y, como resultado, cayó en algunas posturas problemáticas.

El ejemplo más claro de ello es Angola, donde en ese momento había un conflicto entre distintas alas del movimiento de liberación. La que más enfatizaba el campesinado por encima de la clase trabajadora urbana fue aquella con la que Fanon se alineó y a la que apoyó. Pero resultó ser una fuerza bastante reaccionaria: el FNLA de Holden Roberto [Frente Nacional de Liberación de Angola].

Aunque Fanon no podía saberlo en ese momento, Roberto estaba al servicio de la CIA, que utilizaba al FNLA para socavar a otras alas del movimiento de liberación nacional, como el MPLA [Movimiento Popular para la Liberación de Angola]. Interpretó mal la situación en Angola porque la estaba leyendo a través de una lente demasiado estrecha.

Sin embargo, incluso allí, debe señalarse que la lucha contra el colonialismo portugués tenía que ser —y fue— violenta. Adoptó la forma de lucha armada, y es difícil ver cómo esa lucha podría haber ocurrido de otra manera. Incluso cuando se equivocó en algunos de esos detalles, no estaba completamente desacertado en términos de su argumento general.

Algo que hay que tener en cuenta respecto de esta crítica mencionabas: ¿en qué país de África hoy —o quizá incluso del mundo entero— es más leído y apreciado Fanon? En Sudáfrica. ¿Cómo podría ser eso si Fanon estuviera generalizando en exceso sobre las cuestiones del campesinado frente a la clase trabajadora, la violencia, etcétera?

Steve Biko estuvo profundamente influido por Fanon, al igual que muchos otros en el Movimiento de Conciencia Negra (BCM, por sus siglas en inglés) y tendencias políticas relacionadas, incluido el movimiento panafricanista. Y el BCM (así como el ANC [Congreso Nacional Africano], por supuesto) tenía profundas raíces en la clase trabajadora negra sudafricana. ¿Por qué el BCM estuvo tan influido por Fanon? La respuesta es que fue profético en sus advertencias en Los condenados de la tierra acerca de seguir la teoría de las dos etapas de la revolución. Esta era la idea de que primero se logra la independencia política, lo que implica una etapa prolongada de desarrollo capitalista para acumular los recursos del país, y luego, solo después de tantos años o décadas, estaría listo para la transformación socialista. Esa fue, lamentablemente, la postura del ANC y del Partido Comunista Sudafricano. Y esto condujo a Sudáfrica a la posición en la que se encuentra hoy, que no es una deseable: la adopción de un neoliberalismo corrupto.

Hay un libro reciente sobre Fanon, de Leo Zeilig, que contiene material interesante sobre esta cuestión. Sostiene que Fanon subestimó a la clase trabajadora. Pero lo que realmente quiere decir con esto es que subestimó la capacidad de una clase trabajadora minoritaria para tomar el poder bajo la dirección de un partido de vanguardia centralizado, disciplinado e ideológicamente correcto que conduciría la revolución más allá de la etapa democrático-burguesa de desarrollo.

Tengo un verdadero problema con esa interpretación. Fanon entendía, como Marx, que no se puede crear el socialismo sobre la base de una clase trabajadora minoritaria, sin importar qué tipo de partido la dirija. El socialismo solo puede surgir mediante la actividad activa, consciente y deliberada de la mayoría de la población en cualquier país dado. No se puede introducir el socialismo a espaldas de la gente ni intentar trasladar el modelo de Lenin en la Rusia de 1917 a África, específicamente la noción de que una clase trabajadora minoritaria bajo la dirección de un partido centralizado podría guiar a la revolución a través de los traumas y tribulaciones de la transición revolucionaria.

¿Por qué criticar a Fanon por no respaldar ese enfoque, cuando resultó ser un desastre en Rusia? Como vio claramente Rosa Luxemburgo en su momento, la «apuesta» de Lenin de que la dictadura del proletariado podía surgir sobre la base de una clase trabajadora relativamente pequeña —la mayoría de la cual ni siquiera apoyaba al Partido Bolchevique— estaba condenada al fracaso, por heroico e inspirador que ella considerara el esfuerzo.

De hecho, en ningún lugar del siglo pasado una clase trabajadora minoritaria dirigida por un partido que monopoliza el poder político ha producido una transición al socialismo. También aquí, Fanon vio más lejos que los marxistas tradicionales, aproximándose a la posición de los más creativos.

DF

¿Cómo dirías que las ideas expresadas por Fanon en Los condenados de la tierra se correspondieron con la experiencia posterior de la revolución en África, con las luchas contra el dominio colonial portugués en Angola, Mozambique y Guinea-Bisáu, y las luchas contra el dominio de colonos blancos en Rodesia y Sudáfrica? ¿Dirías que hubo un paralelismo entre su propio pensamiento sobre la revolución basada en el campesinado y las ideas de Amílcar Cabral, el dirigente guineano?

PH

Cabral estuvo profundamente influido por Fanon. Cabral es una de las figuras y pensadores más extraordinarios producidos por las revoluciones anticoloniales de la posguerra. En Los condenados de la tierra, Fanon planteó la cuestión de qué modelo de desarrollo debía adoptarse después de la independencia para evitar los escollos de una fase burguesa de desarrollo, que pensaba que se convertiría muy rápidamente en un estatismo autoritario.

Fanon abogó por algo que no ocurrió en las revoluciones africanas ni en ninguna de las revoluciones anticoloniales: la descentralización en lugar de la centralización, es decir, intentar asegurar que la revolución permaneciera anclada en las masas que la hicieron. Por supuesto, eso se aplica al campesinado, especialmente porque fueron la principal fuerza combatiente en estas luchas por la independencia.

¿Cómo se podía anclar la revolución en las masas y mantener a la dirección revolucionaria arraigada en esa base de masas? Una forma sería mediante proyectos de desarrollo comunal descentralizados que involucraran a las masas, en lugar de centralizar el poder e intentar impulsar megaproyectos financiados con capital extranjero, pasando por encima de las masas. Fanon llevó esto incluso hasta el punto de no querer que los países africanos recién independientes tuvieran una capital.

Decía: ¿por qué todos los burócratas tienen que vivir en una sola zona cerrada al resto de la población? Si se obligara a los políticos y burócratas a trasladarse a distintas partes del país —pasando cuatro meses aquí, tres meses allá, incluidas las zonas rurales— tendrían que prestar más atención a las necesidades del pueblo y eso serviría de resguardo contra la burocratización. Este fue el tipo de planteamientos por los que Cabral estuvo muy influido, así como por el tenor democrático de todo el proyecto de Fanon.

En algunas de las zonas liberadas de Guinea-Bisáu, la guerrilla celebró elecciones democráticas dentro de las zonas liberadas. Hubo discusión y debate abiertos dentro del movimiento revolucionario anticolonial para intentar evitar las tendencias hacia el estatismo y el autoritarismo que casi inevitablemente iban a salir a la superficie una vez conquistado el poder estatal. Una cosa es luchar por la libertad cuando no se está en el poder. La cuestión es cuán liberador se puede ser cuando se tiene el poder y se puede usar de todo tipo de maneras, incluidas las nefastas.

En este plano, Cabral estuvo profundamente influido por Fanon y en algunos aspectos fue más allá de Fanon en algunos esfuerzos prácticos por implementar estas ideas. No es casualidad que una película realizada hace algunos años sobre Los condenados de la tierra se centrara en Mozambique y Rodesia. Allí se veía realmente el mundo maniqueo del que hablaba Fanon.

Donde Fanon realmente habló a las luchas por la libertad en esos países fue en su crítica de la teoría de las dos etapas, al mismo tiempo que evitaba una especie de enfoque ultrizquierdista, marxista europeo tradicional, que sugería que el problema podía resolverse apoyándose en un pequeño partido de vanguardia con el respaldo de solo una minoría de la población. En Los condenados de la tierra, tiene un pasaje contundente en el que ataca al Estado de partido único y dice que era la dictadura de la burguesía desenmascarada. Hay que tomarse en serio su crítica al Estado de partido único y preguntarse cuál ha sido el legado de esos Estados en las revoluciones anticoloniales.

DF

¿Cuál dirías que es el legado de Fanon para la lucha contra el racismo hoy, ya sea en África o en países como Estados Unidos?

PH

En varios pasajes de su obra, Fanon sugirió un vínculo entre lo que estaba diciendo sobre África y la situación en Estados Unidos, aunque no escribió mucho sobre este último. No pretendía estar desarrollando una teoría universal aplicable a la situación de todos los países.

Fue muy claro en que escribía desde su experiencia vivida como hombre negro y sujeto colonial, primero en las Antillas Menores, luego en Francia y después en el norte de África. No obstante, señaló que en países como Francia, donde vivió, existía una especie de zona de amortiguación entre las masas y los explotadores: las autoridades legales, el sistema educativo y todo lo demás que atenuaba en cierta medida la dureza de la opresión.

Observó que en las situaciones coloniales esto era mucho más maniqueo y tajante. Esas zonas de amortiguación entre la policía, el Estado y las masas simplemente no existían allí, y por eso la gente sufría una degradación y una deshumanización tan enormes. Pero Fanon también sugirió que en otros lugares del mundo con un largo legado de racismo, como Estados Unidos, esas zonas de amortiguación también se estaban debilitando. Tuvo algunas intuiciones importantes al respecto.

Creo que lo más importante es que Fanon desarrolló una perspectiva que sigue siendo estimulante y que necesitamos desarrollar más, porque rompe con una narrativa estándar que encontramos en la izquierda, especialmente en Estados Unidos. Existe una posición reduccionista de clase que dice que la lucha contra el racismo es importante, pero de importancia secundaria, o que incluso es una distracción respecto de la lucha de clases.

La noción básica que muchas personas tienen en la izquierda es que el problema de la raza y el racismo se resolverá esencialmente con una revolución anticapitalista, entendida en términos de la abolición de la propiedad privada y los mercados libres y la creación de condiciones socializadas de producción. No creo que haya mucha evidencia de que eso sea suficiente para ponerle fin al racismo y erradicarlo de la mente y el espíritu de la humanidad.

Se requeriría una revolución mucho más profunda para lograrlo, una que tendría que repensar la concepción de una alternativa anticapitalista que ha sido propagada por muchos marxistas, la cual ha quedado por debajo de la visión que el propio Marx tenía. Marx originalmente llamó a su filosofía un humanismo y se centró en la transformación de las relaciones humanas, comenzando en el punto de producción, pero eso no significa que termine allí. La transformación de las relaciones humanas es la cuestión fundamental, y creo que Fanon retomó ese punto.

La otra posición que aparece es la opuesta al reduccionismo de clase o postura de «primero la clase»: contra los defensores de una postura de «primero la raza», quienes podrían sostener que la lucha contra el racismo puede desvincularse de la lucha contra el capitalismo. A veces esto adopta la forma de buscar el reconocimiento basado en atributos raciales que son denigrados por la sociedad, con el fin de ser aceptados dentro del terreno de la estructura social existente. Fanon también ofrece una alternativa a ese punto de vista, que a veces podría definirse como una versión estrecha de la política de la identidad, del mismo modo que ofrece una alternativa al tipo de reduccionismo de clase que en ocasiones impregna a gran parte de la izquierda.

Fanon quería que el sujeto oprimido se enorgulleciera de quién era, que recuperara su cultura y herencia y exigiera la restitución de todo lo que le había sido arrebatado por siglos de colonialismo de asentamiento. Quería un mundo de reconocimientos mutuos. Definió su humanismo como un mundo en el que nos reconociéramos mutuamente por nuestra dignidad y valor como sujetos y como seres humanos. Es una meta elevada, pero pensaba que ese debía ser el objetivo de toda lucha auténtica por la libertad.

Lograr ese tipo de reconocimiento mutuo no es simplemente una cuestión de autoexpresión. Tampoco se trata de un reconocimiento en términos de conceder igualdad de derechos. Es más profundo que un reconocimiento jurídico: tiene que implicar el reconocimiento de la humanidad real del otro y de su dignidad como persona, negándose a permitir que alguien sea visto o tratado como una cosa o como un objeto.

Eso no puede lograrse, sugería Fanon, sin una transformación social profunda. En última instancia, no se va a resolver este problema sin una perspectiva anticapitalista. También es necesario ir más allá de los parámetros tradicionales en los que se enmarcan las perspectivas anticapitalistas, que con demasiada frecuencia se centran en las formas de propiedad en lugar de transformar las relaciones humanas alienadas que hacen posibles tales formas.

No estoy sugiriendo que Fanon haya elaborado la respuesta a este dilema, a esta contradicción entre las dos tendencias dominantes con las que tenemos que lidiar hoy, y estoy simplificando las propias tendencias por razones de tiempo. Pero sí estoy sugiriendo que Fanon nos proporcionó herramientas conceptuales importantes para pensar por fuera de los marcos habituales cuando se trata de la cuestión de la raza y el racismo, y sobre cuál sería una alternativa viable al capitalismo (algo que necesitamos con urgencia, porque el capitalismo está destruyendo nuestro planeta y el tiempo se está agotando para revertirlo).

Traducción: Pedro Perucca

Fuente: https://jacobinlat.com/2026/02/frantz-fanon-y-la-revolucion-contra-el-racismo/

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Notas sobre los orígenes ocultistas de la espiritualidad therian

Por Juan Gabriel Caro Rivera

En el último año y medio se ha popularizado a nivel mundial el fenómeno de los therian (animales) o también conocidos como otherkind (de other, otro, y kind, linaje, especie, clan, etc.) en inglés. Aunque esta subcultura de internet ha comenzado a expandirse por todo el mundo, especialmente en países de Europa del Este y Rusia o, actualmente en América Latina, no podemos decir que se trata de un fenómeno nuevo. La subcultura de los otherkind rastrea sus orígenes, según sus propios autores, al menos aun momento entre 1960 y 1972. Promotores del movimiento como Lupa (1) o académicos como Devin Proctor (2) rastrean los origines de esta subcultura a la espiritualidad New Age y las publicaciones hechas por Elf Queen’s Daughters en 1972 en la revista Green Egg, una revista neopagana fundada por Timothy Zell, más conocido como Oberon Zell-Ravenheart, fundador de la Iglesia de todas las religiones, que combinaba ideas sacadas de novelas como Stranger in a Strange Land y programas de televisión como Star Trek.

Aunque los medios de comunicación oficiales han intentado presentar al movimiento therian bajo una luz positiva y alejados de las polémicas trans (3), lo cierto es que la mayoría de los otherkinds, incluyendo los furries y los therian, se identifican con este movimiento: “El furry fandom es un espacio predominantemente queer, con la mayoría de sus miembros siendo LGBTQ+” (4). Por otra parte, no resulta extraña que la mayoría de los otherkinds, de la cual los therian forma una parte, hayan adoptado en los últimos años expresiones sacadas del argot de la teoría de género como el pansexualismo, el no binarismo, los géneros fluidos, entre otras cosas., ya que “estas identificaciones también han ganado aceptación dentro de la comunidad Otherkin, donde los miembros tratan temas particulares como expresar la identidad de género cuando uno es simultáneamente un hombre homosexual y una elfa asexual” (5). De hecho, los otherkinds han sido catalogados como una de las “subculturas más extrañas del mundo”, junto con los góticos, las lolitas, los bosozoku y el Black Metal noruego (6).

Sin embargo, dejando de lado la identidad de género, existe otro aspecto de la comunidad therian que normalmente no se resalta, pero que hace parte integral del movimiento: los origines ocultistas del movimiento. La mayoría de los investigadores que han abordado el tema de los therian y los otherkind en general llegan a la conclusión de que se trata de un fenómeno relacionado con las nuevas formas de religiosidad secundaria nacidas en el mundo postmoderno: “los Otherkin encajan ampliamente dentro de las ideas encapsuladas por el movimiento neopagano y religiones de reencantamiento” (7). Es más, “a lo largo de la década de 1980, The Silver Elves (una de las primeras comunidades de otherkinds fundada en Estados Unidos) y otros colectivos de seres no humanos autoidentificados vieron crecer su membresía (y sus públicos) junto con las florecientes comunidades neopaganas y New Age” (8).

La relación de los therian y los otherkinds con las ideas de la New Age (Nueva Era) y la práctica de la magick –la magia del caos, en referencia a las ideas de la Wicca y Aleister Crowley– es bastante obvia y sus comunidades en línea difunden está clase de mensajes por todas sus redes. De hecho, una de sus representantes más destacadas, Lupa, escribe abiertamente que “el neopaganismo moderno y las creencias de la Nueva Era han provocado un resurgimiento de la creencia en hadas y elfos” (9). A esto se suma el uso de la producción simbólica difundida por los medios de comunicación en la forma de novelas, programas de televisión o películas de cine que constituyen las “mitologías racionales” de un mundo secularizado que ha expulsado la religión del centro de la vida pública. Es así como “Lupa, en su capítulo sobre elfos y hadas, ofrece una lista de ‘mitología moderna’ a la que Otherkin recurre en busca de inspiración para la mitología personal y ‘elementos familiares’. Este canon incluye a Tolkien así como los escritos de CS. Lewis y Neil Gaiman, y el cómic Elf Quest. Se incluyen películas de fantasía como Labynnth (1986) y The Dark Crystal (1982), al igual que juegos de rol como Dungeons and Dragons y Changeling: The Dreaming” (10). En definitiva, se trata del uso de elementos heterogéneos, de un collage, para construir una mitología personal y de ese modo organizar el mundo tal y como el antropólogo Claude Levi-Strauss observa en su famoso libro del Pensamiento salvaje.

Este collage no solo toma prestados elementos del mundo actual, en la forma de las mitologías racionales difundidas por las industrias culturales, sino que también dirige su mirada hacia el pasado, recurriendo a simbologías y mitos mucho más antiguos. Por ejemplo, Lupa escribe que “probablemente el símbolo más reconocible en la comunidad otherkin es la estrella de siete puntas o septagrama. El septagrama obtuso surge de la magia enoquiana de John Dee y Edward Kelly, dos ocultistas del siglo XVI. Es parte del Sigillum Det Aemeth, un símbolo de un conjunto de correspondencias mágicas. El septagrama en sí simboliza dos conjuntos de nombres de Dios, dos grupos de siete ángeles y los siete planetas antiguos. Los otherkin, por su parte, han reinterpretado la estrella para ellos mismos. La mayoría usa el septagrama agudo como se muestra arriba, con o sin el círculo… Los Silver Elves creen que es un símbolo… de expresión y un recordatorio de la naturaleza múltiple de nuestro cambiante Dharma. Me han dicho que la estrella de siete puntas… está compuesta de ángulos irracionales… subdividida matemáticamente al infinito. Representando así un puente hacia mundos más allá de los reinos ordinarios de comprensión. Por tanto, es un símbolo tanto místico y mágico… Una estrella con siete puntas, cada una de las cuales indica una dirección diferente. Seguramente es indicativo de nuestra preciosa FAERIE. Y muy parecido a nosotros. Sin embargo, ellos (los puntos estelares) están todos unidos en su esencia… Tal como estamos nosotros… individuos… juntos” (11). Este símbolo, por cierto, era usado ya en 1972 en las cartas publicadas por la revista Green Egg por parte de las Elf Queen’s Daughters, posteriormente convirtiéndose en el símbolo de la comunidad otherkind.

En cierta forma, como explica Laycock, “los Otherkin han creado un orden alternativo del mundo o nomos” que altera la estructura normativa cotidiana y, “en este sentido, las caracterizaciones de los Otherkin como ‘una religión de Internet’ son ciertas en la medida en que el discurso de Internet ha facilitado y acelerado esta construcción del nomos” (12). Esto último recuerda mucho a la forma en que el investigador francés Stephane François ha caracterizado a la magia del caos y a los diferentes grupos que operan bajo esta etiqueta en la subcultura ocultista occidental. Haciéndose eco de un texto de Hakim Bey, TAZ, François sostiene que este último “intenta aplicar a la Red las tácticas de la piratería del siglo XVIII, es decir, posibilitar la aparición de comunidades alternativas, proscritas, ocultas y efímeras en Internet. Su «anarquismo ontológico» puede considerarse, por lo tanto, un anarquismo posmoderno. Se trata de un discurso de lo más interesante. A diferencia de la contracultura, que pretendía combatir frontalmente los valores dominantes de la sociedad occidental, los magos del caos prefieren socavar estos valores subvirtiendo su significado. Lo hacen a través de sus producciones artísticas o culturales (obras de arte, música, cómics, películas, ensayos, videojuegos, etc.). Sin embargo, muchos de estos magos radicalizan su discurso hasta tal punto que consideran ilusorio cualquier compromiso o incluso lo ven como una nueva forma de programación normativa” (13). Y no resulta para nada extraño que los therian, al igual que los furries o el vampirismo, hayan comenzado a popularizarse en la cultura de internet como medios de promoción de estilos de vida alternativos que buscan subvertir el orden cotidiano de las estructuras modernas por medio de juego de roles u otras actividades dirigidas a la transformación radical de las normas sociales.

En cierta forma, todas estas ideas recuerdan a lo expresado por el metafísico francés René Guénon como “la acción antitradicional, que trata por todos los medios de arrastrar a los hombres hacia lo «infrahumano»” (14), es decir, aquello que se denomina como contrainiciación y que busca alejar a los seres humanos de los verdaderos elementos de realización espiritual. En cierta forma, el regreso de los therians a formas de animalismo y comportamiento disociado de la personalidad, por medio de la práctica de la magick, las mitologías modernas de los medios de masas, mezclado con el uso de la psicología analítica jungniana e ideas entresacadas de la historia de las religiones y el ocultismo occidental, termina por mezclarse en un coctel impotable de ideas inconexas y creencias personales que finalmente llevan a los individuos a alejarse “gradualmente de la «realización» espiritual del ser hasta que éste se pierde definitivamente en esas «prolongaciones» inferiores de su individualidad a las que antes hacíamos alusión y mediante las cuales sólo se puede entrar en contacto con lo «infrahumano»; su situación entonces pierde toda posible salida o, al menos, sólo conserva una que es la total desintegración del ser consciente” (15). René Guénon, que escribió todo un libro sobre la teosofía y el espiritismo como fenómenos pseudoreligiosos que buscaban arrastrar a los seres humanos fuera de la tradición, sin duda vería en las actuales formas de ocultismo y espiritualidad de los therians una continuación de estas mismas tendencias, conectadas por cierto por un mismo contexto. Tampoco resulta extraño que Guénon viera al espiritualismo y la teosofía, nacidos en Estados Unidos, como movimientos anti-tradicionales que carecían por completo de cualquier sostén en una Sagrada Tradición antigua. Algo que no sorprende, ya que la difusión de la subcultura therian también procede de suelo estadounidense.

Ahora bien, muchos investigadores como Stephanie Shea, Laycock o Kirbey, intentan relacionar por medio de analogías a este movimiento con el chamanismo, buscando relaciones antropológicas con formas de espiritualidad más antiguas. No obstante, el uso que hacen estos diferentes grupos de las creencias, símbolos y mitologías racionales modernas para construir sus propias síntesis distan mucho de las antiguas iniciaciones chamánicas y en gran parte recuerda a las religiones sincréticas como la Wicca, con la cual están estrechamente relacionados. Se trata más bien de formas de simulación postmoderna y de fenómenos infrahumanos que arrastran al ser humano a su disolución. Si los antiguos ritos chamánicos o las religiones mistéricas paganas, buscaban que el individuo volviera a alcanzar una unidad superior, representada por los dioses romanos de la Victoria (los ángeles) donde el animal, el hombre y el dios se fusionan en una entidad superior, los therian buscan deshacerse del hombre y el dios para volver al animalismo más bajo e inferior.

Por otra parte, no podemos sino darle la razón al profesor Jay Johson cuando sostiene que el movimiento de los otherkind “no es tanto patológico como político” (16), entendiendo esto último como una demolición concertada del nomos y el katechon. Es decir, como la destrucción de las últimas barreras psicológicas y espirituales que quedan para entrar en contacto con esas entidades oscuras que vuelan más allá del cosmos y que se esconden debajo de la materia en la forma de antiguos seres lovecraftianos que se arrastran en todas direcciones. Se trataría, en definitiva, de una nueva rebelión de los Titanes para espantar una vez más a las entidades divinas que alguna vez habitaron el mundo.

Notas:

1. Lupa, A Field Guide to Otherkin. Immanion Press, 2007, pág 49.

2. Devin Proctor, On Being Non-Human: Otherkin Identification and Virtual Space, 2019, pág 144-150.

3. Véase https://www.infobae.com/mexico/2026/02/18/el-fenomeno-therian-es-parte-de-la-diversidad-lgbt-esto-es-lo-que-debes-saber/

4. Plante, Courtney N.; Reysen, Stephen; Roberts, Sharon E.; Gerbasi, Kathleen C., FurScience! A Summary of Five Years of Research from the International Anthropomorphic Research Project, Waterloo, Ontario: FurScience., 2016, p. 107.

5. Devin Proctor, On Being Non-Human: Otherkin Identification and Virtual Space, 2019, pág. 144-150.

6. Geoffrey Lancaster; Lester Massingham, Essentials of Marketing Management, Taylor & Francis, 2006, pág. 48.

7. Kirby, Danielle, “Alternative Worlds: Metaphysical questing and virtual community amongst the Otherkin” en Frances Di Lauro (ed.). Through a Glass Darkly: Collected Research. Sydney University Press, 2006, pág. 277.

8. Devin Proctor, On Being Non-Human: Otherkin Identification and Virtual Space, 2019, pág. 149.

9. Lupa, A Field Guide to Otherkin. Immanion Press, 2007, pág. 157.

10. Laycock, Joseph P., “We Are Spirits of Another Sort”, Nova Religio. 15, 2012, (3): 76.

11. Lupa, A Field Guide to Otherkin. Immanion Press, 2007, pág. 52-53.

12. Laycock, Joseph P., “We Are Spirits of Another Sort”, Nova Religio. 15, 2012, (3): 79-80.

13. Véase https://juangabrielcarorivera.substack.com/p/un-ocultismo-posmoderno-la-magia

14. René Guénon, El reino de la cantidad y el signo de los tiempos, pág. 172.

15. René Guénon, El reino de la cantidad y el signo de los tiempos, pág. 211.

16. Johnston, Jay (2013). “On having a furry soul: transpecies identity and ontological indeterminacy in Otherkin subcultures” en Johnston, Jay; Probyn-Rapsey, Fiona (eds.). Animal Death. Sydney University Press, 2013 pág. 293–306.

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El regreso de los neoconservadores (Escalada)

Por Alexander Dugin

Traducción de Juan Gabriel Caro Rivera

Presentador: Comencemos con la tristemente famosa ciudad de Múnich, que ahora es aún más triste. Esta ciudad está relacionada de manera sorprendente con un gran número de páginas sombrías de la historia: es la cuna del nazismo, el Pacto de Múnich y las interminables conferencias sobre seguridad, la última de las cuales acaba de concluir. Quizás el único punto de inflexión incondicional y momento clave en la historia fue el discurso de Vladimir Vladimirovich Putin en Múnich. En mi opinión, en la conferencia actual se produjo una nueva ruptura que, según muchas fuentes en Europa, ya se ha consumado definitivamente entre los Estados Unidos de América y Europa. Empecemos por ahí: ¿cómo valora, en general, las consecuencias de lo ocurrido en Múnich en los últimos días? Su opinión al respecto es, sin duda, muy interesante.

Alexander Dugin: Acabo de publicar un artículo bastante detallado sobre este tema en RIA Novosti: he analizado los últimos acontecimientos de la conferencia de Múnich, en primer lugar, el discurso del secretario de Estado de los Estados Unidos, Marco Rubio, en comparación con el discurso del año pasado en el mismo evento del vicepresidente Jay D. Vance. Y aquí es donde he expuesto los argumentos principales. La idea es la siguiente: hace un año, el vicepresidente Jay D. Vance anunció el programa MAGA, que marcó el fin de la globalización y la orientación de la nueva administración Trump hacia el lema «América primero» y en primer lugar hacia el interés nacional de los Estados Unidos. Y, en principio, Vance dijo entonces algo muy importante: «Vuestro enemigo no es Rusia, ni China. Vuestro enemigo sois vosotros mismos. Y si vosotros mismos no cambiáis, vosotros, los europeos, nosotros no podemos ayudaros en nada al respecto. Ahora cada uno por su cuenta». De este modo, hace justo un año, Vance trazó esta línea divisoria entre el Viejo y el Nuevo Mundo. Y el Atlántico, en términos geopolíticos, dejó de ser un lago interior, a ambos lados del cual se encuentra la misma civilización, y se convirtió en una divisoria de aguas y una frontera entre la civilización de América, el Nuevo Mundo, y la civilización del Viejo Mundo. Eso fue hace un año. Y, en realidad, en cierta medida, todos esos anuncios sobre el nuevo rumbo geopolítico que hizo el vicepresidente Vance hace un año en la conferencia de Múnich se han materializado de una forma u otra en la política real durante el último año 2025. De ahí el conflicto sobre Groenlandia, que estuvo a punto de provocar la desintegración definitiva de la OTAN, y la invitación de Trump al presidente ruso a Anchorage. Por mucho que valoremos este acontecimiento desde nuestro punto de vista, es ambiguo, pero desde el punto de vista de Occidente no es ambiguo, sino simplemente una bofetada a la unidad globalista y rusófoba. Es decir, Trump habla con el presidente de Rusia y eso ya era algo fuera de lo común. A esto se suma el apoyo total de Trump a Netanyahu y su genocidio en Gaza, en contraposición a la postura totalmente diferente y significativamente distinta de la Unión Europea, o el secuestro de Maduro, un gobernante soberano. Y, en última instancia, Trump afirma que ya no existe el derecho internacional: «Yo y mi moral», y su moral, digamos, es regular. Sin duda, basándonos en lo que sabemos de él, esto ahora será un sustituto del derecho internacional. Por supuesto, todo esto ha horrorizado a las élites globalistas europeas, que siguen pensando en este mundo basado en reglas liberales.

Y la división prevista por Vance se produjo. Hay que decir que, durante este año, Trump también ha cambiado: cada vez se alejaba más de la estrategia inicial de MAGA («Make America Great Again»), anunciada por Vance, y se acerca a los neoconservadores. Esto es muy importante. Probablemente, desde fuera no se notaba tanto, pero dentro de la política estadounidense se estaba produciendo una transformación del rumbo de Trump, que pasó de MAGA a los neoconservadores, que son globalistas, pero de otro tipo, más duros, más derechistas y agresivos. Estos neoconservadores no son patriotas de Estados Unidos: llevan a cabo la misma política que los globalistas liberal-izquierdistas, pero sin máscaras. Simplemente son más cínicos y dicen que Occidente —atención, Occidente— debe afirmar su hegemonía sobre todo el mundo, sin usar máscaras liberal-democráticas. Así son los neoconservadores. Por lo que dentro de Estados Unidos se produjo el cambio de la estrategia MAGA que en un primer momento apoyó Trump a una política casi indistinguible de la trazada por los neoconservadores, que Trump adoptó definitivamente a finales de 2025. Y esto también es revelador: hace un año fue Vance quien enunció los principios de MAGA, y hoy es Rubio, que es neoconservador, lo cual es muy importante, ya que él mismo proviene de ese entorno neoconservador. Muchos incluso pensaban que se trataba de una trampa para Trump, porque Trump, en principio, desafió al globalismo tanto de la derecha como de la izquierda: inicialmente llegó con ideas de un tipo completamente diferente, opuestas tanto al globalismo de izquierda como al de derecha. Y Rubio era una especie de compromiso y en 2025 la importancia de Rubio ha crecido considerablemente.

Probablemente sepan que Rubio y Vance son dos posibles candidatos para las próximas elecciones; Trump lo ha reconocido y todos en el Partido Republicano opinan lo mismo. Pero ellos representan vectores diferentes: Vance es MAGA y durante este año las posiciones de esta tendencia entre los trumpistas se han debilitado considerablemente: muchos de ellos se han separado y se han alejado de Trump. Rubio, por su parte, es precisamente un neoconservador, y su posición, por el contrario, se ha fortalecido, porque la estrategia de Trump durante el último año, no solo en palabras, sino también en hechos (respaldados por sus palabras), se ha vuelto, en esencia, indistinguible de los neoconservadores. Recordemos que fueron precisamente los neoconservadores quienes estuvieron detrás de la escalada de los acontecimientos en Ucrania, del apoyo al Maidán, y fueron ellos quienes provocaron esta guerra ucraniana.

Y ahora Rubio llega a Múnich y, en la Conferencia de Seguridad, donde se han reunido los líderes de la Unión Europea y de los países de la OTAN, da a conocer su programa. ¿En qué consiste este programa? Es muy diferente del programa de Vance, anunciado hace un año, y básicamente dice: «No tengan miedo, no los abandonaremos. Somos socios estratégicos, seguimos formando parte de la misma comunidad atlantista, tenemos objetivos y enemigos comunes. Por lo tanto, no se tomen demasiado a pecho algunas de las acciones de nuestro presidente estadounidense». De hecho, ha sido enviado allí para fortalecer, consolidar y, si se quiere, salvar la unidad atlantista. Al mismo tiempo, Rubio criticó la ideología liberal de izquierda. Dice: «Miren, su actitud hacia la política de género, hacia los migrantes, es lo que nos divide». Ahí está el matiz ideológico. Si Vance decía: «Ustedes son sus propios enemigos, y Rusia y China no son enemigos ni de ustedes ni de nosotros», Rubio razona de manera completamente diferente. Es cierto que no habló mucho de Rusia, pero lo que declaró al margen de la conferencia de Múnich no deja lugar a dudas de que aquí también domina la política y la estrategia neoconservadora representada por Estados Unidos: no hizo ningún gesto hacia Rusia. Es cierto que, por supuesto, no cayó en la histeria que caracteriza a los líderes europeos, sino que se mostró comedido, hay que reconocerlo. Pero, en principio, en general, Rubio dijo: «Occidente sigue unido, pero deben reconocer algunas correcciones ideológicas». Si Vance dijo que lo que está sucediendo es una tragedia y una catástrofe, Rubio simplemente se lamentó de que los liberales de izquierda, como Fukuyama, se precipitaran a anunciar que la historia había acabado y que no existía oposición al Occidente liberal. Quiere decir que sí hay oposición y que las esperanzas globalistas de que, tras la caída de la Unión Soviética, se instaurara un mundo unificado, gobernado por un gobierno mundial liberal, no se han cumplido en absoluto. Dice que nos esperan tiempos difíciles, que hay que preservar esta hegemonía unipolar que aún tenemos y eso no es fácil. Por lo tanto, dice, dejemos de lado la idea infundada y demasiado precipitada del fin de la historia y del orden mundial liberal. Centrémonos, demos un golpe a nuestros enemigos comunes —y nosotros estamos sin duda entre ellos—, no permitamos que se materialice un mundo multipolar y actuemos como un frente unido. Pero tendrán que reconocer que su precipitada obsesión por la política de género y la migración descontrolada simplemente no se corresponden con la situación objetiva. Se han precipitado al proclamar que la victoria la tenemos en el bolsillo: no es así, hay que luchar por ella, así que reorganizémonos y avancemos en esa dirección.

Este es el mensaje, este es el mensaje de Rubio. Es bastante agresivo para nosotros y para China, si se escucha con atención. Formalmente, se abstuvo de hacer ataques bruscos, esa es su diferencia. Pero si nos fijamos no en la forma, sino en el contenido, veremos precisamente esto: la comunidad atlantista debe estar unida, el liderazgo de Estados Unidos en ella debe ser reconocido y la cuestión se reduce únicamente a la ideología liberal de izquierda a la que ustedes, los líderes de la Unión Europea, se aferran desesperadamente, y de la que nosotros nos hemos liberado, desatando nuestras manos. Recuerdo, además, que Rubio fue uno de los principales partidarios de la captura de Maduro y la invasión de Cuba, para la que ahora se está preparando Estados Unidos.

Son partidarios agresivos y belicosos de un mundo unipolar y de la hegemonía, y Trump envió a su representante a esta conferencia. En mi opinión, esto no augura nada bueno para nadie. Usted ha llamado nuestra atención, con toda razón, sobre la siniestra ciudad de Múnich. «Múnich» es un diminutivo cariñoso, en realidad se llama Münich. Múnich es una «ciudad pequeña», pero en realidad es Múnich, y este Múnich realmente desempeña un papel siniestro en la historia. Y, en realidad, Rubio confirma en cierta medida la oscura y mala fama de esta ciudad. Quizás haya alguna maldición sobre ella.

Presentador: Si me lo permite, me gustaría hacerle algunas preguntas para aclarar algunos puntos. Me gustaría hablar de esto con más detalle, por así decirlo. Ha mencionado la ideología liberal de izquierda, que Rubio criticó en su discurso, calificando de «estúpida» la propia idea de un orden mundial liberal y un mundo sin fronteras. Incluso cita esta frase en su artículo. Pero aquí surge una pregunta, Alexander Gelevich: ¿no es la ideología liberal de izquierda uno de los principales pilares del globalismo y en primer lugar del globalismo europeo? Si Rubio pide que se renuncie a ella como a una «idea estúpida», incapaz de consolidar la sociedad basándose únicamente en transacciones comerciales, ¿no hay aquí una contradicción? ¿Cómo piensa unir a Europa exigiéndole que renuncie al principio fundamental de su existencia actual, es decir, al euroglobalismo?

Alexander Dugin: Muy buena pregunta, muy acertada. En la política actual hay que distinguir al menos tres polos ideológicos.

El primer polo son los globalistas de izquierda de los que hablamos. Predominan en Europa. Los portadores de este enfoque son el Partido Demócrata de Estados Unidos y muchos representantes de su administración, lo que se denomina «deep state», que no cambian independientemente de la victoria electoral de un partido u otro. Su principio fundamental es el siguiente: la historia ha terminado, la democracia liberal ha vencido a escala global. En todas partes hay elecciones, las constituciones de casi todos los países (incluida, por cierto, la de Rusia) están redactadas bajo el dictado occidental. Nos enfrentamos al mismo sistema: en política, la democracia liberal y el parlamentarismo; en economía, el libre mercado. Se está produciendo una internacionalización de los medios de comunicación y las tecnologías. En este mundo, en su opinión, los pueblos y las naciones carecen de sentido; no tiene sentido hablar de Europa, América o incluso China, ya que todos se encuentran dentro de un mismo paradigma occidental. Nadie le planta cara ni puede hacerlo. Por eso, centrémonos en «profundizar la democracia»: por ejemplo, en la política de género, los transgéneros y la migración, para mezclarlo todo y llevar a la humanidad a un denominador común. Esta es la postura de los liberales de izquierda, que dominan en Europa y en el Partido Demócrata de Estados Unidos.

Luego está la postura de MAGA que es antiglobalista y no dice nada parecido. Según ella: los Estados nacionales se mantienen. Estados Unidos es un Estado nacional, debe seguir sus propios intereses y no debe interferir en los asuntos de la humanidad. Debe centrarse en los problemas internos: poner orden en su propio país, arrestar a la élite de corruptos y pervertidos que hoy gobiernan, rompiéndose de esa manera casi por completo con el globalismo (incluida Europa) y reconocer la existencia de un mundo multipolar y de otros polos no estadounidenses. Este es el movimiento MAGA y su ideología: volver a los valores conservadores, prohibir la política de género, la DEI y lo «woke». Rusia, en este caso, no supone una amenaza, por lo que es más bien un aliado. China supone una cierta amenaza en el ámbito económico, pero basta con limitarla y, por lo demás, dejar que construyan lo que quieran. Trump ganó precisamente gracias a esta ideología antiglobalista, dirigida contra el «Estado profundo». Ese es su electorado.

Pero hay una tercera posición que se encuentra entre MAGA y los globalistas de izquierda. Se trata de los neoconservadores, los «neocons», como se les llama. Estos neocons dicen que el globalismo de izquierda solo se equivoca en una cosa: haber proclamado que todo ha terminado. No. Hay que ser más precisos: no se trata simplemente de ahora existe una única civilización o de reglas únicas para todos. Se trata de la dominación de Occidente, de la hegemonía de Occidente. Y esta hegemonía aún no está totalmente asegurada. Hemos llegado a un punto crítico, pero aún no hemos alcanzado el punto de no retorno: China está creciendo, Rusia está creciendo, India está creciendo. El mundo islámico se resiste desesperadamente a nivel regional, África intenta seguir su propio camino, en América Latina surgen regímenes antiglobalistas. Todo esto es muy peligroso, por lo que hay que desechar la cáscara de la ideología liberal, humanista y pacifista y reconocer que el establecimiento del orden mundial debe basarse en la fuerza. Por lo tanto, las opiniones europeas son secundarias. La cuestión es que es necesario afirmar la hegemonía estadounidense: asestar un golpe demoledor a sus adversarios (China, Rusia, el mundo islámico), poner en su sitio a sus vasallos de Europa, India o Japón y, en esencia, dar la batalla final a todas esas tendencias antioccidentales: el BRICS, el mundo multipolar, el intento de acabar con la moneda de reserva mundial. Hay que convertir a todos en vasallos, enemigos o esclavos. El primer ministro belga nos explicó la diferencia entre vasallos y esclavos: se trata simplemente de una forma de hablar, una diferencia retórica. Es decir, todos serán esclavos de la América imperialista, hegemónica y progresista, según los neoconservadores. Y aquellos que intenten oponerse en cualquier cuestión, lo pagarán caro.

Y así, Trump llegó al poder basándose en MAGA, una ideología antiglobalista. Y por segunda vez, en 2024, ganó las elecciones con los lemas de MAGA. Y los neoconservadores, junto con los globalistas, se opusieron a él: son los llamados «never-Trumpists». Pertenecían al bando de «cualquiera menos a Trump». Pero ahora estos neoconservadores se han infiltrado en la administración de Trump y poco a poco están tomando el control. Ya no queda casi nada de MAGA y la idea de la hegemonía estadounidense y atlántica se vuelve cada vez más predominante y evidente en la política real de Trump.

Esto explica su actitud hacia la ideología: dicen que la agenda de la izquierda, el humanismo y el pacifismo nos estorban. Debemos tratar a nuestros enemigos con la mayor crueldad posible. Por eso los neoconservadores apoyan a Netanyahu y, por cierto, en gran medida a Zelensky. Uno de los líderes neoconservadores, reconocido en Rusia como terrorista, Lindsey Graham, es precisamente uno de los ideólogos de la rusofobia radical neoconservadora que domina Estados Unidos. Constantemente intenta aprobar leyes que reconozcan a Rusia como un Estado terrorista. En esencia, entre los globalistas liberales de izquierda y estos neoconservadores liberales de derecha existe una unidad de objetivos, pero sus métodos son completamente diferentes. Unos consideran que el mundo ya está en su bolsillo, por lo que solo hay que eliminar los «malentendidos» en forma de focos de resistencia. Otros dicen que el problema que enfrentamos es difícil y que hay que abordarlo de forma más concreta.

En otras palabras, Rubio es una figura extremadamente reveladora y bastante peligrosa. Por supuesto, no es un neoconservador radical, se abstiene de hacer afirmaciones como las de Lindsey Graham, es más mesurado y racional, pero en realidad representa la misma línea. Por eso yo me tomaría muy en serio su discurso y sacaría las conclusiones pertinentes.

Presentador: Pasamos a la segunda parte del programa y me gustaría formular una pregunta que aúna varios temas que hemos tratado. La última vez hablamos mucho sobre la degradación de las élites mundiales: sobre cómo su nivel está cayendo sin parar y cómo sus personalidades se están volviendo más irrelevantes. Esto ya se ha convertido en una especie de lugar común: nuestro presidente también ha hablado varias veces sobre la falta de políticos de un nivel comparado al de antes y sobre cómo no entienden la esencia de los procesos que están pasando. ¿Por qué he señalado esto? Vladimir Putin también ha subrayado en repetidas ocasiones la inevitabilidad de la llegada de un nuevo mundo multipolar. Vemos el desarrollo de los países del BRICS, que en muchos indicadores ya están desplazando a los países del «Occidente global» de las diez primeras economías mundiales. Si comparamos estos dos factores —por un lado, el deseo de los neoconservadores y globalistas de lanzarse a esa «batalla final» que usted ha mencionado y, por otro, la clara comprensión por parte de Rusia y China de la inevitabilidad del nacimiento de un nuevo orden mundial—, surge la pregunta: ¿es que allí, en Occidente (perdón por la expresión), simplemente no comprenden esta inevitabilidad histórica y por eso se lanzan a la batalla? ¿O es que para ellos se trata de una cuestión puramente existencial: son conscientes de que, de lo contrario, el Occidente global no sobrevivirá ni económica ni ideológicamente y por eso están dispuestos a jugarse el todo por el todo?

Alexander Dugin: Creo que no hay nada inevitable en la historia de la humanidad. Ahí reside su misterio y, tal vez, su característica más importante. Durante el período soviético, creíamos en el paso inexorable de la historia, en el cambio de las formaciones históricas, y de alguna manera nos olvidamos por completo del papel del ser humano, de sus decisiones, de sus pensamientos, de su libertad. La historia estaba, en cierto sentido, predeterminada: se podía subir a ese tren, se podía quedarse en la estación, pero veíamos un mundo que se movía hacia un objetivo claramente definido. En realidad, la ideología liberal también apunta al fin de la historia. También considera que todo está predeterminado, que debe haber menos Estados, que las naciones deben desaparecer y avanzan en esta dirección con cierto fanatismo.

Pero la aparición de un mundo multipolar es un recordatorio de que la sociedad, la civilización, el Estado y el pueblo pueden elegir libremente. Quizás no haya nada predeterminado. Lo que había antes —los valores tradicionales, la religión, las creencias, la cultura— no es algo del pasado, caído en el olvido, perdido o conservado solo como piezas de museo. El tiempo fluye de una manera completamente diferente: no es necesario que avance. Puede avanzar también hacia el retroceso, como lo demuestra precisamente lo que usted menciona: la degradación de las élites occidentales. En realidad, no hay vectores de desarrollo predeterminados. Y si una sociedad desarrolla más un aspecto técnico, esto se compensa con el declive de otro aspecto: el espiritual, el moral, el humano. Una sociedad puede ser religiosa, centrarse por completo en los problemas de la salvación del alma y, en general, dejar en segundo plano las preocupaciones por este mundo terrenal. Nadie va a quedarse en él por mucho tiempo: es un destello breve, el ser humano nace y muere. Durante ese tiempo, debe hacer lo más importante: salvar su alma para la eternidad. Así lo considera la religión cristiana, en gran medida el islam y cualquier confesión tradicional. El hinduismo piensa lo mismo: todo se decide aquí, en la vida humana se trata de problemas y perspectivas mucho más elevados que el simple funcionamiento del mundo terrenal. Pero aquellas sociedades y civilizaciones que también existieron históricamente (la Atlántida, de la que habla Platón en sus diálogos, y otras civilizaciones) optaron por la riqueza y el confort terrenales, y cayeron porque su aspecto espiritual se derrumbó.

Así pues, olvidamos que la historia es libre porque el ser humano es libre. El ser humano puede decir «sí» al llamado progreso, o puede decir «no». Puede elegir valores progresistas o conservadores; puede elegir la tradición o la innovación. Puede conservar la fe en Dios, porque Dios es eternidad, puede conservar la dimensión eterna, o puede situarlo todo en el tiempo, como ha hecho la civilización occidental moderna. Se puede creer en el espíritu y su soberanía, o se puede creer en la materia y su dominio. El ser humano es libre en esta elección. Creo que si aplicamos este principio de libertad de elección, un poco olvidado hoy en día, en el que insiste nuestra Iglesia ortodoxa (por cierto, la Iglesia católica insiste en lo mismo), solo el protestantismo calvinista lo puso en duda con su teoría de la predestinación. Esto es, en realidad, lo que dio origen al capitalismo, que considera que cuanto más rico es uno, mejor. Y eso es todo. Que el criterio de elección es la riqueza del hombre en esta vida terrenal, porque no habrá un segundo juicio. Esta vida es el juicio: el rico ya es bueno y el pobre ya está condenado. La riqueza es la salvación, según la teología calvinista, y la pobreza es la maldición. Esto es completamente contrario al cristianismo, tanto ortodoxo como católico; completamente contrario a nuestra ética. Pero el mundo se construye más bien según esta lógica calvinista más secular, materialista e incluso, como vemos ahora, posiblemente satánica. Porque no se puede renunciar a Dios y no acabar en los brazos del diablo; en general, es lógico.

Nada está predeterminado: ni un mundo multipolar, ni un mundo unipolar. Ahora vemos que la crisis del mundo unipolar ofrece nuevas oportunidades para que otras civilizaciones no occidentales afirmen su soberanía. Eso es la multipolaridad. Y el BRICS es una de las instituciones, un intento de plasmar la multipolaridad en un marco institucional. Es una oportunidad. La multipolaridad no es un destino, es una oportunidad por la que luchamos, que China intenta defender y a la que se inclina la India. Ha acertado al diferenciar entre ellos, pero la India también mira en esa dirección, especialmente Modhi y los círculos conservadores, los representantes del hindutva. Ellos también dicen que nuestra civilización es completamente diferente, que está organizada de otra manera, que tenemos otro tiempo, otro espacio, otra concepción del ser humano, de la vida y de la muerte que en Occidente. No tienen nada que hacer allí. A título individual, los hindúes pueden integrarse allí, pero como civilización, la India es demasiado grande para convertirse simplemente en una provincia de este sistema occidental unificado.

Así que creo que los globalistas y los liberales de izquierda dijeron: «Lo tenemos todo en el bolsillo, nuestro proyecto de un mundo unipolar ha triunfado». Los neoconservadores, que piensan de forma más crítica y realista, dijeron: «No, para que triunfe, hay que luchar por él». Es decir, en cierto modo han avanzado: la Unión Soviética se derrumbó, ya nadie se les opone. Pero, como decía Huntington (también realista, por cierto), aparecerán nuevas civilizaciones y ahí están; insistirán en lo suyo y ahora están insistiendo. La Operación Militar Especial es nuestra insistencia en que somos soberanos. China se está preparándose para Taiwán. Insistimos en que no hay una única instancia en el mundo que lo determine todo. Y Occidente cree que sí la hay. Es solo que los liberales simplifican demasiado la situación, viven de sus propios conjuros, y los neoconservadores, como realistas, dicen que no. Para que el mundo unipolar se mantenga y se consolide, tenemos que tomar una serie de medidas bastante duras. Y para ello, la migración incontrolada y la política de género no nos ayudan en absoluto, al contrario, socavan nuestra voluntad de guerrear contra el mundo multipolar, es decir, concretamente contra Rusia, China y el mundo islámico. Necesitan suprimir en el mundo aquellas tendencias que apuntan a exigir la soberanía civilizatoria.

Por lo tanto, no se puede decir que ellos están equivocados y nosotros tenemos razón. El destino de la humanidad se decide en la balanza del sentido de la historia. O bien conseguimos imponer nuestra voluntad, y entonces el mundo será multipolar; para ello hay que imponer una serie de condiciones previas. O no, y entonces el mundo será unipolar, como ellos quieren, si vacilamos y no somos capaces de defender en la práctica los principios que hemos propuesto. Nosotros estamos haciendo un examen y ellos también. Aquí, me parece, esta bifurcación es un punto de inflexión. Una vez que la historia mundial ha llegado a este punto, puede tomar una u otra dirección con la misma probabilidad. Esta es la bifurcación, la encrucijada, y la humanidad se encuentra ahora precisamente en ella: nada está garantizado. Rubio quiere decirles a los euroglobalistas y a los liberales de izquierda: «No den por sentado que todo está asegurado, hay que luchar por ello. Lo que decís, como si ya lo tuvierais en el bolsillo, aún no os pertenece. No podéis sacarlo del bolsillo de otro y meterlo en el vuestro. Para ello hay que matar, robar de verdad, vencer. Solo entonces obtendréis lo que reclamáis». En mi opinión, ahí está el problema: tenemos razón, tenemos nuestra propia verdad rusa multipolar, tenemos los requisitos previos, la voluntad y los recursos para ello. Si avanzamos en esta dirección, venceremos. Pero debemos comprender que mucho depende del esfuerzo. No se nos dará nada por sí solo.

Presentador: Bajemos un poco el nivel, desde lo global, porque allí, en la conferencia de Múnich, se hizo evidente, al menos visualmente, la división entre los líderes europeos. Fue una especie de ignorancia que demostraron, en primer lugar, el canciller alemán Friedrich Merz y la jefa de Italia, Giorgia Meloni (esta última prefirió incluso viajar a África en lugar de acudir a Múnich) con respecto a Emmanuel Macron. Mi pregunta es la siguiente: el nivel de estos mismos políticos, que ahora luchan por la influencia en Europa (y que luchan por ella, como podemos ver en sus discursos y sus pretensiones de liderazgo), permite en este caso, siguiendo con sus palabras, afirmar que los actuales líderes europeos no están muy preparados para resolver este tipo de problemas. En esencia, Rubio se lo dice directamente: «Chicos, vosotros no sois los que podéis resolver los problemas del nivel del que estoy hablando aquí, en la conferencia de Múnich». En su opinión, desde el punto de vista de la división entre Macron y Merz, ¿qué indica esto?

Alexander Dugin: Creo que sí: Macron ha perdido. Las relaciones entre ellos no son fáciles, pero todos ellos, Macron, Merz y Starmer, pertenecen a un mismo paradigma. Y ese paradigma es precisamente el globalista liberal de izquierda. Ahora está muy deteriorada y se encuentra en un estado de retroceso y a la defensiva. Y, en general, dado que se trata de personas de bajo nivel —intelectual y moralmente—, cada uno piensa en cómo sacar provecho de esta situación. Bueno, al fin y al cabo, en beneficio de su país, digamos así: si dar un paso al frente o, por el contrario, retroceder en el mismo enfrentamiento con Rusia. En este sentido, creo que hay avances y que actuarán con bastante flexibilidad.

Sin embargo, no hay que sobrevalorar sus contradicciones, porque son partes de un mismo algoritmo, de un mismo mecanismo. Son engranajes. Los ha puesto esta élite liberal global, la «isla de Epstein», con todos sus BlackRock, con sus equilibristas. Y no tienen grados de libertad que, por ejemplo, todavía existían en Europa hace cien años. Ahora Starmer no es Inglaterra; Merz no es Alemania (esto es aún más evidente); y Macron no es Francia. Son simplemente departamentos internos de un mismo sistema… Representantes del sistema globalista.

Otra cosa son los oportunistas como Meloni, que, en general, se inclina más por Trump y el conservadurismo. Y hay portadores de la dignidad europea: Orbán, Fico, representantes de los países de Europa del Este, que realmente son oponentes conscientes de este lobby liberal de izquierda. Es decir, existen algunos políticos, pero me temo que, lamentablemente, Hungría y Eslovaquia no tienen suficiente peso para influir realmente en el rumbo de la Unión Europea. Y ahora Ursula von der Leyen ha propuesto un proyecto para cambiar las reglas de votación sobre las acciones de los países de la UE: pasar de la aprobación total a la mayoría cualificada. De este modo, intentan eludir la oposición de Orbán y Fico para incluir a Ucrania en la OTAN y en la Unión Europea y planean hacerlo en 2026.

Por lo tanto, en mi opinión, no sobrevaluaría las contradicciones dentro de la Unión Europea. Son parte de un mismo sistema. En principio, si se profundiza aún más, no es seguro que Orbán se oponga, por ejemplo, a un sistema multipolar, y no se limite a sumarse al contexto de este neoconservadurismo trumpista, lo cual también es una cuestión. Por eso hay que ser muy cautelosos. Por supuesto, hay ciertas posibilidades de participar de alguna manera en esto, pero desde luego no a nivel de las élites políticas.

Rusia, por su parte, se niega por principio a involucrarse en los procesos políticos de las sociedades europeas, prefiriendo tratar con los gobernantes de forma caballerosa. Pero hace tiempo que ya no hay caballeros, sino sinvergüenzas. Estafadores, malvivientes: ese es nuestro problema. Somos los únicos que intentamos jugar según las reglas en Europa, aunque todas las cartas están marcadas. Y, en general, cuando alguien empieza a perder incluso con cartas marcadas, empieza a disparar a todo el mundo y, de hecho, eso ocurrió con Ucrania.

Presentador: Y ahora nos queda el último gran bloque. Intentaré combinar dos preguntas en una. Por supuesto, me gustaría conocer su opinión sobre las próximas negociaciones en Ginebra. Se informa de que una gran delegación de Rusia, de hasta 15 personas, debe acudir a esta reunión trilateral. En este contexto, me gustaría relacionar lógicamente (si usted dice que no se puede relacionar, no lo relacionaremos) la grosería de Zelensky, que hemos visto en los últimos días hacia Orbán y nuestro presidente. Es un nivel completamente inaceptable: el hombre ha pasado definitivamente a desempeñar el papel de ese mismo comediante y su lenguaje se ha vuelto acorde con ello. En su opinión, ¿están relacionadas estas cosas? Y la segunda pregunta: ¿qué podemos esperar de las negociaciones de Ginebra? ¿Pueden cambiar la situación o hacerla avanzar en alguna dirección?

Alexander Dugin: En primer lugar, estas dos preguntas están realmente relacionadas, estoy de acuerdo con usted. En resumen: no, estas negociaciones no pueden cambiar la situación en una dirección que sea aceptable para nosotros. Fíjese en cómo comentan lo que está sucediendo en esta vía ruso-estadounidense sobre Ucrania los expertos más importantes: dicen que las cuestiones técnicas están resueltas, pero lo más importante no lo está. Se ha avanzado en cuestiones secundarias, pero no en las principales.

Creo que la composición de nuestra delegación también es una declaración simbólica. Vladimir Rostislavovich Medinsky, a pesar de su apariencia extremadamente inteligente, es, por así decirlo, un «halcón». Es decir, una figura con la que no se discutirán nuestros intereses. Y no solo porque nadie va a ceder en nuestros intereses, desde el presidente hasta cualquiera de sus representantes, sino porque Medinsky es, en cierto sentido, un intelectual que da forma cultural y política a nuestra posición con su profundidad histórica y un enfoque filosófico definido. Es decir, es un patriota, dos veces patriota al cuadrado: patriota oficial, externo e interno. Sí, exteriormente es una persona muy educada, pero interiormente es completamente inflexible. Y lo han añadido a la delegación para reforzar simbólicamente nuestras posiciones. La parte ucraniana lo odia, lo consideran un «halcón», un líder, y su presencia en las negociaciones de Ginebra simplemente subraya que no hay nada que esperar de ellos en cuestiones fundamentales.

En principio, por extraño que parezca (o quizá, por el contrario, de forma bastante lógica), a Zelensky le conviene. Porque para él, cualquier solución a la situación y cualquier tregua significaría el fin de su carrera política. Él existe mientras dure la guerra y echa leña al fuego con sus insultos a Orbán y a nuestro presidente. Sinceramente, creo que no está «loco». Hay un grupo de personas que piensan que es un loco, un enfermo, un psicópata. Yo veo lógica en sus acciones: necesita romper estas negociaciones, echarnos la culpa del fracaso y continuar la guerra. Ese es su único plan. Por lo tanto, encontrará un millón de lagunas. Incluidas estas payasadas, que están cuidadosamente pensadas y tienen su destinatario. Occidente no prestará atención a esto, pero nosotros podemos mostrar una reacción más dura y él conseguirá lo que quiere.

Quiere que la guerra continúe para mantenerse en el poder. Nosotros queremos la capitulación, seamos sinceros, la capitulación de Ucrania. Estos son nuestros objetivos, declarados al inicio de la operación militar especial. En este caso, nuestras posiciones coinciden en algo. Al mismo tiempo, por supuesto, nos gustaría que Estados Unidos siguiera la estrategia MAGA, dándonos la oportunidad de resolver nosotros mismos nuestros problemas internos en Ucrania y que Trump se mantuviera al margen de esta situación. Este es nuestro objetivo: no tanto un alto el fuego real (para el que no hay ningún requisito previo), sino más bien un intento, si no de excluir, al menos de apartar a Estados Unidos de una escalada directa. Este es nuestro verdadero objetivo en las negociaciones: no queremos exactamente lo que decimos. Zelensky quiere continuar la guerra y la UE quiere ayudar a Zelensky y continuar esta guerra.

Presentador: Resulta paradójico, ¿no? Zelensky negocia, aunque desea que la guerra continúe. Nosotros negociamos, aunque insistimos en que la guerra termine solo en nuestros términos. Es decir, como si las negociaciones fueran una cosa y la guerra otra. ¿Es así?

Alexander Dugin: Se puede decir así, es totalmente cierto: nosotros necesitamos la victoria, Zelensky necesita que el conflicto continúe y la máxima ayuda por parte de Occidente. Y resulta que, sinceramente, la tregua no le conviene a nadie, ni siquiera a Trump, según parece.

Al principio, pensaba que Trump necesitaba un alto el fuego para conseguir el Premio Nobel de la Paz, al que, en mi opinión, ya ha renunciado definitivamente. Es decir, quiere poner fin a la guerra, pero no sabe en qué condiciones, y al mismo tiempo no quiere perder nada. Pero eso no nos conviene en absoluto, por definición. Por lo tanto, hablando con toda seriedad, ninguno de los actores importantes quiere que termine esta guerra.

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Pax Silica: cuando el Imperio deja de fingir

Proyecto de convertir las cadenas de suministro de IA y semiconductores en una arquitectura de alianzas

Por Evgeny Morozov

Fuentes: ALAI

La diplomacia informática no es nueva, sólo lo es su franqueza. Estados Unidos lleva mucho tiempo gobernando a través de intermediarios: bancos y aduanas en la era de la diplomacia del dólar, compañías petroleras y mercados del Tesoro en la era del reciclaje del petrodólar. El intermediario actual son los elementos necesarios para la IA.

En la base espacial Starbase de SpaceX, en el sur de Texas, Pete Hegseth presentó una actualización doctrinal en el lenguaje propio del lanzamiento de un producto: el Pentágono incorporaría la IA de frontera a sus operaciones diarias, y Grok, de Elon Musk, se integraría en las redes militares, incluidas las clasificadas. El lugar del evento era el mensaje. Que un secretario del gabinete anuncie una infraestructura estratégica desde la base de lanzamiento de un multimillonario no es un accidente de comunicación, sino la forma administrativa de la fusión.

Durante años, la hegemonía tecnológica estadounidense se basó en una ficción cortés de los mercados. Las empresas privadas “casualmente” dominaban los chips, las nubes y las plataformas; los aliados “casualmente” se homogeneizaban en torno a las arquitecturas tecnológicas estadounidenses (stacks); Washington se limitaba a arbitrar. Esa ficción está siendo abandonada públicamente. Lo que distingue al presente no es el dominio, sino el descaro: la informática se trata ahora como un instrumento de política estatal, y el Estado ha dejado de fingir que es un mero espectador de los triunfos de Silicon Valley.

El arco ya era visible un año antes, en un registro menos teatral. El 13 de enero de 2025, el Departamento de Comercio presentó un Marco Global de Difusión de la IA: un régimen de tres niveles para racionar los chips avanzados y los ecosistemas que los rodean. Los aliados cercanos se enfrentarían a una fricción mínima; la mayoría de los países se verían limitados y empujados a programas de concesión de licencias y autorización de centros de datos; los adversarios quedarían excluidos. La ambición era clara: designar quién podría respirar dentro de la sala de servidores.

Entonces, la narrativa se tambaleó. A finales de enero de 2025, la aplicación china DeepSeek se disparó en las listas de la App Store de Apple y desencadenó el pánico en el mercado. Nvidia cayó alrededor de un 17% en una sola sesión, lo que supuso una pérdida de valor de mercado de aproximadamente 593 000 millones de dólares, una pérdida récord en un solo día, después de que los inversores se enfrentaran a una posibilidad herética: que las ganancias en eficiencia y los atajos algorítmicos pudieran acabar con la idea estadounidense de que la superioridad equivale a una escalabilidad cada vez más cara. Incluso Sam Altman calificó el modelo R1 de DeepSeek de “impresionante”, al tiempo que afirmaba que el entrenamiento del anterior modelo V3 de DeepSeek requería menos de 6 millones de dólares en computación.

La respuesta de Washington no fue abandonar el control, sino cambiar de táctica. En mayo de 2025, el Departamento de Comercio derogó la norma de difusión días antes de que entraran en vigor los principales requisitos de cumplimiento. No se trataba tanto de una retirada de la jerarquía como de una admisión de que la elaboración de normas es demasiado lenta para un ecosistema basado en la escasez, las licencias y la negociación diplomática. Cuando la regulación no puede seguir el ritmo, la lógica de los cárteles llena el vacío: exenciones, listas, acuerdos y bloques de cadenas de suministro.

Ese bloque ahora tiene un nombre: Pax Silica es el intento de la administración Trump de convertir las cadenas de suministro de IA y semiconductores en una arquitectura de alianza, reuniendo a los países situados en los puntos críticos. Qatar y los Emiratos Árabes Unidos se incorporaron en enero de 2026, junto con Israel, Japón, Corea del Sur, Singapur, Gran Bretaña y Australia. En el lenguaje del Departamento de Estado, se trata de una declaración de seguridad económica —la paz a través del silicio— en la que la “paz” se define como el acceso ordenado a chips, minerales, energía, logística e infraestructura en la «nube», en los términos estadounidenses.

La diplomacia informática no es nueva, sólo lo es su franqueza. Estados Unidos lleva mucho tiempo gobernando a través de intermediarios: bancos y aduanas en la era de la diplomacia del dólar, compañías petroleras y mercados del Tesoro en la era del reciclaje del petrodólar. El intermediario actual son los elementos necesarios para la IA. Los controles de exportación y la jurisdicción de la nube hacen lo que antes hacían los cañoneros y los comisionados de deuda, pero con menos titulares. La capa compradora se reduce a medida que el sistema madura: se necesitan menos intermediarios locales cuando el cumplimiento se logra mediante licencias, telemetría y acceso al único hardware que importa.

La fusión entre el Estado y el capital es más fácil de ver en Washington, donde se ha convertido en un objetivo político no exportar productos, sino dependencia. En julio de 2025, Trump firmó una orden ejecutiva titulada “Promoción de la exportación de la tecnología estadounidense de inteligencia artificial”, en la que ordenaba al Departamento de Comercio crear un programa de exportación de inteligencia artificial estadounidense organizado en torno a paquetes “full-stack”: hardware, servicios en la nube, canales de datos, modelos y aplicaciones. No se trata simplemente de cuota de mercado, sino de un bloqueo, en una forma que convierte las decisiones de adquisición en alineación geopolítica.

De vez en cuando, lo que se calla se dice en voz alta. En julio de 2025, el secretario de Comercio, Howard Lutnick, describió en televisión la lógica de las ventas controladas a China: vender suficientes chips para que los desarrolladores se “vuelvan adictos a la tecnología estadounidense”. La expresión fue burda, pero la doctrina es sofisticada. La dependencia no es un efecto secundario lamentable. Es el producto.

La columna vertebral física de este orden se está construyendo a una escala que hace que los antiguos debates sobre la “política de innovación” parezcan pintorescos. Stargate, anunciado como un impulso de infraestructura de IA de 500 000 millones de dólares, ya se ha ampliado mediante planes para múltiples emplazamientos en Estados Unidos con socios como Oracle y SoftBank. Reuters informó en septiembre de 2025 sobre nuevos centros de datos bajo el paraguas de Stargate, que siguen enmarcándose como una iniciativa privada, pero que se han puesto en marcha con el beneplácito presidencial. OpenAI afirma que la construcción supone casi 7 gigavatios de capacidad prevista y más de 400 000 millones de dólares de inversión en tres años.

Incluso los imperios tienen que negociar con la física. En enero de 2026, la Casa Blanca instó a PJM, el mayor operador de redes eléctricas de Estados Unidos, a celebrar una subasta de adquisición de emergencia porque la demanda de los centros de datos está reduciendo el suministro y aumentando el temor a los apagones. Las propuestas de la red eléctrica para que las nuevas grandes cargas generen su propia energía o acepten restricciones parecen una nota al pie de la ambición imperial: la diplomacia informática depende de los electrones, y los electrones no obedecen a los comunicados de prensa.

El efecto secundario geopolítico es un nuevo torneo de sumisión, en el que los Estados compiten no por la independencia, sino por la proximidad. Japón es un ejemplo ilustrativo. Reuters informó que SoftBank vendió toda su participación en Nvidia, valorada en 5800 millones de dólares, para financiar sus apuestas por la inteligencia artificial, entre las que se incluyen OpenAI y Stargate. Son, fundador de SoftBank, también ha presentado el “Proyecto Crystal Land”, valorado en un billón de dólares, una “Shenzhen americana” en Arizona, como una fantasía de relocalización financiada por capital japonés. La lógica es conocida: en un mundo monopolístico, la diversificación parece un suicidio, por lo que lo racional es convertirse en el agente acreditado del monopolio.

Europa juega el mismo juego con mejor retórica y peores resultados: se habla mucho del poder regulador, pero luego se negocia discretamente en nombre de la competitividad. El Golfo juega con dinero y energía, con la esperanza de traducir la riqueza soberana en un acceso privilegiado dentro del perímetro de la Pax Silica. América Latina, por el contrario, se está posicionando menos como coautora del cúmulo de herramientas de IA que como anfitriona de sus capas más materiales y menos glamurosas: tierra, energía y permisos.

Argentina ofrece un claro ejemplo. En octubre de 2025, Reuters informó que OpenAI y Sur Energy firmaron una carta de intenciones para explorar un proyecto de centro de datos de 25 000 millones de dólares con una capacidad de hasta 500 megavatios, denominado “Stargate Argentina”, estructurado en torno a incentivos a la inversión. La propia cuenta de OpenAI enmarcó el proyecto como una oportunidad nacional, con Sur Energy al frente de un consorcio y un socio en la nube que le seguiría. Este es el acuerdo de desarrollo contemporáneo: la modernización se ofrece como un subcontrato de infraestructura, mientras que el control estratégico (modelos, nubes, jurisdicción, normas) permanece en otra parte.

Brasil se está promocionando siguiendo líneas similares, por razones que no tienen nada que ver con el “talento” y sí con el poder. Reuters informó que Equinix calificó a Brasil como un mercado prioritario en medio de la demanda impulsada por la inteligencia artificial, citando la abundancia de energías renovables y las exenciones fiscales propuestas para los equipos de centros de datos. La economía política es sencilla. Un centro de datos a hiperescala no es una fábrica en el sentido tradicional del desarrollo; se parece más a un nodo de servicios públicos gestionado de forma privada, integrado en ecosistemas de nube extranjeros y tratado cada vez más como una infraestructura estratégica. Una vez que los Estados canalizan la administración pública y los servicios privados a través de dichos nodos, las posiciones de negociación cambian. Lo que se vende como inversión puede convertirse silenciosamente en dependencia administrativa.

Aquí es donde entran en escena los movimientos sociales, sin necesidad de un guion romántico. Los conflictos importantes se librarán en torno a los precios de la energía, el uso del agua, los derechos sobre la tierra, las condiciones laborales y la situación jurídica de los datos almacenados en instalaciones ubicadas en el país, pero gestionadas por proveedores extranjeros. La cuestión no es si la “IA” es buena o mala, sino si se puede obligar a la nueva infraestructura a rendir cuentas democráticamente o si funcionará como los ciclos extractivos anteriores: recursos públicos movilizados para financiar rentas privadas, con la soberanía redefinida como el derecho a albergar las máquinas de otros.

El papel de China en esta historia no es el de un ejemplo moral, sino el de un contraste estratégico. El momento de DeepSeek fue importante porque sugirió que los controles a la exportación pueden frenar a los rivales y, al mismo tiempo, fomentar el tipo de determinación política que hace tolerable la ineficiencia. La mayoría de los gobiernos tratan la dependencia como algo natural y se centran en gestionarla. Pekín la trata como una vulnerabilidad y, cuando es necesario, actúa en consecuencia. Esa postura es difícil de replicar en otros lugares, pero aclara la verdadera elección que Pax Silica intenta ocultar: el coste del rechazo es doloroso; el coste del cumplimiento es estructural.

Pax Silica es, en definitiva, una expresión inusualmente honesta. Admite que la nueva paz es una paz gestionada: la paz a través del silicio, mantenida por quienes controlan el suministro. Los imperios anteriores perduraron porque mantuvieron la ficción del beneficio mutuo. El actual está cada vez más impaciente con la ficción. Esa impaciencia puede resultar ser su debilidad. Cuando la dominación ya no se disfraza de comercio, el consentimiento se vuelve más difícil de fabricar, y las fricciones de las redes, los presupuestos y la política comienzan a parecer menos como ruido de fondo y más como el terreno en el que se disputará la paz del silicio.

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Artículo publicado en la Revista América Latina en Movimiento No. 559: https://www.alai.info/wp-content/uploads/2026/02/ALenMovimiento_559_febrero2026_Espanol-3-5.pdf

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El estancamiento y el fin del crecimiento como promesa civilizatoria

Por Santiago Mondéjar

Traducción de Juan Gabriel Caro Rivera

Gran parte de la agitación que ahora fractura el orden internacional que antes supervisaba Estados Unidos no puede entenderse simplemente como el resultado de rivalidades geopolíticas, fracasos políticos o crisis transitorias. Bajo estas perturbaciones superficiales se esconde una condición más profunda e inquietante: el agotamiento de la dinámica de crecimiento que, durante gran parte de la era moderna, dotó al capitalismo tanto de coherencia histórica como de autoridad moral. Lo que ahora parece una convergencia de crisis financieras, sociales, ecológicas e institucionales se entiende mejor como la expresión de una transformación estructural de trascendentales consecuencias.

No se trata de una interrupción temporal que pueda corregirse mediante un nuevo ciclo tecnológico o un cambio en la gestión macroeconómica, sino de una mutación en las condiciones mismas que en su día hicieron del crecimiento el principio organizador de la vida social.

Este ensayo no sostiene que el capitalismo esté al borde del colapso inmediato, ni que su agotamiento dé paso automáticamente a un orden más justo, sino que su capacidad para estabilizar las relaciones sociales mediante una expansión sostenida ha disminuido hasta tal punto que ya no se puede dar por sentado su futuro. Durante gran parte del siglo XX la industrialización sirvió como mecanismo a través del cual el capitalismo, de forma precaria pero eficaz, concilió sus tensiones internas.

La expansión de la industria manufacturera absorbió a grandes cohortes de mano de obra; el aumento de la productividad permitió que los salarios subieran sin erosionar los márgenes de beneficio; y la continua ampliación de los mercados generó incentivos para nuevas inversiones. Este círculo frágil, pero que se reforzaba a sí mismo, proporcionó la base material para los estados del bienestar, la negociación colectiva y la integración política de las masas. La promesa de una prosperidad compartida, por muy desigualmente distribuida que fuera, permitió que la acumulación se presentara como una fuerza histórica progresista, capaz de convertir sus propias contradicciones en motores de desarrollo.

Sin embargo, esta dinámica se basaba en condiciones históricas que ahora han desaparecido en gran medida. La frontera cada vez más lejana de los mercados, la disponibilidad de energía barata, la relativa homogeneidad de las poblaciones nacionales y la capacidad del Estado para redistribuir parte de las ganancias a cambio de disciplina social formaban juntos un equilibrio que ya no se puede reproducir.

El empleo industrial ha disminuido no solo en las economías avanzadas, sino también en grandes regiones del Sur global, donde las esperanzas de una industrialización impulsada por las exportaciones se han visto frustradas por la automatización, la saturación del mercado y la intensificación de la competencia internacional. La desindustrialización en el Norte y la desindustrialización prematura en el Sur no son historias separadas, sino expresiones gemelas de un único desplazamiento estructural. Su consecuencia más profunda no es solo la pérdida de puestos de trabajo en el sector manufacturero, sino la erosión de un régimen de crecimiento capaz de integrar la mano de obra en circuitos de producción y consumo en expansión.

Los sectores de servicios que han absorbido gran parte de la mano de obra desplazada no han generado ganancias de productividad comparables ni una base estable para el empleo masivo. Muchas de estas actividades se caracterizan por salarios bajos, alta rotación y capacidad limitada para impulsar una expansión económica más amplia. Así pues, la economía mundial se define cada vez más por la infrautilización crónica tanto de la mano de obra como del capital, ya que la capacidad productiva instalada supera sistemáticamente la demanda efectiva.

En este contexto, la innovación tecnológica ya no funciona como motor general de la prosperidad, sino que se convierte en un mecanismo de expulsión. Las mejoras de la productividad desplazan a los trabajadores más rápidamente de lo que los nuevos sectores pueden absorberlos, mientras que los mercados necesarios para justificar las inversiones a gran escala no se materializan. El estancamiento, que antes se concebía como una anomalía, surge ahora como una condición estructural que remodela las coordenadas de la vida económica.

Como consecuencia, el centro de gravedad se desplaza de la oferta a la demanda. El capitalismo contemporáneo se caracteriza por una insuficiencia crónica de la demanda efectiva, arraigada en la moderación salarial, el aumento de la desigualdad y la concentración de los ingresos entre los grupos con menor propensión al consumo. Las empresas se enfrentan a oportunidades cada vez más limitadas para la expansión rentable de la producción, lo que debilita los incentivos para invertir en capacidad productiva.

Incluso cuando los Estados intentan intervenir mediante estímulos fiscales o expansión monetaria, los efectos tienden a ser efímeros o atenuados, ya que los recursos financieros fluyen hacia activos especulativos, arbitrajes transfronterizos o reservas preventivas, en lugar de hacia usos socialmente productivos.

Este prolongado estancamiento no solo ralentiza las economías, sino que corroe los cimientos morales y políticos sobre los que se ha sustentado durante mucho tiempo el capitalismo moderno. Durante gran parte de la era moderna, su legitimidad se derivaba de la promesa de un aumento del nivel de vida y de la ampliación de las oportunidades. Cuando esa promesa se tambalea, el sistema pierde una de sus principales fuentes de consentimiento y el orden social entra en una situación de tensión crónica. Sin embargo, no existe ninguna lógica histórica que transforme el agotamiento del crecimiento en un camino hacia la emancipación.

La disminución del dinamismo no abre automáticamente un horizonte de igualdad. Por el contrario, intensifica los conflictos distributivos, agudiza la competencia por los recursos escasos y exacerba los antagonismos basados en la identidad. Mientras que el crecimiento permitía trasladar las tensiones al futuro, el estancamiento las obliga a permanecer en el presente.

En lugar de producir una política de solidaridad, esta condición a menudo genera presiones para el cierre, la exclusión y la jerarquía. La erosión de la legitimidad no disuelve las estructuras de poder existentes, sino que las reconfigura en formas más coercitivas. En este sentido, el estancamiento prepara el terreno para lo que podría describirse como una mutación autoritaria del capitalismo contemporáneo. Cuando la prosperidad generalizada ya no es viable, la desigualdad deja de justificarse como un coste temporal en el camino hacia el avance colectivo y se naturaliza como una expresión de diferencias supuestamente inherentes.

El mercado deja de aparecer como un espacio de oportunidades abierto a todos y se reconfigura como un mecanismo civilizatorio de selección, que distingue entre quienes se consideran dignos de participar en la riqueza social y quienes se consideran superfluos.

Esta transformación no supone una ruptura con el neoliberalismo, sino su metamorfosis. Lo que surge no es una alternativa al capitalismo global, sino una variante excluyente del mismo. Las promesas universalistas dan paso a una lógica abiertamente jerárquica en la que las fronteras, la ciudadanía y los derechos sociales se transforman en instrumentos de cierre, diseñados para proteger los recursos cada vez más escasos de las poblaciones que ahora se consideran excedentes. La violencia simbólica y material que acompaña a este proceso no es un residuo irracional, sino una condición funcional de su reproducción. El estancamiento no suspende las relaciones sociales capitalistas, sino que las endurece, reforzando su carácter estratificado y disciplinario.

La persistencia del sistema en estas condiciones no debe confundirse con resiliencia. Más bien puede reflejar su capacidad para gestionar la inestabilidad prolongada mediante nuevas formas de control, financiarización y rivalidad geopolítica. En ausencia de crecimiento, la legitimidad ya no se garantiza prometiendo un futuro mejor para todos, sino ofreciendo seguridad a algunos a costa de la exclusión de otros. La política deja de orientarse hacia la expansión de los derechos y se convierte en un campo para la administración de la escasez, donde la asignación de riesgos y privilegios adquiere una centralidad sin precedentes.

Es en este horizonte donde se hace necesario un cambio conceptual hacia una economía multifactorial. La característica distintiva del capitalismo no es solo la propiedad privada o el intercambio de mercancías, sino la reducción sistemática de la toma de decisiones sociales a un único criterio cuantitativo: la rentabilidad. Bajo esta lógica, los valores heterogéneos —sostenibilidad ecológica, equidad social, cohesión comunitaria— se hacen conmensurables a través del precio, lo que permite compararlos y clasificarlos únicamente por su rendimiento monetario.

Este procedimiento, eficiente dentro de un ámbito limitado, oculta los conflictos entre fines inconmensurables y despolitiza decisiones que son intrínsecamente normativas.

Un marco multicriterio no pretende sustituir una optimización por otra, sino reconocer que la vida social está estructurada por valores múltiples y a menudo incompatibles que no pueden reducirse a una escala común. La coordinación económica deja de concebirse como un problema técnico y se convierte en un ejercicio de composición política. Las decisiones ya no se derivan de una fórmula universal, sino que surgen de procesos que articulan y negocian prioridades conflictivas. Esta visión no ofrece una armonía fácil, sino que acepta el desacuerdo como la condición permanente de cualquier sociedad libre y plural.

Para dar verosimilitud a tal transformación, se podría concebir una infraestructura de información gobernada democráticamente y capaz de integrar datos sociales, ecológicos y económicos. A diferencia de los sistemas propietarios desplegados por las empresas para maximizar los beneficios, esta matriz cognitiva funcionaría como un bien público orientado a la previsión colectiva.

Las herramientas de modelización avanzadas podrían simular las consecuencias de cursos de acción alternativos, no para prescribir resultados, sino para hacer visibles las compensaciones que implica la persecución de diferentes objetivos. En este sentido, el conocimiento previo ampliaría el horizonte de la imaginación política en lugar de reducirlo.

Esta concepción de la planificación se aleja tanto de la coordinación del mercado como del mando centralizado. No se basa ni en los precios como única señal del valor social ni en la autoridad concentrada en un único centro burocrático. En su lugar, imagina un tejido distribuido de instituciones participativas en las que diversos actores contribuyen a definir las prioridades e interpretar la información disponible. El énfasis pasa de la eficiencia en sentido estricto a la capacidad de respuesta a una pluralidad de preocupaciones sociales.

En la base de esta arquitectura se encuentra el principio de provisión universal. Al garantizar el acceso a los bienes y servicios esenciales, la sociedad reduce el grado en que la mera supervivencia depende de la inserción en el mercado. Esta transformación reorienta los fundamentos éticos de la vida económica, anteponiendo la seguridad colectiva a la acumulación competitiva. El trabajo deja de funcionar como condición para acceder a las necesidades básicas y se redefine como una forma de contribución social en lugar de un mecanismo de conformidad.

Parafraseando a George Santayana, el liberalismo temprano surgió de una ética sincera de benevolencia, y muchos liberales siguen siendo personalmente amables; sin embargo, en el plano político, esa amabilidad se endurece hasta convertirse en un rechazo moral hacia las decisiones que las personas pueden elegir libremente, de modo que la felicidad solo se tolera cuando se ajusta a un modelo de progreso prescrito, heredado del siglo XIX y definido por la escala, la complejidad, la uniformidad y la interdependencia, en lugar de por la simplicidad, la diversidad o la autolimitación.

En nombre de la reforma y la filantropía, no se deja en paz a los individuos, sino que se les guía: se les «ayuda» no a alcanzar sus propios fines, que pueden considerarse corruptos o regresivos, sino a alcanzar lo que se considera más elevado y racional, hasta el punto de que incluso el lenguaje de la libertad se reduce a una ficción pedagógica. A las personas se les permite desear «incorrectamente» durante un tiempo, para que la experiencia les lleve suavemente a desear «correctamente». La libertad se convierte así en un proceso administrado más que en un riesgo genuino, preservando la retórica de la elección mientras la subordina silenciosamente a un estándar tácito del bien.

Por el contrario, la visión aquí esbozada delinea una concepción del orden social que ya no depende del crecimiento como su principal mecanismo de estabilización. La libertad ya no se identifica con la adaptación a la expansión indefinida del consumo, sino con la capacidad de una sociedad para reflexionar y revisar las condiciones en las que viven sus miembros. Esta redefinición no elimina la tensión entre los límites ecológicos y las aspiraciones humanas, sino que la sitúa en un horizonte político y no meramente económico.

Al replantear el estancamiento como una condición estructural en lugar de una anomalía pasajera, este enfoque cuestiona la creencia de que el crecimiento acabará por restablecer los patrones habituales de prosperidad y legitimidad. Quizá sea prematuro ofrecer un modelo plenamente operativo capaz de resolver las dificultades prácticas de la coordinación social a gran escala. Sin embargo, sin duda es necesario rebatir la narrativa que considera el orden imperante como inevitable o como portador automático de su propia trascendencia. Aún no está claro qué formas alternativas de organización pueden adquirir coherencia institucional y apoyo social. Lo que sí está claro es que la mera persistencia del capitalismo en condiciones de estancamiento prolongado no constituye, en sí misma, una respuesta adecuada a los retos sociales y geopolíticos de nuestro tiempo.

Referencias

Baumol, W. J. (1967). Macroeconomics of unbalanced growth: The anatomy of urban crisis. American Economic Review, 57(3), 415–426.

Bruff, I. (2014). The rise of authoritarian neoliberalism. Rethinking Marxism, 26(1), 113–129.

Piketty, T. (2014). Capital in the twenty-first century (A. Goldhammer, Trans.). Harvard University Press.

Rodrik, D. (2016). Premature deindustrialization. Journal of Economic Growth, 21(1), 1–33.

Streeck, W. (2016). How will capitalism end? Verso.

Summers, L. H. (2014). U.S. economic prospects: Secular stagnation, hysteresis, and the zero lower bound. Business Economics, 49(2), 65–73.

Fuente: https://www.geopolitika.ru/en/article/stagnation-and-end-growth-civilizational-promise

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El nihilismo histórico y la crisis de lo político en nuestra época

Por Santiago Mondéjar

Traducción de Juan Gabriel Caro Rivera

El nihilismo histórico no se reduce a una postura escéptica hacia las narrativas heredadas, ni a una metodología revisionista interna de la historiografía. Debe entenderse, más bien, como una crisis ontológica de la temporalidad política en sí misma. Lo que está en juego no es solo la exactitud de las representaciones del pasado, sino la posibilidad misma de que la historia pueda funcionar como un horizonte mediador entre el ser y la autocomprensión colectivos (Hegel, 1807/1977; Ricoeur, 2004).

Cuando esta función mediadora se derrumba, el tiempo deja de aparecer como un horizonte de devenir y se fragmenta en presentes inconexos. El sujeto político ya no se sitúa dentro de un continuo de significado, sino que se enfrenta a sí mismo como un comienzo absoluto. El nihilismo histórico transforma así el pasado de una dimensión constitutiva del presente en un resto intolerable, un archivo de culpa, error o violencia que debe ser anulado en lugar de interpretado. No niega la historia en un sentido factual, sino que la desontologiza. El tiempo ya no es un campo de mediación, sino un lugar de borrado.

En términos hegelianos, esto corresponde al colapso de la negatividad como Aufhebung, la sublación a través de la cual la negación cancela y preserva lo que niega (Hegel, 1821/1991). La negatividad ya no es productiva; ya no genera reconciliación, sino que se vuelve absoluta. Deja de funcionar como motor del devenir y se convierte en principio de desintegración. El nihilismo histórico no es, por lo tanto, meramente crítico, sino antiformal. Es crítica sin mundo, negación sin reconciliación.

Esta desarticulación ontológica es inseparable de una crisis de la subjetividad política. Cuando un pueblo ya no puede reconocerse a sí mismo como agente histórico, la identidad colectiva pierde sus coordenadas simbólicas. El presente ya no se habita como un momento de devenir, sino como un punto cero. El resultado no es la emancipación, sino la abstracción: una libertad sin mundo, un sujeto sin herencia (Arendt, 1958).

En La filosofía del derecho Hegel insiste en que la historia no es una secuencia de hechos empíricos, sino el proceso a través del cual el Geist se objetiva en instituciones, prácticas y formas de vida compartidas, lo que él denomina Sittlichkeit o sustancia ética (Hegel, 1821/1991). La historia, en este sentido, no es un telón de fondo sobre el que se desarrolla la política, sino el medio a través del cual la vida política adquiere forma.

Por lo tanto, el Estado no es un mecanismo externo impuesto a individuos atomizados. Es la cristalización inmanente de una vida ética vivida que media entre la subjetividad y la universalidad. Su legitimidad no surge únicamente de la legalidad procedimental, sino del reconocimiento de que el orden actual es —siempre finito y conflictivo— la realización de una racionalidad histórica (Habermas, 1976).

Este reconocimiento nunca es completo. El conflicto es intrínseco a la vida ética. Sin embargo, dentro de un horizonte dialéctico, el conflicto no es meramente destructivo, sino el medio a través del cual la reconciliación se hace posible. La legitimidad de un orden político no reside en su pureza, sino en su capacidad para metabolizar su propia negatividad (Taylor, 1975).

El nihilismo histórico interrumpe este metabolismo. Cuando el pasado ya no se reconoce como un momento necesario del devenir, la negatividad deja de ser productiva. El Estado pierde su densidad simbólica y se convierte en una estructura puramente formal. La autoridad se reduce a procedimiento; la ley, a cumplimiento; la política, a gestión (Weber, 1919/2004). La legalidad puede persistir, pero la legitimidad se disuelve. El orden político se vuelve radicalmente contingente y ontológicamente ingrávido.

Desde una perspectiva posestructuralista, esta transformación puede describirse como la emancipación de la crítica del horizonte de la totalidad. Mientras que la negación dialéctica preservaba lo que negaba, la crítica contemporánea opera cada vez más según una lógica de cancelación, en la que toda herencia se reduce a contaminación (Derrida, 1994).

No se trata simplemente de una postura moral, sino de una transformación ontológica. Cancelar el pasado no es solo juzgarlo, sino despojarlo de su capacidad de funcionar como recurso simbólico. La memoria se santifica o se criminaliza, pero deja de mediar. Como sostiene Ricoeur (2004), cuando la memoria se convierte en tribunal o monumento, pierde su función narrativa y se derrumba en resentimiento o mito.

El sujeto producido por este régimen no se libera, sino que se disloca. Incapaz ya de reconocerse como un momento de un devenir colectivo, se reconstituye como un comienzo absoluto. Sin embargo, este gesto de autonomía radical es en sí mismo la forma más abstracta de alienación: libertad sin herencia, negatividad sin forma (Marx, 1844/1978).

El concepto de lo político de Carl Schmitt revela por qué el nihilismo histórico no puede permanecer políticamente neutral. Para Schmitt, lo político no es un ámbito entre otros, sino la instancia existencial en la que un colectivo decide sobre su propia forma de vida. Esta decisión se condensa en la distinción entre amigo y enemigo, no como un juicio moral, sino como una diferenciación existencial (Schmitt, 1932/2007).

Sin embargo, tal decisión presupone un sujeto histórico. Un pueblo solo puede decidir por sí mismo si se reconoce como algo que ha sido y puede ser amenazado. La identidad política no se inventa, se hereda. La memoria colectiva no es un accesorio de la soberanía, sino su condición misma (Assmann, 2011).

El nihilismo histórico neutraliza esta condición. Al disolver la herencia, priva al pueblo de su capacidad de autodeterminación. Cuando el colectivo ya no puede decidir por sí mismo como sujeto histórico, otros deciden en su lugar: las élites tecnocráticas, los sistemas económicos o las estructuras supranacionales (Agamben, 2005). El poder no desaparece simplemente, sino que se vuelve opaco, incluso confuso.

La neutralización del pasado conduce a la neutralización de lo político. La distinción entre amigo y enemigo se vuelve impensable porque ya no hay un «nosotros» histórico que defender. En su lugar surge una racionalidad tecnocrática en la que los conflictos se replantean como problemas administrativos. La soberanía se disuelve en la gobernanza; la política se convierte en la gestión de procesos (Foucault, 2008).

Esta despolitización no es pacífica. Es la forma contemporánea de una teología política invertida. Como argumentó Schmitt (1922/2005), los conceptos políticos modernos son conceptos teológicos secularizados. Sin embargo, en el nihilismo histórico, el lugar de lo absoluto ya no lo ocupa Dios, sino el vacío mismo. El vacío se convierte en el soberano silencioso.

Se siguen tomando decisiones, pero ya no parecen decisiones. El poder opera sin ser nombrado. El pueblo es gobernado, pero ya no se reconoce a sí mismo como sujeto de gobierno.

La disolución de la Unión Soviética ilustra esta dinámica con gran claridad. Cuando su narrativa fundacional fue reinterpretada exclusivamente como una cadena de crímenes y fracasos, la negatividad dejó de ser dialéctica y se convirtió en absoluta (Furet, 1999). La historia ya no podía asumirse como un momento necesario del devenir.

Como muestra Yurchak (2006), no se trató simplemente de un colapso institucional, sino simbólico y ontológico. El Estado perdió su autorreconocimiento histórico. Su desintegración fue metafísica antes que política.

Superar el nihilismo histórico no significa restaurar el mito acrítico. Significa reintegrar la negatividad en la totalidad, restaurando su función mediadora. La memoria debe volver a ser un espacio de reconocimiento político en lugar de un tribunal o un santuario (Ricoeur, 2004).

Sin esa mediación, no hay sujeto político, solo administración; no hay legitimidad, solo procedimiento; no hay historia, solo archivo. Reconstruir el vínculo entre la negatividad, la decisión y la totalidad no es un gesto conservador. Es la condición ontológica de la autodeterminación colectiva.

Referencias:

Agamben, G. (2005). State of exception. University of Chicago Press.

Arendt, H. (1958). The human condition. University of Chicago Press.

Assmann, J. (2011). Cultural memory and early civilization. Cambridge University Press.

Derrida, J. (1994). Specters of Marx. Routledge.

Foucault, M. (2008). The birth of biopolitics. Palgrave.

Furet, F. (1999). The passing of an illusion. University of Chicago Press.

Hegel, G. W. F. (1977). Phenomenology of spirit. Oxford University Press.

Hegel, G. W. F. (1991). Philosophy of right. Cambridge University Press.

Marx, K. (1978). Economic and philosophic manuscripts. Norton.

Ricoeur, P. (2004). Memory, history, forgetting. University of Chicago Press.

Schmitt, C. (2005). Political theology. University of Chicago Press.

Schmitt, C. (2007). The concept of the political. University of Chicago Press.

Taylor, C. (1975). Hegel. Cambridge University Press.

Weber, M. (2004). The vocation lectures. Hackett.

Yurchak, A. (2006). Everything was forever, until it was no more. Princeton University Press.

Fuente:

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El mundo y Occidente según Toynbee

Por Claude Bourrinet

Traducción de Juan Gabriel Caro Rivera

Arnold Toynbee impartió una serie de conferencias en la BBC en 1952, que recopiló en un pequeño libro titulado El mundo y Occidente.

Este se divide en dos partes. En primer lugar, una reflexión que intenta identificar las leyes inherentes al choque de civilizaciones. A continuación, un conjunto de documentos históricos. Nos centraremos en la primera parte.

En 1952, los imperios europeos, en particular el británico y el francés, están a punto de derrumbarse. Los británicos han abandonado la India y los franceses pierden Indochina, a la espera de Argelia. Veinte años antes, el dominio mundial de las naciones de Europa occidental parecía perpetuo y destinado a permanecer indefinidamente, aunque los ingleses prometieron dejar a los autóctonos el control de su país.

Al iniciar su título con la evocación del mundo, antes que la de Occidente, Toynbee revela el eje de su reflexión. Intenta escapar de la inevitable distorsión perspectivista que induce a la sobrevaloración de una pertenencia. Rechaza toda aprehensión periodística e incluso la capa que Hegel denomina Historia inmediata. Se trata de destacar las constantes que, si bien no son leyes, permiten visibilizar evoluciones quizás previsibles.

Y al anteponer el «mundo» a un Occidente que parece haber conquistado el planeta, da a entender que el futuro le pertenece con toda probabilidad.

Desde hace cuatrocientos o quinientos años, «el mundo y Occidente se enfrentan». Pero es el mundo el que ha tenido que soportar los desastrosos y terribles ataques occidentales. Un mundo que, sin embargo, constituye, con diferencia, la mayoría de la humanidad.

Entre las «civilizaciones» que enumera Toynbee se encuentran los rusos, los musulmanes, los hindúes, los chinos y los japoneses. Ahora bien, cada una de estas civilizaciones ha sufrido feroces agresiones por parte de Occidente. Los rusos, en 1941, 1915, 1812, 1709 y 1610; los pueblos de Asia y África, desde el siglo XV. Además, los occidentales devoraron lo que quedaba del planeta: América, Australia, Nueva Zelanda. Los africanos fueron transportados en masa, como esclavos, al otro lado del Atlántico, y los pueblos indígenas de América fueron erradicados o sometidos.

Son realidades históricas que provocan malestar o indignación entre los occidentales. Pero, por supuesto, se trata de ponerse en el lugar de los pueblos del mundo y tratar de comprender lo que sienten, es decir, la ira.

Toynbee, entonces, pasa revista a estos pueblos.

Los rusos son cristianos, pero ortodoxos, ya que fueron convertidos por Constantinopla. El comunismo es una fe que sigue la lógica de la exaltación religiosa de la antigua religión. El odio entre los ortodoxos y la Iglesia católica tiene más de mil años. Sin embargo, la Rusia (sovietizada) y Occidente se encuentran ahora en una etapa poscristiana.  Sin embargo, en la larga historia de sus relaciones se observa la misma hostilidad. Occidente siempre ha querido destruir Rusia. Para Toynbee, esta recurrencia de la agresividad occidental explica que los rusos siempre hayan optado por regímenes autoritarios, centralizadores y militarizados, como el zarismo o el comunismo. Era o la tiranía o la aniquilación.

Para defenderse, la atrasada Rusia adoptó el armamento occidental, lo que le permitió poner fin al dominio mongol en el siglo XVI. Aprovechó la oportunidad para conquistar las tierras de los Urales y Siberia. Pero siempre iba con retraso: los polacos se apoderaron de Moscú durante dos años, en 1610, gracias a la superioridad de sus armas, y los suecos aislaron a Rusia de su salida al Báltico en el siglo XVII. Por eso, Pedro el Grande, en el siglo XVIII, llevó a cabo una revolución técnica en su país, que finalmente le dio la victoria sobre el Imperio napoleónico. El mismo patrón se repitió en 1917, con el añadido de un arma ideológica típicamente occidental, el marxismo: la Rusia bolchevique aceleró la concentración industrial por necesidad de poder militar: la victoria sobre los alemanes no tiene otra fuente.

Toynbee traslada este caso a otras civilizaciones: Japón con la era Meiji, en 1868, que supuso una revolución en el antiguo Japón y trajo consigo una occidentalización frenética, primero técnica y científica; China con el Kuomintang, creado por Sun Yat-sen en 1912, y luego con los comunistas; los musulmanes, que tras un declive en el siglo XVIII tras una serie de conquistas aparentemente irresistibles, hasta el asedio de Viena en 1682-1683, intentaron recuperarse, primero en Egipto, con Mehmet Ali Pasha en 1839.

Es sobre todo en Turquía donde el resurgimiento es espectacular: tras la gran guerra ruso-turca de 1768-1774, el sultán Selim III, que subió al trono en 1789, impulsó una reforma militar. Pero fue sobre todo, poco más de un siglo después, en 1919, cuando un joven oficial, Mustapha Kemal Ataturk, decretó que los turcos debían occidentalizarse.

Cabe señalar que estos enérgicos cambios fueron a menudo obra de oficiales, por ejemplo, los que rodeaban a Pedro el Grande, los que intentaron un golpe de Estado —que fracasó— en 1825 contra Nicolás I. ¿Por qué? Porque el ejército es el primero en verse afectado por la cuestión técnica, garantía de eficacia y poder.

No voy a entrar en todos los detalles de un análisis que a menudo resulta apasionante. Pero conviene detenerse en dos cuestiones fundamentales.

La primera se refiere a las consecuencias que tiene para una civilización la adopción de un aspecto importante —como la tecnología— de otra civilización considerada «superior» (en potencia). Tomemos el caso de dos naciones del Lejano Oriente, Japón y China. La primera expulsó violentamente a los españoles y portugueses del país en el siglo XVII y la segunda a los occidentales en el siglo XVIII. Las razones de esta expulsión son religiosas. La conversión de una élite de estos países al cristianismo amenazaba con crear una «quinta columna» dentro de las instancias dirigentes y abrir la puerta a la conquista extranjera. Además, la religión es el corazón de una civilización, sobre todo si la que aspira a sustituirla es una fe fanática, intolerante y dominante, lo que no es el caso de las espiritualidades orientales.

Sin embargo, a partir de finales del siglo XVII, los europeos tomaron cierta distancia con respecto a las religiones católica y protestante. Su modo de funcionamiento político y sus relaciones con el resto del mundo se basaban en el poder secularizado. En este sentido, parecían más aceptables, ya que ya no buscaban convertir a nadie.

El préstamo de medios técnicos, en particular para el armamento, parece, a priori, ser una adición sin gran peligro para la identidad civilizacional de un país. Pero es un error pensar así y el prisma únicamente utilitarista responde a una mala percepción de las consecuencias a largo plazo (que pueden tardar un siglo en materializarse) para la vida del país, hasta en los más mínimos aspectos de la existencia. Porque, para utilizar la técnica, se necesitan personas que estén formadas para ello, que tengan la inteligencia necesaria para su uso, que estén emancipadas de las tradiciones, que tengan espíritu de iniciativa y que sientan curiosidad por las innovaciones. También se necesita un Estado moderno y, por lo tanto, a la larga, «ciudadanos». Todo ello crea hombres individualistas y «libres». La formación que los jóvenes japoneses recibieron en Occidente no fue en vano: trajeron consigo ideas de progreso, comodidad personal, nacionalismo, etc. La adopción de la tecnología occidental condujo inevitablemente a la occidentalización integral de la sociedad tradicional y, por lo tanto, a su destrucción, al igual que la gripe, benigna para un europeo, provocó millones de muertes en América, entre los indios y los pueblos del Pacífico.

Ante este destino fatal, hay dos actitudes posibles: o bien una resistencia a muerte, o bien una adaptación inevitable.

Otra pregunta se refiere a nuestro futuro, el de un mundo ahora occidentalizado. Observemos que Toynbee aspira a una unidad política del mundo, a un Estado unificador, capaz de instaurar una paz universal. Pero, ¿sobre qué bases? Observa que, a mediados del siglo II de nuestra era, un inmenso espacio, desde el Ganges hasta el Tyne, desde la India hasta «Bretaña» (Inglaterra), estaba ocupado por tres imperios, el Imperio romano, el de los partos y el Imperio kushán, que habían conocido la influencia helénica y evitaban entrar en una guerra de exterminio. La paz reinaba de facto, gracias al equilibrio de poderes.

Sin embargo, para crear estos imperios, había sido necesario luchar mucho y sufrir. Y esta paz, que parecía un merecido descanso, no satisfacía las aspiraciones del corazón y del espíritu. La vida social se había estabilizado, pero a costa de un aburrimiento mortal. Se había retirado el aguijón, pero el vacío se había apoderado de todo. Se necesitaba una razón para vivir y fue una religión oriental, entre otras competidoras, una espiritualidad trascendente, la que abrió otro mundo muy diferente, una escatología, un sueño milenarista, a costa de una helenización de su corpus filosófico y artístico, fue el cristianismo el que prevaleció en el Imperio Romano. Luego llegó el islam a otras partes de ese espacio.

 «¿Se producirá un desenlace histórico similar en la historia inconclusa del encuentro entre el mundo y Occidente? No podemos saberlo, ya que ignoramos lo que sucederá. Solo podemos decir que lo que ya ocurrió una vez, en otro episodio de la historia, sigue siendo una de las posibilidades del futuro».

Fuente: http://euro-synergies.hautetfort.com/archive/2026/02/19/le-monde-et-l-occident-selon-toynbee.html